EL MAL DE LA INDIFERENCIA


Cuando leo este blog, “La bancarrota del circo”,  me elevan los poemas y me aterrizan los análisis.

Pienso en mis tiempos, tantas veces al lado de formas torcidas de obrar, amigos, conocidos, incluso del círculo más íntimo. Pasábamos por todo tapándonos la nariz. Justificamos todo esto en una frase: no somos ni demonios ni ángeles.

Aquel compañero maestro que asesinaron era un sicario, cuando mataba lo ejercía con la ceguera moral que generaban sus vicios y sus vacíos existenciales, “no vale nada la vida” dice una canción mexicana.

Actuamos mogigatos cuando los dineros de los mafiosos nos obnubilaron, compraban candidatos que torcían el manejo de lo público, y cuando paso ese humo nos ardía un sentimiento vacío, aún asi le poníamos ungüento a las heridas y callábamos.

Y mirá lo que nos dice Carmen Herraldo. Profesora de ética de la Universidad de San Jorge.

LA BANCARROTA DEL CIRCO

Es conocido el concepto de‘banalidad del mal’, tratado por la filósofa alemana de origen judíoHannah Arendt. La pensadora profundizó en ello a raíz del juicio al nazi Otto Adolf Eichmann, celebrado en Jerusalén en 1961, y al que ella acudió como reportera del periódico americano ‘The New Yorker’. Arendt logró salir de Alemania en 1933. Cuando los servicios secretos israelíes secuestraron en Argentina al antiguo miembro de las SS y lo trasladaron a Israel para someterlo a juicio, la filósofaquiso afrontar en primera persona aquel juicio y escuchar con sus oídos relatos de crímenes nazis, como si hubiese buscado participar, en cierto modo, de aquel espanto del que la fortuna hizo que se librara.

La experiencia del juicio de Eichmann, condenado a muerte en 1963, marcó hondamente a Hannah Arendt, quien no se limitaría a ser mera reportera de aquel acontecimiento y llevaría mucho…

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Días de sequía

La noche está muy atareada
en mecer una por una,
tantas hojas.
Y las hojas no se duermen
todas.
Aurelio Arturo
Poeta colombiano de La Unión – Nariño.


La lechuza de la torre de la iglesia se cagó en la palangana donde el sacristán recogía la limosna mientras loritos multicolores devoraban las últimas semillas en la palma botella de la plaza.

Llegaron las noticias, el agua se detuvo en la quebrada donde hace quinientos años habitó el cacique Nona, su torrente se adentró en la tierra de un momento a otro, comenzó a borbotear desde ese día cuando el alcaide autorizó a los concejales para poner en venta la madera del bosque donde brotaba el agua, y en todas las cañadas los buscadores de oro revolcaron la tierra, contaminaron las aguas con cianuro, removían las arenas y la floresta, los madereros descuajaban más y más los montes donde las iguanas desaparecían. Huyeron cantos de pechinegros, tángaras, jilgueros y azulejos. Cuarenta especies de pájaron se ausentaron en un verano largo.

El gavilán se había detenido en los relojes que no darían la hora.

Tala de árboles – Ryuko Umiko

El guardaparques notaba que los árboles estaban embrujados, las hojas perdían su peso y volaban hacia el cielo, no caían flores, se esfumaban en pavesa que se mecía en el aire y desprendía continuidades arañosas.  Sus ojos secos ardían y le secaba un estertor de sed mientras la superficie terrestre se cuarteaba.

En la parte superior de las montañas despojadas de su bosque se abrían bocas sedientas, donde antes nacía el agua, las quebradas querían recuperarla desde su curso, el agua se devolvió y emprendió sus corrientes hacía las cimas donde sus bocas se la tragaban toda. Eran ríos hacia atrás en una noche con estrellas que se alejaban para dejar un cielo turbio de aguas sucias.

Bioma de montaña. Artista María Fernanda Álvarez, Colección de arte del Banco de la Republica. Técnica Punta seca, grabado, 70X59,9 cms.

El cura párroco ordenó a los relojes detenidos que continuaran con su tiempo del calendario santo, el buho y el gavilán se lo negaron, notó que los árboles de mango de la plaza estaban embrujados, el níspero del patio lo eludía, sentía su repulsa, llamó al alcalde y al maestro que dormían, compartieron un almuerzo seco de arepa con ceniza y acordaron ir en comisión donde el obispo. En la orilla de la carretera vieron que colgaban de los árboles secos, pieles de animales cuyos espíritus sentían el paso de aquella comisión del clima.  

El obispo declaró que los árboles estaban poseídos por los demonios y sus legiones, los naranjos y frutales por Lucifer, los platanales eran de Belial, las florestas de satanás, los árboles más antiguos del gran dragón, Jaldaboath y el dios negro se habían apoderado de las hierbas que alborotaban la lujuria porque pronto llegaría Azael con sus ángeles caídos para fornicar con las mujeres del poblado y dar origen a una raza de gigantes. Ante esa amenaza organizaron una procesión de rogativas y un ritual para ordenar a los demonios que se fueran de Marsella.

La rogativa en la noche. Monumento localizado en El Viejo San Juan cerca de la fortaleza – Puerto Rico.

