DÍAS CON LA BRASILERA.


Jhoana Queiróz – Artista brasilera. Clarinetista, saxofonista y compositora
En los casos cuando se producen cambios en la calidad de vida de la población, se debe tener en cuenta que, en el caso de las mujeres, con su propio trabajo autoral son artífices del cambio cultural, generan espacios de felicidad, como los que ha presentado esta mujer en los últimos años en diversas ciudades de Brasil y del exterior. 

Calle, esquina casa y piedra, ahí estás brasilera,
ocho días en la vía con zapatos destrozados,
la invité a tomar café, sus dedos temblorosos,
los pasó por sus labios para invitarme a un beso
con su tono carmín y sonrisa de gamina.

La escuché en el bordo de sus rutas
siete ciudades con trescientos viente días
un año con estrellas y vientos su mirada.

Había escrito versos desde sus siete años,
reía al lado del mar y con cantos volátiles.

Vino a buscar sonidos nuevos para animar sus rutas,
el arte marcial sonido, tocó en los festivales,
la arrojaron los muchachos, después la retuvieron.

kinonichi su disciplina , tenía ideas novedosas
pero se reveló. No soy de atarme a nada
en esta tierra escupen fieras y metralletas.

Después de tantas tristezas seguiré vagando con el viento
ya amasé mil días de desacato a mis hombres de siempre.

Pensó que la esperanza en la eternidad era una mala alianza
su viento no comprende sus tiempos en los de religiones,
solo giran sus días en la ola sonora de una flauta y un canto
con vibraciones sonoras de estrellas en el fondo.

 https://www.facebook.com/joanaqueirozclari/

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Seis cosas – Solo una


Mirá las cosas que uno se encuentra y escucha por ahí.

1 Silvio Waisbord  en el periódico Clarín de Buenos Aires, 29/12/2017: “Las razones que nos unían a las certezas y la realidad están en crisis. Algunos oportunistas crean mundos concretos”.

Más nos enseñan los buenos viajeros, regresan y al momento piensan en el siguiente viaje, su vitalidad está en las aventuras de los lugares nuevos.  

2 Palabras de Samuel, un bebedor en la plaza de Tuluá, en el centro del Valle del Cauca, él leía el País de Madrid en una tableta que le envió su hija desde Madrid; entontes comentó: —Dizque estamos en la era de la política de la posverdad, dice aquí que lo declaró el Diccionario Oxford.

Y le replicó su amigo: Pero mirá, la verdad era la joya más preciosa de mi abuela, y ahora en la época de la minería ilegal y los negocios huecos, es una moneda sin valor. Ya no creo en el señor de los milagros.

Por esa razón su marido prefería gastarse el dinero en boletos de avión para sus viajes por el mundo, mientras refutaba a la abuela: “Las verdades y las falsedades están por ahí regadas” tu sabrás, entre esas cosas maravillosas que están en todos lados, que verdad acoges.

3 Parecía responderle Fabio Alzate, sentado en el Café Apía, un pueblito escondido en la Cordillera Cordillera Occidental en la via hacia el Chocó, mientras hablaba con Rodrigo, a quien su hijo le envió una impresora. —Vea mijo, es por el auge de las reproducciones en 3D, un amigo de Marsella hacía pesebres con un aparato de esos. Cuando le vi esos muñequitos que llaman los pastores, pensé en otra realidad, parecida a los hechos políticos que tienen varias caras, todo según el jugador y todos tienen máscaras, cada uno toma cada cara de los hechos, presenta las cosas como más conviene, hace jugadas ocultas, y su corazón es un titiritero que se mueve entre su costal de rencores e ilusiones, ese costalado muchas veces tiene rotos desde donde se dispara o entran balas.

El vecino de Fabio le escuchaba y le aducía: vea mijo, quizá por esos peligros que señalas es mejor viajar y conocer lugares nuevos, después de mirar y sentir otros mundos, aprendí a apreciar mejor mi mundo, aunque por acá suenen balas de las mismas que vuelan por todos lados. Las balas obnubilan y enloquecen el mundo.

4 Y escuche esta otra de un matemático en la U Santiago de Cali, se tomaba un café y opinó: — Lo que se dice en la política, siempre ha sido brisa y viento; lo más perverso hoy, ya no es un imaginario de ideales, son dardos y adulaciones de una guerra entre múltiples contrarios; o si no vea, hay un periodista que tira dardos en un tiro al blanco, él acoge una imagen de lo real y la dispara en un espejo roto donde cada fracción de la verdad tiene ilusiones y huecos negros, ahí unos mencionan lo que otros quieren oír, y también por ahí quiere contar lo que se replica en los odios que reproducen las redes sociales.

La profesora Mariela, quien ve esas fracciones de la verdad, dice y piensa que su mejor verdad estará los sellos que llenen su pasaporte, serán sellos de muchos lados y huellas para un verdad suya que llene sus sueños de viajera.

5 Maritza, funcionaria de ojos verdes en la alcaldía de Cali: —Los afiches y la labia de los políticos, son verdades encubiertas y creencias segmentadas, aquí y en todas partes, las mentiras chorrean en muchas direcciones, las ciudades son bosques en una red de ecología digital donde fluyen ríos de baba y de conversaciones.

Maritza se detuvo después y pensó en su conversación. Se relajó y estuvo segura: los ríos que mejor fluyen son los que conoce en sus viajes. Le suena el agua en el oído y prefiere el sonido de las corrientes que van al mar y el la lluvia.

6 Juan Guillermo Ángel, ex alcalde de Pereira y ex senador, mientras juega billar y atina la carambola 40: —uno jamás se podrá decir que es, ni ex político, ni ex-marica.

A su lado un político solterón ve rebotar las bolas de billar, recuerda que ha dejado dos proyectos de boda, sus dudas y una causa lo impulsaron a vivir en su propio juego, mejor que gastarse el dinero en rituales de apariencias de donde sale la pareja a divorciarse a los tres años, decidió invertir ese dinero en un buen viaje con la pareja y selló con ella en el camino, al pie de cualquier árbol, un pacto de libertades. En la segunda ocasión, con otra mujer, sin la promesa de un nuevo viaje, echaron a rodar una relación que estaría encerrada en una mesa de billar, se encontrarían como ahí, en choques amorosos, y después del rebote rodar libres. Los impulsos del taco de la vida los volverían a encontrar en un juego que también caduca como las partidas de billar.

Calles en tierra cafetera


MARSELLA

Calles de mi vida,  su magia desapareció después de edad y andanzas. Crecí en un pueblo mojigato donde el cura ordenaba todo.

Los cambios de época las transformaron, las recuerdo en la orilla de mi tiempo y la distancia del paso entre dos siglos, apenas se vislumbra el recuerdo del asesino de las tres de la mañana que guardaba debajo de su ruana un tesoro inexistente en la botella vacía de aguardiente.

En una ventana la luna acariciaba a la rubia sin nada puesto encima más allá de los misterios del aroma en sus poros que invadía mi erotismo. Sabía ser amante, ramera, reina del baile, desvestirse con un suspiro y atacar como fiera al agresor con sus tacones. Guardaba secretos de las conversaciones de los políticos y los bandidos.

Me alejé sin un mañana de regreso, la veía calzarse y erguir su busto, pintase el rostro y acicalarse para un nuevo cliente. La Calle donde vivía desapareció con los años de la liberación femenina.

CALLE LARGA DEL MORRO

En Tacaloa al norte mis pies se desnudaron

mi lugar era El Morro, calle libre sin memoria

y un sur de ceremonia, sermón y mística cristiana

que olvide con pasos de arrabal en Chava Luna.

Caricias, crespones de recuerdos repetidos

su esquina sola sin farol y derribada en luna llena

temblores arrasaron la lujuria, sangre de violencia,

la rubia abandonada, sin gatos, materos, almohadones.

Ningún trago de ron en sus rincones ni amantes esquivos.

Pianola sin vibración de son y bolero antillano,

detrás un tango de Gardel y una moneda loca

su dueña era la música del tiempo borrascoso

de amantes andariegos tras orgías

y fatigas de mujeres violentadas,

pecados con sordera a los sermones

placer sin paraíso y sin demonio,

armonía con palabras de furia sin olvido,

frases de incendio, piernas mudas,

noches de amor indescifrable ido por grietas

años idos fisurados en días de vigilia

sin aleteos de ángeles

traspasaron el mundo en algún sueño con recato

fue su tiempo con rostro disuelto en el espejo.

Ya en Tacaloa

no está El Morro exótico al final de Calle Larga

los mapas no trazaran su destino

las piedras silenciaron su deleite,

sus casas son de polvo de voluptuosidad

y olvidos repetidos sin luces de catedrales.

La juventud, la vejez, la varonía machista,

con luna adversa y murciélagos volátiles

dieron látigo al viernes de las letanías,

amores en espera, sus dueñas los besan,

los catres rechinan su canto sin orden.

días fastos, nefastos de recato lavado en palangana.

PEREIRA















Un recuerdo eterniza la soledad de la noche más oscura que jamás se chocó con la noche estrellada y el bullicio, me acerqué a sus besos y los perdí entre silencio y brillo de sus labios.

MI CALLE PEREIRANA

Era mi calle larga antaño, fresca con viento del nevado,

vive ahora entre smog caliente, la perturba.

Perdió la bicicleta de señorita enamorada,

no quedan sus puertas de madera y el silencio,

y aun la persigo en el andar a través de mí mismo.

Su soledad huyó del pueblo desplazada,

la llenó su algarabía de ciudad

y la olvide con afanes al trabajo.

No está su sonrisa coqueta en la ventana.

