Cartas de Palacín

Gracias a estas historias y estos videos, más el diálogo con la gente, pude escribir pasajes de la novela “Ritmo aroma y tiempo de Palacín” ganadora del Premio nacional de novela Ciudad Pereira 2015″


undefined Marianao

Hola a Todos:

Busco mis raíces familiares

Mi abuelo salió de España a buscar  refugio en República Dominicana. Se llamaba Emilio Palacín Yance, mis bisabuelos murieron en la guerra, se llamaban Carmelo Palacín y Ponciana Yance, de Murcia.

He llegado a Cuba para sentir memoria de tiempos de mi abuelo, estuve cerca de la casa donde vivió en Marianao, esquina próxima a una bodega donde encontré una fila larga y corrillos de viejos que hacían sus apuestas de la bolita o compraban el periódico en el estanquillo, aquí hay niños mataperreando en sus chivichanas y la inmóvil mesa de dominó con un público de jugadores fanáticos. En la calle veo baches a los que la gente ha puesto nombre, con el pasar de los años siempre  están allí, dan parte de las cosas que tardan  en arreglarse y ellos intentan ignorar para no perder la sonrisa. A mi memoria acuden cientos de recuerdos y no me ubico aquí. En mi paso por el barrio obrero de Pogolotti  un coro de ensayo canta en plena calle su trova guapachosa.

Coro: “Queremos agua / solo queremos agua para vivir/ (una voz) Ahí no más, ahí no más. (Una cantante) Que hermosa es el agua/ que viene del manantial/ transparente y clara / y sirve para lavar/ que buena eess,  

A mi curiosidad dos mulatas atentísimas explican. —Eso es lo que se canta aquí ahora, porque eso sí, el agua sí que hace falta aquí en todo el barrio, ese canto lo hemos compuesto todos— .

Y sigue:  

Vivencias en Marianao. Nany con sus muñecas..
Esto es Pogolotti. Primer barrio obrero en Cuba.

 Ahí no más, ahí no más                                                                                                                    

Que hermosa es el agua / que viene del manantial /  transparente y clara /  y sirve para lavar, /  que buena eeees, para gozar,  /el agua.

/Queremos agua / solo queremos agua para vivir.

Mira mira, si tú quieres cocinar,  /después hay que limpiar, /por eso,  por eso,  el agua no ha de faltar,  /que buena eeees, que buena para gozar /no, no y no y no”.

Volteo la cuadra de Maceo, calle estrecha de viviendas normales, ladrillo y cemento; sin más, en la distancia me observan tres mujeres cuyos trajes armonizan con el gris de las paredes y los pisos,  tono tierra y natural en rosa y algodón crudo, una de falda azul.  En su casa parquea un automóvil Buick de 1950 color verde oliva, parece un desafió del poderío norteamericano de la postguerra, no sé si este armatoste grande aún sea tan  poderoso y tan potente, ahí estacionado en la matriz de su año.

Indago por  Hilario Quincozo, actor, diseñador, realizador de títeres, pintor y escultor, también guitarrista y cantaba boleros; de él me dieron pistas, sabía de él y conocía la casa donde vivió mi abuelo, su lugar donde le enseñó la guitarra flamenca. Desde allí las mujeres me acompañan a otro sector, La Isla del Polvo; el edificio está descascarado, conserva el porte señorial del que gozó en el pasado, al lado de un árbol frondoso de ceiba donde está la otra casa del viejo Hilario.

Cuatro Mujeres

Salí pensativo a  una calle llena de niños con educación y futuro incierto, no están tocados por la miseria, ni por la droga, ni por la falta de expectativas, tienen buena atención en este país con futuro contingente. Para cada una de esas vidas, Hilario Quincozo, el amigo del abuelo que estuve buscando, siente en su interior una melodía, un son lleno de alegría, a veces melancólico con tono de  un blues agónico.  Te escribo y en alguna casa suena una canción de Nina Simone…

Pienso en tu madre, la mujer que abandonó a mi abuelo por el miedo de la guerra, pienso en Mayita, la enamorada que dejó nuestro abuelo en Cuba, pienso en mi abuela Sara y otras mujeres porque también hay mujeres negras con su nombre, las evoco con esta canción que contiene la vida de cuatro mujeres machacadas por la vida, con una melodía casi minimalista y la he oído miles de veces. 

Aquí donde vive la muñequera Cecilia, una mujer que conocí y te hablaré en otra carta, era nieta de Mayita, la bailarina del cabaret Tropicana que enfermó por un mal paso en el baile y para aliviarla mi abuelo le preparó un ungüento, ella se enamoró cuando escuchó su guitarra flamenca, luego él le hizo su masaje en las piernas mientras ella sentía tal suavidad y energía sanadora que lo miró y miró hasta atraparlo con esos ojos de muñeca alicantina. Fue un romance corto porque nuestro abuelo resolvió irse de Cuba y después ella se hundía en la tristeza cuando él emigró.

Te anexo datos y te enviré notas sobre mis vivencias tras las huellas de nuestro abuelo.

Emiliano Palacín. Tu primo.

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Complejidades de Ocarina

Perdido entre un retazo de oscuridad, me sacó de ahí Etienne Demange, profesor y artista del Liceo Francés Paul Valery en Cali, sus ideas son un canto, creaba un performance con ocarinas, sus sonidos movían silencios de luna llena.


La primera ocarina, aparece hace 12.000 años.

Otra pudo sonar en otra oscuridad de trochas entre lomas de la Sierra Nevada de Santa Marta donde un Mamo nos dice: mi ocarina representa dioses, mitos, mezclas de animales y hombres, serpientes con su cabeza erguida.

Ocarinas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Período Tairona. 900 al 1600 d.C. Colección museo del Oro Banco de la República. Reg. C0 1038 Publicado en Revista Credencial. Agosto 2015

El Mamo citó a Drucker y otros, a lo largo de la historia los artesanos aprendían a sus dieciocho años un oficio para toda la vida, hoy las profesiones demandan formación toda la vida, habilidades complejas e inteligencias múltiples. Entre un túnel de viento y tiempo remolinean sonidos esenciales y tras el sueño que se desliza desde mis ocarinas he aprendido a pensar despacio para actuar rápido, hablé de esto a los ejecutivos y años después me agradecieron.

Los monjes existían para orar, cada vez son más escasos. Las piedras hablan a quien sabe escucharlas, los conocimientos teóricos y analíticos exigen un enfoque más allá del trabajo, relajación para crear agitación de información y procesamiento de más conocimientos.

Jaguar precolombino – Ocarina 1000 a 1500 a.C – Recuperado en la Sierra Nevada de santa Marta

Los primeros sonidos de ocarina perseguían huellas de garras, sonaban tras un jaguar antiguo y su huella olía sangre, el sonido tenía el ritmo de su emanación adentro del cráneo del felino y salía del centro creativo de magia en el sonido, allá donde vibran sentires y emociones que dan a la música su significado.

A través de la historia las culturas tienen música, danza, arquitectura, poesía, narrativa y escultura. Los creativos cada vez están menos limitados por las creencias y la época, su impulso es interno, trascienden con apertura espiritual y crecen en su espiritualidad más allá de las voces que nacieron hace miles de años, todo tiene cierto brillo y cierto sabor distinto.

Somos la gran novela de nuestras vidas.

El jaguar siente un soplido que viene deslizado en eufonías y pasa por los huequitos de ocarinas con aliento precolombino y antediluviano y está confundido porque saborea la sangre y el tejido nervioso, pero es incapaz de atrapar el sónico con sus papilas gustativas.

Dónde andará el tiempo para demoler el tiempo y buscar las fuentes desde donde llegaron nuestros días, ese origen refundido y envolatado en mil memorias.

Cómo aprender continuamente para auscultar más allá de esa realidad que está al alcance de nuestros sentidos y emociones, entre lo que vemos y deseamos se traviesan telarañas de señales subliminales y neurosicológicas, tensiones y dudas, nuestro cerebro solo capta fracciones de realidades, a veces paradigmas viejos arropados con palabras nuevas.

Ocarina ornitomorfa – cultura Tairona- 600 y 1400 d.C.
Las alturas aproximadas que da el instrumento son: Re – Mi(+) – Fa# – Sol# – La#.

En el medio y en el mundo suceden tantas cosas, avanzan y retroceden, inventos e innovaciones. El impulso creativo es musicalidad, viaja, arrulla las ramas y acaricia la piel húmeda de las mujeres que sacan sus amores para orearlos. La fiera las ignora, solo le seduce el cerebro que vibra tras la ocarina, quiere poseer esa energía que le hará conocer exhalaciones que halagan a los árboles y se lavan en la lluvia sin perder su esencia.

El pensamiento sistémico se mueve entre complejidades, quizá mucho más de lo que describen, esa complejidad dinámica entre la causa y el efecto con espacios y tiempos envolatados o cercanos donde concurren múltiples detalles. Ese sonido ha recorrido todos los caminos del mundo, no se silenció entre los ruidos de los motores, ni los estallidos nucleares de la energía atómica, traspasó las ráfagas del tiempo y puso a cantar la luz, dejó atrás la ausencia, el olvido y el polvo que desmoronó a mil civilizaciones.

Teponaztli de Malinalco – Precolombino musical Azteca. Es un Xilófono de dos tonos

Melodías de ocarina y teponaztli voltejean entre las ondulaciones de las épocas y los lugares, rondaron ceremoniales y aplacaron furias de tantas guerras que se han transformado en fiestas de guerreros y enemigos que intercambiaron uniformes por disfraces.

Vemos girar el cielo y no sentimos que somos quienes giramos, el tiempo que miden los relojes y las creencias es una granularidad con lapsos que se ubican como partículas de luz.

Concebimos el mundo agrupado y concentrado a la idea de los dioses y los buscamos, los perseguimos transformados en patrones y caudillos. Las ocarinas se transforman en esa performance y conservan una contra hechicera que hace del viento malo un buen sonido. Saben descifrar cualquier buen aire que sople desde cualquier mecanismo.

Las ocarias aman la noche de las hadas y las ancianas.

Acarician los talones donde se agarra el miedo y la tristeza de los hombres, los muerden con su silbido que recorre  territorios y sube los escalones de sus notas, asciende y desciende, los oculta cuando guardan sus secretos y les levanta para que florezca en ellos el bienestar  que viene desde la luz y el fuego que forjaron sus formas   generadoras de sus melodías.

