Conversación en la Treinta y Una


Después de mis días necios, caminé calles con rutina de andariego acorralado en treinta cuadras al trabajo; pateaba esos andenes cuatro veces al día, había dejado mi trabajo con mafiosos cuando convencí al capo para que me dejara libre de compromisos. Lo hablamos en el Hotel Aristi en Cali, la misma mesa frente a unSigue leyendo “Conversación en la Treinta y Una”