Venimos todos, siempre estamos llegando,

de lejanías y caminos, de noches de utopía,

arribamos de otras calles con mirada de vikingos,

dos de la tarde, cojeando y sin muleta,

desde otros besos, mar y sal, al aguacero,

y la luna pereirana no deja de reírnos levemente

detrás de fumarolas del volcán porque en la calle esta la vida loca y continúa

1962 Eran los tiempos de Lolita. Escena más memorable

Los años de la violencia


El cine + narrativas

Habíamos visto un documental sobre la violencia colombiana en el Teatro San Fernando de Cali, lo conversamos, traje un recuerdo de Marsella en 1954, se vino como una película el sepelio de Chuchí Sierra y Ramón Escobar. Un desfile pocas veces visto, sobre una muchedumbre uniformada de negro y camisas blancas iban dos ataúdes en lenta flotación, al lado mantos y cabezas sin sombrero, los féretros arreaban más multitud al sonido del doble de campanas de iglesia. Sobre esa sensación colectiva indescifrable y muda, sobrevolaban  ánimas de otros muertos y en muchas almas  descansos de muchos duelos.

Sobre un potro chusmero

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Cine Colombiano. Director Luis Alfredo Sánchez. Documental de 25 minutos producido en 1955

SINOPSIS
En 1950 estalló en los Llanos Orientales de Colombia una rebelión armada contra el gobierno conservador de la época. Se enfrentaban “la chulavita” o policía del régimen y “los chusmeros”¸ guerrilleros liberales. Un grupo de estos es perseguido por las fuerzas del gobierno. Uno de los guerrilleros lleva una yegua recién parida¸ acompañada de su potro¸ lo cual cambia la situación del grupo rebelde. Se desarrolla un conflicto humano por la presencia de este potro chusmero.

PREMIOS NACIONALES: 
Premio Mejor Sonido a Lina Uribe¸ III Festival de Cine de Bogotá - 1986. Premio al Mejor Cortometraje y Mejor Interpretación al colectivo de actores¸ Salón Internacional de Cine de BogotḠ1985.

La caída de Chuchi Sierra

Marsella, después de habernos ido de nuestra propia casa por acción de los violentos, el abuelo nos acogió, Papá Ramón. Días después mataron a Chuchi Sierra, aquel matón que perseguía en todo el territorio y en otros caminos a los liberales. Ese día alguien contó que hacia unos meses él había ido con algunos de su bandola para asesinar en Pereira al liberal Santiago Villa, un líder sano y no jefe de bandidos, aunque su tío abuelo había sido el guerrillero liberal del Tolima Eliseo Villa,traicionado en los pactos con el gobierno, después de la guerra de los mil días, apresado y fusilado en Honda. Quizá por esa historia y el pensamiento del liberalismo radical en algunos de los Villa, había ofensas de Chuchí Sierra, incitado por jefes políticos y sacerdotes, eso generó rencores por sus respuestas a esos desafíos. Los Villa enfrentaron a Chuchi, Santiago envalentonado le ocasionó lesiones en una mano, fue dura esa pelea y en franca lid en la fonda del cruce de “La Bodega”.

Fonda La Bodega – Vía Pereira Marsella

Chuchi madrugaba algunos días a Pereira donde se reunía con sus jefes y matones de la región en el Café París, allá se enteró que Santiago Villa frecuentaba una cafetería en la esquina del Parque la Libertad, diagonal al templo La Balvanera, un lugar popular y punto de salida de los buses a Medellín. Chuchí arribó con sus matones, Santiago estaba de espaldas a la calle, estudió la escena, disparó desde la puerta un tiro a la cabeza y el resto hacia abajo, Santiago cayó de bruces, le había vaciado los seis tiros del revolver cachi blanco. Otros disparos al aire ahuyentaron gente mirona.

Aseguran que alguno que los hijos de Santiago, en el cementerio y al momento estéril de sus lágrimas, juró: “Vengaremos la muerte de nuestro padre. Los chusmeros de Marsella lo mataron, con ellos Chuchi Sierra, el asesino. Nosotros lo vengaremos”.  Estaban jovencitos y a los días se les unieron otros, prepararon un grupo encargado, gente audaz y temeraria. Anduvieron caminos de Marsella en varias rondas para conocer las andanzas de Chuchi y sus bandidos, las piedras se encendían y en su calor reconocerían sus pasos.

Chuchi lo sabía todo, ya no le gustaba ir al pueblo, mantenía mimetizado entre rastrojos rurales, parajes y caminaderos de la vereda El Salado y a orilla del río San Francisco, o los surcos que marcaba una falla geológica que años después hundió la piscina, eran follajes repletos de Caña brava y matorrales de hortensias y hojas anchas. Don Sérvulo Mejía lo protegía para su propia defensa, una  banda liberal lo había amenazado, decían que ese señor había sido alcalde cuando los conservadores trajeron a Patepalo.

Patepalo llegó a Marsella entrenado por Juan María Lozano, el famoso Cóndor de Tuluá, jefe de todos los pájaros del Valle y Occidente, que se reunían con él en Pereira en el Café París, hacia allí Patepalo también llevó a Chuchi, lo presentó como un joven ambicioso que seguiría sus órdenes porque también era su protector. Para don Sérvulo esconder a Chuchi era una seguridad y conveniencia para ambos. Chuchi  limpiaba los alrededores de liberales amenazantes, y se movía por los contornos.  

Avisaron a los ofendidos por las muertes de sus padres o parientes, que Chuchi andaba por los caminos a La Pedrera y en la carretera a Marsella. Aquellos caminaderos por el río eran un sumidero de miedos.

Senderos rurales de Marsella

Unos hombres armados llegaron en automóvil al sitio llamado El Zurrumbo, a pie subieron el camino y cruzaron al alto El Rayo, bajaron hacia la finca El Salado por el sendero de La Ermita, se bañaron en la cascada y cambiaron sus trajes, escondieron ropas para el regreso, era fin de semana. El carro había quedado esperándolos.

Cinco a seis personajes se movían entre cafetales, otros atrincherados a lado de camino, algún pescador un poco más abajo la de fonda El Salado. Los Policías de Pereira les habían suministrado armas de repetición y municiones. Ahí desde el paso del río San Francisco, trepar la loma de El Español, había un puente de guadua y tenían información precisa, Chuchi había amanecido en la fonda, tomó licor con el mayordomo de La Pedrera, Ramón Escobar, ya lo tenían claro, llegaría a su escondite en un cambuche.

Cinco de la mañana, dolor y zozobra revuelta con marihuana después de quince días de espera; ya sin fumar y emboscados ahí,  dejaron pasar un arriero y doce mulas cargadas de café, detrás de otros caballos y menos cargados, iban Chuchi Sierra y Ramón escobar, quien lo había invitado a desayunar en La Pedrera. Entre el claroscuro de amanecer, un arriero vio señal de linterna entre rastrojos, se apagó y comenzaron los disparos en ráfaga. Con la primera bala cayó Chuchí, su mula corrió asustada, pasó frente al primer arriero, quien después en testimonio aseveró. —A Ramón Escobar, quien era auxiliador de Chuchi con otros mayordomos como el de la finca la María, le dispararon porque se enfrentó a los atacantes, no sabía que no lo iban a atacar. Su mula se vino a contrario de su rumbo en el camino, las mulas de los arrieros la seguían alteradas y el arriero testigo se escondió, observó a un asesino que encontró a Chuchi Sierra agonizante y lo remató con un machetazo en la cara. Gritaba alterado en memoria de su padre a quien había vengado y huyó sollozante.

La mula de Chuchi llegó al salado y la gente sospechó: —mataron a chuchi, mataron a chuchi—era febrero de 1954. 

13 de junio o la salida de Laureano. Pintura de la maestra Débora Arango

El desfile funerario al cementerio de Marsella fue en multitud, la gente acompañaba a don Jesús Sierra por la muerte de su hijo, el viejo era un patriarca bueno, servicial y apreciado entre la población.

Así lo contaba papá, después en Cali: —Vea hombre que cosa tan verraca. Cuando mataron a Chuchi Sierra, también mataron a Ramón Escobar.  Y a ese pueblo de Marsella se lo llevó el hijueputa diablo.  Gilberto Mejía era quien lo puso en el  Salado para que cuidara a don Sérvulo. ¡Hombre, y tanto que le robaron a don Sérvulo!.. los vi sacar camionados de café a Chinchiná.  Le quitaban a quien los cuidaba, a don Sérvulo, el dueño del salado  y La Pedrera.

—Decía don Felipe, ánima bendita.  — ¡Jeee! ¿Cómo le parece Juan el trabajo que le hicimos a esa gente?— . Y contestó, —Yo, no sé nada hombre.

—Eso costó un billete largo.  — Ojalá allá termine todo esto. Me hicieron volar de Marsella, se apoderaron de la finca para robarme todos, debimos desocupar la casa y no volver por allá. Bueno. Pero cayeron–. 
— Estuvieron posteándolos en un monte, y ahí quedaron cajas de sardina y botellas. Pero se hizo matar Ramón caprichosamente. Primero quebraron a Chuchi, y el otro saca el revólver y mete carrera y pum – pum, dispara al aire. Y llegan y taque, ahí lo bajaron también a él.

