Amo tu lujuria

En la moral antigua, lujuria es un deseo sexual desordenado e incontrolable. A dia de hoy, en el sexo y el placer, priman la diversión y la lujuria, y satisfacer esa necesidad tan básica, da equilibrios mentales y buenas emociones.


Perdón por mis modales
en mi vida nadie nada
no me educaron fina
ni tengo mentira en la sonrisa.

Sin mover bien las manos
ni retocarme el pelo
Solo siento atracciones
no sé buscar tu abrazo.

Últimamente vivo con ojeras.

Sólo miro adelante,
no me fijo en quién viene por los lados
ni percibo quién llega por detrás.

Solo siento tu lujuria y egoísmo,
el alma anda perdida
delira en dormitorios
No confió en lo que se mueve frente a mí.

Disculpa, te siento estás aquí,
no te he visto hasta ahora.
Perdón por no saber
cómo actuar si estás cerca.

Dispensa este desbarajuste mío
no contaba que vendrías.
Quería que me amaras
ese amor que da ganas de amar más.

Lento y largo y mucho más que tengo escalofrío.

Leonardo Sanz. República Dominicana.
El cuarto de la lujuria. Tela acrílico 120X152 – Artelista

Perdón por los libros esparcidos entre episodios por leer
el periódico de hace dos semanas con crucigramas que hicimos,
sé que podrás amarme aquí, con huellas de tu cuerpo
sobre la ropa mía acumulada encima de la cama,
no pude desprenderme de tu olor sudoroso de madera
que me impregnaste en los tejidos con todos tus humores.

Disculpa mi pinta y este pelo largo.
No sé cómo explicarlo,
se comenzó a crecer con el deseo más intenso cada día y día
tras días más desde cuando me dejaste aquella madrugada.
Ámame así, con ese amor de marzo hasta septiembre
y esa alma perdida refúgiala en mis brazos.

El tinte por hacer, las uñas por pintar,
la cara por limpiar y los ojos por secar.
Ocúpate de estos labios mojados y mi cuerpo mojado
con esa llovizna que secretan mis sentidos por ti.

Me hundía en el desespero de estas ganas de ti,
porque todavía sueño noches antiguas y música lejana.
Sospecho que piensas mi mirada
la mía todavía se esconde en tu mirada.
Sé que no habías venido y no te habría abierto
hoy estoy abierta a vos.

No tengo que ofrecerte
más allá de mi cuerpo anhelante
Perdón por los vasos sucios
mis botellas vacías o el pan duro,
Tolérame así con las libretas llenas.
Sin papel, sin espacio
Con los renglones llenos de letras que cantan tu recuerdo.

Paolo y Francesca: Lujuria en el infierno de Dante
Los fantasmas de Francesco y de Paola aparecen ante Dante y Virgilio en el infierno.
Autor: Ary Scheffer (1795-1858) Óleo sobre tela – 171X239 cms. Museo Louvre de París.

Septiembre de amor vacío

Volvía su rostro sudoroso a la botella de ron, servía Memito, sus dedos largos señalaban el balcón que abandonó su mujer. Sin nada puesto encima y amarrado a la cobija le pusimos la pijama.


En la web hay mucha letra sobre esas cosas del amor que refieren mejor los cantantes y buenos compositores como Camilo Sesto, quien interpretaba en sus canciones la alegría de los enamorados y el dolor de la separación. Hoy encontré en El Tiempo de Bogotá, una columna de José Miguel Alzate, un médico manizaleño gran poeta. el tiempo.com/opinion/columnistas/José-miguel-alzate/y-se-nos-fue-camilo-sesto-columna-de-jose-miguel-alzate-414356

Obra de Carmen Mansilla. óleo sobre lino belga 73X116 cms. Exposición en la Galería Leucade en Murcia, celebración que reivindica el poder de la mujer en el mundo del arte, exposición denominada “Safo”, Sofía Martínez H, quiso innovar el mundo del arte en Murcia y se arrojó al vacío por amor en Leucade y dijo “me arrojé al vacío por amor al arte al abrir Leucade.

Con estas penas y alegrías del amor, como dice un poema de Rafael de León, celebramos este fin de semana de amor y amistad en Colombia. Quien más celebra estas cosas de vida amor rosa con regalos y parranda es Fenalco, gremio de los comerciantes.

En dias como estos, recuerdo a Memito, compañero del colegio. Celebramos esta fecha en años lejanos, él en pijama y con la cobija en la mano, un bar de mala muerte en Apía, con él la tristeza que lo acompañaba desde los rincones donde se grabaron sus palabras, la mujer lo había dejado y lo acompañamos en ese festín vacío. Tomé notas de las cosas que conversaba con cada trago de ron y una canción de José Luis Perales.

De aquella noche nació este poema despues de pensarlo y recordarlo mucho mientras viajabamos en la buseta de don Roberto Zapata desde Apía a Pereira con los cuatro corotos que le dejó la mujer a memito.

Llegó septiembre, encontré el vacío,
sacó muebles y cosas, se disiparon sus perfumes,
ya no toca mi piel, ya no entra y sale con el aire,
nada habla a solas conmigo.
Llevó su risa remojada en lágrimas, dejó el cuarto vacío.
Este domingo a la casa solitaria me acompaña el aire,
y la fuerza gravitacional que me clava en mi lugar vacío.

Mi brújula señalaría un norte y no se hacia dónde ir,
el cuerpo me pide un estado de reposo,
no habla a solas conmigo el aire,
se revuelve en un éter de vacíos.
En mi tiempo gira una masa de contrastes,
limitado al silencio en órbitas libertarias.
Mi lugar tiene puertas y más puertas,
cada puerta que abro llega a un vacío con más puertas
y en cada nueva puerta más vacíos con más puertas,
y no sé adónde ir, la libertad me amarra.
No sé cuál es la naturaleza de esta nada.

Me ha dejado un vacío y mil vacíos más,
y en la interacción de esa nada con las cosas
se quedaron los silencios que me alejaron de ella,
aquellos contornos sin sonido en donde me perdí,
nubarrones de ruido y de miedo incontenible,
ambiciones de un nada confuso con fijación vacía.

Y me quedado ahí, con una nada que buscaba.
Se ha ido ella y me dejó el vacío.

Alma de ceniza

Alma de Cenizas, un caballero carbonizado que empuña su espada en espiral, ha encontrado el horno de la primera llama, lo cuida La Guardiana del Fuego.
Mi alma de ceniza son genes que vienen desde el nacimiento de la vida, rodaron por el borde de las rocas abisales, separaron y unieron mundos, agua salada en suspiros de bocas ilusionadas.


Volcán nevado del Ruiz desde Manizales

Mi espíritu sustentado con cenizas volcánicas
salió del Ruiz, flotó en el aire, bajó suave.
Desde encima del tejado de mi casa
penetró por hendijas a buscarme,
a darme su substancia universal,
depositándola en el vientre de mi madre.

Mi ceniza encendida desde palabras viejas
descubre el alma entre las habitaciones,
lavada con la lluvia de pesares es abono,
es lejía que me limpia y es mi fuerza.

Emisión del cenizas desde el Volcán nevado del Ruiz

Ceniza flotadora sobre pompas de jabón
allí se sostiene resbalosa y tiene brillo;
y si se ejerce fuerza en ella,
evita romperse, se transforma.

Cuando un niño la eleva,
es ceniza en su estado original,
busca el azul del cielo, la luz que le de brillo.

Parque Natural los Nevados. Tolima primero, Quindio, Santa Isabel, El Ruiz al fondo. Vista sur a norte. Cordillera Central Colombia.