Seis días de rogativas con hogueras habían corrido, habían quemado leña de los últimos eucaliptos y camionados de guadua desde un cauce seco por donde corría el rio San Francisco, imploraban a Dios mientras el tiempo estaba ausente y se habían descontrolado los ritmos temporales del planeta, candeladas y humo generaban un manto de nubes con ceniza y la respiración tosía en los parroquianos que se negaban a morir.

El obispo rogaba para que Dios rectificara los ejes siderales y los recompusiera de aquel descarrilamiento ecológico causado por los pecados contra el orden natural, clamaba al cielo que giraba en una noche helada sin hielo y sin neblina.

Boca de montaña – Ramón Pérez Niz

Solo se oía el ruido de las bocas en la cabecera de las cuencas de los ríos, bebían agua, la extraían desde un aire revolcado en vientos secos y cuando se les agotaba de los suelos brotaba fuego. El obispo continuaba con sus rezos en latín y en medio de la misa ardió el altar mientras su leña hablaba sobre verdades que duraban mientras los últimos árboles se reventaban.

El pueblo era una masa de sedientos y moribundos a quienes la muerte les negaba su final.

En medio de todo el sufrimiento despertó Manuel Semilla, llamó a los niños para que buscaran todas las semillas que había escondido bajo piedras en los bosques de La Nona y las cimas del Alto del Nudo y Alto Cauca, hallaron pepitas de mil especies de árboles perdidos.

Los niños los sembraron, germinaban y solo a ellos les caían gotas del cielo, a los concejales que habían vendido el bosque les brotaban chamizos secos y fétidos en sus cuerpos, el campo reverdecía, cantaban los jilgueros y las tángaras, volvía la eufonía del pájaro amarillo, el croar de los anfibios en los charcos, los colibríes chupaban flores que llamaban a las abejas para que hicieran multiplicarse flores y simientes en el mundo.

Juan sin miedo minifalda y diablos

Mi tiempo y mis contemporáneos hijos del siglo XX, onda rebelde en minifalda ante la guerra, pisoteamos reyes con música de rock, uno a otros nos desmoronamos en una disgregación de días y meses.


Somos una travesía de calendarios sin remedio, vejez o enfermedad en la corriente eterna que arrastra todas las edades en esa incapacidad de separar alma y cuerpo, sin concentrarnos trascendentes en otras dimensiones donde somos cuerpo, espíritu y conexiones entre vida, infiernos y universo. No sé si alistamos el final más allá de oraciones o cálculos abstrusos hacia cuando se rompan o transformen las ataduras en los puntos de un purgatorio que nos liga a dimensiones más allá del final físico.

En en archivos de mi hermana Amparo hallé una narrativa que transcribe lo que la gente no decía, entre eso “Juan sin miedo”, un cuento diferente del muy famoso de los Hermanos Grimm, alguien se lo narró a Estefanía Orozco Gil, niña de 9 años que estudiaba en grado 4° en la escuela María Inmaculada, años 90.

Cuando Estefanía entregó a su maestra esta versión, se sugieren aquellas ataduras de la cultura religiosa que involucra demonios y castigos más allá de la muerte.

Investigaba para escribir el libro “El Congal – Diáspora y bordado”, escuché versiones parecidas de los viejos, Malía Velásquez y Martín Alonso Sánchez, algún rasgo y pistas dio Julialba acerca de mitos sobresalientes de una dama generosa en la historia de Marsella, abuela de un poeta muy reconocido por sus palabras al hijo para que no use cauchera, ella recogía mercado que donaban casa a casa y el comercio, lo cargaba en un buey que recorría calle a casa. Estefanía sin dar nombres, escribió bien ese mito que la mayoría desconoce, recordé más de esa historia cuando hablaba el señor Sánchez del Español; cuando hablaban de eso, disminuían sus voces y entonaban un lenguaje de advertencia con tono sepulcral: —Mijito, ¡tenga presente que es un secreto y de esto no se puede hablar!

Juan sin miedo

En Marsella habitó cerca de la plaza, hace mucho tiempo, una mujer buena que ayudaba a todo el que necesitaba y a la hora de la misa era la primera en llegar a la iglesia. Pero aquella mujer caritativa, la más amiga del sacerdote monseñor, guardaba un secreto, tan grande, que ni siquiera al otro cura, el párroco del pueblo, se lo quiso confesar nunca.

Un día le llegó a la señora buena una grave enfermedad, postrada en cama, sus ojos eran enormes y se le había hinchado el cuerpo, los árboles se marchitaban en su patio, cuando en las calles se deslizó una sombra después de haberse detenido el humo de las chimeneas, con mucho sufrimiento falleció.  

El pueblo de Marsella estaba conmovido, la mujer se había ganado todo su amor y devoción; fue así como, por sus buenas acciones, decidieron velarla en la iglesia y celebrarle los siete días de duelo que su familia traía como tradición española desde el Califato de Córdova y costumbres maronitas.

Una vez allí el cadáver, sucedieron cosas extrañas, después de las oraciones del anochecer, el párroco veía como dos demonios con cuerpo de hombre y cabeza de macho cabrío, trataban de abrir el ataúd sin conseguirlo. El sacerdote envió emisarios a las casas debido al gran aprecio que sentían, convocado todo el pueblo, reunió a los hombres más fuertes y valientes para que protegieran el cuerpo de la mujer hasta la hora de la sepultura.