— Estaba yo en Granizales, en la finca, eso fue en 1954, paso un carro por La Estrella. ¡Mataron a Chuchi, Mataron a Chuchi!… Está llevado del putas Marsella—.  Y pasó otro carro que venía con gente de Manizales. Alguien dijo: —Ahí está Juan, llevémoslo—.  Y otro, —Camine paˈ Marsella—

Y les recordé cuando me pegó una aplanchada tan hijueputa, Chuchi a mí.  Me dejó durante quince días de cama. Estuve muy dolorido.  ¡Uh!… Me hizo orinar en los pantalones: ¡miao!…., ¡miao!…, ¡miao!….  En esos días me tocó dejar la tienda y huir de mi propia casa en la salida para Valencia, mi papá me dijo, lo mejor es que huyamos de este pueblo, porque el miedo se volvió de piedra cuando nos estalló un taco de pólvora que nos hizo poner Chuchi, arrancó el portón y unas paredes. Los niños volaron con el estruendo y estaban aturdidos.


El maestro Fernando Botero, muestra la violencia en su arte. De la colección donada por el propio artista al Museo Nacional de Colombia

Baile, misterio y arte


Alguien me afirmaba que Charles Baudelaire hizo esta reflexión. Todos estamos familiarizados con el pronunciamiento de Nietzsche sobre Dios y el baile (“Yo sólo creería en un dios que supiera bailar”), pero su obra, está repleta hasta el borde de elogios a esta práctica (bailarines dionisíacos, sátiros danzantes, hombres, mujeres y niños que bailan sin cesar) y él mismo fue un bailador solitario.

Sátiro Danzante – Estatua de bronce del siglo IV a.c, se atribuye a la escuela
del gran artista, Prassitele, se exhibe en el Museo de Sant’Egidio de Mazara del Vallo en Sicilia – Italia.

Para Nietsche la libertad nunca es más participativa, en el sentido en que podemos elegir cómo fluir con el flujo del mundo, como lo es en el baile; pero cuando se baila, o se ve a los bailarines, como recuerdo el tango en Argentina y el Festival Petronio Álvarez en Cali, los sentires y emociones se contagian y la aglomeración humana fluye con la música y el baile, en culturas afroamericanas existen grupos donde todo se baila desde el nacimiento hasta la muerte.

 

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Fotografía de Mario Posada Mejía, publicada en el País de Cali en 1975

Siempre recordaré cuando “Amparo Arrebato”, nos contagiaba su ritmo endiablado de la salsa caleña, en 1968 Richie Ray & Boby Cruz engrandecieron la fama de la bailarina más popular y admirada de la Feria de Cali, le compusieron la canción Amparo Arrebato, para una caleñidad donde también se baila todo, entonces con una particularidad, a los discos de 33 revoluciones se les hacia sonar a 45 y el ritmo loco de Amparo Ramos, ese era su nombre, era el que movía a todos los escenarios de la ciudad. 

Baila y baila para entrar en el ritmo de las cosas, del viento, del pulso de la vida que siempre es el mismo, pero está a disposición del libre albedrío del cuerpo. He ahí su belleza. El cuerpo puede elegir cómo participar del ritmo y la gravedad mientras la conciencia del ego está perfectamente enfocada y relajada, y el yo conduce a la totalidad de las partes en un juego libre de fuerzas.

Curioso, un twitero creó su imagen como @AmparoArrebato2,  y además para ilustrarlo presenta esta imagen, autoría de Fabian Ciraolo

Frida Kalo

Acá me hace pensar que la imagen, parece contradecir las pasiones de Frida, o a lo mejor las afianza, desconozco ciertas tendencias del Punk.

En Frida Kahlo, su pasión por el dolor físico parece una herencia católica, en especial del barroco hispánico, según Amílcar Moretti, escritor, fotógrafo y crítico de la cultura, quien afirma que este tipo de pasión, se contrapone al comunismo ideológico de Frida, a su voluntad de revolucionaria marxista traducida a lo latinoamericano. Ella, mujer emancipada y libre en el amor en todas sus variantes, con ambos sexo y hombres, como Trotsky quien residió en su casa y tuvo una aventura amorosa a ojos de la esposa del ruso; sinembargo, no se desprendió nunca de su otra pasión, Diego Rivera, artista mayor, gran muralista del continente hispanoamericano, quien nunca ocultó sus accesos amorosos y sexuales con múltiples mujeres, siempre enamoradas de alguien “tan feo” como el artista, según palabras de la misma Kahlo.

Su tercera pasión, el arte, la pintura, fue una parte de su salida al sufrimiento físico, pero siempre se ha pensado por algunos, que las otras dos, el cuerpo doliente y Rivera, se impusieron como formas de amor-castigo por ser terrena y de amor carnal y afectivo.

Los españoles, mucho antes, cuando vieron el hedonismo carnal del barroco de Francia, ante la imposibilidad de detener la ola que traspasaba las fronteras de la península ibérica, mogigata, rígida, atrasada, goda y católica, optaron la absorción de un cambio que les garantizara la supervivencia. Expresaron los cuerpos desnudos y bellos, carnes, pechos y nalgas rosadas y blancas, con sombríos retorcimientos de carnalidades que duelen, como cristo en la cruz, como un preso político bajo la picana eléctrica militar y policial.

“Los cuerpos desnudos están, pero no para ondularse de placer sensual sino para padecer espirales dolientes. Así, el cuerpo de Frida Kahlo, tras su accidente se convirtió en una sustancia finita implacable consigo misma en su crueldad de sensaciones no analgésicas, sino todo lo contrario. no es casual que su herencia cultural y artística, se mencione masivamente, primero, como un largo sufrimiento del cuerpo encamado, pero no en el lecho de venus sino en el de la sufriente que paga por algo. la tradición católica, sin alegría, purificadora por las llamas y el martirio, al decir de chavela Vargas. lo opuesto a todo el tiempo con la maría en el trigal”. (Amílcar Moretti)

Imagen.  Frida Khalo, la columna rota 1944 – óleo en tela montada en madera de aglomerado, museo Dolores Olmedo de ciudad de México.

 

Poema de Shreya Barua


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Austria-Innsbruck-Wattens-Mundo-Cristal-Swarovski-Nubes-Reflejo

Ando en mundos de cristal y de montaña, camino por ciudades con calles solas y me adentro en el mundo de los blogueros donde me encontró “la niña de la fotografía”, este poema de Shereya. Y si te detienes en su página encontrarás sobre “Las niñas de Siria” y “La maldición de las víctimas” y las “Serenatas desde corazones rotos” porque aparece un  tipo en mal estado.

tomado una publicación de 

 Una mujer y un poeta, no tan fácil en Irlanda

La niña en la fotografía |

Te tomaré de la mano
y te mostraré cómo es
sentarte bajo los letreros de neón
cuando la ciudad se duerme
y habrás sabido
un poco más
sobre el aspecto de la magia,
te llevaré por los labios
y te mostraré. Sabes lo que es
saborear los copos de nieve
que atrapé en mi lengua
y podrías conocer
un poco más
acerca de cómo se sienten los sueños.
Te llevaré a lugares
que olvidarás y recordaré.
Te mostraré cosas que
ganaron tus ojos. No creas
hasta que empieces a preguntarte
si soy real;
si algo de eso es

Entonces, voy a soltar tu mano
una última vez,
separándome de tus labios
una última vez,
envolveré toda la magia y los sueños
alrededor de tu dedo meñique
y volveré a ser
la chica de la fotografía.

Otros poemas de Sheila en

Shreya Barua, en un reciente postgrado en Trinidad. Se mudó por todo el mundo, desde Delhi a Dublín, para poder disfrutar de las dos cosas que tiene en su corazón: la literatura y los viajes. Cuando no está demasiado ocupada soñando despierta, uno puede encontrarla caminando por las montañas de Wicklow o tomando un vaso de rojo junto al gran canal.

El caballo de mi pueblo


La forma del caballo representa lo mejor del ser humano. Tengo un caballo dentro de mí que raramente se expresa. Pero cuando veo a otro caballo entonces el mío se expresa. Su forma habla. “Silencio”

(1974) Clarice Lispector – escritora nacida en Ucrania que vivió en Brasil

Caballo de mi pueblo

Saltó a tramos todo su calendario,
arrastró caminos del desastre,
llevó a lomo materia del progreso.
Desvió zanjas, abrió vías de ciudad,
galopó apuestas en calles de la feria.

Cargó leña, carbón del monte oscuro,
por cien lomas pérdidas desde camino real,
trasladó mercancías de arrieros legendarios,
llevó entre canastos familias de colonos,
arrastró maderamen que forma la cabaña,
su cagajón con paja y tierra empañetó casas antiguas.

Los hombres le impusieron el tiempo de la guerra
y acompañó al guerrillero perseguido,
sacó a soldados heridos del combate,
recibió cargas, balas de fusileros,
para salvar al amo moribundo,
y lo vendieron con firma de la tregua.

Desfila brioso con chalán que lava perros,
un mortal que protege fincas de mafiosos.
Despliega porte igual en terrenos de jerarcas,
un funcionario lo arriesga en una apuesta,
metrosexual fullero lo calcula en un negocio.

Pocos saben de dolores en sus cascos,
amaneció desganado y decaído,
lo llevaron al suburbio para arrastrar carretas,
sufre calor, smog, afán, tráfico urbano,
golpes de amo rabioso, trancazos de taxista.

El rockero le canta una canción.
Salvado mordido por culebras, picado por arañas,
dolorido en su colon por comida fermentada,
suenan golpes de guitarra triste, está abatido,
inexpresivo, cabeza quebrantada, apaga su mirada,
es quieto en su final y el dueño no comprende,
quisiera arreglarlo con un tiro,
el otro lo despide con canciones.

Ramón Puig de la Bellacasa Alberola, nos trae “Le petit cheval blanc”, la canción de Georges Brassens.

El vecino


La ciudad se refleja en cada uno de nosotros a través de una rica gama de correlaciones.