El mundo se refleja en nosotros y somos ese mundo desde un punto de vista, muchas correlaciones trajinamos, somos vidas en procesos de vida social e interactuamos con los mundos ajenos que a la vez son nuestro mundo. Las ocarinas eran bellas en el sur y elaboradas en el norte con cualquier material primigenio o de la modernidad. Donde la gente anda de afán sus sonidos hacen lento el mundo y afinan el pensamiento que genera palabras inteligentes que alientan una conversación sabia.

Todo esto nos genera preguntas y preguntas. Mensajes de la madera, intemporales, las resinas e insólitos materiales que pulen pensamientos discursivos y tejen significados que son innombrables con las palabras, porque la música es eso, lo fantástico que los idiomas no traducen porque nos pertenece a todos aquellos quienes los queremos amar y acatar.

Estos años canto


Conservamos los recuerdos,  el tiempo los disfraza y transforma hasta que uno ya no tiene seguridad de nada, a veces incluso de si el pasado fue nuestro, o si
ese recuerdo es de otra dimensión del tiempo .

Los recuerdos se revisan de manera consciente en el mundo de la fantasía, si no pueden volverse reales y joderte, despiertan emociones enterradas, remueven sentires olvidados. Si el recuerdo dejara de ser pasado y saliera de estar en la memoria, volvería a ser presente. Es preferible, que permanezcan en el mundo del ensueño y la imaginación. Así, los guardas, los atesoras, los mimas desde el momento en que te das cuenta, cosas que no volverás a hacer, momentos que no volverás a vivir. En caso contrario, quieres más, la realidad te lo niega, nos dice Manuel Cerdá de Muro de Alcoy, Alicante, historiador industrial y escritor español.

He aquí esta obra “La piel de los recuerdos” de Mónica Renedo
óleo sobre tela. Del movimiento pictórico Esencialismo que surgió en Argentina,
fundado en 1984 por Heriberto Zorrilla acompañado por Helena Distéfano.


Somos tiempo de ilusión en la relatividad del caos. Cambios en las ecuaciones básicas de la mecánica cuántica, dan señales, el mundo científico nos hace repensar el tiempo en general. El universo físico es una película, una serie de imágenes se fijan, generan ilusiones  y se mueven, ahí protagonizamos la película de nuestra vida, cada escena se estampa en una estructura de fragmentos que reflejan los retales de un espejo roto cuyas imágenes son episodios, partículas de instantes cuyos nano-segundos son segmentos de la vida que se repiten, se recomponen y repiten, agitados en una tormenta que se sacude desde otras realidades, siempre de manera diferente, nos llevan muchas dimensiones del tiempo subsumidos en la ola cuántica de otras dimensiones del tiempo que estiran y encogen otras fuerzas que han remontado mil formas de tiempo. Las contradicciones y los opuestos dinamizan las innovaciones de la humanidad.

Entre la relatividad y el caos

Einstein entre 1915 y 1921, publicó la Teoría general de la Relatividad, confirmó la predicción de su teoría con un eclipse solar y le otorgaron el premio Nobel de Física. En esas llegaron a Marsella los primeros molinos para el maíz que da masa para arepas y ahí se dieron las uniones familiares entre un sentido del tiempo y espacio no pensados con la relatividad de Einstein, pero al asomo de la relatividad y ese molino nacieron nuestros padres atados al calendario católico: día de San Juan Mártir, Santa Natalia Mártir y Santa Cándida, San Cayetano o San Agapito; no sé si relativo, personas cercanas a quien nació en esa fecha la describen como santa, mártir y cándida, y con un montón de hijos.

Nueva York nos llamaba

A los hijos  del siglo XX nos llegaron estilos de vida que ayudaron a imprimir nuestro carácter familiar y cultural; en dic. 12 (1915) nace Frank Sinatra, en su voz supimos que existía Nueva York, lo conocimos sin recorrerlo en el jazz, el cine y la novela El Gran Gatzby de Francis Scott Fitzgerald y otras narrativas. El imaginario llevó a muchos a migrar a Nueva York y otras ciudades que les llamaron desde las canciones. Queríamos ser parte de la noticia de irnos a esas urbes y ser parte de ellas, aplastar con el zapato en el recorrido de sus calles como a colillas de cigarrillo, esa nostalgia del pueblito donde nacimos.

Metamorfosis

Franz Jafka.
Dibujo de Rogelio Naranjo. Caricarurisra mexicano

En ese mismo año 1915 Franz Kafka editó La Metamorfosis, esa mítica novela centenaria donde Gregorio Samsa se despierta transformado en un bicho gigante de barriga abombada y muchas patas. Quienes quedamos en las calles del pueblito teníamos un imaginario compartido similar al de Kafka en esa manera transformada y mítica de descubrirnos, como en la literatura, creábamos figuraciones de los parroquianos en Marsella, Apia o cualquier poblado, con sobrenombres originales para cada personaje, no nos parecían tan absurdos, describen a cada  sujeto en ese imaginario que circula por las calles: El Grillo, La Marrana, Camaleón, La Pate Catre, Pela la Guama, Pate lancha, Ministro, Gumarra, Piracho, Letanías, Agonía, Mérmele, el Señor Batea y Tiembla-Tiembla. En santuario pocos sabián quien era Rigoberto, cuando postuló su candidatura a la alcaldía organizó su campaña en esa realidad que todos le había creado y llenó el pueblo de avisos: “voten por Rama Seca“.

El origen familiar de Kafka, tan semejante al nuestro y esa vida impulsada a obrar con eficacia para conseguir dinero y trajinar en el vacío que algunos llenan con el culto al patrón, nos llamaba a seguirlo y ver el mundo de muchas formas.

También en ese tiempo Max Scheler publica “El formalismo en la ética y la ética de los valores materiales”, nuestro espíritu es una familia extensa que no se agota en la razón, existen tensiones entre las lógicas de la razón y la sensibilidad de las emociones, a veces somos personas razonadoras; más que eso, exaltados nos unimos en la inmensa cadena del afecto. Afirma el historiador Javier Cortés: contradicciones, conciliación, el afecto y el amor, son básicos en la formación y el progreso.

Mariposas


Era niño, mi abuela Carmen Vera decía cuando hablaron de una mariposa grande y oscura que anuncia una visita desagradable; a veces muerte, eso no lo crea, eso es falso, ese mito rara vez se cumple. Son creencias supersticiosas, también les ponen divinidades o la psiquis.

Tierra

En Tacaloa algunas mariposas causaban el miedo de la gente y las mataban para ahuyentar la mala suerte. Esa falta de compasión sólo destruye vida que hace parte de un todo.

Papiro de Ani o Libro de los muertos

Salto 1

En el Instituto Estrada de Marsella, Nelson Hidalgo nos dijo: Los griegos consideraron a la mariposa como símbolo de la primera divinidad femenina y su sexualidad, desde allí la diosa Psique quedó representada con alas de mariposa. Es el símbolo del psiquis o alma.

A mi lado vi los ojos azules de Consuelo, ahí ella, me enamoró con traga de ojo, me observó con esa ternura de Afrodita cuando por envidia de la belleza de Psique envió a su hijo Eros o Cupido a que usara sus flechas dorada para hacerla enamorar del hombre más feo del mundo. Sentía ese picor flechazo y comenzaron a picar mis alas de cucaracha.

Pedí a Eros me conservara su amor con traga de ojo por siempre. cada vez que veo en Tacaloa a Consuelo, ya mayor con ojos bellos se me alboran las pasiones por deseos insatisfechos.

“Príncipe de los lirios” Relieve en estuco pintado, en ala occidental del palacio de Cnosós en Creta, sir Arthur Evans, creyó representaba al rey Minos. Un joven avanza por un campo de lirios. Altura 1,20 metros, pertenece al Minoico Reciente II, año 1470 a. C. Se encuentra en el museo de Iraklion.

No es tan fácil deshacerse de las mariposas que aparecen en sueños. En los míos era el alma de mi abuela recién fallecida, abandonó su cuerpo y volaba en el cielo de Tacaloa, mariposas en flotaciones eran su espíritu eterno. También en el cristianismo las mariposas representan resurrección e inmortalidad, la brevedad de la vida y esa efímera belleza terrenal.

Salto 3

La ciencia de Tomás Issa me regresó a la tierra con un dato científico que nos tiró en laboratorio para demostrar que la mariposa es el único ser vivo capaz de cambiar su estructura genética, ocurre durante su metamorfosis, el ADN de la oruga que entra en el capullo es distinto al ADN de la mariposa en que se transforma.

Escultura Butterfly by Henry Moore.

Situado fuera de Haus der Kulturen der Welt (Casa de las Culturas del Mundo) en Tiergarten, Butterfly by Henry Moore es la característica más distintiva del edificio. La reluciente estatua de bronce pesa unas diez toneladas, que se extiende a lo largo de 4.5 metros.


¡¡Caray!! A mi cuerpo de ángel le crecían pelos en las guevas, mis alas se transformaron en deseos eróticos terribles, se movían mis hormonas y no sé si mi ADN, Consuelito también se transformaba, tenía botoncitos en sus senos y florecián como capullo de flor nueva.

Que vaina, yo continuaba feo por la maldición de Afrodita y ella se había prendado del dueño de una funeraria, que daño hicieron los dardos envenenados de Afrodita .

Salto 5

Don Nelson Hidalgo nos llevó a otra historia con los mayas, creímos con ellos que las mariposas eran almas de guerreros muertos en batallas o sacrificios, las mismas almas que acompañaban durante cuatro años al sol se convertían en mariposas. Aquello lo aprendía hace 50 años; desde entonces, bosques del centro de México en Michoacán, los ocupan como hogar Mariposas Monarca, viven ahí desde noviembre a marzo. Es una Reserva de la Biósfera que lleva el nombre de este lepidóptero, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, son más de 16.100 hectáreas en Contepec, Senguío, Angangueo, Ocampo, Zitácuaro y Áporo, en Michoacán; y Temascaltepec, San Felipe del Progreso, Donato Guerra y Villa de Allende.

Jamás pude viajar allá con Consuelo, eran tantas metamorfosis y los daños del flechazo de cupido, mi Consuelo se volvió fea, gorda y se casó con el otro, pero mi aspecto mejoraba y aprendí a defenderme ante las mujeres bellas que a uno lo atortolan.  A veces me sentía condenado a enamorarme de las feas. Cierto dia pregunte a la amiga más bonita, quien me miraba de refilón y me acechaba: cómo crees que amaneciste hoy, ¿fea o bonita? . Me contestó con mirada de ojos de consuelo: feita un poquito.

