Días de sequía

La noche está muy atareada
en mecer una por una,
tantas hojas.
Y las hojas no se duermen
todas.
Aurelio Arturo
Poeta colombiano de La Unión – Nariño.


La lechuza de la torre de la iglesia se cagó en la palangana donde el sacristán recogía la limosna mientras loritos multicolores devoraban las últimas semillas en la palma botella de la plaza.

Llegaron las noticias, el agua se detuvo en la quebrada donde hace quinientos años habitó el cacique Nona, su torrente se adentró en la tierra de un momento a otro, comenzó a borbotear desde ese día cuando el alcaide autorizó a los concejales para poner en venta la madera del bosque donde brotaba el agua, y en todas las cañadas los buscadores de oro revolcaron la tierra, contaminaron las aguas con cianuro, removían las arenas y la floresta, los madereros descuajaban más y más los montes donde las iguanas desaparecían. Huyeron cantos de pechinegros, tángaras, jilgueros y azulejos. Cuarenta especies de pájaron se ausentaron en un verano largo.

El gavilán se había detenido en los relojes que no darían la hora.

Tala de árboles – Ryuko Umiko

El guardaparques notaba que los árboles estaban embrujados, las hojas perdían su peso y volaban hacia el cielo, no caían flores, se esfumaban en pavesa que se mecía en el aire y desprendía continuidades arañosas.  Sus ojos secos ardían y le secaba un estertor de sed mientras la superficie terrestre se cuarteaba.

En la parte superior de las montañas despojadas de su bosque se abrían bocas sedientas, donde antes nacía el agua, las quebradas querían recuperarla desde su curso, el agua se devolvió y emprendió sus corrientes hacía las cimas donde sus bocas se la tragaban toda. Eran ríos hacia atrás en una noche con estrellas que se alejaban para dejar un cielo turbio de aguas sucias.

Bioma de montaña. Artista María Fernanda Álvarez, Colección de arte del Banco de la Republica. Técnica Punta seca, grabado, 70X59,9 cms.

El cura párroco ordenó a los relojes detenidos que continuaran con su tiempo del calendario santo, el buho y el gavilán se lo negaron, notó que los árboles de mango de la plaza estaban embrujados, el níspero del patio lo eludía, sentía su repulsa, llamó al alcalde y al maestro que dormían, compartieron un almuerzo seco de arepa con ceniza y acordaron ir en comisión donde el obispo. En la orilla de la carretera vieron que colgaban de los árboles secos, pieles de animales cuyos espíritus sentían el paso de aquella comisión del clima.  

El obispo declaró que los árboles estaban poseídos por los demonios y sus legiones, los naranjos y frutales por Lucifer, los platanales eran de Belial, las florestas de satanás, los árboles más antiguos del gran dragón, Jaldaboath y el dios negro se habían apoderado de las hierbas que alborotaban la lujuria porque pronto llegaría Azael con sus ángeles caídos para fornicar con las mujeres del poblado y dar origen a una raza de gigantes. Ante esa amenaza organizaron una procesión de rogativas y un ritual para ordenar a los demonios que se fueran de Marsella.

La rogativa en la noche. Monumento localizado en El Viejo San Juan cerca de la fortaleza – Puerto Rico.

Seis días de rogativas con hogueras habían corrido, habían quemado leña de los últimos eucaliptos y camionados de guadua desde un cauce seco por donde corría el rio San Francisco, imploraban a Dios mientras el tiempo estaba ausente y se habían descontrolado los ritmos temporales del planeta, candeladas y humo generaban un manto de nubes con ceniza y la respiración tosía en los parroquianos que se negaban a morir.

El obispo rogaba para que Dios rectificara los ejes siderales y los recompusiera de aquel descarrilamiento ecológico causado por los pecados contra el orden natural, clamaba al cielo que giraba en una noche helada sin hielo y sin neblina.

Boca de montaña – Ramón Pérez Niz

Solo se oía el ruido de las bocas en la cabecera de las cuencas de los ríos, bebían agua, la extraían desde un aire revolcado en vientos secos y cuando se les agotaba de los suelos brotaba fuego. El obispo continuaba con sus rezos en latín y en medio de la misa ardió el altar mientras su leña hablaba sobre verdades que duraban mientras los últimos árboles se reventaban.

El pueblo era una masa de sedientos y moribundos a quienes la muerte les negaba su final.

En medio de todo el sufrimiento despertó Manuel Semilla, llamó a los niños para que buscaran todas las semillas que había escondido bajo piedras en los bosques de La Nona y las cimas del Alto del Nudo y Alto Cauca, hallaron pepitas de mil especies de árboles perdidos.