Hombre cabra que deambula por caminos secundarios, figura asociada a creencias medievales, proviene de mitos sarracenos. Cada mito se transforma más cuando la nueva cultura lo involucra en literatura y espectáculos del cine. Imagen tomada de https://darktv.es/blog/el-hombre-cabra-leyenda-urbana-o-una-excentricidad-de-la-ciencia/

Hacia las doce de la noche, cuando la mayoría se había retirado y desde ahí hasta las tres de la mañana, aquellos demonios regresaron y rondaron, mayor fue la sorpresa del párroco que oraba desde un confesionario cuando vio que esos hombres, los más valientes del pueblo, huían aterrorizados.

Interior del templo de Marsella. Fotografia de Emilio Rojas en: http://marsella-educativa.gov.co/?start=5

Decidieron el párroco y monseñor, proteger a su amiga difunta, pidieron a las damas del sagrario llevar el cuerpo y lavarlo en agua con canela dentro de la sacristía para purificarlo, según costumbres judías, le aromaron con incienso y le ungieron con el Chrisma griego, un aceite de oliva mezclado con perfumes y bálsamo, consagrado el jueves santo, más otro aceite sagrado de uso en iglesias romanas, ortodoxas y orientales, la velaron durante la segunda noche con oraciones para la sanación de cuerpo y alma. Los demonios rondaban y cuando alumbró el sol por el nevado del Ruiz huyeron hacia la fumarola del cráter.

Preparación del bálsamo sagrado

Aquí no terminó todo, faltaba la última y tal vez, la más peligrosa de las noches para suerte del alma de la mujer y de monseñor. Llegó entre sus invocaciones el espíritu de un hombre alto y corpulento que había peregrinado el Camino de Santiago desde Los Pirineos a Santiago de Compostela, tenía antepasados con aquella mujer buena.

Bendición del Santo Crisma

Juan sin miedo aterrorizaba con oraciones y miradas a todos los espantos, era imagen real de otra persona que llamaron como él cuando llegó por la Cuchilla Atravesada tras el rastro de un caminante que años antes, dicen por Chinchiná, que llegó desde la Tierra Santa. Aquel hombre se presentó al funeral para proteger el cuerpo y el alma de su pariente, la mujer buena, durante la última noche.

Durante siete horas “Juan sin miedo” combatió con los demonios entre una oscuridad sin velas. Salvó el alma de la dama buena. La enterraron al día siguiente. Lamentablemente Juan sin miedo quedó herido de gravedad; antes de morir, su espíritu prometió proteger a cuanto muerto necesitara.

Desde entonces en el cementerio de Marsella, algunos observan a media noche a Juan Sin Miedo sentado en las escalinatas, otros dicen que sienten la energía de un hombre corpulento que protege las tumbas durante los cuatro días antes de la muerte de cualquier habitante del pueblo. Así completa el ciclo de los siete días del duelo hasta la salvación de sus almas.

Escalinatas y cúpula central del cementerio de Marsella

LA URRACA


Me ha gustado tanto esta descripción de la urraca que nos trae Julie Sopetrán, a quien admiro y leo con constancia.

Poco he convivido con las urracas en los escenarios de mi vida; quiza, o soy muy distraido, o tengo cierta ceguera de situación frente a las aves. Tambien porque en mi pueblo solían llamar urraca a cierta dama entrometida.

PERCEPCIONES

la urraca

“Quien escuche a la urraca será un necio”, eso decía el gran filósofo Félix María Samaniego, en su maravilloso poema: El Pastor y el Filósofo. Sin embargo a mi, la urraca, me cautiva más por sus pequeños saltos, que por su graznar. Sabe pavonearse, llamar la atención, hacer ruido, ser diferente. Siempre está inquieta. ¿Busca o teme a las cosas que brillan? Guarda secretamente los diminutos tesoros que roba en lugares que nadie conoce, piedrecillas, lazos de colores, baratijas… Se rodea de cosas inservibles, busca en las basuras, se recrea entre desechos como el propio Diógenes. Me gustaba observarla cuando era niña, cuando iba por el camino de la fuente, por el monte, cuando me la encontraba en las calles, en los jardines picoteando la hierba… Pensé que ya habían desaparecido, porque no las veía, pero me alegra descubrir que todavía existe alguna familia en mi pequeño pueblo.  Las recuerdo…

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Sin cabeza y con rebrujos

Rebrujo.
Palabra colombiana que implica un embrollo de cosas desechadas, por extensión, acumulación de recuerdos inconexos sobre un hecho específico. Tengo mi cabeza vuelta un rebrujo.


Mi cabeza se revolvía con historias que había contado mi hermana. Había fallecido y mi duelo eran tensiones, rebrujo y levedad de oraciones de mujeres desveladas. Encontré en la biblioteca de Amparo una carpeta con narrativas de sus alumnas. Pensé en aquellos días cuando Aleyda López, otra maestra fallecida, escribía que sus niñas alumnas querían casar a la luna con el sol en una escuela que dirigía doña Ester Bedoya por allá donde la lluvia se anunciaba con truenos míticos de la leyenda del oro de Marsella.