Mariposa en Altosano – Morelia (México)

Salto 7

Que vaina, hace unos años en Tacaloa, el Comité de cafeteros impulsó una modernización de la caficultura, aquella transformación con la llamada revolución verde, trajo el cultivo de cafés de variedad caturra y otros, su manejo era intenso fungicidas, insecticidas y abonos. Esa ruina de la naturaleza desaparecía los sueños buenos con mariposas y prevalecían malos sueños con mariposas negras que se tragaban todo, hicieron esa realidad porque desaparecía muchos animales del paisaje, mariposas, abejas, conejos, las aves huían con los insectos y también se hicieron escasos los animales polinizadores. 

Mariposa de Edgar Negret en Parque San Victorino – Bogotá-

Cuando regresó Consuelo de un paseo en Estados Unidos, estaba flaca y sin arrugas, se había transformado en una loca en ganas de intensidad, el señor de la funeraria no le aguantós esas revoluciones, en su mente solo eran vuelos de mariposas entre señales con el signo $$. 

A Consuelo sus alucinaciones comerciales también se le incitaron durante otra fiesta de matrimonio. Alguien levantó el par de argollas que adornaban la tapa del ponqué y desde el interior brotó una nube de mariposas asustadas que afanosas que buscaban salida, una música armonizaba el momento y la novia se acomodaba sus bragas para destapar el liguero que debía poner a volar entre las mariposas para que algún desafortunado candidato a la próxima boda lo agarrara en el aire o sobre alguna mariposa aplastada en la cabeza de uno de los solterones invitados.

La Paca miró el escenario y entró en pánico. Mariposas en el aire en medio de una boda, eso son malos augurios.

-No mija. El negocio ahora es montar un mariposario de exportación para venderle a las casas de banquetes que atienden las bodas en Estados Unidos—.

Cielo

Un día de estos llegaron unos promotores turísticos a recorrer los caminos de Tacaloa, no les sorprendió la floresta verde bien conservada. —Este sitio no nos sirve dijo uno, por aquí casi no hay animales, ¿Qué creen que va a fotografiar los jubilados y los niños aquí? —  Los pájaros están lejos donde puedan alimentarse de mariposas.     

No sé si estamos parados en el camino del cielo o el del infierno.

Pongámonos una pena…

El Monstruo de los Mangones


Un relato mil veces repetido

Me declaro rumbera, me lo decía Amparo Albán, soy de la época de la pesada en los tiempos de “Amparo Arrebato” en Cali.

Sudé la gota gorda en el Honka Monka y el Séptimo Cielo,  participe en muchos “aguadelulos”; y claro, cuando voy a Colombia no dejo de ir a bailar a la  “Viejoteka” e incluso la muevo toda en la “Topa Tolondra” donde jóvenes y viejitos entre 20 y 90 disfrutamos los clásicos de la salsa y esa música tropical colombiana, sin que nos falte la idendidad del “Grupo NIche”.

En Cali cuando bailamos somos una verdadera explosión de edades, razas y colores—. Me decía el taxista jubilado.

Cuando Mamá estuvo interna en la Clínica San Fernando, Amparo me señaló una casaquinta en el cerro donde arriba corre la via de los cerros, dijo que allí vivió aquel personaje que, en los años 60, dio origen al mito urbano caleño del Monstruo de los Mangones. Y mirá lo que se aprendía del  taxista en este Cali de salsa y bugalú, changa y charanga, con Cuco Valoy y Richie Ray, con Willie Colon, Héctor Lavoe y otros que sonaron mientras rodábamos por la carrera quinta, por donde nos llevó a la calle quinta aquel vecino de Salomia, trabajador de Emcali, venía desde la octaba con veintiocho y cargaba con arrastre una borrachera que se fumó en el “Séptimo cielo” donde se gasto toda la plata que cobró de los contrabandos de la electricidad.

Llegamos a otro paso desde las lomas del Señor de los  Cristales donde  nos sentamos a orilla de la calle, medio borrachos curioseamos aquella casona de la comunidad “Santa María de los Farallones”, con sus veinticinco apartamentos, sus diez pozos y sus jardines aislados para quienes se atrevían a mirarlos desde lejos con todo su esplendor. Desafiamos la vigilancia de los guardias y los colmillos de los quince perros, veinte más merodeando por la noche. Escuchamos el ritual de los rezos de la comunidad religiosa que aplacaron los gemidos que grabaron las paredes donde borraron esa súplica del difunto millonario Adolfo Aristizábal, quien, según malas lenguas, desafiaba la muerte entre la leucemia y la sangre inocente de los niñitos que desaparecían inesperadamente en las calles de Cali, mientras en las casetas de Juanchito la negramenta bailoteaba con la blancamenta y todas las revolturas de pieles caleñas y en la casa aguantaban hambre de perro.

Y dizque, decía otro maledicente, algún médico le recetó sangre de varoncito tierno, ni una gota, nada que fuera de negrito. Sus cuerpecitos terminaban arrojados a los pozos de aquella mansión apacible y después en los mangones. Allá donde no llegaban los sones de la “Típica Nobel”, y “El Gran Combo de Puerto Rico” en las noches de feria, solamente pasaban los cláxones de los buses en la guerra del centavo de la calle quinta, donde se mira subir el smog de la ciudad desde las fabricas y los vehículos, entre luces de ciudad y se eleva a los Farallones de Cali.

Y muchos creían en fantasmas deambulando por esos corredores, no va y asusten a Mamá dormidita, mientras gritaban en los salones y los corredores, o como vio aquella señora que asistió a un cursillo con las monjas en aquella casona; después de cuando se las donó el millonario, dizque vio a un niñito de ojos azules que correteaba por los patios, la siguió hasta el corredor principal, abrió las puertas y espió a quienes diluían su aburrimiento de las dos de la tarde, hora de la meditación y los sermones del cura español. Y en la noche los doce fantasmitas que saltan desde el fondo de los pozos y juegan en los patios a los bandidos y ladrones que se roban a los niños para vender su sangre a los millonarios enfermos de leucemia. Pero hay otra verdad.

Yo no se nada de eso, solamente les cuento un relato del taxista, borracho, cansado, que no entiende la canción de Michael Jackson y Comodoors pero le suena rico hasta cuando termina dormido en la quince con primera. Porque nunca comprobaron las culpas del empresario caleño, aquel a quien culparon de ser “El Monstruo de los Mangones”, aquel que chupaba la sangre a los niños. Que andaba en un carro negro, berlinas negras conducidas por hombres de negro, subyugaban a los niños, les ofrecían bombones, los atrapaban y los llevaban a un laboratorio donde les extraían la sangre y luego los dejaban cadáveres exprimidos en los mangones cercanos a la ciudad.

No se comprobó, aquel empresario enfermo de Leucemia, el Señor Adolfo Aristizábal, o de cualquier enfermedad, quien requería constantes transfusiones, jamás de negros porque lo contaminaban. Es un mito urbano y ahí se queda.

También se cree y asegura: eso es puro cuento, dizque fue un cuento inventado por la envidia de los otros empresarios vallecaucanos, estos o aquellos, o algunos que, querían cobrarle los éxitos por ser un gran personaje de la ciudad, el gran emprendedor, y por ser venido de otras tierras, él llegó de Santo Domingo Antioquia donde había sido minero e invirtió lo que trajo en hacer empresas, impulsó la exportación de café  y crear una cadena de compradores a quienes ayudaba a financiar, finqueros y campesinos cafeteros. Así difamaron a ese señor que tanto le dio a la ciudad, entre ellos el hotel y el teatro Aristi.

Jota Mario cuenta otra cosa, cincuenta años después, en su columna de El Tiempo – marzo 31 de 2004:

“Era moreno, alto, churrusco, de labios abultados, vestía pantalón de dril con una mancha fresca a la altura del medio muslo y camisa por fuera. Yo esperaba solito el bus en la avenida Colombia, en Cali, al pie de un almacén donde vendían calculadoras marca Burroughs y donde sonaba un teléfono interminable, con un talego lleno del pan para la casa, que había comprado la abuela Carlota en la panadería Granada – con lo que ganaba por manejar durante el día la tienda de Luis Torres y de la tía Tina a la vuelta del teatro Colombia, frente al río, cerca del Colegio Americano, donde me volvían luterano- , pan francés para papá, medialunas para mamá, calados y pandebono para los cuatro que nacimos en San Nicolás, cuando se me acercó en la penumbra del paradero y me dijo: Hola, para dónde vas , y le dije: Para la casa . Se me quedó mirando y me fue diciendo: Por qué no me acompañás por allá por el estadio y te doy dos pesos.

Este malparido es el monstruo de los mangones , me dije al rompe, porque, a pesar de mis 11 años yo ya leía El Relator de Hoy, El País y el Diario del Pacífico, y escuchaba el radioperiódico de La Voz del Valle, y por estos medios de comunicación se alertaba sobre los asesinatos en serie de niños que aparecían en los solares del centro, entre dos edificios, desfloripados y estrangulados y por lo general con una aguja clavada en el corazón; según se decía en nuestra barra, para generar aberrantes contracciones en el esfínter que seguramente provocarían el paroxismo en el monstruo. Y mejor sígalo leyendo aquí:

https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1581318

Y Jhony Delgado en Occidente de Cali escribía en 2014

https://occidente.co/el-monstruo-de-los-mangones-a-medio-siglo-de-un-misterio-sin-resolver/

Y mirá el periodista Phanor Luna

Dias con la brasilera


Jhoana Queiróz – Artista brasilera. Clarinetista, saxofonista y compositora
En los casos cuando se producen cambios en la calidad de vida de la población, se debe tener en cuenta que, en el caso de las mujeres, con su propio trabajo autoral son artífices del cambio cultural, generan espacios de felicidad, como los que ha presentado esta mujer en los últimos años en diversas ciudades de Brasil y del exterior. 

Calle, esquina casa y piedra, ahí estás brasilera,
ocho días en la vía con zapatos destrozados,
la invité a tomar café, sus dedos temblorosos,
los pasó por sus labios para invitarme a un beso
con su tono carmín y sonrisa de gamina.

La escuché en el bordo de sus rutas
siete ciudades con trescientos viente días
un año con estrellas y vientos su mirada.

Había escrito versos desde sus siete años,
reía al lado del mar y con cantos volátiles.

Vino a buscar sonidos nuevos para animar sus rutas,
el arte marcial sonido, tocó en los festivales,
la arrojaron los muchachos, después la retuvieron.

kinonichi su disciplina , tenía ideas novedosas
pero se reveló. No soy de atarme a nada
en esta tierra escupen fieras y metralletas.

Después de tantas tristezas seguiré vagando con el viento
ya amasé mil días de desacato a mis hombres de siempre.