Los niños los sembraron, germinaban y solo a ellos les caían gotas del cielo, a los concejales que habían vendido el bosque les brotaban chamizos secos y fétidos en sus cuerpos, el campo reverdecía, cantaban los jilgueros y las tángaras, volvía la eufonía del pájaro amarillo, el croar de los anfibios en los charcos, los colibríes chupaban flores que llamaban a las abejas para que hicieran multiplicarse flores y simientes en el mundo.

Juan sin miedo minifalda y diablos

Mi tiempo y mis contemporáneos hijos del siglo XX, onda rebelde en minifalda ante la guerra, pisoteamos reyes con música de rock, uno a otros nos desmoronamos en una disgregación de días y meses.


Somos una travesía de calendarios sin remedio, vejez o enfermedad en la corriente eterna que arrastra todas las edades en esa incapacidad de separar alma y cuerpo, sin concentrarnos trascendentes en otras dimensiones donde somos cuerpo, espíritu y conexiones entre vida, infiernos y universo. No sé si alistamos el final más allá de oraciones o cálculos abstrusos hacia cuando se rompan o transformen las ataduras en los puntos de un purgatorio que nos liga a dimensiones más allá del final físico.

En en archivos de mi hermana Amparo hallé una narrativa que transcribe lo que la gente no decía, entre eso “Juan sin miedo”, un cuento diferente del muy famoso de los Hermanos Grimm, alguien se lo narró a Estefanía Orozco Gil, niña de 9 años que estudiaba en grado 4° en la escuela María Inmaculada, años 90.

Cuando Estefanía entregó a su maestra esta versión, se sugieren aquellas ataduras de la cultura religiosa que involucra demonios y castigos más allá de la muerte.

Investigaba para escribir el libro “El Congal – Diáspora y bordado”, escuché versiones parecidas de los viejos, Malía Velásquez y Martín Alonso Sánchez, algún rasgo y pistas dio Julialba acerca de mitos sobresalientes de una dama generosa en la historia de Marsella, abuela de un poeta muy reconocido por sus palabras al hijo para que no use cauchera, ella recogía mercado que donaban casa a casa y el comercio, lo cargaba en un buey que recorría calle a casa. Estefanía sin dar nombres, escribió bien ese mito que la mayoría desconoce, recordé más de esa historia cuando hablaba el señor Sánchez del Español; cuando hablaban de eso, disminuían sus voces y entonaban un lenguaje de advertencia con tono sepulcral: —Mijito, ¡tenga presente que es un secreto y de esto no se puede hablar!

Juan sin miedo

En Marsella habitó cerca de la plaza, hace mucho tiempo, una mujer buena que ayudaba a todo el que necesitaba y a la hora de la misa era la primera en llegar a la iglesia. Pero aquella mujer caritativa, la más amiga del sacerdote monseñor, guardaba un secreto, tan grande, que ni siquiera al otro cura, el párroco del pueblo, se lo quiso confesar nunca.

Un día le llegó a la señora buena una grave enfermedad, postrada en cama, sus ojos eran enormes y se le había hinchado el cuerpo, los árboles se marchitaban en su patio, cuando en las calles se deslizó una sombra después de haberse detenido el humo de las chimeneas, con mucho sufrimiento falleció.  

El pueblo de Marsella estaba conmovido, la mujer se había ganado todo su amor y devoción; fue así como, por sus buenas acciones, decidieron velarla en la iglesia y celebrarle los siete días de duelo que su familia traía como tradición española desde el Califato de Córdova y costumbres maronitas.

Una vez allí el cadáver, sucedieron cosas extrañas, después de las oraciones del anochecer, el párroco veía como dos demonios con cuerpo de hombre y cabeza de macho cabrío, trataban de abrir el ataúd sin conseguirlo. El sacerdote envió emisarios a las casas debido al gran aprecio que sentían, convocado todo el pueblo, reunió a los hombres más fuertes y valientes para que protegieran el cuerpo de la mujer hasta la hora de la sepultura.

Hombre cabra que deambula por caminos secundarios, figura asociada a creencias medievales, proviene de mitos sarracenos. Cada mito se transforma más cuando la nueva cultura lo involucra en literatura y espectáculos del cine. Imagen tomada de https://darktv.es/blog/el-hombre-cabra-leyenda-urbana-o-una-excentricidad-de-la-ciencia/

Hacia las doce de la noche, cuando la mayoría se había retirado y desde ahí hasta las tres de la mañana, aquellos demonios regresaron y rondaron, mayor fue la sorpresa del párroco que oraba desde un confesionario cuando vio que esos hombres, los más valientes del pueblo, huían aterrorizados.

