Siglo XX. Tiempo entre Frida y Jovita

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Mitad del Siglo
Entre el despertar y el letargo

autoretrato Jovita (1)

El despertar de la modernidad en México fue intimidad y conexiones con la revolución, era la cultura en la identidad con cine, pintura, canciones, literatura, y en todo ello, la autenticidad. Frida Kalo, con su traje típico tehuano de indias doncellas, desplegó talento al ser mujer honesta, auténtica, autónoma, amorosa y sufriente. Alternó su obra entre la esperanza y la desesperación, su propio cuerpo reflejaba su apertura y su ruptura hacia un tiempo distinto: se percibió como una personalidad femenina y feminista, grandiosa en el dolor, con su estampa y su vestido que eran una terapia, siempre será su propia marca, leal sin ser fiel ni esclava, sabía embellecerse en sus defectos, se engrandeció más con su muerte porque supo pintar inspirada en si misma. Su amor con Diego Rivera los unió como artistas y militantes comunistas.

FRIDA-VELORIO (1)
Velorio de Frida kalo – julio 13 de 1954

Cuando sepultaron a Frida, su cuerpo fue llevado desde Bellas Artes hasta el Panteón Civil, incinerado y sus cenizas colocadas en una urna en forma de sapo, dicen que, en homenaje a Diego Rivera. Los presentes la celebraron y entonaron La Internacional, el himno de los obreros del mundo.

Tiempos del letargo

En los mismos días recuerdo el entierro más concurrido que hubiésemos presenciado en Marsella, Caldas. La multitud a los lados de la calle, al centro un desfile pocas veces visto, sobre esa muchedumbre uniformada de negro y camisas blancas, avanzaban dos ataúdes en lenta flotación sobre mantos y cabezas sin sombrero, los féretros arreaban a la multitud al compás de un sonido de réquiem de campanas. Compartían un destino de creencias total mente opuestas a las de Frida, eran fe ciega y violencia ineluctable.

Entierro en Ornans_Flaubert
Entierro en Ornans.  Obra maestra de Gustave Courbet, 1849 – 1850. Pertenece al realismo francés. posiblemente el funeral de su abuelo materno, asiste toda la comunidad, desde los representantes del ayuntamiento hasta las plañideras oficiales, hidalgos y familia del pintor.

En Marsella, Caldas de esos días, por encima de la masa, los sentires y emociones se movían poseídos de una sensación colectiva indescifrable y muda, miedos que estaban subsumidos en el vacío por las ánimas de otros muertos y sensaciones dolidas vivientes, respiraban y poco perdonaban, había sospechas sobre los hechos de ese muerto. Asesinaron a Chuchi Sierra y en el pueblo era como si hubiesen matado al diablo. Chuchi  el gran varón, hermoso y sereno, había obrado siempre como el gran bandido que defendía el estatus conservador. Se recuerda más su pinta que sus crímenes.

Era un tiempo complicado, nuestro país intentaba despertar a la modernidad, pero los poderes y las organizaciones con caciques, gamonales, políticos de oratoria populista y oradores sagrados, incluso las fuerzas armadas y ciertos espacios universitarios, cerraban paso a la integración de las subculturas: ni indios, ni negros, ni campesinos, se cantaba con boleros, tangos y despechos cantineros, surgía un rock tímido y canciones de protesta, mientras en los clubes se bailaba con las grandes orquestas, surgía el gaminismo de los niños marginados en las calles y el bandolerismo ideológico de izquierda que representaba a los desposeídos de la tierra y los desterrados por la violencia política.

Años sesenta
El despertar caleño en la locura de Jobita

Migramos con maleta y esperanzas, seguros de los tiempos que maduran en las calles de “Cali capital del cielo” como cantan sus canciones, buscábamos una cultura que ayudara a modificarnos, aprendimos a medir los pasos y a moldearnos en espacios de inseguridad, desigualdad y bajo crecimiento de la economía. Todo eso requería poseernos de otra cultura capaz de hacer cosas distintas.  

JOVITA FEIJÓO - fotografía de Fernell Franco
JOVITA FEIJÓO – fotografía de Fernell Franco

Volví a ver rostros humedecidos hacia otras caras al presenciar la muchedumbre que desfilaba el miércoles 15 de Julio de 1970, ya no era como antes, aquí una sensación distinta y animada movía a la caleñidad que, perturbada y con dolor, despedía  a su reina, su sepelio fue el mas sentido y concurrido de la capital del cielo.

Aquella mañana, alguien que fue desplazado por las derrotas y el miedo desde su finca en Marsella, me habló del acontecimiento cuando mataron a Chuchi en 1955 y decía, —en aquel día  sentí alivio porque se me desamarró el miedo, hoy me saludó una tristeza que quisiera bailarla con la gran gallada caleña en la calle desde la catedral y por las diez cuadras de la Carrera Primera hasta el cementerio central. 

Jovita Feijóo era una reina grandiosa, la reina de las reinas, escogida y coronada por una contracultura emergente de estudiantes rebeldes. Cuando la postularon los muchachos de la Facultad de mecánica  de la Universidad del Valle como  reina de la alegría, y luego la juventud la aclamó por ser la reina de los estudiantes, porque como gran personaje de la cultura popular caleña, sabía moverse y distinguirse, mujer de la calle, carismática, bien vestida, perturbada de utopías y entendida en sueños irrealizables.

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Funeral de Jovita

Fue su reina a pesar de ser más de treinta años mayor a ellos, una mujer cívica y consciente por la vida caleña, acompañó a sus muchachos caleños en la protesta y era capaz de cantarle la tabla al gobernador y al alcalde cuando era  necesario, vio perros abandonados, zonas verdes desprotegidas y calles con basuras acumuladas y los buscó hasta en los clubes o en una recepción frente al presidente de la nación. Parecía un personaje estrafalario porque saludaba a todos los caleños sin importarle su linaje y era la soberana de la Calle, la más animosa en el estadio y la figura central en las marchas estudiantiles.

Uno de los locutores la nombro durante un evento en el Parque Caicedo, como reina de la simpatía y el estudiantado de la Universidad del Valle la aclamó en el coliseo del Colegio Santa Librada como su reina, allí donde aprendíamos los inmigrantes a superarnos desde las aplanchadas y el miedo a gente como Chuchi Sierra, a soñar con tragarnos el mundo como quería Jovita cuando se vino desde El Alisal, vereda de Palmira, a finales de los años treinta.

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Jovita Feijóo – Biografía de las ilusiones

Quería ser artista. Lo narra Javier Tafur, escritor caleño que le escribió su “Biografía de las ilusiones”, Jovita se presentó a don Hernando Bueno, dueño de una emisora “La Higueronia” a concursar como cantante, tenía 15 años y cantó “La Capirana”. Jamás fue cantante y se hizo la más popular.  

El día de su funeral la bailamos, la acompañamos, porque jamás en Cali podemos  soportar la carencia de espacios incluyentes donde quepa un vecino que no baile y lo invitamos, amamos la vida afrodescendiente que canta y baila todo, la vida y la muerte. Bailamos salsa revuelta entre  ricos o pobres.

Aquella mañana en Cali, don Jaime Cardona, fundador de Almacén La 14, hablaba con mi padre sobre la fábrica de obleas y mecato. —Don Juan. Pensemos cómo se puede mejorar, busquemos tres cosas nuevas que ayuden. Se detuvo frente a una góndola del supermercado a mirar que otras inteligencias estaban cambiando muchas cosas, nos habló de quienes estaban ahí y vendían más, se habló de cuando llegamos de Marsella donde los violentos como Chuchi Sierra nos acabaron, y nos levantamos para mirar el negocio del mecato vallecaucano con base en obleas y manjar blanco. Salimos de La 14 a la funeraria en la  avenida Vázquez Cobo para unirnos a la solemnidad ambulante que  cubría la ciudad por el entierro de Jovita Feijóo.

Gato de Hernando Tejada - Cali
Gato de Hernando Tejada – Cali

Amo esa caleñidad solidaria e inteligente detrás de la búsqueda de cosas simples para deleitar la vida, caleñidad capaz de hacer del baile una industria internacional con escuelas populares de salsa, allí mismo donde nacieron las cuchotecas y las luladas parranderas en la terraza ancha de la calle del barrio. 

La Caleñidad es amante de la naturaleza, con esculturas simbólicas como el gato de Tejadita y la estatua de Jovita, o Piper Pimienta en barrio Obrero.  

La caleñidad no desprecia, en estos días es solidaria con los inmigrantes venezolanos en la calle, porque antes, cuando ellos nacían sus estudiantes coronaron a Jovita Feijóo, aquella para quien el 15 de enero de 2007 Diego Pombo empezó a amasar una figura en la arcilla que daría vida a su escultura pintoresca en acrílico. Ahí está en la quince con quinta. Parque Santa Librada. Iniciar esta obra significó para Pombo volver a su infancia y forjar ese afecto fortísimo que ahora desde el Parque de los estudiantes nos enlaza a ella. Y él mismo dice: “Esta estructura es un homenaje al cuerpo de la mujer caleña. Tiene muy buenas nalgas… a mí me encantan las nalgas de las mujeres y yo disfruté mucho moldeándoselas. En cambio, es de pechos breves. Y le exalté rasgos particulares, como su nariz grande, y le puse la mirada un poco más intensa, como para que no se olviden de que sí estaba loca”. Era esa locura que nos arrebata a bailar y ver con simpatía a la Loca Marlene cuando tira besos a los adolescentes en la Plaza de Caycedo.

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Plural: 2 comentarios en “Siglo XX. Tiempo entre Frida y Jovita”

  1. Me gustó mucho ese tour por la muerte de dos mujeres tan distantes y diferentes, pero que muestra un poco de quienes somos.

    La fábrica ha sido apalancada por un hombre tan cercano a los corazones de todos los caleños igual que otros negocios que nacen también del desarraigo y el exilio de su lugar de origen.

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