PajaroPolo salía tempranero con ojo alerta y corazón tibio, movía su mirada al paso de los colibrís que buscan las bromelias en solares y flores de sietecueros a la orilla de la ciudad, la rivera vecina a Dosquebradas. Conocía sonidos de mirlos o gavilanes, saludaba a la pava caucana que se detenía en el árbol laurel de la casa de Matilde y percibía el sonido de flauta traversa que entona el cucarachero flautista, o la emisión sonora de la tórtola frentiblanca  y otros pájaros en la orilla del Otún, él se detenía en sus comederos a las seis de la mañana, esos lugares donde crecen el llantén, la verdolaga, el diente de león, la lengua de vaca y las que comen a las seis de la mañana.

Polo podía leer la corriente, aunque estuviese turbia, en el tono azufrado del agua intuía el estado del volcán, señalaba el cielo, con el dedo al cielo media la velocidad de las nubes, viento o calor de sol y auscultaba el clima. Con esa información tenía una palabra nueva para llevarle vida a la primera señora del barrio que encontrara, o al primer señor, y ahí él era ya reconocido; después, no tenía desaliento al treparse la loma de la trece, la calle más parada de Pereira, iba a un paso afanoso a comprar arepas donde Isolina, o subía la falda de la quince para comprar leche y pandebonos, por ahí los otros  sudaban la gota gorda, él no. Polo, aunque no era el personaje de los mandados, hacía muchos favores a las mamás o las señoras de sus amigos, porque era íntimo de la casa, sabía todo lo de todos, el primero en un saludo de cumpleaños, lo más necesario y urgente en el caso de un enfermo, adivinaba el día de las quinceañeras y todo acontecimiento con celebraciones entre familias y amigos.

Polo era un vago buen vecino del barrio América que no terminó el bachillerato porque alucinaba y a ratos se vestía de mujer; lo recordé ese día, el mago de una tractomula la volteó para bajar por la loma de la calle trece desde la esquina de la carrera cuarta hacia la avenida del rio, maroma que le supo a cacho, ahí no estaba Polo, ni en la esquina supieron para atajarlo, se precipitó en bajada, se le torcía y le jalaba, frenó echando humo con olor de caucho quemado y alguien le puso una tranca, llamaron una grúa porque de ahí ni para delante ni para atrás. Polo estaba chupando gladiolo en el cementerio de Circasia, porque dicen que era ateo y un fanático lo mando a matar, también porque le pareció marica; simplemente, él no se sentía mal andando con su primo cuando se vestía de mujer, ¿por qué?  si era su primo, y, además de eso, era buena gente y necesitaba andar con el mismo atuendo para acompañarlo y reconocer de eso modo la otra forma de la vida fragmentada en la ciudad, y desde otra cara tan desconocida como la cara que mira hacia los ríos.

Una tarde en la misma esquina de la trece, Polo me explicaba mientras miraba fluir carros en el viaducto: Pereira es una ciudad que se mueve a más de trece ritmos que no se corresponden con sus horas, el sol sale y las calles lo saben sentir, la lluvia cae y las calles saben que su humedad es cada vez distinta, la gente circula en la calle y cada persona sabe sentir a la otra, hasta sus apodos y sus nombres, los de la plaza de Bolívar tienen su propio vocabulario y en los barrios del río, en Cuba  o la Circunvalar;  octubre se siente diferente a diciembre, en marzo es distinto el bullicio de la octava, y en cada día y cada lugar de la ciudad, la persona en cada hora distinta, fluye y se deleita con ritmo propio y carga su propio sufrimiento, pero es un ritmo cambiante que destila como el caos de la indeterminación. Cada momento de la existencia en esta ciudad, está ligado a una inteligencia fragmentada y colectiva, y a la memoria sobre huellas de su historia. Si miras la cara de la gente y sus fachadas y pasas con esa lectura cinco veces, lo sabrás entender, como aquel arquitecto que leía exhibiciones de la mercancía puesta en la calle como una instalación. A veces los ladrillos son bellos y en otras reclaman a sus dueños que han olvidado embellecer sus fachadas. Cada parque podría ser distinto si lográramos ser nosotros mediante un acuerdo rítmico para que la ciudad vaya en nosotros de distinta manera.  Me siento feliz cuando siento que he vivido mi ciudad y eso lo siento cuando saludo a mis vecinos. No se si en estas calles viviré mi vejez o si ellas la vivirán por mí.

Tejada

Polo era un buen pato, aunque se perdiera en el momento de hacer vaca para costear las fiestas donde no faltaba, no era de esos que se beben todo el guaro, porque no tomaba, solo untaba la lengua en la copa de aguardiente y repetía el gesto que le conoció a su abuelo, pero si era una maquina despulpadora a la hora de comer; aún más, cuando era en la casa de otro y la comida estaba exquisita. Como aquel día cuando los de la junta de acción comunal invitaron a un alcalde al que llamaban “Vaca Brava” a un agasajo. Polo ya estaba ahí, cachaco y corbatudo, había invitado a todos casa a casa, y como, ese día usaba una peluca, la señora de la casa anfitriona lo confundió con el alcalde, lo sentó en el puesto principal de la mesa, le puso la mejor presa de la gallina en el mejor plato y cuando se tomó la primera copa de vino de consagrar que había traído el cura, alguien le advirtió: —Usted está equivocada doña Teresa, ese no es el alcalde. ¿No ve que ese es Polo, el pato del barrio? —. Polo lo notó y rápidamente resolvió el asunto a su favor, le metió su mordisco a la presa, saboteó el plato y todo quedo arreglado, lo cambiaron de puesto y comió como el mejor.

viaducto

Al velorio de polo acudieron sus vecinos, gente que siempre lo quería por chistoso: —tan gracioso y comedido— dijo una—. Culto y buen conversador, dijo otra, conocía las historias más antiguas de las familias de Pereira y tenía un cuaderno con los mapas de los senderos que recorría por el río, con nombres de pájaros y las plantas de sus comederos. La maestra del barrio Otún recordó cuando invitaba a los vecinos a sembrar esas plantas en sus solares para que los pobladores, cuando escucharan sus cantos y los vieran comer en sus solares y en la orilla, soñaran con la floresta y el paisaje de esos sitios desde donde llegaron desplazados.

El tesorero de la junta recordó aquellos días cuando llegó un gringo investigador de una universidad inglesa al barrio para buscar a Polo, necesitaba un guía que lo llevara por toda la cuenca del Otún donde haría una observación de aves. Después salieron con el cuento de que era un gringo cacorro y que el pájaro que más le gustó fue el pichoncito de Polo. Le hablaban de esto y se enfurecía, pero cuando se veía perdido, le agregaba detalles al asunto y se burlaba de sí mismo, era quien más se reía.

En los barrios en la orilla del rio hacen falta personajes como Polo, me decía una vecina en el velorio de mi prima Matilde, el vecindario parecía otra cosa sin Polo. Porque él dejó sus sueños colgados de las ramas de los guaduales del río Otún, esperaba morir de viejo y caminar sus últimos días por esa orilla sin casas que le dieran la espalda al río, con un parque lineal al lado de un malecón, con la música del agua y cantos de pájaros, con lagos de agua estancada y canoas para hacer carreras por los raudales del agua y con un sistema de alcantarillados que devolvieran el agua limpia al río. Esta mañana echamos las cenizas de sus cosas al río y se perdieron con su memoria en una carrera eterna hasta donde el mar las diluya.

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Siglo XX. Tiempo entre Frida y Jovita


Mitad del Siglo
Entre el despertar y el letargo

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El despertar de la modernidad en México fue intimidad y conexiones con la revolución, era la cultura en la identidad con cine, pintura, canciones, literatura, y en todo ello, la autenticidad. Frida Kalo, con su traje típico tehuano de indias doncellas, desplegó talento al ser mujer honesta, auténtica, autónoma, amorosa y sufriente. Alternó su obra entre la esperanza y la desesperación, su propio cuerpo reflejaba su apertura y su ruptura hacia un tiempo distinto: se percibió como una personalidad femenina y feminista, grandiosa en el dolor, con su estampa y su vestido que eran una terapia, siempre será su propia marca, leal sin ser fiel ni esclava, sabía embellecerse en sus defectos, se engrandeció más con su muerte porque supo pintar inspirada en si misma. Su amor con Diego Rivera los unió como artistas y militantes comunistas.

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Velorio de Frida kalo – julio 13 de 1954

Cuando sepultaron a Frida, su cuerpo fue llevado desde Bellas Artes hasta el Panteón Civil, incinerado y sus cenizas colocadas en una urna en forma de sapo, dicen que, en homenaje a Diego Rivera. Los presentes la celebraron y entonaron La Internacional, el himno de los obreros del mundo.

Tiempos del letargo

En los mismos días recuerdo el entierro más concurrido que hubiésemos presenciado en Marsella, Caldas. La multitud a los lados de la calle, al centro un desfile pocas veces visto, sobre esa muchedumbre uniformada de negro y camisas blancas, avanzaban dos ataúdes en lenta flotación sobre mantos y cabezas sin sombrero, los féretros arreaban a la multitud al compás de un sonido de réquiem de campanas. Compartían un destino de creencias total mente opuestas a las de Frida, eran fe ciega y violencia ineluctable.

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Entierro en Ornans.  Obra maestra de Gustave Courbet, 1849 – 1850. Pertenece al realismo francés. posiblemente el funeral de su abuelo materno, asiste toda la comunidad, desde los representantes del ayuntamiento hasta las plañideras oficiales, hidalgos y familia del pintor.