Interior del templo de Marsella. Fotografia de Emilio Rojas en: http://marsella-educativa.gov.co/?start=5

Decidieron el párroco y monseñor, proteger a su amiga difunta, pidieron a las damas del sagrario llevar el cuerpo y lavarlo en agua con canela dentro de la sacristía para purificarlo, según costumbres judías, le aromaron con incienso y le ungieron con el Chrisma griego, un aceite de oliva mezclado con perfumes y bálsamo, consagrado el jueves santo, más otro aceite sagrado de uso en iglesias romanas, ortodoxas y orientales, la velaron durante la segunda noche con oraciones para la sanación de cuerpo y alma. Los demonios rondaban y cuando alumbró el sol por el nevado del Ruiz huyeron hacia la fumarola del cráter.

Preparación del bálsamo sagrado

Aquí no terminó todo, faltaba la última y tal vez, la más peligrosa de las noches para suerte del alma de la mujer y de monseñor. Llegó entre sus invocaciones el espíritu de un hombre alto y corpulento que había peregrinado el Camino de Santiago desde Los Pirineos a Santiago de Compostela, tenía antepasados con aquella mujer buena.

Bendición del Santo Crisma

Juan sin miedo aterrorizaba con oraciones y miradas a todos los espantos, era imagen real de otra persona que llamaron como él cuando llegó por la Cuchilla Atravesada tras el rastro de un caminante que años antes, dicen por Chinchiná, que llegó desde la Tierra Santa. Aquel hombre se presentó al funeral para proteger el cuerpo y el alma de su pariente, la mujer buena, durante la última noche.

Durante siete horas “Juan sin miedo” combatió con los demonios entre una oscuridad sin velas. Salvó el alma de la dama buena. La enterraron al día siguiente. Lamentablemente Juan sin miedo quedó herido de gravedad; antes de morir, su espíritu prometió proteger a cuanto muerto necesitara.

Desde entonces en el cementerio de Marsella, algunos observan a media noche a Juan Sin Miedo sentado en las escalinatas, otros dicen que sienten la energía de un hombre corpulento que protege las tumbas durante los cuatro días antes de la muerte de cualquier habitante del pueblo. Así completa el ciclo de los siete días del duelo hasta la salvación de sus almas.

Escalinatas y cúpula central del cementerio de Marsella

LA URRACA


Me ha gustado tanto esta descripción de la urraca que nos trae Julie Sopetrán, a quien admiro y leo con constancia.

Poco he convivido con las urracas en los escenarios de mi vida; quiza, o soy muy distraido, o tengo cierta ceguera de situación frente a las aves. Tambien porque en mi pueblo solían llamar urraca a cierta dama entrometida.

PERCEPCIONES

la urraca

“Quien escuche a la urraca será un necio”, eso decía el gran filósofo Félix María Samaniego, en su maravilloso poema: El Pastor y el Filósofo. Sin embargo a mi, la urraca, me cautiva más por sus pequeños saltos, que por su graznar. Sabe pavonearse, llamar la atención, hacer ruido, ser diferente. Siempre está inquieta. ¿Busca o teme a las cosas que brillan? Guarda secretamente los diminutos tesoros que roba en lugares que nadie conoce, piedrecillas, lazos de colores, baratijas… Se rodea de cosas inservibles, busca en las basuras, se recrea entre desechos como el propio Diógenes. Me gustaba observarla cuando era niña, cuando iba por el camino de la fuente, por el monte, cuando me la encontraba en las calles, en los jardines picoteando la hierba… Pensé que ya habían desaparecido, porque no las veía, pero me alegra descubrir que todavía existe alguna familia en mi pequeño pueblo.  Las recuerdo…

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Sin cabeza y con rebrujos

Rebrujo.
Palabra colombiana que implica un embrollo de cosas desechadas, por extensión, acumulación de recuerdos inconexos sobre un hecho específico. Tengo mi cabeza vuelta un rebrujo.


Mi cabeza se revolvía con historias que había contado mi hermana. Había fallecido y mi duelo eran tensiones, rebrujo y levedad de oraciones de mujeres desveladas. Encontré en la biblioteca de Amparo una carpeta con narrativas de sus alumnas. Pensé en aquellos días cuando Aleyda López, otra maestra fallecida, escribía que sus niñas alumnas querían casar a la luna con el sol en una escuela que dirigía doña Ester Bedoya por allá donde la lluvia se anunciaba con truenos míticos de la leyenda del oro de Marsella.

