Mojana son dos cosas

Primer lunes de enero, subí a una chalupa en Magangué, divisé una flotación de flores amarillas y moradas, una canoa arrastraba un ataúd atada a trocos de sietecueros, un tambor y canto fúnebre de alabaos al alma del muerto, un negro del Pacífico que vino a lavar oro en quebradas de La Loma.

Magangué

En la silla detrás en mí embarcación unas mulatas hablaban de La Mojana, esa mujer diminuta y ancestral que ronda en ríos del Caribe, una joven de ojos verdes y aliento de clavos y canela la definió con cabellos dorados y tendidos hasta sus pies invertidos, es la hembra del Mohán.

El martes en San Benito Abad, Sucre, metidos entre humedales buscábamos La Mojana, escuché hablar de ella por primera vez en una canción olvidada. Quise estar en esa casa suya con piedras blancas y azules enormes, construida bajo el agua, porque escuché relatos sobre sus penas al lado de los potreros donde aparece a cuidar sus gallinas, su perro y sus patos. Y quisimos buscarla en una mojana donde caen aguas que nacen en el cerro de Juanché, ahí la vieron bañarse con su totuma de oro, libre y desnuda como el aire y el viento. Nos perdimos, nadie sabía ni dio razón de ese paraje con charco grande, no es localizable porque solo existe en los mitos de la tradición oral de la Costa Atlántica de Colombia.

Quieto y pensativo, el abuelo de Jaime dijo haberla visto con frecuencia cuando iba a curar el ganado a Caimito, andaba solo porque sabía percibir sus huellas después de los aguaceros y no lo asustaban los mitos de la tradición oral, su rapto de niños cuando se bañan solitarios en sus dominios y sus invitaciones a su morada subacuática; por eso, en San Marcos y Caimito vi algunos críos con un cordón verdiblanco y rezado contra los maleficios del rio, lo portaban en el cuello o en la cintura.

El miércoles aprendí que La Mojana también es un topónimo, ese nombre que dieron a esa región de inundaciones, “La Mojana de Sucre – Colombia”, hacia allá fuimos en una voladora, ahí confluyen al río Magdalena los ríos San Jorge y Cauca, ocasionan inundados en tierras de once municipios, es un sistema de ciénagas y caños que genera esa región, la depresión Mompoxina y La Mojana, al sur están los poblados de Majagual y Guaranda con sus grandes cultivos de arroz. Ahí se regulan los caudales, más de 500.000 hectáreas de cenagales con gran biodiversidad de Fauna y flora silvestre.

El jueves me dijo un historiador: la leyenda surgió en la Cartagena de indias durante la época de la Colonia. Habitó en su plaza central una mujer de la nobleza con esposo y su hijo, pero ella no atendía bien al marido por dedicarse del todo a su hijo.  El hombre no la soportó más cuando lo rechazó una tarde, el niño estaba solitario en el patio cuando él, enojado y sin control la mató.  Ella gritaba agonizante, el pequeño allá estaba sentado junto al pozo, asustado, perdió el equilibrio y se hundió en la profundidad. Al tiempo, aparecía la silueta de la mujer con una peineta de hueso en la mano, resplandecía al desenredar sus cabellos largos de muerta, varias veces algunos niños hipnotizados caminaron hacia ella, como ninguno era su hijo los arrojó al pozo.

Albarrada de Mompox – Donde dicen llegaba de tarde La Mohana

El viernes en Mompox me dijeron otra cosa, hablaron de la mitología indo americana con espantos que habitan en los ríos, ahí está La Mojana con presencia de mujer alta y blanca, recuerdan que llegó por el ferry desde Magangué hasta Talagua, venía de Cartagena de indias, continuó y se bajó en frente a la plaza de Santa Bárbara,  los demás viajeros no la percibieron, solamente los joyeros de Mompox supieron distinguir sus cabellos dorados largos en su peineta de hueso, joyas de acuamantina son sus ojos; el más antiguo de ellos, conocedor de  mitos de rio desde El Banco a Barranquilla, dijo que ella cuida la naturaleza y es la hembra del Mohán. Hasta ese momento yo no sabía nada de ese mancito, ese otro brujo de las tribus muiscas y caribes.