Busto de Simón Bolívar en el museo nacional de Colombia

La municipalidad entregó a esa escuela de niñas un busto de Simón Bolívar que habían quitado del parque La Pola, allá colocaron una estatua nueva, las profesoras le fijaron espacio en el monumento a la bandera donde solo permaneció unos días porque se trasladó la María Inmaculada a un edificio nuevo, el Juan José Rondón, habían demolido un inmueble de madera republicano con puertas talladas que roían los comejenes y un político amante de construcciones con ladrillo, cemento y comisiones. Remplazó la escuela donde estudiábamos los niños y ubicaron ahí las niñas.

Aquel busto de Bolívar era un pedazo de yeso que terminó refundido en el cuarto de rebrujos al lado de los baños; al guardarlo, la cabeza se desprendió del tronco; días después, las niñas que entraron a ese lugar a buscar un balón se asustaron, vieron a un hombre sin cabeza que generaba espanto.

El rumor corrió entre una y todas a voz a voz tenue y sigilosa, la profesora Mery utilizó ese efecto para rebrujar el estado de ánimo de las niñas, les decía: —Quien no presente las tareas será encerrada con el hombre sin cabeza.

La zozobra persistía cuando llegó una nueva profesora, María Teresa López, sugirió que debían florecer mejores estados de ánimo y sacaran el busto del cuarto. La cabeza no aparecía, para encontrarla quizá fuera necesario descifrar otras cabezas que cayeron como naranjas de árboles heridos.

El hecho soltó nuevos rumores que sonaban con más susurros, los mayores no lo admitían y las niñas lo transmitían. La profesora dijo: escribamos eso para desrembrujarnos, me lo traen de tarea sin amenazas porque debemos despojarnos de rebrujos.

El rebrujo de mi cabeza comenzó a desenredarse al año de la muerte de mi hermana, entre sus rebrujos encontré aquella carpeta con las cosas que aquella vez escribieron las niñas.

Dibujo a plumilla del artista marsellés Julio Villada Arango, escuela urbana de varones, edificio emblemático de estilo republicano, demolido para ser reemplazado por la Juan José Rondón.

Esa noche divagué en las calles de Marsella, percibía voces de otras cabezas perdidas que vagan entre el silencio de paredes y andenes. Decían que en la noche varias personas veían personas sin cabeza y cuerpos mutilados que salían del rio Cauca y vagaban por las calles y caminos de Marsella, también a Bolívar en un caballo colimocho, algún cuerpo clamaba en espera del jinete difunto, andaba con el perro del mendigo que se había perdido en la noche de la granizada y con el gato de la viuda que se le había espantado por los tiros de Chuchi Sierra cuando la hizo levantar para que le diera la cuota del comparto.

Otras voces sobre la cabeza del busto de Bolívar, dijeron que aparecía en la oscuridad o se notaba en sombras de luz de luna, a veces en las ventanas y otras en los muros, atisbaba para encontrar a los que se habían perdido, no era solo su cuerpo sino las partes de muchos asesinados en los municipios del sur a quienes arrojaron al Rio Cauca, los vecinos de la vereda Beltrán los rescataban y traían al cementerio.

doña Maria Isabel Espinosa. Sus cuadernos y su escritura dedicada al rio – tomado de Magdalenas por el Cauca. https://magdalenasporelcauca.wordpress.com/

Bolívar jamás logró la libertad y liberación de aquellos porque las violencias persisitieron en Colombia durante estos 200 años desde cuando fueron sus batallas por la independencia.

Cuando Tista el enano vendía dulces y salchichón en la esquina de la plaza junto al árbol de mangos, decían que estaba loco porque aseguraba que veía la cabeza de la antigua estatua de Bolívar y hasta se le acercaba para preguntarle si había visto su cuerpo que habían desprendido como lo hicieron con las cinco repúblicas que él liberó.

Algunos niños escribieron sobre los otros chicos necios, dizque habían enterrado la cabeza de Bolívar en un lugar desconocido para que no los siguieran asustando con eso. Otros dijeron que la vieron rodar por un terreno que se desbarrancó cuando cavaron en el lado posterior de la escuela para construir allí una estación de gasolina.

El remanso de Beltrán – Marsella – Fotografía de Rodrigo Grajales publicada en El Malpensante y en Magdalenas por el Cauca. https://www.elmalpensante.com/articulo/828/el_remanso_de_beltran

Los niños de la escuela de la vereda Beltrán jamás vieron la cabeza perdida del busto de Bolívar, sinembargo veían cuerpos mutilados que traía el rio Cauca después de la masacre de Trujillo Valle y de todas las violencias que desagua su cuenca.

Rastro Púrpura es un documental inspirado en la historia de Gabriel, un artista plástico que pinta, Yorlady, que acude al performance para expresarse y María Isabel, una ribereña del río Cauca que le escribe al afluente, como amigo silencioso que carga dichas y desdichas.

Duelo por una virgen entre dos hijos de Eva

Nos llega la voz de los hijos de Eva, ansiosos, groseros, místicos y desnudos. Ya no existe esa verdad ni ha existido, somos fantasía.


Era la mujer más santa y virtuosa que ha dado Marsella, Genovevita Álvarez , casta desde la infinitud de un tiempo bíblico cuando el erótico Adán se dejó convencer de la hembrita esa de la culebra de que sería un pendejo lambe micas si no gozaba los placeres de la carne y se le comía la manzana a la Eva.