En Marsella, Caldas de esos días, por encima de la masa, los sentires y emociones se movían poseídos de una sensación colectiva indescifrable y muda, miedos que estaban subsumidos en el vacío por las ánimas de otros muertos y sensaciones dolidas vivientes, respiraban y poco perdonaban, había sospechas sobre los hechos de ese muerto. Asesinaron a Chuchi Sierra y en el pueblo era como si hubiesen matado al diablo. Chuchi  el gran varón, hermoso y sereno, había obrado siempre como el gran bandido que defendía el estatus conservador. Se recuerda más su pinta que sus crímenes.

Era un tiempo complicado, nuestro país intentaba despertar a la modernidad, pero los poderes y las organizaciones con caciques, gamonales, políticos de oratoria populista y oradores sagrados, incluso las fuerzas armadas y ciertos espacios universitarios, cerraban paso a la integración de las subculturas: ni indios, ni negros, ni campesinos, se cantaba con boleros, tangos y despechos cantineros, surgía un rock tímido y canciones de protesta, mientras en los clubes se bailaba con las grandes orquestas, surgía el gaminismo de los niños marginados en las calles y el bandolerismo ideológico de izquierda que representaba a los desposeídos de la tierra y los desterrados por la violencia política.

Años sesenta
El despertar caleño en la locura de Jobita

Migramos con maleta y esperanzas, seguros de los tiempos que maduran en las calles de “Cali capital del cielo” como cantan sus canciones, buscábamos una cultura que ayudara a modificarnos, aprendimos a medir los pasos y a moldearnos en espacios de inseguridad, desigualdad y bajo crecimiento de la economía. Todo eso requería poseernos de otra cultura capaz de hacer cosas distintas.  

JOVITA FEIJÓO - fotografía de Fernell Franco
JOVITA FEIJÓO – fotografía de Fernell Franco

Volví a ver rostros humedecidos hacia otras caras al presenciar la muchedumbre que desfilaba el miércoles 15 de Julio de 1970, ya no era como antes, aquí una sensación distinta y animada movía a la caleñidad que, perturbada y con dolor, despedía  a su reina, su sepelio fue el mas sentido y concurrido de la capital del cielo.

Aquella mañana, alguien que fue desplazado por las derrotas y el miedo desde su finca en Marsella, me habló del acontecimiento cuando mataron a Chuchi en 1955 y decía, —en aquel día  sentí alivio porque se me desamarró el miedo, hoy me saludó una tristeza que quisiera bailarla con la gran gallada caleña en la calle desde la catedral y por las diez cuadras de la Carrera Primera hasta el cementerio central. 

Jovita Feijóo era una reina grandiosa, la reina de las reinas, escogida y coronada por una contracultura emergente de estudiantes rebeldes. Cuando la postularon los muchachos de la Facultad de mecánica  de la Universidad del Valle como  reina de la alegría, y luego la juventud la aclamó por ser la reina de los estudiantes, porque como gran personaje de la cultura popular caleña, sabía moverse y distinguirse, mujer de la calle, carismática, bien vestida, perturbada de utopías y entendida en sueños irrealizables.

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Funeral de Jovita

Fue su reina a pesar de ser más de treinta años mayor a ellos, una mujer cívica y consciente por la vida caleña, acompañó a sus muchachos caleños en la protesta y era capaz de cantarle la tabla al gobernador y al alcalde cuando era  necesario, vio perros abandonados, zonas verdes desprotegidas y calles con basuras acumuladas y los buscó hasta en los clubes o en una recepción frente al presidente de la nación. Parecía un personaje estrafalario porque saludaba a todos los caleños sin importarle su linaje y era la soberana de la Calle, la más animosa en el estadio y la figura central en las marchas estudiantiles.

Uno de los locutores la nombro durante un evento en el Parque Caicedo, como reina de la simpatía y el estudiantado de la Universidad del Valle la aclamó en el coliseo del Colegio Santa Librada como su reina, allí donde aprendíamos los inmigrantes a superarnos desde las aplanchadas y el miedo a gente como Chuchi Sierra, a soñar con tragarnos el mundo como quería Jovita cuando se vino desde El Alisal, vereda de Palmira, a finales de los años treinta.

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Jovita Feijóo – Biografía de las ilusiones

Quería ser artista. Lo narra Javier Tafur, escritor caleño que le escribió su “Biografía de las ilusiones”, Jovita se presentó a don Hernando Bueno, dueño de una emisora “La Higueronia” a concursar como cantante, tenía 15 años y cantó “La Capirana”. Jamás fue cantante y se hizo la más popular.  

El día de su funeral la bailamos, la acompañamos, porque jamás en Cali podemos  soportar la carencia de espacios incluyentes donde quepa un vecino que no baile y lo invitamos, amamos la vida afrodescendiente que canta y baila todo, la vida y la muerte. Bailamos salsa revuelta entre  ricos o pobres.

Aquella mañana en Cali, don Jaime Cardona, fundador de Almacén La 14, hablaba con mi padre sobre la fábrica de obleas y mecato. —Don Juan. Pensemos cómo se puede mejorar, busquemos tres cosas nuevas que ayuden. Se detuvo frente a una góndola del supermercado a mirar que otras inteligencias estaban cambiando muchas cosas, nos habló de quienes estaban ahí y vendían más, se habló de cuando llegamos de Marsella donde los violentos como Chuchi Sierra nos acabaron, y nos levantamos para mirar el negocio del mecato vallecaucano con base en obleas y manjar blanco. Salimos de La 14 a la funeraria en la  avenida Vázquez Cobo para unirnos a la solemnidad ambulante que  cubría la ciudad por el entierro de Jovita Feijóo.

Gato de Hernando Tejada - Cali
Gato de Hernando Tejada – Cali

Amo esa caleñidad solidaria e inteligente detrás de la búsqueda de cosas simples para deleitar la vida, caleñidad capaz de hacer del baile una industria internacional con escuelas populares de salsa, allí mismo donde nacieron las cuchotecas y las luladas parranderas en la terraza ancha de la calle del barrio. 

La Caleñidad es amante de la naturaleza, con esculturas simbólicas como el gato de Tejadita y la estatua de Jovita, o Piper Pimienta en barrio Obrero.  

La caleñidad no desprecia, en estos días es solidaria con los inmigrantes venezolanos en la calle, porque antes, cuando ellos nacían sus estudiantes coronaron a Jovita Feijóo, aquella para quien el 15 de enero de 2007 Diego Pombo empezó a amasar una figura en la arcilla que daría vida a su escultura pintoresca en acrílico. Ahí está en la quince con quinta. Parque Santa Librada. Iniciar esta obra significó para Pombo volver a su infancia y forjar ese afecto fortísimo que ahora desde el Parque de los estudiantes nos enlaza a ella. Y él mismo dice: “Esta estructura es un homenaje al cuerpo de la mujer caleña. Tiene muy buenas nalgas… a mí me encantan las nalgas de las mujeres y yo disfruté mucho moldeándoselas. En cambio, es de pechos breves. Y le exalté rasgos particulares, como su nariz grande, y le puse la mirada un poco más intensa, como para que no se olviden de que sí estaba loca”. Era esa locura que nos arrebata a bailar y ver con simpatía a la Loca Marlene cuando tira besos a los adolescentes en la Plaza de Caycedo.

Brillo de oro y amargura


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Segunda edición

Ha perseguido mi existencia la “Colombia Amarga” que describe Germán Castro Caicedo en su libro de 1976, ese sentimiento me tomaba de la mano en mi niñez, me pegó cuando corrí entre las pedreas de liberales con conservadores en la Calle de La Pista en Marsella, aunque mi maestro hablaba de una Colombia verde y con riqueza, hermosa y soleada, con aires de verano y ventiscas de invierno, de la luna en el silencio de un verano que relumbra en las nieves del Tolima y o el páramo de Coconuco.

Otro tipo de ejemplar, un libro quemado, lo encontró mi sobrino cuando era comandante de Policías, en un lugar que los guerrilleros bombardearon con cilindros de gas. Un soldado policía fallecido lo tenía, aún ajado lo quería y lo hizo encuadernar.

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Bosque de niebla nevado del Tolima

Esa amargura contrastaba con un dulzor cuando don Jorge Jaramillo, me hablaba en el parque de los nevados, lo encontré aislado en un rancho de maderos antiguos, cuidaba las orillas del agua en un bosque de niebla, perseguía el aire solitario y alelado en la luz inmóvil del recuerdo de su madre, el agua de la lluvia nos meció en su casa hasta el amanecer, compartimos café, fríjoles, sal y tres libras de arroz y un par de quesos, hablamos de las verdades que están latentes en las cosas, ahí mismo entre mitos y caminos que pasan por La Colosa, no sé si ese nombre sea emulación de Cajamarca en el Perú, porque en ambos lados ha estado el mayor tesoro de América, acá es un lugar veredal donde la minera surafricana Anglo Gold Ashanti ubica un proyecto minero.

Cerro Machín, Cajamarca - Tolima
El Machín

Luego me habló de El Machín, conocí con ese nombre una zona de Tolerancia en un pueblo de occidente, aquí es un cerro con tres anillos piroplásticos, el volcán dormido de Cajamarca, por ahí cruza el camino por donde baja Jaramillo a comprar la remesa cada dos meses; por ahí mismo, esa leyenda del oro alumbra, relámpagos señalan vetas ocultas, su gato nos escuchaba y alucinaba, nos hacía señales para seguir luces de cocuyos que entre la sombra alumbran a Jaramillo cuando nos cuenta que había huido de Chaparral, hombres armados lo quisieron asesinar porque sabía cosas que dejó con sus tres dedos ausentes y la fotografía de su hija asesinada. Seguimos la tiniebla de sus visiones, lo perseguían con venganzas de hombres que obligaban a las familias a sembrar la amapola por Rioblanco. Prefirió la soledad.