En Caimito Sucre, me dijeron que bajo este árbol entre el río está la casa del Mohán

El viernes yo ya iba de regreso en un motorizado por las Sabanas de San Ángel, en una parada pregunté a un grupo de familias descendientes de Los Chimila, esa tribu nómada que anda siempre entre la Sierra Nevada de Santa Marta y Tacaloa, un poblado al norte de Magangué y Mompox, donde se reúnen sus familias errantes en tiempos de sequía. Ellos si conocieron al Mohán, saben más de ese man que cualquiera porque fueron ellos quienes inventaron esa palabra y también le dieron su nombre a La Mojana.

Dijeron que lo nombraron así porque hablaban tanto de un ser raro en todos los pueblos a orillas del río Grande la Magdalena, tantos cuentos y leyendas sobre sus avistamientos en sitios oscuros de la ribera, acompañante de los pescadores perdidos en las profundidades de los ríos y por los jagüeyes, solterones asustados decían que acechaba a las doncellas, a las niñas de pelo dorado y a los pescadores nocturnos.

Sí ese nombre se lo pusimos nosotros, los Chimila de ancestro caribe, aunque la gente dice que un mohán es un hombre tan corpulento como un gigante; sin embargo, nuestro Mohán es varón y pequeñito, su cuero y el mismo rostro poblado y pelos, sus ojitos sobresalen a veces grandes y a veces chiquiticos, muy brillantes, y no le falta su tabaco encendido en la boca. A veces se sofoca, pero se calma cuando le dejan una pila de tabacos y trozos de panela que carga y guarda en una mochila de pelos de chivo. Lo han visto por Sitio Nuevo, por Pueblo Viejo, junto a la ciénaga grande de Santa Marta, de mañana sentado sobre raíces que traen las aguas y cuando llega la tarde llegan a rodearlo los peces, icoteas, patos, cocodrilos y otros animales salvajes.

El sábado leí en la biblioteca de santa Marta que El Mohán es el espíritu de las aguas. El Mohán y La Mojana los cuidan y los animales no se hacen daño entre ellos porque esa ciénaga es la madre de la vida con sus parajes de mangle y sus aguas mezcladas desde el rio Magdalena y el Mar de las Antillas.

Publicado por guillergalo

Me hago preguntas, las cosas que están abajo y las que están arriba giran, mis días y los tuyos giran, perseguimos una joya del tiempo que no existe y las fuentes de la edad nos vuelven niños. Escribo desde un orden de mi tiempo disgregado tras las sombras de la noche tras la luna.

4 comentarios sobre “Mojana son dos cosas

  1. Maravilla. Envidio esa manera de decir y contar en Ámerica. Juan Rulfo, (para mí el primero) Cortázar, García Márquez. etc. Mágicos. Tus relatos y tu manera de escribir me los recuerda. Felicidades.

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  2. Hermoso tu texto y mágicas esas canciones. frealmente envolventes.
    Un fuerte abrazo
    Ramón
    PD:
    Te paso un dato sobre lo que en Navarra se llama “mejana”. ¿Será una coincidencia?
    “Una mejana (vocablo árabe) o isla (palabra romance) en medio del trascurso de un río, se forma cuando el río que discurre por una llanura de escasa pendiente longitudinal, se muestra incapaz de acarrear su carga de aluviones y se ve obligado a depositarla parcialmente, produciéndose una subdivisión del cauce en dos o más ramales que más adelante, vuelven a juntarse” :https://ruralsuite.com/la-mejana-de-tudela/
    Aquí una canción que menciona la mejana de Tudela (ribera del Ebro): “qué delantal más tirano que llevan las tudelanas por la mañana temprano cuando van a la mejana…” : https://www.youtube.com/watch?v=PEDQ7hT3PoQ

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    1. Posiblemente el vocablo presente ese origen, sucede que en el territorio de la Guajira y de la Sierra de Santa Marta, donde habitan quienes manejan estas palabras, allí llegaron las primeras colonizaciones con andaluces y años más hubo la más grande migración de turcos maronitas, eran la comunidad que más aportaba a la causa Palestina con los de Cúcuta y Ciudad de Panamá. Existen ciudades en el oriente colombiano y en la zona de Venezuela con topónimos traídos desde esos orígenes: Pamplona, Lérida, Valencia, Zaragoza y más.

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