Aquel hembro, gestor de los primeros polvos que dieron origen a los humanos, se enchufó el erotismo de Eva y plus, pecado, pecador pillado. Ese goce aún no estaba autorizado, apenas lo sería para reproducción y solo sería posible con la bendición de la mano sagrada de dios.

Adán y Eva – Michelangelo – fragmento

Milenios y siglos luego, nos negaban que los humanos masculinos y femeninos veníamos del útero de las mujeres para meternos el cuento de ese engendro de mujeres descendientes de una costilla de Adán. Él y ella quisieron ser iguales a Dios y ese querer los sacó del paraíso, o eso inventaron los monjes que armaron la biblia y decidieron que Adán nos condenó a nacer cumplables de su pecado, y aún nos cargan a todos esos y otros pecados, esa desobediencia a Dios que debemos pagarla con adoraciones a través de papas, obispos y jerarquías con registradora para medir los diezmos y para alcanzar la redención hasta la eternidad. Y para buscar a ese Dios invisible.

En Marsella, Genovevita Álvarez se impuso la obligación de redimirnos, nos pagó becas para alcanzar la jerarquía de seminaristas con destino al solio del Papa en Roma, no hizo militantes de cruzadas eucarísticas, envió monjas y curas a los conventos y seminarios y en eso se gastó toda la fortuna de la heredad de sus colonos antepasados, pecadores y virtuosos. Hubo tías, tíos y hermanos con sotana, ninguno tan santo como ella.

La Cruzada eucarística tenía un propósito cristiano y pedagógico definido. Se regia por el apostolado de la oración. Fotografía Aqueilado de la Sierra – Brasil 1930

Fiel a sus creencias y razones, podríamos admitir que fue una santa, aunque Gilberto Mejía, compañero en el Instituto Estrada de Marsella, iconoclasta y tanguero, quien pereció muy joven, en esos días nos aseguró a sus amigos: “no doy cinco centavos por la virginidad de Genovevita”.

Por esta profanación, una tarde de la excursión de tres días a los charcos de Combia, aceptó un reto que le propuso don Tomás Issa Álvarez, rector del colegio y sobrino de Genovevita; sería un gran duelo entre dos hijos de Eva, no sé si pecadores o redimidos; días antes, ambos se eludieron en la calle del pecado de la zona de tolerancia del Morro, el mayor para no perder su autoridad moral sobre el otro y este por no ser sancionado al verse pillado por el rector en el lugar más prohibido para los menores y aún los mayores de Marsella, más aún a estudiantes del Instituto Estrada.

Enfrentados a puro pulso y muñeca, escogía cada cual un escondite donde se iniciaría el combate que se lidió lanzándose frutos verdes de guayaba, ambos sabían eludirlos, se jugaron ese duelo hasta agotar el pertrecho de todos los guayabales de Combia, los pajaritos observaban asustados porque los dejaban sin comida, llegaron hasta el final sentados y agotados, aun Tomás defendía la virginidad de su tía y Gilberto su derecho a la duda. No se dieron la mano, se miraron con el cariño profundo de quienes saben que estaban en un juego y sus diferencias eran parte de sus reglas.

Paul Anka, de Otawa (1941) compositor y actor, cantante melódico en la línea de Frank Sinatra y Tony Bennett – Canción Adam and Eve, grabada luego con letra en español por César Costa en México.

Niebla de Marsella

Nadie se queja de la niebla en Marsella, llega para vivir en ella y diluir la soledad entre sus moleculas.


Una niebla me cubría y no llegaste a las siete de la tarde,
caminé el desespero en la calle de Hoyo Frío hasta la plaza
y de allí a Calle Real, La Plazuela y La Rioja hasta el amanecer.

Paso abajo, paseo arriba, una lenta agonía me desgarraba, confluía y me desnudaba desde adentro.

Te había conocido desde siempre.

A las seis de mañana las gotas diminutas arropaban,
moléculas del manto de la neblina diluían mi soledad.
El agua me cubría nuevamente y no llegaste.
Recordé tu dignidad, tan lozana como la niebla de Marsella,
el sereno que refresca la confianza entre nosotros.

Doña Gilma Villa abrió su puerta y me brindó café,
su fervor me miraba de frente con tibieza,
me acogí en su mirada de armonía cariñosa.
Cuidaba de los otros y nosotros, compartió su memoria con relatos de tiempos idos, me narraba sobre personas idas. Intuyó que anhelaba tu llegada, te recordó excitada y sin hoguera: —no esperes a la que no ha de venir—.

Fotografías de marsellese Emilio Rojas Profesor emérito y Adriana María Grizales, Directora de la Biblioteca León de Greiff.

Sonaron distinto las campanas desde la torre y salieron seis palomas a buscarme.
Recordé tu alegría cuando partiste
en sigilo jugabas con tus sueños
marchaste en línea de escalera a la seis de la mañana,
cantabas silencios de tus sueños en Madrid.

Regresaste cuando mataron a tu padre.
Lo borraron en tiempos de borrasca
personas que conociste lo perdieron sin vergüenza,
violaron los códigos de honor
taparon las verdades de sus negocios sucios.

Tu viejo lo sabía y se les negó a vender su tierra
profanaron sin piedad lo más sagrado,
la vida, la pertenencia que se cuida y se protege.
Te atraparon en su violencia injusta,
sentíamos coterráneos asidos de palancas
que empujaron aquella guerra sucia.