Front cover El oro de Cajamarca

Hablé con Jaramillo del Oro de Cajamarca en el Perú y los tiempos del oro en Colombia, una locura alucinante que despertó cuando los europeos trajeron su cultura occidental que fundamenta en el valor del oro el respaldo de todas las riquezas, los curas beben su vino sagrado en copas con el fulgor de ese delirio místico, dicen que es sangre de Cristo. 

Le recordé algo que encontré en el blog de Jordi Julián Corominas:

La aniquilación de los Incas es el tema de El Oro de Cajamarca. El narrador es el caballero Domingo Sora Luce, quien cuenta la experiencia treinta años después en la calma de un convento donde se ha retirado hastiado, reconcomido por pretéritas acciones que quiere, pero no puede extirpar de su cerebro, imbuido del mal de 1532, cuando los españoles capitaneados por Francisco Pizarro terminaron con el esplendor de un sistema igualitario donde la pobreza era imposible porque el gobernante procuraba que sus posesiones fueran democráticas, quizá demasiado humanas.

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Cajamarca Perú

Los incas no valoraban el oro, parte de una naturaleza común en la zona, y en cambio los recién llegados lo idolatraban como un maná caído del cielo. La confesión de este individuo a las órdenes del analfabeta comandante extremeño no le exime de sus pecados, aunque logra atenuar el dolor por lo perpetrado al aceptar el error cometido con Atahualpa, soberano generoso que tras ser apresado claudicó para salvar su vida aceptando todas las imposiciones de nuestros antepasados. Éstas consistían en llenar dos habitaciones con plata y oro hasta donde alcanzará su mano. El gobernante pidió permiso para movilizar a sus súbditos para que mandaran la mayor cantidad posible de metales preciosos, lo que hicieron con celeridad guiados por un hondo sentido del deber hacia su jefe quien, mientras tanto, atendía confiando en sus captores, obsesionados con la recompensa y la manera de traicionar el acuerdo”.   

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Jakob Wasswerman

 “Ese día Navona, bella por diseño y contenido, anunció la inminente edición de El oro de Cajamarca de Jakob Wassermann y pensé en una de sus obras, Golowin, donde narra relata el caos de la Guerra Civil rusa a partir de un viaje y una trascendental conversación entre cuatro paredes de un otrora lujoso hotel. Es una suerte tener sellos como el barcelonés. Recupera textos que tuvieron aceptación y que los años han sepultado en un injusto olvido. Wassermann fue considerado uno de los más brillantes narradores del panorama teutón de principios del Novecientos. Su desgracia fue ser judío, lo que implicaba no gozar con plenitud de su nacionalidad alemana, hecho que se agravó cuando Adolf Hitler subió al poder en 1933. Su condición de extraño en su propia tierra le llevó a interesarse por temas históricos donde la destrucción de una cultura predominante a manos de extranjeros exhibía la crueldad del devenir, ese río cambiante que erosiona, impredecible ruleta rusa con balas apuntando al poder para suplantarlo e instaurar órdenes desnaturalizados amantes de la codicia”.

Y seguí con Jaramillo, ya no quería dejarnos ir, nos retuvo con preguntas y más cuestiones, quería saber de ese mundo de la civilización perdida que había dejado desde hacía seis años. Sin noticias de la muerte, ni el tiempo de los relojes, ahora quería voces humanas, compañía, saberse conocido e importante en sus valores de ermitaño que intercepta las ondulaciones del clima y las vibraciones del viento en las alas del cóndor donde viajan los códigos sagrados de la vida, yo temía contaminarlo más con las noticias de la minería ilegal y la degradación de los ríos.

Mallama

Esa misma amargura me la dejó pensada Narcisa Yela Yela, con su sabiduría elemental para estar al tanto del conflicto indescifrable, organizaba a las mujeres en Mallama -Nariño, donde fomentaba cultivos de pan coger, sufría por los campos llenos de coca y amapola y la minería aurífera no daba lugar a su huerta. Habló en voz baja y lenta hacia el patio de atrás en el caserío de Piedrancha, pidió ayuda para buscarle acogida en algún hogar seguro a su sobrina, la que habían llevado a la fuerza los muchachos del ELN, estaba deprimida, regresó cuando se quiso arrancar una pierna con una bala, sabia manejar las presiones para extraer el látex blanco y lechoso de las flores de amapola y esa droga narcótica la hacía notar con cansancio y somnolencia, aún así miraba atenta, las manos temblorosas por tanta tensión; así salió la niña, abrió la puerta de atrás de una cortina con mirada de esperanzas. Sentía la muerte tan cerca que la seguía en puntillas, Narcisa esparcía sal a su alrededor para que no la reconociera la pelona y ella no quería una ausencia entre peleas y balaceras.

Salí de Mallama, sentía una mirada que rondaba a la motocicleta que me sacó de allí y la sentí respirar tras el teléfono en Tuluá cuando le comuniqué a Narcisa una buena respuesta. La niña partió con su maleta cargada de neblina y una sola prenda, todo cuanto poseía se lo quemaron los muchachos, que no se ausentara era la orden, ella quemó el uniforme de guerrera, lavo una blusa y un pantalón con la lluvia que no cupo en su maleta. Me decía, estos señores por cada asesinato, cada muerte, cada tortura, hacían una parranda. Decían, vamos a borrar a alguien y esa persona desaparecía. Yo varias veces oí eso. Una tarde nombraron a Griselda y así lo hicieron, la mataron. Nombraron así a muchas personas, las mandaban a traer y las mataban. Me ha tocado vivir sucesos, cosas que no recuerdo, me las borró el miedo. Corrió mucha sangre en Puerto Colón y San Miguel – Putumayo. No podía mencionar la causa.

Regreso al relato de mi sobrino, el comandante de policía, cuando me mostró el interior de las páginas del libro de la “Colombia Amarga” cuyo lector guardaba y releía entre sus campañas, sacar de los ríos a mineros ilegales o bombardear laboratorios de coca. Releímos su libro, pero no era necesaria su letra, su sola imagen refleja esa Colombia Amarga.

En FILBA le dan el Nobel a Borges


Suena como forzado, dice mi amigo William, pero en Argentina siempre ha existido una contracultura culta, perdonaron las razones por las que la academia Sueca jamás otorgó el Nobel a Borges. 

Me uno a esa contracultura, esa contracorriente a los académicos casposos y acosadores de estocolmo. 

Aunque comparto lo que dice William: Porque no es solo el caso de Borges, también dejaron por fuera del recontamiento a grandes escritores como Cortázar, Sabato, Fernando González nuestro filósofo de Los Negroides que fue nominado alguna vez. Milan Kundera, Carlos Fuentes, Guimaraes Rosa, Jorge Amado, César Vallejo, Vasili Grosmann, Franz Kafka, Manuel Mejía Vallejo, el maravilloso Héctor Rojas Herazo, Murakami, Mishima, María Luisa Bombal, María Mercedes Carranza, Álvaro Mutis, Marvel Moreno, la generación beat y sus poetas que naufragaron en las drogas, Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Severo Sarduy, en fin. Ha habido por parte de la Academia Sueca una inmensa ingratitud hacia hombres y mujeres que entregaron sus vidas y sacrificaron a sus familias por el arte de la escritura. Ojalá algún día se les reconociera así sea póstumamente a muchos de ellos.

EL HECHO ES ESTE

Lo tomé textual de http://elbuenlibrero.com/2018/10/11/le-dan-el-nobel-a-borges/

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Foto diario El País

El Premio Nobel de Literatura de este año ha sido declarado desierto. Sin embargo, eso no impidió que un comité internacional de escritores y simpatizantes haya decidido tomar partido y otorgárselo, finalmente, a Jorge Luis Borges en una ceremonia simbólica. Ante una veintena de invitados internacionales y más de cien participantes , este anuncio (performance) tuvo lugar en el cine del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), lugar donde también se llevó a cabo la ceremonia de apertura del FILBA, que este año tendrá sedes en Buenos Aires, Montevideo y Santiago de Chile, señaló el diario Clarín .

“Los acontecimientos que son de público conocimiento han mostrado la crisis que embarga a la institución que históricamente se encargara de otorgar la premiación. En función de ello, y no pudiendo bajo ningún pretexto permitir que este año el Premio sea declarado desierto so pena de la irresponsabilidad de los académicos que nos anteceden, un Comité Internacional de Escritores (CIE) con Miembros de Número asume la responsabilidad de entregar el Premio Nobel de Literatura 2018 a Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo”, leyó en sueco, inglés, francés y español Esteban Feune de Colombi, caracterizado como la secretaria de la Academia Sueca, durante la inauguración del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba), apunta el diario El País.

Feune de Colombi, portavoz del Comité leyó el “discurso de anuncio del premio”, remarcando que Borges “sentía, quizá trágicamente, la vacuidad de las ceremonias, de las reuniones, de las academias, de los aniversarios y de los ritos, pero esas máscaras lo divertían. Sabía aceptar y sonreír”. Asimismo, puntualizó que “la literatura actual es inconcebible sin Borges. Su obra no ha envejecido, pudo haber sido escrita esta mañana”. No sin sarcasmo, señaló: “¿Para qué molestarlo con elogios que se parecen tanto a la parodia y tan poco a la comprensión?”.

¿Por qué jamás Borges recibió el Nobel?…. Mírelo ahí.