Pensó que la esperanza en la eternidad era una mala alianza
su viento no comprende sus tiempos en los de religiones,
solo giran sus días en la ola sonora de una flauta y un canto
con vibraciones sonoras de estrellas en el fondo.

 https://www.facebook.com/joanaqueirozclari/

Seis cosas – Solo una


Mirá las cosas que uno se encuentra y escucha por ahí.

1 Silvio Waisbord  en el periódico Clarín de Buenos Aires, 29/12/2017: “Las razones que nos unían a las certezas y la realidad están en crisis. Algunos oportunistas crean mundos concretos”.

Más nos enseñan los buenos viajeros, regresan y al momento piensan en el siguiente viaje, su vitalidad está en las aventuras de los lugares nuevos.  

2 Palabras de Samuel, un bebedor en la plaza de Tuluá, en el centro del Valle del Cauca, él leía el País de Madrid en una tableta que le envió su hija desde Madrid; entontes comentó: —Dizque estamos en la era de la política de la posverdad, dice aquí que lo declaró el Diccionario Oxford.

Y le replicó su amigo: Pero mirá, la verdad era la joya más preciosa de mi abuela, y ahora en la época de la minería ilegal y los negocios huecos, es una moneda sin valor. Ya no creo en el señor de los milagros.

Por esa razón su marido prefería gastarse el dinero en boletos de avión para sus viajes por el mundo, mientras refutaba a la abuela: “Las verdades y las falsedades están por ahí regadas” tu sabrás, entre esas cosas maravillosas que están en todos lados, que verdad acoges.

3 Parecía responderle Fabio Alzate, sentado en el Café Apía, un pueblito escondido en la Cordillera Cordillera Occidental en la via hacia el Chocó, mientras hablaba con Rodrigo, a quien su hijo le envió una impresora. —Vea mijo, es por el auge de las reproducciones en 3D, un amigo de Marsella hacía pesebres con un aparato de esos. Cuando le vi esos muñequitos que llaman los pastores, pensé en otra realidad, parecida a los hechos políticos que tienen varias caras, todo según el jugador y todos tienen máscaras, cada uno toma cada cara de los hechos, presenta las cosas como más conviene, hace jugadas ocultas, y su corazón es un titiritero que se mueve entre su costal de rencores e ilusiones, ese costalado muchas veces tiene rotos desde donde se dispara o entran balas.

El vecino de Fabio le escuchaba y le aducía: vea mijo, quizá por esos peligros que señalas es mejor viajar y conocer lugares nuevos, después de mirar y sentir otros mundos, aprendí a apreciar mejor mi mundo, aunque por acá suenen balas de las mismas que vuelan por todos lados. Las balas obnubilan y enloquecen el mundo.

4 Y escuche esta otra de un matemático en la U Santiago de Cali, se tomaba un café y opinó: — Lo que se dice en la política, siempre ha sido brisa y viento; lo más perverso hoy, ya no es un imaginario de ideales, son dardos y adulaciones de una guerra entre múltiples contrarios; o si no vea, hay un periodista que tira dardos en un tiro al blanco, él acoge una imagen de lo real y la dispara en un espejo roto donde cada fracción de la verdad tiene ilusiones y huecos negros, ahí unos mencionan lo que otros quieren oír, y también por ahí quiere contar lo que se replica en los odios que reproducen las redes sociales.

La profesora Mariela, quien ve esas fracciones de la verdad, dice y piensa que su mejor verdad estará los sellos que llenen su pasaporte, serán sellos de muchos lados y huellas para un verdad suya que llene sus sueños de viajera.

5 Maritza, funcionaria de ojos verdes en la alcaldía de Cali: —Los afiches y la labia de los políticos, son verdades encubiertas y creencias segmentadas, aquí y en todas partes, las mentiras chorrean en muchas direcciones, las ciudades son bosques en una red de ecología digital donde fluyen ríos de baba y de conversaciones.

Maritza se detuvo después y pensó en su conversación. Se relajó y estuvo segura: los ríos que mejor fluyen son los que conoce en sus viajes. Le suena el agua en el oído y prefiere el sonido de las corrientes que van al mar y el la lluvia.

6 Juan Guillermo Ángel, ex alcalde de Pereira y ex senador, mientras juega billar y atina la carambola 40: —uno jamás se podrá decir que es, ni ex político, ni ex-marica.

A su lado un político solterón ve rebotar las bolas de billar, recuerda que ha dejado dos proyectos de boda, sus dudas y una causa lo impulsaron a vivir en su propio juego, mejor que gastarse el dinero en rituales de apariencias de donde sale la pareja a divorciarse a los tres años, decidió invertir ese dinero en un buen viaje con la pareja y selló con ella en el camino, al pie de cualquier árbol, un pacto de libertades. En la segunda ocasión, con otra mujer, sin la promesa de un nuevo viaje, echaron a rodar una relación que estaría encerrada en una mesa de billar, se encontrarían como ahí, en choques amorosos, y después del rebote rodar libres. Los impulsos del taco de la vida los volverían a encontrar en un juego que también caduca como las partidas de billar.

Calles en tierra cafetera


MARSELLA

Calles de mi vida,  su magia desapareció después de edad y andanzas. Crecí en un pueblo mojigato donde el cura ordenaba todo.

Los cambios de época las transformaron, las recuerdo en la orilla de mi tiempo y la distancia del paso entre dos siglos, apenas se vislumbra el recuerdo del asesino de las tres de la mañana que guardaba debajo de su ruana un tesoro inexistente en la botella vacía de aguardiente.

En una ventana la luna acariciaba a la rubia sin nada puesto encima más allá de los misterios del aroma en sus poros que invadía mi erotismo. Sabía ser amante, ramera, reina del baile, desvestirse con un suspiro y atacar como fiera al agresor con sus tacones. Guardaba secretos de las conversaciones de los políticos y los bandidos.

Me alejé sin un mañana de regreso, la veía calzarse y erguir su busto, pintase el rostro y acicalarse para un nuevo cliente. La Calle donde vivía desapareció con los años de la liberación femenina.

CALLE LARGA DEL MORRO

En Tacaloa al norte mis pies se desnudaron

mi lugar era El Morro, calle libre sin memoria

y un sur de ceremonia, sermón y mística cristiana

que olvide con pasos de arrabal en Chava Luna.

Caricias, crespones de recuerdos repetidos

su esquina sola sin farol y derribada en luna llena

temblores arrasaron la lujuria, sangre de violencia,

la rubia abandonada, sin gatos, materos, almohadones.

Ningún trago de ron en sus rincones ni amantes esquivos.

Pianola sin vibración de son y bolero antillano,

detrás un tango de Gardel y una moneda loca

su dueña era la música del tiempo borrascoso

de amantes andariegos tras orgías

y fatigas de mujeres violentadas,

pecados con sordera a los sermones

placer sin paraíso y sin demonio,

armonía con palabras de furia sin olvido,

frases de incendio, piernas mudas,

noches de amor indescifrable ido por grietas

años idos fisurados en días de vigilia

sin aleteos de ángeles

traspasaron el mundo en algún sueño con recato

fue su tiempo con rostro disuelto en el espejo.

Ya en Tacaloa

no está El Morro exótico al final de Calle Larga

los mapas no trazaran su destino

las piedras silenciaron su deleite,

sus casas son de polvo de voluptuosidad

y olvidos repetidos sin luces de catedrales.

La juventud, la vejez, la varonía machista,

con luna adversa y murciélagos volátiles

dieron látigo al viernes de las letanías,

amores en espera, sus dueñas los besan,

los catres rechinan su canto sin orden.

días fastos, nefastos de recato lavado en palangana.

PEREIRA















Un recuerdo eterniza la soledad de la noche más oscura que jamás se chocó con la noche estrellada y el bullicio, me acerqué a sus besos y los perdí entre silencio y brillo de sus labios.

MI CALLE PEREIRANA

Era mi calle larga antaño, fresca con viento del nevado,

vive ahora entre smog caliente, la perturba.

Perdió la bicicleta de señorita enamorada,

no quedan sus puertas de madera y el silencio,

y aun la persigo en el andar a través de mí mismo.

Su soledad huyó del pueblo desplazada,

la llenó su algarabía de ciudad

y la olvide con afanes al trabajo.

No está su sonrisa coqueta en la ventana.

Venimos todos, siempre estamos llegando,

de lejanías y caminos, de noches de utopía,

arribamos de otras calles con mirada de vikingos,

dos de la tarde, cojeando y sin muleta,

desde otros besos, mar y sal, al aguacero,

y la luna pereirana no deja de reírnos levemente

detrás de fumarolas del volcán porque en la calle esta la vida loca y continúa

1962 Eran los tiempos de Lolita. Escena más memorable

Los años de la violencia


El cine + narrativas

Habíamos visto un documental sobre la violencia colombiana en el Teatro San Fernando de Cali, lo conversamos, traje un recuerdo de Marsella en 1954, se vino como una película el sepelio de Chuchí Sierra y Ramón Escobar. Un desfile pocas veces visto, sobre una muchedumbre uniformada de negro y camisas blancas iban dos ataúdes en lenta flotación, al lado mantos y cabezas sin sombrero, los féretros arreaban más multitud al sonido del doble de campanas de iglesia. Sobre esa sensación colectiva indescifrable y muda, sobrevolaban  ánimas de otros muertos y en muchas almas  descansos de muchos duelos.

Sobre un potro chusmero

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Cine Colombiano. Director Luis Alfredo Sánchez. Documental de 25 minutos producido en 1955

SINOPSIS
En 1950 estalló en los Llanos Orientales de Colombia una rebelión armada contra el gobierno conservador de la época. Se enfrentaban “la chulavita” o policía del régimen y “los chusmeros”¸ guerrilleros liberales. Un grupo de estos es perseguido por las fuerzas del gobierno. Uno de los guerrilleros lleva una yegua recién parida¸ acompañada de su potro¸ lo cual cambia la situación del grupo rebelde. Se desarrolla un conflicto humano por la presencia de este potro chusmero.

PREMIOS NACIONALES: 
Premio Mejor Sonido a Lina Uribe¸ III Festival de Cine de Bogotá - 1986. Premio al Mejor Cortometraje y Mejor Interpretación al colectivo de actores¸ Salón Internacional de Cine de BogotḠ1985.