Me buscaste, me abrazaste.
¿Qué está pasando aquí?
En esa tarde la niebla nos cubría.
Somos hijos del rocío en mes de mayo
compartimos el llanto de mil pesares
Se nos dañó el terruño.

Cayeron lentas flores desde los guayacanes y
tapizaron el sendero al cementerio,
adornaron las tumbas con huesos sin identidad,
llegaban a buscarlos sus mujeres con trenzas de viudez. Juntaban tanto luto que sus lágrimas se fundieron como balas que hacían polvo sus almas.

Guayacanes en Marsella.

Marchaste como un escarabajo con las patas rotas,
la tristeza debajo de la cama donde naciste
y en tu mesa está el reloj de arena que no cuenta tu partida.
Me dejaste en compañía del ángel de los desvelados,
me cuidará con su legión de mariposas nocturnas.
Continuaré mi paso por las calles hasta el amanecer
en mí la edad creciente no ha fatigado mi tristeza
hasta cuando regreses a la esquina de la plaza.

No soy loco de pueblo y me miran como eso.
Alguien invita a tomar café y me sondea las penas.
También les tengo lástima, marchitos, apegados a la plata.
Prefiero el café de las señoras bordadoras,
del tendero que confiado fía una panela, su seguridad le paga con la fe del vecino que comparte mazamorra de abuela.

Continuaré mis noches con espera de neblina
hasta una aurora eterna que hunda el vacío en mis ojos, con esa infinitud de vueltas de reloj sin cálculos abstrusos.

Amaral – La Niebla

En mi vida hay una casa, chocolatera antigua y ron de Caldas viejo de más de doce años, flores de novio en el jardin y un enredajo de esperanzas.

Te invito a celebrar cuando regrese el dia jamás pensado.

Centauri Castaño

Unos dioses trasnochados le negaron a un hombre desafiante sus nalgas, le ensamblaron un cuerpo de caballo y sus descendientes en el tiempo los dejaron en el olvido y se inventaron la motocicleta.


Mi orígen es la tierra de Marsella con cenizas del nevado. El agua bajaba desde el monte El Porvenir o la Quebrada La Nona, los productos del campo sustanciaron mi cuerpo, conversaciones junto al fogón o en la Calle Real hicieron mi identidad, es tierra de abuelos en la finca Las Peñas, o un terreno contradictorio, La Pereza, alguien le asignó ese nombre para otorgarnos derecho a la libertad en un lugar para descansar y desentenderse de la vida con mirada al firmamento y las constelaciones en la noche.

El Centauro de Creta- Salvador Dali – Litografía firmada de 1970 catalogada por Michler Löpsiger con el No. 1272 – sin garantía de firma auténtica.

A veces me busco entre las calles de mi infancia y los árboles de mango del parque donde están enterrados muchos sueños y los pasos de mujeres vírgenes que desfilaban al colegio Bethlemita.

Pienso que si uno reconoce el germen de los polvos y los átomos que lo formaron, merece existir en la esperanza y alegría hasta cuando las últimas cenizas regresen a la tierra en un lugar genealògico, origen y final es la tierra para todos, incluso quienes prefieren los mares y el olvido.

El arco de mi vida se potenciaba, niñez y adolescencia, la adultez en esa y mil calles de ciudades; año a días y siempre, se sueñan los caminos de una infancia con tierras veredales, Miracampo y El Congal como un viaje en búsca de plenitud y trascendencia que se transformará en humus de cementerio en Marsella.

En mis viajes de los sueños he visto a Fernando Castaño montado en el caballo de sus tiempos, cabalga en sus parajes con sombrero alón y pañuelo al cuello de jinete aventurero, despuès de una cópula se secó el sudor y salió de una película de vaqueros en el teatro Marsella. Era el gran protagonista en los ideales de las mujeres que jamás pudimos conquistar, solo con él vibraran hasta mojarse. Se decidieron por cualquier otro el día cuando supieron que lo atrapó Gilma Rodríguez.

Estatua de centauro en Pompeya – Fotografía de Michael Lai – Jubilado residente en Hong Kong que se ha dedicado a recorrer el mundo y compartirnos sus fotografias que son la mejor narrativa de su viaje. https://retireediary.wordpress.com/2019/10/17/statute-at-pompei/ Si quieres conocer el mundo sigue a Michel.

Ellas a Fernando le tenían un apodo secreto, “El centauro”, ese ser de la mitología griega con cuerpo de caballo pegado a un torso con brazos y cabeza de hombre.

Se decía que siempre cabalgaba hacia el monte de La Ermita; hacia allá lo imaginaron, se bañaba desnudo en la cascada y lo observaron desde atrás de los matorrales, decían que convivía en equilibrio con la naturaleza, que su labor eran cultivos y crianza de animales, lo justo y necesario para vivir en armonía, si tumbaba un árbol para la leña de la casa, plantaba otro.