Mi ceniza es hermana del viento del nevado,
brotó disparada con ráfaga y temblores,
en busca de rayos y tormentas,
fraguada entre calores del magma de la tierra,
allá regresará errante tras el viento,
y no será al morirme porque no muere el agua,
es eterna con lava de volcanes en la piedra,
que se transformará en mil tiempos,
en edades distintas que no cuentan los relojes.

Luces de ceniza vista desde Pereira

Mi ceniza es la luz, me hace soñar con ella,
desde la refulgencia del centro de la tierra,
eludió la oscuridad, salió a brillar encima de las hojas,
a dar el sustento de la vida, errante con canciones,
con vientos y tormenta, en la humedad engendra amor,
la arquitectura viva que me edifica y fragua mi cemento.

Retorno en una noche de septiembre

Mi palabra busca los relámpagos desde la antigüedad del libro. Sigue caminos y llega a la ciudad después de la lluvia, persigue a los noctámbulos y acaricia la piel de las mujeres y los niños.
Mi palabra escucha el recuerdo del anciano y comparte asombros puros, a veces combate sin cerrar los ojos como una espada alerta y persigue los espacios bulliciosos del mercado.


1

Anochecí con ansiedad en la mirada

y jugué la vida en tela blanca,

a lado una amiga de cristal y su lado de tensiones.

Tiré mi suerte, perdí el abrigo de delirios,

malgasté de su bolsillo el mundo que no quise,

salió con unas alas que jamás había usado,

brillaron sus anillos y sus ojos abiertos.

 2

 Malabareaba entre todas estas cosas,

guerreaba en carreteras con torbellino y ríos,

aviones y oficinas ocupadas por burócratas,

y sobre mí el poder capitalino,

su ralea aglutinada, las tensiones

malestares me acosaban,

señoríos de tierra, vacíos de polvo.

 3

Sin los amigos y uno no se encuentra,

sin la luz que complica la vida espiritual,

metarrelatos que cruzaron mis rejas de la luz,

la llamas inextinguibles me acorralaron,

me desprendí de todos ellos entre la luz nocturna,

sopla brisa, silencio, lluvia, luces en el camino.

 4

Liberado del pensamiento malo,

colgué trabajos y todas estas piedras

de cara el muro me acogía a vivir con poca plata,

a sumar pormenores y gobernar las deudas,

auné palabras y tiempo en las conversaciones,

y llegaron los amigos cargados con su tiempo

también llegó el silencio que anuncia sus palabras.

  5

 Descifré lo que no es nada,

la idea de reinventarnos,

el nada es todo lo que es y me dejó empezar,

la hierba mala enmudecía, se marchitaba al paso,

me llamaban las infinitas cosas diminutas,

para mostrar que soy lo que son mis hechos,

a mitad de mi camino, la canción de la noche.

6

Me llamaban al espejo de las cosas ingenuas,

la tarde como imagen, el consuelo del color,

el silencio entre el miedo y la memoria,

entre la frondosidad mi árbol arraigado,

la noche que arrulla mi ciudad,

sus calles que persisten entre su movimiento,

ideales bajo sus nubes de oro y de miseria.

 7

Seguí el camino y me regresé a empezar,

sembré palabras, me llamaron los colores,

mi ser libre de sueños fulgurantes,

las palabras germinaron en el habla sencilla,

empieza a amanecer, oigo cantar, llegan los colibríes,

sabré si he de ser menos, átomos de mi sangre,

y espero no desmoronarme hasta la muerte.

Escenarios de vida loca

La síntesis entre el tiempo de Aristóteles y el de Newton es la joya del pensamiento de Einstein. Tiempos que se diluyen en la vida lenta de Marsella.


Bomberos

Pelicula cómica mexicana de 1952

Vivíamos junto al cuartel de los bomberos, cada noche el capitán Chepe supervisaba a su personal, en tiempo de cosecha cada noche era una fiesta. Para domesticar a los bebedores, programó un madrugón de entrenamiento con su primera máquina contraincendios, había muchos voluntarios a reemplazarlos, era un ejercicio para aprobar o sucumbir. Calmaban el guayabo con un rollo de manguera de ochenta metros para subirlo al hombro en tres minutos hacia la loma Milocheta, desenrollarlo y elevar el chorro a una altura comparable con las torres de la iglesia.