La caída de Chuchi Sierra

Marsella, después de habernos ido de nuestra propia casa por acción de los violentos, el abuelo nos acogió, Papá Ramón. Días después mataron a Chuchi Sierra, aquel matón que perseguía en todo el territorio y en otros caminos a los liberales. Ese día alguien contó que hacia unos meses él había ido con algunos de su bandola para asesinar en Pereira al liberal Santiago Villa, un líder sano y no jefe de bandidos, aunque su tío abuelo había sido el guerrillero liberal del Tolima Eliseo Villa,traicionado en los pactos con el gobierno, después de la guerra de los mil días, apresado y fusilado en Honda. Quizá por esa historia y el pensamiento del liberalismo radical en algunos de los Villa, había ofensas de Chuchí Sierra, incitado por jefes políticos y sacerdotes, eso generó rencores por sus respuestas a esos desafíos. Los Villa enfrentaron a Chuchi, Santiago envalentonado le ocasionó lesiones en una mano, fue dura esa pelea y en franca lid en la fonda del cruce de “La Bodega”.

Fonda La Bodega – Vía Pereira Marsella

Chuchi madrugaba algunos días a Pereira donde se reunía con sus jefes y matones de la región en el Café París, allá se enteró que Santiago Villa frecuentaba una cafetería en la esquina del Parque la Libertad, diagonal al templo La Balvanera, un lugar popular y punto de salida de los buses a Medellín. Chuchí arribó con sus matones, Santiago estaba de espaldas a la calle, estudió la escena, disparó desde la puerta un tiro a la cabeza y el resto hacia abajo, Santiago cayó de bruces, le había vaciado los seis tiros del revolver cachi blanco. Otros disparos al aire ahuyentaron gente mirona.

Aseguran que alguno que los hijos de Santiago, en el cementerio y al momento estéril de sus lágrimas, juró: “Vengaremos la muerte de nuestro padre. Los chusmeros de Marsella lo mataron, con ellos Chuchi Sierra, el asesino. Nosotros lo vengaremos”.  Estaban jovencitos y a los días se les unieron otros, prepararon un grupo encargado, gente audaz y temeraria. Anduvieron caminos de Marsella en varias rondas para conocer las andanzas de Chuchi y sus bandidos, las piedras se encendían y en su calor reconocerían sus pasos.

Chuchi lo sabía todo, ya no le gustaba ir al pueblo, mantenía mimetizado entre rastrojos rurales, parajes y caminaderos de la vereda El Salado y a orilla del río San Francisco, o los surcos que marcaba una falla geológica que años después hundió la piscina, eran follajes repletos de Caña brava y matorrales de hortensias y hojas anchas. Don Sérvulo Mejía lo protegía para su propia defensa, una  banda liberal lo había amenazado, decían que ese señor había sido alcalde cuando los conservadores trajeron a Patepalo.

Patepalo llegó a Marsella entrenado por Juan María Lozano, el famoso Cóndor de Tuluá, jefe de todos los pájaros del Valle y Occidente, que se reunían con él en Pereira en el Café París, hacia allí Patepalo también llevó a Chuchi, lo presentó como un joven ambicioso que seguiría sus órdenes porque también era su protector. Para don Sérvulo esconder a Chuchi era una seguridad y conveniencia para ambos. Chuchi  limpiaba los alrededores de liberales amenazantes, y se movía por los contornos.  

Avisaron a los ofendidos por las muertes de sus padres o parientes, que Chuchi andaba por los caminos a La Pedrera y en la carretera a Marsella. Aquellos caminaderos por el río eran un sumidero de miedos.

Senderos rurales de Marsella

Unos hombres armados llegaron en automóvil al sitio llamado El Zurrumbo, a pie subieron el camino y cruzaron al alto El Rayo, bajaron hacia la finca El Salado por el sendero de La Ermita, se bañaron en la cascada y cambiaron sus trajes, escondieron ropas para el regreso, era fin de semana. El carro había quedado esperándolos.

Cinco a seis personajes se movían entre cafetales, otros atrincherados a lado de camino, algún pescador un poco más abajo la de fonda El Salado. Los Policías de Pereira les habían suministrado armas de repetición y municiones. Ahí desde el paso del río San Francisco, trepar la loma de El Español, había un puente de guadua y tenían información precisa, Chuchi había amanecido en la fonda, tomó licor con el mayordomo de La Pedrera, Ramón Escobar, ya lo tenían claro, llegaría a su escondite en un cambuche.

Cinco de la mañana, dolor y zozobra revuelta con marihuana después de quince días de espera; ya sin fumar y emboscados ahí,  dejaron pasar un arriero y doce mulas cargadas de café, detrás de otros caballos y menos cargados, iban Chuchi Sierra y Ramón escobar, quien lo había invitado a desayunar en La Pedrera. Entre el claroscuro de amanecer, un arriero vio señal de linterna entre rastrojos, se apagó y comenzaron los disparos en ráfaga. Con la primera bala cayó Chuchí, su mula corrió asustada, pasó frente al primer arriero, quien después en testimonio aseveró. —A Ramón Escobar, quien era auxiliador de Chuchi con otros mayordomos como el de la finca la María, le dispararon porque se enfrentó a los atacantes, no sabía que no lo iban a atacar. Su mula se vino a contrario de su rumbo en el camino, las mulas de los arrieros la seguían alteradas y el arriero testigo se escondió, observó a un asesino que encontró a Chuchi Sierra agonizante y lo remató con un machetazo en la cara. Gritaba alterado en memoria de su padre a quien había vengado y huyó sollozante.

La mula de Chuchi llegó al salado y la gente sospechó: —mataron a chuchi, mataron a chuchi—era febrero de 1954. 

13 de junio o la salida de Laureano. Pintura de la maestra Débora Arango

El desfile funerario al cementerio de Marsella fue en multitud, la gente acompañaba a don Jesús Sierra por la muerte de su hijo, el viejo era un patriarca bueno, servicial y apreciado entre la población.

Así lo contaba papá, después en Cali: —Vea hombre que cosa tan verraca. Cuando mataron a Chuchi Sierra, también mataron a Ramón Escobar.  Y a ese pueblo de Marsella se lo llevó el hijueputa diablo.  Gilberto Mejía era quien lo puso en el  Salado para que cuidara a don Sérvulo. ¡Hombre, y tanto que le robaron a don Sérvulo!.. los vi sacar camionados de café a Chinchiná.  Le quitaban a quien los cuidaba, a don Sérvulo, el dueño del salado  y La Pedrera.

—Decía don Felipe, ánima bendita.  — ¡Jeee! ¿Cómo le parece Juan el trabajo que le hicimos a esa gente?— . Y contestó, —Yo, no sé nada hombre.

—Eso costó un billete largo.  — Ojalá allá termine todo esto. Me hicieron volar de Marsella, se apoderaron de la finca para robarme todos, debimos desocupar la casa y no volver por allá. Bueno. Pero cayeron–. 
— Estuvieron posteándolos en un monte, y ahí quedaron cajas de sardina y botellas. Pero se hizo matar Ramón caprichosamente. Primero quebraron a Chuchi, y el otro saca el revólver y mete carrera y pum – pum, dispara al aire. Y llegan y taque, ahí lo bajaron también a él.

— Estaba yo en Granizales, en la finca, eso fue en 1954, paso un carro por La Estrella. ¡Mataron a Chuchi, Mataron a Chuchi!… Está llevado del putas Marsella—.  Y pasó otro carro que venía con gente de Manizales. Alguien dijo: —Ahí está Juan, llevémoslo—.  Y otro, —Camine paˈ Marsella—

Y les recordé cuando me pegó una aplanchada tan hijueputa, Chuchi a mí.  Me dejó durante quince días de cama. Estuve muy dolorido.  ¡Uh!… Me hizo orinar en los pantalones: ¡miao!…., ¡miao!…, ¡miao!….  En esos días me tocó dejar la tienda y huir de mi propia casa en la salida para Valencia, mi papá me dijo, lo mejor es que huyamos de este pueblo, porque el miedo se volvió de piedra cuando nos estalló un taco de pólvora que nos hizo poner Chuchi, arrancó el portón y unas paredes. Los niños volaron con el estruendo y estaban aturdidos.


El maestro Fernando Botero, muestra la violencia en su arte. De la colección donada por el propio artista al Museo Nacional de Colombia

Baile, misterio y arte


Alguien me afirmaba que Charles Baudelaire hizo esta reflexión. Todos estamos familiarizados con el pronunciamiento de Nietzsche sobre Dios y el baile (“Yo sólo creería en un dios que supiera bailar”), pero su obra, está repleta hasta el borde de elogios a esta práctica (bailarines dionisíacos, sátiros danzantes, hombres, mujeres y niños que bailan sin cesar) y él mismo fue un bailador solitario.

Sátiro Danzante – Estatua de bronce del siglo IV a.c, se atribuye a la escuela
del gran artista, Prassitele, se exhibe en el Museo de Sant’Egidio de Mazara del Vallo en Sicilia – Italia.

Para Nietsche la libertad nunca es más participativa, en el sentido en que podemos elegir cómo fluir con el flujo del mundo, como lo es en el baile; pero cuando se baila, o se ve a los bailarines, como recuerdo el tango en Argentina y el Festival Petronio Álvarez en Cali, los sentires y emociones se contagian y la aglomeración humana fluye con la música y el baile, en culturas afroamericanas existen grupos donde todo se baila desde el nacimiento hasta la muerte.

 

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Fotografía de Mario Posada Mejía, publicada en el País de Cali en 1975

Siempre recordaré cuando “Amparo Arrebato”, nos contagiaba su ritmo endiablado de la salsa caleña, en 1968 Richie Ray & Boby Cruz engrandecieron la fama de la bailarina más popular y admirada de la Feria de Cali, le compusieron la canción Amparo Arrebato, para una caleñidad donde también se baila todo, entonces con una particularidad, a los discos de 33 revoluciones se les hacia sonar a 45 y el ritmo loco de Amparo Ramos, ese era su nombre, era el que movía a todos los escenarios de la ciudad. 

Baila y baila para entrar en el ritmo de las cosas, del viento, del pulso de la vida que siempre es el mismo, pero está a disposición del libre albedrío del cuerpo. He ahí su belleza. El cuerpo puede elegir cómo participar del ritmo y la gravedad mientras la conciencia del ego está perfectamente enfocada y relajada, y el yo conduce a la totalidad de las partes en un juego libre de fuerzas.

Curioso, un twitero creó su imagen como @AmparoArrebato2,  y además para ilustrarlo presenta esta imagen, autoría de Fabian Ciraolo

Frida Kalo

Acá me hace pensar que la imagen, parece contradecir las pasiones de Frida, o a lo mejor las afianza, desconozco ciertas tendencias del Punk.