Dalí – Centauros voluptuosos – firmados y fechados con la pluma de Gala – Propiedad de la colección Mintz – https://www.christies.com/lotfinder/Lot/salvador-dali-1904-1989-centauros-voluptuosos-5136823-details.aspx

Lo sueño en un bosque de niebla con prados y nogales, fresnos, cedros y árboles  de hoja caduca, sociable con los pájaros y los venados, amoroso con las vacas que sabía enlazar en lanza de arco y un zurriago que azuzaba con fuerza para hacer vibrar el viento. Jamás fue herido por flechas venenosas como los centauros míticos; por eso mismo, jamás debió reunirse con Chucho María Estrada, aquel monseñor representante de los dioses y los santos católicos en Marsella, jamás le anunció que renunciaría a la inmortalidad porque él reconocìa su fragilidad, incluso en estos días cuando camina en las mañanas con su bordón y un perro negro.

En la mitología la sociedad de los centauros es de tribus, suele haber una élite de centauros guerreros y un sacerdote considerado el líder. En Marsella Fernando Castaño no era de la élite, no usemos esa palabra, la familia Castaño de Fernando ha sido distinguida, aunque se ignoran sus antepasados andariegos de origen europeo.

Dicen que el castaño, originario de Europa Meridional y Asia Menor, para algunos simboliza la llegada de los romanos a la península ibérica para localizarse en Alava, las aves, los insectos y las corrientes del aire mueven migraciones de vida vegetal, los castaños viajaron con ellos a muchos países, se movían entre paisajes frondosos, árboles y marineros Castaño migraban como pájaros y nubes de semillas viajeras a Génova Italia, Galicia y provincias de España desde donde la vida ha viajado a América con sus leyendas y eso coincide con el mito de los centauros que se movían desde Grecia por el mar mediterráneo. De allá son tantos abuelos y apellidos.

El castaño árbol de origen mediterráneo – https://es.wikipedia.org/wiki/Castanea

El Centauro Castaño, tuvo poca afición por el licor que nos transforma en seres desagradables y algo toscos, incluso agresivos. Una de las leyendas de la mitología griega cuenta que el primer centauro fue Chirón, un titán que armò su guerra con los jóvenes dioses del Olimpo y la perdió. Apolo, el dios de la luz y la razón, lo convirtió en mitad hombre y mitad caballo. Fernando es hombre bastón y perro.

Camelo el celestino

Un pasaje de novela.
Narrativa que escuché a un jubilado que trabajó en el Ingenio Central Salinas, Puerto Rico.


Hablaba de mis abuelos: Esos muchachos calmaban su sed en el manantial de los peregrinos, dijo. Emilio bebía en los labios de Sara, el chorrillo de la fuente saltaba hacía el canal de su lengua, buscaba en sus labios y ella le participaba la frescura del agua y el encantamiento acariciante de un roce con la lengua. Camelo observó respetuoso y con esa actitud se los ganó; los días los encontraron en el mismo sitio y una tarde los animó con sus conversaciones, él tenía un humorismo espontáneo.

Mujer Taina –

Busqué ese retazo de mi historia y llegué a ese tiempo en esta playa. Una tarde, la mar se tragaba el sol y devolvía resplandores, escuché carcajadas del pescador. Camelo evocaba la piel cobriza de su mujer, su cabello largo y negro, un rostro nativo donde resaltaban sus ojos oblicuos, una descendiente Taína de la región cacical de Albeyno, buscaba fortuna en casinos y playas por todo Borinquen.

Él siguió una táctica para retener a mis abuelos, conducirlos y atraparlos hacia un mayor conocimiento mutuo; los vio juntos, estuvo seguro de que vivían momentos destinados a unir el destino del uno hacia la otra y usó su experiencia de celestino contador de historias, así compartió esos momentos de entretenimiento que les unieran más.

Monumento a Roberto Cofresi en Cabo Rojo – Puerto Rico

Les narré las peripecias del pirata Cofrettsí cuando pasó y quedó en estas aguas. El muy bribón perseguía a un brick danés que conducía mercaderías de Nueva York a Saint Thomas. Cuando los ojos filibusteros de Roberto Cofrettsí y Oder Mann de Orellana divisaron su objetivo en su paso hacia una corriente de mar, cercana de aquí, allá donde vuelan esos petreles, ese lado hacia la Isla Mona—. Y me señaló la mar a lo lejos, más allá volaban gaviotas, como se lo indicó a mis abuelos esa tarde. Me suspendí tan pendiente de su narración como ellos en su día.

Hizo una pausa para sus asfixia con tos de fumador y dijo:
Cofrettsí y Oder Mann de Orellana ordenaron la persecución y el abordaje del brick con una docena de rifleros, otros ocho saquearon las bodegas, mientras las hojas anchas y cortas de los sables de otros piratas se agitaban con facilidad entre la maraña de jarcias y cuerdas de la cubierta—. Aquí Camelo dio fuerza a su relato con más gestos y sacó una navaja, comenzó a cortar hojas y regarlas en el suelo para darse ambiente de la escena. —Entraron en acción otras espadas de hoja larga que actuaron de filo y remataron a la tripulación, trasladaron el cargamento—. Me llevó al mar como a mis abuelos y se metió en el agua, se hundió en ella y resurgió con su narrativa.