Café de Marsella

Aun adolescentes los Quiceno, armaron una palizada y montones de paja en la terraza de su casa, querían su propio incendio para hacerles la inocentada del año a los bomberos, las llamas se metieron en su misma casa y después del susto, Chepe Uribe con voz de capitán los hizo desfilar en calzoncillos con su manguera al hombro: —desenróllela y enróllela cien veces para que también aprendan a apagar incendios.

Renacuajos

Frente a mi casa fluía un caudal que bajaba de Milocheta, formaba un acuífero poblado de renacuajos que cogíamos para jugar con el agua de esa charca donde debía funcionar todo, lavaderos de ropa, bebedero de caballos asoleados y el baño de la policía a los borrachos.

Los niños Fernando y Martha querían ser pescadores y comieron renacuajos, consiguieron su diarrea con retortijones porque los renacuajos apostaban carreras para salir desde sus estómagos y mi abuelo los calmó con un purgante en efusión de manzanilla, menta y ajo macho.

Esa noche vivimos entre un sueño con renacuajos voladores que brotaban desde los ombligos de Marta y Fernando, nos apremiaban en una hilera infinita como píldoras de vida del doctor Ross y con esas cuentas infinitas de almanaque donde Mamá anotaba  todos los días cuando nos hacía tomarlas, tras ellas venía más sueño con renacuajos para contar, muchos ya con paticas traseras y volaban bajo el encielado, se regresaban por entre una hendija de la  puerta hacia su propia charca.

Pasé una noche entera haciendo estallar hojas de triquitraque para espantarlos y esperando ver salir un fantasma de  renacuajo.

Piracho

Fragmento de una obra de Guillegamba

En una esquina del acuífero vivía Piracho en una casa palafítica y destartalada que movía el viento, a esa morada mecedora entre el aire y el agua, se entraba por un tablón y ahí estaba él, buen conversador, nos entretenía  verlo remendar zapatos, pulir plantillas de cuero, colocar entre suelas y remontar botas mientras contaba las últimas aventuras  de Tarzán y Mandraque el Mago, había leído la guchinila o las tiras cómicas y aventuras del periódico El tiempo o La Patria del domingo, o comentaba una película Mexicana de El Santo, cuando aquel famoso luchador venció a la muerte en un combate inverosímil.

El Santo apresó a Ikú entre un manto de telarañas y nos mantuvo alelados con sus prolongaciones de ese cuento durante más de dos semanas, por esos días se prolongaron todos los sufrimientos de los desahuciados, moribundos con estertores infinitos, abaleados que caían y se vaciaban desangrados, pero estaban suspendidos en un túnel largo, su sangre manaba en hilos diminutos y se estiraba en un tiempo incapaz de trasladarlos a su final de sepulcro.

Piracho sudaba al entretenernos con su narrativa inverosímil, más allá de la película, su trabajo suspendido entre un espacio de embudo con tonos atrayentes de voces, llenaban el cuarto del taller, llegaban más oyentes y los soportes palafíticos de su rancho querían ceder hacia una tragedia que se resistía con aquellos momentos de suspenso, cuando su voz se adelgazaba en lapsos largos, sus palabras lo alivianaban todo, detenían a todos los relojes y Marsella se aleleba entre el marasmo de sus humos de cigarrillo hasta las dos de la tarde de aquel domingo, cuando, Piracho le ordenó al Santo liberar a la muerte, y tras  ese desenlace, se prendió otro cigarrillo Pielroja y con su humareda en remolino retornaron los finales de la vida detenida que nos espantó a todos:-Estos guevones no compran ni una empanada.