En Frida Kahlo, su pasión por el dolor físico parece una herencia católica, en especial del barroco hispánico, según Amílcar Moretti, escritor, fotógrafo y crítico de la cultura, quien afirma que este tipo de pasión, se contrapone al comunismo ideológico de Frida, a su voluntad de revolucionaria marxista traducida a lo latinoamericano. Ella, mujer emancipada y libre en el amor en todas sus variantes, con ambos sexo y hombres, como Trotsky quien residió en su casa y tuvo una aventura amorosa a ojos de la esposa del ruso; sinembargo, no se desprendió nunca de su otra pasión, Diego Rivera, artista mayor, gran muralista del continente hispanoamericano, quien nunca ocultó sus accesos amorosos y sexuales con múltiples mujeres, siempre enamoradas de alguien “tan feo” como el artista, según palabras de la misma Kahlo.

Su tercera pasión, el arte, la pintura, fue una parte de su salida al sufrimiento físico, pero siempre se ha pensado por algunos, que las otras dos, el cuerpo doliente y Rivera, se impusieron como formas de amor-castigo por ser terrena y de amor carnal y afectivo.

Los españoles, mucho antes, cuando vieron el hedonismo carnal del barroco de Francia, ante la imposibilidad de detener la ola que traspasaba las fronteras de la península ibérica, mogigata, rígida, atrasada, goda y católica, optaron la absorción de un cambio que les garantizara la supervivencia. Expresaron los cuerpos desnudos y bellos, carnes, pechos y nalgas rosadas y blancas, con sombríos retorcimientos de carnalidades que duelen, como cristo en la cruz, como un preso político bajo la picana eléctrica militar y policial.

“Los cuerpos desnudos están, pero no para ondularse de placer sensual sino para padecer espirales dolientes. Así, el cuerpo de Frida Kahlo, tras su accidente se convirtió en una sustancia finita implacable consigo misma en su crueldad de sensaciones no analgésicas, sino todo lo contrario. no es casual que su herencia cultural y artística, se mencione masivamente, primero, como un largo sufrimiento del cuerpo encamado, pero no en el lecho de venus sino en el de la sufriente que paga por algo. la tradición católica, sin alegría, purificadora por las llamas y el martirio, al decir de chavela Vargas. lo opuesto a todo el tiempo con la maría en el trigal”. (Amílcar Moretti)

Imagen.  Frida Khalo, la columna rota 1944 – óleo en tela montada en madera de aglomerado, museo Dolores Olmedo de ciudad de México.

 

Poema de Shreya Barua


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Austria-Innsbruck-Wattens-Mundo-Cristal-Swarovski-Nubes-Reflejo

Ando en mundos de cristal y de montaña, camino por ciudades con calles solas y me adentro en el mundo de los blogueros donde me encontró “la niña de la fotografía”, este poema de Shereya. Y si te detienes en su página encontrarás sobre “Las niñas de Siria” y “La maldición de las víctimas” y las “Serenatas desde corazones rotos” porque aparece un  tipo en mal estado.

tomado una publicación de 

 Una mujer y un poeta, no tan fácil en Irlanda

La niña en la fotografía |

Te tomaré de la mano
y te mostraré cómo es
sentarte bajo los letreros de neón
cuando la ciudad se duerme
y habrás sabido
un poco más
sobre el aspecto de la magia,
te llevaré por los labios
y te mostraré. Sabes lo que es
saborear los copos de nieve
que atrapé en mi lengua
y podrías conocer
un poco más
acerca de cómo se sienten los sueños.
Te llevaré a lugares
que olvidarás y recordaré.
Te mostraré cosas que
ganaron tus ojos. No creas
hasta que empieces a preguntarte
si soy real;
si algo de eso es

Entonces, voy a soltar tu mano
una última vez,
separándome de tus labios
una última vez,
envolveré toda la magia y los sueños
alrededor de tu dedo meñique
y volveré a ser
la chica de la fotografía.

Otros poemas de Sheila en

Shreya Barua, en un reciente postgrado en Trinidad. Se mudó por todo el mundo, desde Delhi a Dublín, para poder disfrutar de las dos cosas que tiene en su corazón: la literatura y los viajes. Cuando no está demasiado ocupada soñando despierta, uno puede encontrarla caminando por las montañas de Wicklow o tomando un vaso de rojo junto al gran canal.

El caballo de mi pueblo


La forma del caballo representa lo mejor del ser humano. Tengo un caballo dentro de mí que raramente se expresa. Pero cuando veo a otro caballo entonces el mío se expresa. Su forma habla. “Silencio”

(1974) Clarice Lispector – escritora nacida en Ucrania que vivió en Brasil

Caballo de mi pueblo

Saltó a tramos todo su calendario,
arrastró caminos del desastre,
llevó a lomo materia del progreso.
Desvió zanjas, abrió vías de ciudad,
galopó apuestas en calles de la feria.

Cargó leña, carbón del monte oscuro,
por cien lomas pérdidas desde camino real,
trasladó mercancías de arrieros legendarios,
llevó entre canastos familias de colonos,
arrastró maderamen que forma la cabaña,
su cagajón con paja y tierra empañetó casas antiguas.

Los hombres le impusieron el tiempo de la guerra
y acompañó al guerrillero perseguido,
sacó a soldados heridos del combate,
recibió cargas, balas de fusileros,
para salvar al amo moribundo,
y lo vendieron con firma de la tregua.

Desfila brioso con chalán que lava perros,
un mortal que protege fincas de mafiosos.
Despliega porte igual en terrenos de jerarcas,
un funcionario lo arriesga en una apuesta,
metrosexual fullero lo calcula en un negocio.

Pocos saben de dolores en sus cascos,
amaneció desganado y decaído,
lo llevaron al suburbio para arrastrar carretas,
sufre calor, smog, afán, tráfico urbano,
golpes de amo rabioso, trancazos de taxista.

El rockero le canta una canción.
Salvado mordido por culebras, picado por arañas,
dolorido en su colon por comida fermentada,
suenan golpes de guitarra triste, está abatido,
inexpresivo, cabeza quebrantada, apaga su mirada,
es quieto en su final y el dueño no comprende,
quisiera arreglarlo con un tiro,
el otro lo despide con canciones.

Ramón Puig de la Bellacasa Alberola, nos trae “Le petit cheval blanc”, la canción de Georges Brassens.

El vecino


La ciudad se refleja en cada uno de nosotros a través de una rica gama de correlaciones.

PajaroPolo salía tempranero con ojo alerta y corazón tibio, movía su mirada al paso de los colibrís que buscan las bromelias en solares y flores de sietecueros a la orilla de la ciudad, la rivera vecina a Dosquebradas. Conocía sonidos de mirlos o gavilanes, saludaba a la pava caucana que se detenía en el árbol laurel de la casa de Matilde y percibía el sonido de flauta traversa que entona el cucarachero flautista, o la emisión sonora de la tórtola frentiblanca  y otros pájaros en la orilla del Otún, él se detenía en sus comederos a las seis de la mañana, esos lugares donde crecen el llantén, la verdolaga, el diente de león, la lengua de vaca y las que comen a las seis de la mañana.

Polo podía leer la corriente, aunque estuviese turbia, en el tono azufrado del agua intuía el estado del volcán, señalaba el cielo, con el dedo al cielo media la velocidad de las nubes, viento o calor de sol y auscultaba el clima. Con esa información tenía una palabra nueva para llevarle vida a la primera señora del barrio que encontrara, o al primer señor, y ahí él era ya reconocido; después, no tenía desaliento al treparse la loma de la trece, la calle más parada de Pereira, iba a un paso afanoso a comprar arepas donde Isolina, o subía la falda de la quince para comprar leche y pandebonos, por ahí los otros  sudaban la gota gorda, él no. Polo, aunque no era el personaje de los mandados, hacía muchos favores a las mamás o las señoras de sus amigos, porque era íntimo de la casa, sabía todo lo de todos, el primero en un saludo de cumpleaños, lo más necesario y urgente en el caso de un enfermo, adivinaba el día de las quinceañeras y todo acontecimiento con celebraciones entre familias y amigos.

Polo era un vago buen vecino del barrio América que no terminó el bachillerato porque alucinaba y a ratos se vestía de mujer; lo recordé ese día, el mago de una tractomula la volteó para bajar por la loma de la calle trece desde la esquina de la carrera cuarta hacia la avenida del rio, maroma que le supo a cacho, ahí no estaba Polo, ni en la esquina supieron para atajarlo, se precipitó en bajada, se le torcía y le jalaba, frenó echando humo con olor de caucho quemado y alguien le puso una tranca, llamaron una grúa porque de ahí ni para delante ni para atrás. Polo estaba chupando gladiolo en el cementerio de Circasia, porque dicen que era ateo y un fanático lo mando a matar, también porque le pareció marica; simplemente, él no se sentía mal andando con su primo cuando se vestía de mujer, ¿por qué?  si era su primo, y, además de eso, era buena gente y necesitaba andar con el mismo atuendo para acompañarlo y reconocer de eso modo la otra forma de la vida fragmentada en la ciudad, y desde otra cara tan desconocida como la cara que mira hacia los ríos.

Una tarde en la misma esquina de la trece, Polo me explicaba mientras miraba fluir carros en el viaducto: Pereira es una ciudad que se mueve a más de trece ritmos que no se corresponden con sus horas, el sol sale y las calles lo saben sentir, la lluvia cae y las calles saben que su humedad es cada vez distinta, la gente circula en la calle y cada persona sabe sentir a la otra, hasta sus apodos y sus nombres, los de la plaza de Bolívar tienen su propio vocabulario y en los barrios del río, en Cuba  o la Circunvalar;  octubre se siente diferente a diciembre, en marzo es distinto el bullicio de la octava, y en cada día y cada lugar de la ciudad, la persona en cada hora distinta, fluye y se deleita con ritmo propio y carga su propio sufrimiento, pero es un ritmo cambiante que destila como el caos de la indeterminación. Cada momento de la existencia en esta ciudad, está ligado a una inteligencia fragmentada y colectiva, y a la memoria sobre huellas de su historia. Si miras la cara de la gente y sus fachadas y pasas con esa lectura cinco veces, lo sabrás entender, como aquel arquitecto que leía exhibiciones de la mercancía puesta en la calle como una instalación. A veces los ladrillos son bellos y en otras reclaman a sus dueños que han olvidado embellecer sus fachadas. Cada parque podría ser distinto si lográramos ser nosotros mediante un acuerdo rítmico para que la ciudad vaya en nosotros de distinta manera.  Me siento feliz cuando siento que he vivido mi ciudad y eso lo siento cuando saludo a mis vecinos. No se si en estas calles viviré mi vejez o si ellas la vivirán por mí.