Barco pirata – turístico

—Los piratas hundieron el brick y huyeron sin amenazas hacia aguas de su confianza. Bordeaban libres e impetuosos hacia una mar tenebrosa para quienes les persiguieran, avanzaban y alguna fantasía les hacía regresar, una y otra vez y más de veinte veces; sin comprender por qué razones, volvían a estas mismas playas donde comenzaron a oír unos cantos corales de sirenas que los aclamaban y los enamoraban. Otra pausa para su tos y prosiguió:
—Eran hombres alucinados que iban y venían con sus corazones atrapados y amarrados con anzuelos de oro en esa red de cantos que los confundieron, sus pupilas dilatadas perdieron todas las formas de la superficie del mar y los deslumbró el sol del ocaso en la plenitud del brillante dorado sobre aguas de mar Caribe hasta cuando se ocultó.

El barco flotaba en aquel espejo amarillo y denso cuando se intensificó el flujo de la sangre de la tripulación, a todos esos piratas se les iban a estallar sus corazones y también reventar sus arterias.

Fue en esa hora cuando los enloqueció un bisbiseo de sirenas silenciosas de altísima frecuencia, un sonido que ya no era siquiera perceptible a sus oídos, tal era su vibración que las maderas de su goleta se desintegraron en un estallido de aserrín y sus cuerpos volaron despedazados hasta convertirse en átomos, su materia cayó vuelta ceniza entre las olas y se disolvió entre las profundidades del mar.

Solamente sobrevivió un marinero del brik danés, eso porque se arrojó temprano al agua del mar y supo taparse los oídos con un trapo, sin embargo, quedó alterado de mente, aquel personaje fue el primer antepasado que reconocen los nativos de Central Aguirre para tu abuela Sara.

Ella no me lo quería creer, lo indagó con tu abuelo Emilio Palacín en los archivos de la isla y descubrieron esa parte de su historia en narraciones de los viejos. La isla lo acogió como un náufrago salvado por Calipso, la hija del mar, y con ese nombre se le reconoció hasta el día cuando lo partió un rayo en otra tempestad. Murió incinerado. Vengan ahora tras de mí y les muestro aquel paraje de la costa donde aconteció—.

Luego me habló de rayos y tempestades que caen en lugares de la isla, son puntos que indican la cercanía de tesoros enterrados por los piratas o ayudan a ubicar los sitios sagrados donde están las tumbas de los indígenas Taínos.

Siete maneras de pensar la economía

Kate Raworth, propuso“ Siete maneras de pensar como un economista del siglo XXI”.


Tomado: https://www.elnacional.cat/es/cultura/kate-raworth-economia-rosquilla_247647_102.html

“Los políticos están atrapados…son adictos al crecimiento delpib

Tomé notas de Doughnut Economics – Publicación

Kate Raworth, economista, Senior Visiting Research Associate en el Environmental Change Institute de la Universidad de Oxford, profesora en el Master, Cambio y Gestión Ambiental y Asociada Senior en el Instituto de Cambridge para el Liderazgo de Sustentabilidad, e Investigadora Senior en Oxfam.

En el Festival 2017 “Innovación Disruptiva” propuso “ Siete maneras de pensar como un economista del siglo XXI”.

1)        Cambiar el objetivo.

En 70 años, la economía enfocada al PIB como medida de progreso, justifica la desigualdad en ingresos y riquezas, y la destrucción del mundo viviente.

Necesitamos un mejor objetivo: satisfacer los derechos de cada persona dentro de los medios que brinda el planeta. El desafío es una economía -de local a global- para  la humanidad en espacios seguros y justos. En lugar de un PIB cada vez mayor, descubrir cómo prosperar en equilibrio.

2)        Ver la gran panorámica.

La economía dominante es extremadamente limitada, es diagrama de monedas y flujo circular. Refuerza la narrativa neoliberal de la eficiencia del mercado, la incompetencia del estado, la domesticidad del hogar y la tragedia de los comunes. Debemos volver a la economía con la sociedad, dentro de la naturaleza energizada por el sol. Requiere otra narrativa sobre el poder del mercado, la asociación del estado, el papel central del hogar y la creatividad de los bienes comunes.

3)        Nutrir la naturaleza humana.

Economía del siglo XX que retrata un hombre económico racional: egoísta, aislado, calculador de gusto fijo y dominante sobre la naturaleza, ese retrato le da forma a lo que nos convertimos.

La naturaleza humana es más rica que esto: somos sociales, interdependientes, aproximativos, fluidos en valores y dependientes del mundo viviente. De hecho, es posible nutrir la naturaleza humana en formas que nos den una perspectiva mucho mayor para entrar en espacios seguros y sustentables.

4)        Pensar en forma sistémica.

Tomado en https://www.pnliafi.com.ar/pensamiento-sistemico/

El cruce de las curvas de oferta y demanda del mercado es el primer diagrama del economista, tiene raíces en metáforas del equilibrio mecánico del siglo XIX.

Ese no es punto de partida, existe el dinamismo económico sistémico, resumido por un par de bucles de retroalimentación. Esta dinámica abre más puntos de vista, desde el auge y caída de los mercados financieros a la naturaleza autorreforzante de la desigualdad económica y los puntos críticos del cambio climático. Dejemos las esquivas palancas de control para administrar la economía como un sistema complejo en constante evolución.

5)        Diseñar para distribuir.

En el siglo XX, la Curva de Kuznets- nos susurró su poderoso mensaje de la desigualdad: tiene que empeorar para que pueda mejorar, y el crecimiento, eventualmente, lo levantará. