Camelo el celestino

Un pasaje de novela.
Narrativa que escuché a un jubilado que trabajó en el Ingenio Central Salinas, Puerto Rico.

Hablaba de mis abuelos: Esos muchachos calmaban su sed en el manantial de los peregrinos, dijo. Emilio bebía en los labios de Sara, el chorrillo de la fuente saltaba hacía el canal de su lengua, buscaba en sus labios y ella le participaba la frescura del agua y el encantamiento acariciante de un roce con la lengua. Camelo observó respetuoso y con esa actitud se los ganó; los días los encontraron en el mismo sitio y una tarde los animó con sus conversaciones, él tenía un humorismo espontáneo.

Mujer Taina –

Busqué ese retazo de mi historia y llegué a ese tiempo en esta playa. Una tarde, la mar se tragaba el sol y devolvía resplandores, escuché carcajadas del pescador. Camelo evocaba la piel cobriza de su mujer, su cabello largo y negro, un rostro nativo donde resaltaban sus ojos oblicuos, una descendiente Taína de la región cacical de Albeyno, buscaba fortuna en casinos y playas por todo Borinquen.

Él siguió una táctica para retener a mis abuelos, conducirlos y atraparlos hacia un mayor conocimiento mutuo; los vio juntos, estuvo seguro de que vivían momentos destinados a unir el destino del uno hacia la otra y usó su experiencia de celestino contador de historias, así compartió esos momentos de entretenimiento que les unieran más.

Monumento a Roberto Cofresi en Cabo Rojo – Puerto Rico

Les narré las peripecias del pirata Cofrettsí cuando pasó y quedó en estas aguas. El muy bribón perseguía a un brick danés que conducía mercaderías de Nueva York a Saint Thomas. Cuando los ojos filibusteros de Roberto Cofrettsí y Oder Mann de Orellana divisaron su objetivo en su paso hacia una corriente de mar, cercana de aquí, allá donde vuelan esos petreles, ese lado hacia la Isla Mona—. Y me señaló la mar a lo lejos, más allá volaban gaviotas, como se lo indicó a mis abuelos esa tarde. Me suspendí tan pendiente de su narración como ellos en su día.

Hizo una pausa para sus asfixia con tos de fumador y dijo:
Cofrettsí y Oder Mann de Orellana ordenaron la persecución y el abordaje del brick con una docena de rifleros, otros ocho saquearon las bodegas, mientras las hojas anchas y cortas de los sables de otros piratas se agitaban con facilidad entre la maraña de jarcias y cuerdas de la cubierta—. Aquí Camelo dio fuerza a su relato con más gestos y sacó una navaja, comenzó a cortar hojas y regarlas en el suelo para darse ambiente de la escena. —Entraron en acción otras espadas de hoja larga que actuaron de filo y remataron a la tripulación, trasladaron el cargamento—. Me llevó al mar como a mis abuelos y se metió en el agua, se hundió en ella y resurgió con su narrativa.

Barco pirata – turístico

—Los piratas hundieron el brick y huyeron sin amenazas hacia aguas de su confianza. Bordeaban libres e impetuosos hacia una mar tenebrosa para quienes les persiguieran, avanzaban y alguna fantasía les hacía regresar, una y otra vez y más de veinte veces; sin comprender por qué razones, volvían a estas mismas playas donde comenzaron a oír unos cantos corales de sirenas que los aclamaban y los enamoraban. Otra pausa para su tos y prosiguió:
—Eran hombres alucinados que iban y venían con sus corazones atrapados y amarrados con anzuelos de oro en esa red de cantos que los confundieron, sus pupilas dilatadas perdieron todas las formas de la superficie del mar y los deslumbró el sol del ocaso en la plenitud del brillante dorado sobre aguas de mar Caribe hasta cuando se ocultó.

El barco flotaba en aquel espejo amarillo y denso cuando se intensificó el flujo de la sangre de la tripulación, a todos esos piratas se les iban a estallar sus corazones y también reventar sus arterias.

Fue en esa hora cuando los enloqueció un bisbiseo de sirenas silenciosas de altísima frecuencia, un sonido que ya no era siquiera perceptible a sus oídos, tal era su vibración que las maderas de su goleta se desintegraron en un estallido de aserrín y sus cuerpos volaron despedazados hasta convertirse en átomos, su materia cayó vuelta ceniza entre las olas y se disolvió entre las profundidades del mar.

Solamente sobrevivió un marinero del brik danés, eso porque se arrojó temprano al agua del mar y supo taparse los oídos con un trapo, sin embargo, quedó alterado de mente, aquel personaje fue el primer antepasado que reconocen los nativos de Central Aguirre para tu abuela Sara.

Ella no me lo quería creer, lo indagó con tu abuelo Emilio Palacín en los archivos de la isla y descubrieron esa parte de su historia en narraciones de los viejos. La isla lo acogió como un náufrago salvado por Calipso, la hija del mar, y con ese nombre se le reconoció hasta el día cuando lo partió un rayo en otra tempestad. Murió incinerado. Vengan ahora tras de mí y les muestro aquel paraje de la costa donde aconteció—.

Luego me habló de rayos y tempestades que caen en lugares de la isla, son puntos que indican la cercanía de tesoros enterrados por los piratas o ayudan a ubicar los sitios sagrados donde están las tumbas de los indígenas Taínos.

Autor: guillergalo

Nació en Marsella - Paisaje Cultural Cafetero de Colombia. Despues de experiencias como educador, consultor del Desarrollo Regional, gestor empresarial, dedica tiempo al oficio de escritor. Publicaciones: El Congal, diáspora y bordado. Historias de caminos del Cauca y Antioquia del Siglo XIX, violencia y migraciones del Siglo XX. "Ritmo, aroma y tiempo de Palacín" Premio Nacional de Novela "Ciudad de Pereira" año 2015. El recurso epistolar le da sentido a esta novela de estructura narrativa sólida, propone un viaje mental y de lectura apasionante. Voces y personajes con sentido poético profundo. Es el tema de la búsqueda de las raíces y de la genealogía en su universo complejo y conmovedor de la condición humana. Dos Siglos: casas, montaña, poblados, violencia y una ciudad de salsa. Historia de emigrantes de Italia, se establecen en El Estado del Cauca. Tacaloa, viento su sueños. Narrativa del Marsella que es contado tantas veces que se presenta fantastico.

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