Tejada

Polo era un buen pato, aunque se perdiera en el momento de hacer vaca para costear las fiestas donde no faltaba, no era de esos que se beben todo el guaro, porque no tomaba, solo untaba la lengua en la copa de aguardiente y repetía el gesto que le conoció a su abuelo, pero si era una maquina despulpadora a la hora de comer; aún más, cuando era en la casa de otro y la comida estaba exquisita. Como aquel día cuando los de la junta de acción comunal invitaron a un alcalde al que llamaban “Vaca Brava” a un agasajo. Polo ya estaba ahí, cachaco y corbatudo, había invitado a todos casa a casa, y como, ese día usaba una peluca, la señora de la casa anfitriona lo confundió con el alcalde, lo sentó en el puesto principal de la mesa, le puso la mejor presa de la gallina en el mejor plato y cuando se tomó la primera copa de vino de consagrar que había traído el cura, alguien le advirtió: —Usted está equivocada doña Teresa, ese no es el alcalde. ¿No ve que ese es Polo, el pato del barrio? —. Polo lo notó y rápidamente resolvió el asunto a su favor, le metió su mordisco a la presa, saboteó el plato y todo quedo arreglado, lo cambiaron de puesto y comió como el mejor.

viaducto

Al velorio de polo acudieron sus vecinos, gente que siempre lo quería por chistoso: —tan gracioso y comedido— dijo una—. Culto y buen conversador, dijo otra, conocía las historias más antiguas de las familias de Pereira y tenía un cuaderno con los mapas de los senderos que recorría por el río, con nombres de pájaros y las plantas de sus comederos. La maestra del barrio Otún recordó cuando invitaba a los vecinos a sembrar esas plantas en sus solares para que los pobladores, cuando escucharan sus cantos y los vieran comer en sus solares y en la orilla, soñaran con la floresta y el paisaje de esos sitios desde donde llegaron desplazados.

El tesorero de la junta recordó aquellos días cuando llegó un gringo investigador de una universidad inglesa al barrio para buscar a Polo, necesitaba un guía que lo llevara por toda la cuenca del Otún donde haría una observación de aves. Después salieron con el cuento de que era un gringo cacorro y que el pájaro que más le gustó fue el pichoncito de Polo. Le hablaban de esto y se enfurecía, pero cuando se veía perdido, le agregaba detalles al asunto y se burlaba de sí mismo, era quien más se reía.

En los barrios en la orilla del rio hacen falta personajes como Polo, me decía una vecina en el velorio de mi prima Matilde, el vecindario parecía otra cosa sin Polo. Porque él dejó sus sueños colgados de las ramas de los guaduales del río Otún, esperaba morir de viejo y caminar sus últimos días por esa orilla sin casas que le dieran la espalda al río, con un parque lineal al lado de un malecón, con la música del agua y cantos de pájaros, con lagos de agua estancada y canoas para hacer carreras por los raudales del agua y con un sistema de alcantarillados que devolvieran el agua limpia al río. Esta mañana echamos las cenizas de sus cosas al río y se perdieron con su memoria en una carrera eterna hasta donde el mar las diluya.

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Entre Frida y Jovita


Mitad del Siglo
Entre el despertar y el letargo

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El despertar de la modernidad en México fue intimidad y conexiones con la revolución, era la cultura en la identidad con cine, pintura, canciones, literatura, y en todo ello, la autenticidad. Frida Kalo, con su traje típico tehuano de indias doncellas, desplegó talento al ser mujer honesta, auténtica, autónoma, amorosa y sufriente. Alternó su obra entre la esperanza y la desesperación, su propio cuerpo reflejaba su apertura y su ruptura hacia un tiempo distinto: se percibió como una personalidad femenina y feminista, grandiosa en el dolor, con su estampa y su vestido que eran una terapia, siempre será su propia marca, leal sin ser fiel ni esclava, sabía embellecerse en sus defectos, se engrandeció más con su muerte porque supo pintar inspirada en si misma. Su amor con Diego Rivera los unió como artistas y militantes comunistas.

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Velorio de Frida kalo – julio 13 de 1954

Cuando sepultaron a Frida, su cuerpo fue llevado desde Bellas Artes hasta el Panteón Civil, incinerado y sus cenizas colocadas en una urna en forma de sapo, dicen que, en homenaje a Diego Rivera. Los presentes la celebraron y entonaron La Internacional, el himno de los obreros del mundo.

Tiempos del letargo

En los mismos días recuerdo el entierro más concurrido que hubiésemos presenciado en Marsella, Caldas. La multitud a los lados de la calle, al centro un desfile pocas veces visto, sobre esa muchedumbre uniformada de negro y camisas blancas, avanzaban dos ataúdes en lenta flotación sobre mantos y cabezas sin sombrero, los féretros arreaban a la multitud al compás de un sonido de réquiem de campanas. Compartían un destino de creencias total mente opuestas a las de Frida, eran fe ciega y violencia ineluctable.

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Entierro en Ornans.  Obra maestra de Gustave Courbet, 1849 – 1850. Pertenece al realismo francés. posiblemente el funeral de su abuelo materno, asiste toda la comunidad, desde los representantes del ayuntamiento hasta las plañideras oficiales, hidalgos y familia del pintor.

En Marsella, Caldas de esos días, por encima de la masa, los sentires y emociones se movían poseídos de una sensación colectiva indescifrable y muda, miedos que estaban subsumidos en el vacío por las ánimas de otros muertos y sensaciones dolidas vivientes, respiraban y poco perdonaban, había sospechas sobre los hechos de ese muerto. Asesinaron a Chuchi Sierra y en el pueblo era como si hubiesen matado al diablo. Chuchi  el gran varón, hermoso y sereno, había obrado siempre como el gran bandido que defendía el estatus conservador. Se recuerda más su pinta que sus crímenes.

Era un tiempo complicado, nuestro país intentaba despertar a la modernidad, pero los poderes y las organizaciones con caciques, gamonales, políticos de oratoria populista y oradores sagrados, incluso las fuerzas armadas y ciertos espacios universitarios, cerraban paso a la integración de las subculturas: ni indios, ni negros, ni campesinos, se cantaba con boleros, tangos y despechos cantineros, surgía un rock tímido y canciones de protesta, mientras en los clubes se bailaba con las grandes orquestas, surgía el gaminismo de los niños marginados en las calles y el bandolerismo ideológico de izquierda que representaba a los desposeídos de la tierra y los desterrados por la violencia política.

Años sesenta
El despertar caleño en la locura de Jobita

Migramos con maleta y esperanzas, seguros de los tiempos que maduran en las calles de “Cali capital del cielo” como cantan sus canciones, buscábamos una cultura que ayudara a modificarnos, aprendimos a medir los pasos y a moldearnos en espacios de inseguridad, desigualdad y bajo crecimiento de la economía. Todo eso requería poseernos de otra cultura capaz de hacer cosas distintas.  

JOVITA FEIJÓO - fotografía de Fernell Franco
JOVITA FEIJÓO – fotografía de Fernell Franco

Volví a ver rostros humedecidos hacia otras caras al presenciar la muchedumbre que desfilaba el miércoles 15 de Julio de 1970, ya no era como antes, aquí una sensación distinta y animada movía a la caleñidad que, perturbada y con dolor, despedía  a su reina, su sepelio fue el mas sentido y concurrido de la capital del cielo.

Aquella mañana, alguien que fue desplazado por las derrotas y el miedo desde su finca en Marsella, me habló del acontecimiento cuando mataron a Chuchi en 1955 y decía, —en aquel día  sentí alivio porque se me desamarró el miedo, hoy me saludó una tristeza que quisiera bailarla con la gran gallada caleña en la calle desde la catedral y por las diez cuadras de la Carrera Primera hasta el cementerio central. 

Jovita Feijóo era una reina grandiosa, la reina de las reinas, escogida y coronada por una contracultura emergente de estudiantes rebeldes. Cuando la postularon los muchachos de la Facultad de mecánica  de la Universidad del Valle como  reina de la alegría, y luego la juventud la aclamó por ser la reina de los estudiantes, porque como gran personaje de la cultura popular caleña, sabía moverse y distinguirse, mujer de la calle, carismática, bien vestida, perturbada de utopías y entendida en sueños irrealizables.

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Funeral de Jovita

Fue su reina a pesar de ser más de treinta años mayor a ellos, una mujer cívica y consciente por la vida caleña, acompañó a sus muchachos caleños en la protesta y era capaz de cantarle la tabla al gobernador y al alcalde cuando era  necesario, vio perros abandonados, zonas verdes desprotegidas y calles con basuras acumuladas y los buscó hasta en los clubes o en una recepción frente al presidente de la nación. Parecía un personaje estrafalario porque saludaba a todos los caleños sin importarle su linaje y era la soberana de la Calle, la más animosa en el estadio y la figura central en las marchas estudiantiles.

Uno de los locutores la nombro durante un evento en el Parque Caicedo, como reina de la simpatía y el estudiantado de la Universidad del Valle la aclamó en el coliseo del Colegio Santa Librada como su reina, allí donde aprendíamos los inmigrantes a superarnos desde las aplanchadas y el miedo a gente como Chuchi Sierra, a soñar con tragarnos el mundo como quería Jovita cuando se vino desde El Alisal, vereda de Palmira, a finales de los años treinta.

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Jovita Feijóo – Biografía de las ilusiones

Quería ser artista. Lo narra Javier Tafur, escritor caleño que le escribió su “Biografía de las ilusiones”, Jovita se presentó a don Hernando Bueno, dueño de una emisora “La Higueronia” a concursar como cantante, tenía 15 años y cantó “La Capirana”. Jamás fue cantante y se hizo la más popular.  

El día de su funeral la bailamos, la acompañamos, porque jamás en Cali podemos  soportar la carencia de espacios incluyentes donde quepa un vecino que no baile y lo invitamos, amamos la vida afrodescendiente que canta y baila todo, la vida y la muerte. Bailamos salsa revuelta entre  ricos o pobres.

Aquella mañana en Cali, don Jaime Cardona, fundador de Almacén La 14, hablaba con mi padre sobre la fábrica de obleas y mecato. —Don Juan. Pensemos cómo se puede mejorar, busquemos tres cosas nuevas que ayuden. Se detuvo frente a una góndola del supermercado a mirar que otras inteligencias estaban cambiando muchas cosas, nos habló de quienes estaban ahí y vendían más, se habló de cuando llegamos de Marsella donde los violentos como Chuchi Sierra nos acabaron, y nos levantamos para mirar el negocio del mecato vallecaucano con base en obleas y manjar blanco. Salimos de La 14 a la funeraria en la  avenida Vázquez Cobo para unirnos a la solemnidad ambulante que  cubría la ciudad por el entierro de Jovita Feijóo.