Busto de Simón Bolívar en el museo nacional de Colombia

La municipalidad entregó a esa escuela de niñas un busto de Simón Bolívar que habían quitado del parque La Pola, allá colocaron una estatua nueva, las profesoras le fijaron espacio en el monumento a la bandera donde solo permaneció unos días porque se trasladó la María Inmaculada a un edificio nuevo, el Juan José Rondón, habían demolido un inmueble de madera republicano con puertas talladas que roían los comejenes y un político amante de construcciones con ladrillo, cemento y comisiones. Remplazó la escuela donde estudiábamos los niños y ubicaron ahí las niñas.

Aquel busto de Bolívar era un pedazo de yeso que terminó refundido en el cuarto de rebrujos al lado de los baños; al guardarlo, la cabeza se desprendió del tronco; días después, las niñas que entraron a ese lugar a buscar un balón se asustaron, vieron a un hombre sin cabeza que generaba espanto.

El rumor corrió entre una y todas a voz a voz tenue y sigilosa, la profesora Mery utilizó ese efecto para rebrujar el estado de ánimo de las niñas, les decía: —Quien no presente las tareas será encerrada con el hombre sin cabeza.

La zozobra persistía cuando llegó una nueva profesora, María Teresa López, sugirió que debían florecer mejores estados de ánimo y sacaran el busto del cuarto. La cabeza no aparecía, para encontrarla quizá fuera necesario descifrar otras cabezas que cayeron como naranjas de árboles heridos.

El hecho soltó nuevos rumores que sonaban con más susurros, los mayores no lo admitían y las niñas lo transmitían. La profesora dijo: escribamos eso para desrembrujarnos, me lo traen de tarea sin amenazas porque debemos despojarnos de rebrujos.

El rebrujo de mi cabeza comenzó a desenredarse al año de la muerte de mi hermana, entre sus rebrujos encontré aquella carpeta con las cosas que aquella vez escribieron las niñas.

Dibujo a plumilla del artista marsellés Julio Villada Arango, escuela urbana de varones, edificio emblemático de estilo republicano, demolido para ser reemplazado por la Juan José Rondón.

Esa noche divagué en las calles de Marsella, percibía voces de otras cabezas perdidas que vagan entre el silencio de paredes y andenes. Decían que en la noche varias personas veían personas sin cabeza y cuerpos mutilados que salían del rio Cauca y vagaban por las calles y caminos de Marsella, también a Bolívar en un caballo colimocho, algún cuerpo clamaba en espera del jinete difunto, andaba con el perro del mendigo que se había perdido en la noche de la granizada y con el gato de la viuda que se le había espantado por los tiros de Chuchi Sierra cuando la hizo levantar para que le diera la cuota del comparto.

Otras voces sobre la cabeza del busto de Bolívar, dijeron que aparecía en la oscuridad o se notaba en sombras de luz de luna, a veces en las ventanas y otras en los muros, atisbaba para encontrar a los que se habían perdido, no era solo su cuerpo sino las partes de muchos asesinados en los municipios del sur a quienes arrojaron al Rio Cauca, los vecinos de la vereda Beltrán los rescataban y traían al cementerio.

doña Maria Isabel Espinosa. Sus cuadernos y su escritura dedicada al rio – tomado de Magdalenas por el Cauca. https://magdalenasporelcauca.wordpress.com/

Bolívar jamás logró la libertad y liberación de aquellos porque las violencias persisitieron en Colombia durante estos 200 años desde cuando fueron sus batallas por la independencia.

Cuando Tista el enano vendía dulces y salchichón en la esquina de la plaza junto al árbol de mangos, decían que estaba loco porque aseguraba que veía la cabeza de la antigua estatua de Bolívar y hasta se le acercaba para preguntarle si había visto su cuerpo que habían desprendido como lo hicieron con las cinco repúblicas que él liberó.

Algunos niños escribieron sobre los otros chicos necios, dizque habían enterrado la cabeza de Bolívar en un lugar desconocido para que no los siguieran asustando con eso. Otros dijeron que la vieron rodar por un terreno que se desbarrancó cuando cavaron en el lado posterior de la escuela para construir allí una estación de gasolina.

El remanso de Beltrán – Marsella – Fotografía de Rodrigo Grajales publicada en El Malpensante y en Magdalenas por el Cauca. https://www.elmalpensante.com/articulo/828/el_remanso_de_beltran

Los niños de la escuela de la vereda Beltrán jamás vieron la cabeza perdida del busto de Bolívar, sinembargo veían cuerpos mutilados que traía el rio Cauca después de la masacre de Trujillo Valle y de todas las violencias que desagua su cuenca.

Rastro Púrpura es un documental inspirado en la historia de Gabriel, un artista plástico que pinta, Yorlady, que acude al performance para expresarse y María Isabel, una ribereña del río Cauca que le escribe al afluente, como amigo silencioso que carga dichas y desdichas.

Duelo por una virgen entre dos hijos de Eva

Nos llega la voz de los hijos de Eva, ansiosos, groseros, místicos y desnudos. Ya no existe esa verdad ni ha existido, somos fantasía.


Era la mujer más santa y virtuosa que ha dado Marsella, Genovevita Álvarez , casta desde la infinitud de un tiempo bíblico cuando el erótico Adán se dejó convencer de la hembrita esa de la culebra de que sería un pendejo lambe micas si no gozaba los placeres de la carne y se le comía la manzana a la Eva.

Aquel hembro, gestor de los primeros polvos que dieron origen a los humanos, se enchufó el erotismo de Eva y plus, pecado, pecador pillado. Ese goce aún no estaba autorizado, apenas lo sería para reproducción y solo sería posible con la bendición de la mano sagrada de dios.

Adán y Eva – Michelangelo – fragmento

Milenios y siglos luego, nos negaban que los humanos masculinos y femeninos veníamos del útero de las mujeres para meternos el cuento de ese engendro de mujeres descendientes de una costilla de Adán. Él y ella quisieron ser iguales a Dios y ese querer los sacó del paraíso, o eso inventaron los monjes que armaron la biblia y decidieron que Adán nos condenó a nacer cumplables de su pecado, y aún nos cargan a todos esos y otros pecados, esa desobediencia a Dios que debemos pagarla con adoraciones a través de papas, obispos y jerarquías con registradora para medir los diezmos y para alcanzar la redención hasta la eternidad. Y para buscar a ese Dios invisible.

En Marsella, Genovevita Álvarez se impuso la obligación de redimirnos, nos pagó becas para alcanzar la jerarquía de seminaristas con destino al solio del Papa en Roma, no hizo militantes de cruzadas eucarísticas, envió monjas y curas a los conventos y seminarios y en eso se gastó toda la fortuna de la heredad de sus colonos antepasados, pecadores y virtuosos. Hubo tías, tíos y hermanos con sotana, ninguno tan santo como ella.

La Cruzada eucarística tenía un propósito cristiano y pedagógico definido. Se regia por el apostolado de la oración. Fotografía Aqueilado de la Sierra – Brasil 1930

Fiel a sus creencias y razones, podríamos admitir que fue una santa, aunque Gilberto Mejía, compañero en el Instituto Estrada de Marsella, iconoclasta y tanguero, quien pereció muy joven, en esos días nos aseguró a sus amigos: “no doy cinco centavos por la virginidad de Genovevita”.

Por esta profanación, una tarde de la excursión de tres días a los charcos de Combia, aceptó un reto que le propuso don Tomás Issa Álvarez, rector del colegio y sobrino de Genovevita; sería un gran duelo entre dos hijos de Eva, no sé si pecadores o redimidos; días antes, ambos se eludieron en la calle del pecado de la zona de tolerancia del Morro, el mayor para no perder su autoridad moral sobre el otro y este por no ser sancionado al verse pillado por el rector en el lugar más prohibido para los menores y aún los mayores de Marsella, más aún a estudiantes del Instituto Estrada.

Enfrentados a puro pulso y muñeca, escogía cada cual un escondite donde se iniciaría el combate que se lidió lanzándose frutos verdes de guayaba, ambos sabían eludirlos, se jugaron ese duelo hasta agotar el pertrecho de todos los guayabales de Combia, los pajaritos observaban asustados porque los dejaban sin comida, llegaron hasta el final sentados y agotados, aun Tomás defendía la virginidad de su tía y Gilberto su derecho a la duda. No se dieron la mano, se miraron con el cariño profundo de quienes saben que estaban en un juego y sus diferencias eran parte de sus reglas.

Paul Anka, de Otawa (1941) compositor y actor, cantante melódico en la línea de Frank Sinatra y Tony Bennett – Canción Adam and Eve, grabada luego con letra en español por César Costa en México.