Mi espacio y Luciana


Parque-el-lago-uribe-uribe        Yo seguía ahí. Al lado la fuente del parque donde posa el mocho Uribe. Mis presagios enlazados al desasosiego y al día cuando regrese Luciana. Por acá rondan ficciones, mujeres bellas y una transexual, vuela una luciérnaga, me alucina una canción yoruba que canta a su movimiento: agbegbe ati Luciana, canta al agua y las ranas que croan y me hacen coro desde el otro lado de la fuente tras el brillo de las gotas al caer.

El nivel del agua empezó a subir, borbotea y se desborda en inundación, veo correr niños para nadar en esa corriente inesperada y las manos de una mujer me han izado, me siento levantado hacia la torre del campanario del templo claretiano, floto con mi cola de renacuajo y bailo con las ranas voladoras, me animan las notas de un concierto de campanas con un eco de grillos verdes.

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Busto  de Rafael Uribe Uribe Parque el Lago de Pereira

Remolineaba entre días de ausencia sin olvido hasta la hora cuando llegué delirante al Parque del lago Uribe de Pereira donde presentí a Luciana, hacía meses la había perdido; entre el éxtasis, allí vi a mi ranita saltarina, me llamó desde el andén, la presagié ahí desde el amanecer porque el color de la luna me filtró esperanza, percibí su croar acompañado de cantos de grillos durante varias horas y busqué el fluir del agua para calmar esas visiones que me acosan. Me guiaban mariposas, venían por un cielo de remolinos y premociones, la calle olía a emanaciones de insectos, las termitas, esa casta social que habita entre maderas viejas, se tragaban tejidos de ropa en la casa de una viuda y tras ellas se alertaron las palomas dispuestas a devorarlas y los perros confundidos remarcaban su territorio en los postes del alumbrado.

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Rana Quimbaya precolombina

Había ranas precolombinas de tumbaga con diseño de la cultura Quimbaya en una vitrina de almacén, en el reflejo del vidrio los ojos de Luciana me hacían promesas, desperté del letargo onírico. Me acomodé en el suelo a recoger los pedazos de ese sueño y de la angustia, y ahí, arriba de mí, llegó Luciana, flotaba entre la tela liviana de algodón de su vestido con leve transparencia, noté la silueta de sus piernas y su ropa interior, hermosas bragas y su color de piel, me aturdía otra energía, comencé a mirar los sapitos pintados en las uñas de sus pies, me seducían, parpadeaban, coqueteaban, me enviaron mensajes con mitos y cuentos de hombres antiguos hechos de barro y vahos de dioses.

 

beso-sapoLlegó entre una brisa leve desde el agua de la fuente, Luciana tendió su mano para ayudarme a levantar, su roce suave me sacó de alucinaciones al pararme, ya caía el aguacero de las dos de la tarde. Ahora su presencia no estaba en su cara y su mirada, o su piel blanca mojada, me llamaba un sapito tatuado en la entrada de sus senos, se henchía provocante con los ritmos de su respiración, y ella me acabó de despertar con uno de esos besos que desencantan a los príncipes que se han transformado en sapos desde el éxtasis de otro beso en un tiempo pasado.

Luciana rompe todo cuanto existe en mí, todo lo que concurre alrededor de ella se me desordena hacia otro orden existencial donde las angustias se diluyen entre un viento cálido y la brisa, sus lapsos transcurren con ondulación propia, se enlazan en una serie de encadenamientos que divergen más y en más opciones por ocurrir, porque su tiempo no existe, cada minuto siento expectativas aleatorias porque ella es su propio sistema dimensional, siento sus conexiones desde siempre, siglos de siglos y siempre asociada entre laberintos con la lluvia o cuando estoy entre la brisa de una fuente que la hace visible hasta cuando desaparece con los calores del verano.

BailarinaMe acompañó durante la semana de las lluvias, me enseñó a entender el rock durante el festival del Parque Olaya, degustamos el mejor café que se toma en Sudamérica en un sitio de la 20, y tomó cerveza con mis amigos bohemios en La Bodeguita del Lago donde nos reunimos a cantar, bailamos tango y despedidas con un culto antiguo de zonas de tolerancia al caballero Gaucho, aquel cantante que murió con el deseo de ser recordado como maestro carpintero, pero su voz será eterna entre canciones que explican las penas del siglo veinte.

Cuando se afinó el calor de agosto, Luciana cambió sus magnitudes físicas, ya era una figura vaporosa e irisada que afanosa y al minuto se levantó entre un viento de cometas, entre la brisa y su levedad sentí su abrazo y un beso que me transformó de nuevo en sapo. Me ubicó en los tiempos míos y quedé encantado entre un roce de anuro volátil que vagará en la dilatación de una espera hasta el día menos pensado, soy un sapo que no han estrellado en el asfalto y circulo entre su ausencia sin olvido.

maria-claret-perfil-225x300Esperaré a Luciana de nuevo hasta ese día cuando regrese a sorprenderme con la lluvia y a darme otro beso que me transforme en su príncipe ocasional. Me dará compañía y se diluirá con otro beso, ella es mi trastorno bipolar y giro en los bucles relativos de su tiempo. Siento su ausencia y me conforta ese amor fugaz, me ayuda a entender las ansias existenciales, esa antigravedad y cómo mis días son una granularidad de sentires y fluctuaciones míticas,  allí giran sapos, ranas, besos de Luciana y cantos de grillos, sin los dolores de la espera por amores que transforman y cantan presencias y ausencias.

Las campanas de la torre en la iglesia claretiana del Parque del lago me entienden, me suenan con tañidos de esperanza que para mi marcan y luego borran sus varios porvenires.

 

 

 

 

El destino nos alcanza


Tuve un sueño con mis lombrices que circulaban por mi entramado como si fuesen bits,  visite mundos entre este mismo mundo y no comprendo si soy un ser real o hago parte de una virtualidad como esa que inventaron teólogos, como monjes de la edad media,  cuando decían que todos somos parte del cuerpo místico de cristo, asunto que jamás pude comprender en el seminario de Pereira y por eso jamás podré orinar agua bendita

A lo mejor conoces todas mis faltas,
Pero de mi locura nada conocerás…
Lord Byron

NiñoSoy hijo de un tiempo con monedas de cinco centavos, Olimpo Cárdenas cantaba en el Club San Fernando de Cali veinte canciones por cien pesos. Y desde esas ondas magnéticas de radio y radionovela he corrido días y días, horas y TV hasta el computador. Salté y me pude meter en otro mundo nuevo, navego en ese invento de las interconexiones, el internet y las redes que surgen sobre esas hipermediaciones.

Mi mundo real se ha mirado en el espejo de un mundo solo visible en las pantallas, pasé de teclear en maquina remington a manejar un tacto distinto con cambios que facilitan el contacto con los seres y las cosas en el mundo enrevesado, no existen los abrazos, que vaina, por ahí una chica se me mostró desnuda y eso no pudo alelarme porque me curé cuando veía el cine rojo en un teatro destartalado de Pereira cuyos telones olían a esperma.

Todo cambia y las personas cambiamos poco desde cuando los humanos inventaron a los dioses para conectarse consigo mismos, con los demás en la esencia del ser y con la trascendencia incomprensible de las dimensiones desconocidas del universo.Warisata+nació+en+medio+de+una+lucha+de+fuerzas+antagónicas+muy+desiguales,+LA+BURGUESÍA+MINERO+FEUDAL,+los+Patrones,+los+Gamonales,+Comerciantes+y+Curas,+CONTRA+EL+INDIO,+quienes+losEsa incapacidad humana de gestionar hacia lo desconocido o lo más poderoso, generó el culto a los dioses, a los reyes de la antigüedad, a los caciques y los patrones, a las instituciones intermediarias entre los humanos que manejan esos mismos espectros con disfraz de carnaval o vestido de cachacos. Ellos manejan su discurso y narrativa entre los humanos y lo poco comprensible y manejable, las reglas y las creencias que nos rigen. Comprensibles con la ceguera de la fe y los códigos con los que los políticos y juristas enredan la sociedad. Donde existen incapacidades surge un cacique populista o crece un monopolio, engorda y declina el poder de un presbítero.

Es claro que deben existir intermediarios, internet es una hipermediación, su ventaja es que lo hace entre personas y objetos, lo sobrenatural y mítico no le alcanza a Facebook porque es un intermediario. En principio sus impulsores pensaron que internet debería ser gratuito y debería llegar a todos como un servicio público, por ahí llegarían los periódicos y la información de todos los emisores y los humanos la acogerían con un aprendizaje proactivo y democrático.

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 Foto: Richard Thomas-123RF – En la web de finanzas personales

Al poco tiempo los humanos mostramos cierta incapacidad de navegar en la inmensidad del todo que mueve el internet, surgió el Facebook, Twitter y los demás monopolios mediadores que se volvieron poderosos. Netflix y Amazon probaron la manera de poner a través de internet lo que a la gente le gusta y está dispuesta a pagar por ello, ahí está el negocio, no socios, la ilusión metida en la pantalla.

Ahora los intermediarios colocarán en internet lo que la gente estaría en posibilidades de pagar, pero la trampa surgía en el monopolio de los bancos y las cuentas mediante tarjetas de crédito mal cifradas, o cuando no se tiene cuenta bancaria y la cosa se vuelve engorrosa. Pero existe el bitcoin, esa nueva clase de dinero que se le coló a los economistas casposos porque la inventó un tal Satoshi Nakamoto, de quien sé muy poco, el man amaneció un día sin money en el bolsillo y se inventó su propia moneda con un sistema “peer-to-peer. Peer-to-peer (P2P)”, un valor virtual que pasa de un A al B, este le agrega su firma virtual y sigue; y mejor, esa vaina significa que no existe una autoridad central que rastrea las transacciones monetarias realizadas y que cualquiera puede manejar sin conocer detalles técnicos. Si entiendes tan poco como yo, en la wiki te lo explican. Es una contabilidad pública compartida que intercambia monederos virtuales encriptados desde donde solo puede pagar su propio dueño porque su propia criptografía es de seguridad.

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Así como antes se ha pagado por un periódico que tiene credibilidad y cuando no la ha ganado se distribuía gratis, ahora los mediadores en internet tendrán clientela en internet y habrá quien pague. Pero en ese maremágnum de corrientes de hipermediaciones, las llamadas redes sociales comienzan a plagarse de agua sucia, malos mensajes, agresiones y emisores de recados de mala calidad, esa mancha comienza a regarse y a contaminar, el mundo real es un encadenamiento de trampas y el mundo virtual, inventado por personajes de un mundo real no tan virtuoso.

En el mundo de las hipermediaciones, las verdades, esas percepciones de la realidad que se comparten y se creen, también se voltearon al revés, como cuando el espejo nos muestra una imagen que parece idéntica a la real, pero está al contrario, lo que es derecho allí es izquierdo y nos lo creemos. En esas redes sociales del internet las mentiras circulan como verdades que, al pasar de una lengua de tecleo a otro personaje, este se comporta como un viejo parroquiano de misa y olla que se lo cree todo.

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Los humanos somos de muchas inteligencias, capacidades e incapacidades, y los monopolios intermediarios también, esos monstruos que migran hacia la inteligencia artificial nos llenarán la pantalla de propagandas, nos condicionarán con mensajes, señales y códigos imperceptibles, nos harán comprar aparatos, robots con inteligencias distintas, las manejarán con el internet de las cosas porque saben gestionar nuestras costumbres conductistas, el apego a las imágenes eróticas, los grupos de todas las calidades y las ofertas adictivas.

Uff, escribo toda esta pendejada y me pongo a pensar ¿Dónde estará mi propio quiebre? Algo debe cambiar en mi para poder acomodarme a todo eso. A lo mejor sin darme cuenta ya estoy como el bobo amigo mío, le preguntaron a los quince días de casado que si el matrimonio emboba y contestó: Ahhhhhh ba ba, ba, ba….

Carta del río Arga


ArgaMe asombra desde Pamplona – España,  en https://avistadepajaros.wordpress.com/2018/09/07/carta-del-rio-arga.

Un científico y observador de pájaros nos  muestra la vida que fluye en los vuelos que viajan entre África y Europa.

Nos comparte el mensaje de un escritor que nos habla con las voz del Río Arga.

Acerca de Danieltxo

Pamplona, Navarra (1984); dgarciamina@gmail.com

A vista de pájaros

Kaixo vecinas y vecinos. Soy el río Arga y os escribo para confesaros por qué derribé la presa de Santa Engracia y por qué no me parece  que el ayuntamiento de esta gloriosa ciudad la pretenda reconstruir.

Os recordaré que yo ya discurría por estos lugares millones de años antes de que llegarais los humanos con esas ganas de dominar el mundo. Me caísteis bien y la convivencia fue bastante buena durante siglos, siempre me ha gustado sentir a la chavalería bañándose en mis pozas, escuchar las conversaciones de las lavanderas y sentir la adrenalina de los pescadores. Dentro de lo que cabe, me respetabais y yo podía  seguir siendo río.

Las cosas se fueron poniendo muy feas durante la segunda mitad de vuestro siglo XX, me convertisteis en una cloaca, os empeñasteis en dragar y estrechar mi cauce. Lo que casi me remata fue la construcción de las presas…

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Siglo XX en Marsella – Los temores


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Amuletos romanos contra el mal de ojo.  Musée Saint Remi – París, ubicado en los edificios de los siglos XVII y XVIII de la antigua abadía real de St. Remi, donde se guardaba la santa ampula, utilizada para ungir a los reyes de Francia.

Al iniciar el siglo XX, como aún sucede en lugares premodernos, el imaginario religioso en Marsella, poblado del Paisaje Cafetero, estaba lleno de creencias sobre el castigo eterno y el infierno; como siempre, había violencia y los tiempos duros traían otras emociones, tristeza y miedo que afectaron la salud; más aún, a la precariedad y el temor los suplían la viveza y los enojos de la violencia, algún mediquillo pedía orina del paciente, la saboreaba y se atrevía a recetar, la gente no se sentía bicho raro cuando a uno de ellos dijo desdeñoso: —Te han ojeado—. Dice la historia de Marsella: “Quien primero empezó a recetar fue Emigdio Uribe, el primer médico en visitar este pueblo fue el Doctor Jaime Mejía, el Dr. Leonidas López fue el primer médico graduado en este lugar, otros prestaron sus servicios sin ser médicos: Ramón Zafra, su señora Mercedes Uribe, Isabel Tobón, Isabel Marín y Rafael Alzate, el llamado “Aguas Frías”.

Había influencia de la era victoriana, puritanismo, la vieja moral sexual, organizaciones como la sociedad de buenas lecturas y la elegancia de los médicos, llegábamos a ellos con vestidos pomposos y ellos dignamente almidonados.

Decían que fue educado en Europa y otro lo contradijo, dizque fue en Bogotá, porque Leonidas López, mejor cirujano y literato que médico, decía el padre Fabo de Manizales, fue hijo de uno de los más ricos, Nicasio López. Aquel médico atendía con alegría y dejó poco conocimiento terapéutico porque finó ahogado cuando unos tragos de guaro le impidieron flotar en el río Cauca y ahí quedó, quería visitar una dama prohibida; años insuficientes, quedan anécdotas, notas escritas por Jorge Emilio Sierra. Enseñó el saber nutricional y el cuidado de sí mismos, cultura preventiva que fue poco difundida.

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El Chucho Estrada, un cura que vestía a la usanza de la era victoriana

Prevalecían imaginarios, Rosario Rentería decía: se debe hervir una herradura entre el agua panela para darle hierro al alimento y para hacer fértiles a las mujeres, esa agua panela lleva historias de alegrías en caminos y lugares de hombres andariegos.

Andrés Sánchez, alterado por los sermones del sacerdote Chucho María Estrada, cuando anunció el castigo de Dios con tres días de oscuridad, se compró todas las velas que vendía don Arturo López, las prendió en la casa por todos los rincones, aún así, todo en él era oscuridad y caminos infernales, perdido entre sus miedos incendió la casa y poco pudieron apagarla con olladas de agua, él, aún anonadado, lo calmaron con marihuana y morfina del doctor Correa.

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El control natal era un lavado con agua, vinagre y limón en la vagina, años después, algunas prostitutas se lavaron el coño con coca cola; y una añeja de El Morro, habla del doctor Barriga, quien les hacía la tabla del método de Ogino, imaginen, no era como lo piensan, cuando su sobrino dejó a alguna quedó preñada, decía el abuelo Ramón: —Barriga no cura una jarretera dándole el jabón de tierra—.

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Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Antonio Machado

Hacia mitad del siglo, se abría la circulación de bebidas gaseosas, antes se consumía más panela y miel que azúcar, hacia 1929, al mirar las estadísticas, comenzó a proliferar la diabetes con gusto continuo del pan, azúcar y gaseosa, sancocho de vitrina, le decían, era el fin de la era de los caminos y los andariegos porque aparecío el uso de andar en carro y el el consumo masivo de dulces y harinas causantes de este estado de salud frágil; recuerdan entrevistadas, Correa recetaba cosas nuevas y nos hacía caminar mucho, abuelas, tíos, primas y vecinos padecían y mejoraron, otros no le entendieron y fallecieron por sus estados diabéticos complicados, como una prima que caminaba todos los días desde una finca en Siracusa al pueblo, se casó con un hombre cuya vocación no era la agricultura sino irse a Cali a trabajar de ruso, así llamaban el trabajo en construcción, y al poco tiempo, por el cambio de hábitos, dejó el claro de maíz por gaseosa que le traía más sed y tomaba más y más de esas cosas y falleció diabética, sus descendientes que han padecido eso y acuden a los programas de medicina preventiva, ya en el Siglo XXI, saben vivir normal con ese estado de su función física.

José María Correa, era médico y cirujano de guerra en años de violencia política, servía entre carencias con iniciativa y asepsia, luchaba contra infecciones y enfermedades venéreas con penicilina, sus emociones existencialistas lo hundían, escéptico y librepensador, cuestionaba la vida, soportaba los miedos de su tiempo y se aplacaba con morfina y formulaba casi dormido. Fue un concejal, cívico y contradictorio, decían que vivía rodeado de médicos invisibles que le dictaban las fórmulas.

Mientras eso el cura curaba desde el santuario y bendiciones, la unción a los difuntos era su boleto al predio donde San Pedro los censaba, el sacerdote Julio Palacio usaba otro método preventivo, no sé cuán eficaz, les mostraba en el confesionario a los parroquianos más pichadores o fornicadores infieles, casi todos, dibujos del purgatorio y el infierno, eran estampas con dragones que se deleitaban devorando a los seres humanos en sus genitales que crecían de nuevo, una y otra vez, y de nuevo eran devorados, así infinitamente, un siglo continuo por cada pichada. Omar Ordoñez dijo entre aguardientes en la cantina de Trina en El Morro, jamás quiero imaginar ese castigo, mañana mismo madrugo a confesarme y le pidió al mismo sacerdote una penitencia que le permitiera saldar su deuda de pecador y borrarse en la pizarra del infierno con letanías y por eso entre aguardiente o coca cola se le veía mover la boca y mirar al cielo. 

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