Gato de Hernando Tejada - Cali
Gato de Hernando Tejada – Cali

Amo esa caleñidad solidaria e inteligente detrás de la búsqueda de cosas simples para deleitar la vida, caleñidad capaz de hacer del baile una industria internacional con escuelas populares de salsa, allí mismo donde nacieron las cuchotecas y las luladas parranderas en la terraza ancha de la calle del barrio. 

La Caleñidad es amante de la naturaleza, con esculturas simbólicas como el gato de Tejadita y la estatua de Jovita, o Piper Pimienta en barrio Obrero.  

La caleñidad no desprecia, en estos días es solidaria con los inmigrantes venezolanos en la calle, porque antes, cuando ellos nacían sus estudiantes coronaron a Jovita Feijóo, aquella para quien el 15 de enero de 2007 Diego Pombo empezó a amasar una figura en la arcilla que daría vida a su escultura pintoresca en acrílico. Ahí está en la quince con quinta. Parque Santa Librada. Iniciar esta obra significó para Pombo volver a su infancia y forjar ese afecto fortísimo que ahora desde el Parque de los estudiantes nos enlaza a ella. Y él mismo dice: “Esta estructura es un homenaje al cuerpo de la mujer caleña. Tiene muy buenas nalgas… a mí me encantan las nalgas de las mujeres y yo disfruté mucho moldeándoselas. En cambio, es de pechos breves. Y le exalté rasgos particulares, como su nariz grande, y le puse la mirada un poco más intensa, como para que no se olviden de que sí estaba loca”. Era esa locura que nos arrebata a bailar y ver con simpatía a la Loca Marlene cuando tira besos a los adolescentes en la Plaza de Caycedo.

Brillo de oro y amargura


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Segunda edición

Ha perseguido mi existencia la “Colombia Amarga” que describe Germán Castro Caicedo en su libro de 1976, ese sentimiento me tomaba de la mano en mi niñez, me pegó cuando corrí entre las pedreas de liberales con conservadores en la Calle de La Pista en Marsella, aunque mi maestro hablaba de una Colombia verde y con riqueza, hermosa y soleada, con aires de verano y ventiscas de invierno, de la luna en el silencio de un verano que relumbra en las nieves del Tolima y o el páramo de Coconuco.

Otro tipo de ejemplar, un libro quemado, lo encontró mi sobrino cuando era comandante de Policías, en un lugar que los guerrilleros bombardearon con cilindros de gas. Un soldado policía fallecido lo tenía, aún ajado lo quería y lo hizo encuadernar.

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Bosque de niebla nevado del Tolima

Esa amargura contrastaba con un dulzor cuando don Jorge Jaramillo, me hablaba en el parque de los nevados, lo encontré aislado en un rancho de maderos antiguos, cuidaba las orillas del agua en un bosque de niebla, perseguía el aire solitario y alelado en la luz inmóvil del recuerdo de su madre, el agua de la lluvia nos meció en su casa hasta el amanecer, compartimos café, fríjoles, sal y tres libras de arroz y un par de quesos, hablamos de las verdades que están latentes en las cosas, ahí mismo entre mitos y caminos que pasan por La Colosa, no sé si ese nombre sea emulación de Cajamarca en el Perú, porque en ambos lados ha estado el mayor tesoro de América, acá es un lugar veredal donde la minera surafricana Anglo Gold Ashanti ubica un proyecto minero.

Cerro Machín, Cajamarca - Tolima
El Machín

Luego me habló de El Machín, conocí con ese nombre una zona de Tolerancia en un pueblo de occidente, aquí es un cerro con tres anillos piroplásticos, el volcán dormido de Cajamarca, por ahí cruza el camino por donde baja Jaramillo a comprar la remesa cada dos meses; por ahí mismo, esa leyenda del oro alumbra, relámpagos señalan vetas ocultas, su gato nos escuchaba y alucinaba, nos hacía señales para seguir luces de cocuyos que entre la sombra alumbran a Jaramillo cuando nos cuenta que había huido de Chaparral, hombres armados lo quisieron asesinar porque sabía cosas que dejó con sus tres dedos ausentes y la fotografía de su hija asesinada. Seguimos la tiniebla de sus visiones, lo perseguían con venganzas de hombres que obligaban a las familias a sembrar la amapola por Rioblanco. Prefirió la soledad.

Front cover El oro de Cajamarca

Hablé con Jaramillo del Oro de Cajamarca en el Perú y los tiempos del oro en Colombia, una locura alucinante que despertó cuando los europeos trajeron su cultura occidental que fundamenta en el valor del oro el respaldo de todas las riquezas, los curas beben su vino sagrado en copas con el fulgor de ese delirio místico, dicen que es sangre de Cristo. 

Le recordé algo que encontré en el blog de Jordi Julián Corominas:

La aniquilación de los Incas es el tema de El Oro de Cajamarca. El narrador es el caballero Domingo Sora Luce, quien cuenta la experiencia treinta años después en la calma de un convento donde se ha retirado hastiado, reconcomido por pretéritas acciones que quiere, pero no puede extirpar de su cerebro, imbuido del mal de 1532, cuando los españoles capitaneados por Francisco Pizarro terminaron con el esplendor de un sistema igualitario donde la pobreza era imposible porque el gobernante procuraba que sus posesiones fueran democráticas, quizá demasiado humanas.

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Cajamarca Perú

Los incas no valoraban el oro, parte de una naturaleza común en la zona, y en cambio los recién llegados lo idolatraban como un maná caído del cielo. La confesión de este individuo a las órdenes del analfabeta comandante extremeño no le exime de sus pecados, aunque logra atenuar el dolor por lo perpetrado al aceptar el error cometido con Atahualpa, soberano generoso que tras ser apresado claudicó para salvar su vida aceptando todas las imposiciones de nuestros antepasados. Éstas consistían en llenar dos habitaciones con plata y oro hasta donde alcanzará su mano. El gobernante pidió permiso para movilizar a sus súbditos para que mandaran la mayor cantidad posible de metales preciosos, lo que hicieron con celeridad guiados por un hondo sentido del deber hacia su jefe quien, mientras tanto, atendía confiando en sus captores, obsesionados con la recompensa y la manera de traicionar el acuerdo”.   

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Jakob Wasswerman

 “Ese día Navona, bella por diseño y contenido, anunció la inminente edición de El oro de Cajamarca de Jakob Wassermann y pensé en una de sus obras, Golowin, donde narra relata el caos de la Guerra Civil rusa a partir de un viaje y una trascendental conversación entre cuatro paredes de un otrora lujoso hotel. Es una suerte tener sellos como el barcelonés. Recupera textos que tuvieron aceptación y que los años han sepultado en un injusto olvido. Wassermann fue considerado uno de los más brillantes narradores del panorama teutón de principios del Novecientos. Su desgracia fue ser judío, lo que implicaba no gozar con plenitud de su nacionalidad alemana, hecho que se agravó cuando Adolf Hitler subió al poder en 1933. Su condición de extraño en su propia tierra le llevó a interesarse por temas históricos donde la destrucción de una cultura predominante a manos de extranjeros exhibía la crueldad del devenir, ese río cambiante que erosiona, impredecible ruleta rusa con balas apuntando al poder para suplantarlo e instaurar órdenes desnaturalizados amantes de la codicia”.

Y seguí con Jaramillo, ya no quería dejarnos ir, nos retuvo con preguntas y más cuestiones, quería saber de ese mundo de la civilización perdida que había dejado desde hacía seis años. Sin noticias de la muerte, ni el tiempo de los relojes, ahora quería voces humanas, compañía, saberse conocido e importante en sus valores de ermitaño que intercepta las ondulaciones del clima y las vibraciones del viento en las alas del cóndor donde viajan los códigos sagrados de la vida, yo temía contaminarlo más con las noticias de la minería ilegal y la degradación de los ríos.

Mallama

Esa misma amargura me la dejó pensada Narcisa Yela Yela, con su sabiduría elemental para estar al tanto del conflicto indescifrable, organizaba a las mujeres en Mallama -Nariño, donde fomentaba cultivos de pan coger, sufría por los campos llenos de coca y amapola y la minería aurífera no daba lugar a su huerta. Habló en voz baja y lenta hacia el patio de atrás en el caserío de Piedrancha, pidió ayuda para buscarle acogida en algún hogar seguro a su sobrina, la que habían llevado a la fuerza los muchachos del ELN, estaba deprimida, regresó cuando se quiso arrancar una pierna con una bala, sabia manejar las presiones para extraer el látex blanco y lechoso de las flores de amapola y esa droga narcótica la hacía notar con cansancio y somnolencia, aún así miraba atenta, las manos temblorosas por tanta tensión; así salió la niña, abrió la puerta de atrás de una cortina con mirada de esperanzas. Sentía la muerte tan cerca que la seguía en puntillas, Narcisa esparcía sal a su alrededor para que no la reconociera la pelona y ella no quería una ausencia entre peleas y balaceras.

Salí de Mallama, sentía una mirada que rondaba a la motocicleta que me sacó de allí y la sentí respirar tras el teléfono en Tuluá cuando le comuniqué a Narcisa una buena respuesta. La niña partió con su maleta cargada de neblina y una sola prenda, todo cuanto poseía se lo quemaron los muchachos, que no se ausentara era la orden, ella quemó el uniforme de guerrera, lavo una blusa y un pantalón con la lluvia que no cupo en su maleta. Me decía, estos señores por cada asesinato, cada muerte, cada tortura, hacían una parranda. Decían, vamos a borrar a alguien y esa persona desaparecía. Yo varias veces oí eso. Una tarde nombraron a Griselda y así lo hicieron, la mataron. Nombraron así a muchas personas, las mandaban a traer y las mataban. Me ha tocado vivir sucesos, cosas que no recuerdo, me las borró el miedo. Corrió mucha sangre en Puerto Colón y San Miguel – Putumayo. No podía mencionar la causa.

Regreso al relato de mi sobrino, el comandante de policía, cuando me mostró el interior de las páginas del libro de la “Colombia Amarga” cuyo lector guardaba y releía entre sus campañas, sacar de los ríos a mineros ilegales o bombardear laboratorios de coca. Releímos su libro, pero no era necesaria su letra, su sola imagen refleja esa Colombia Amarga.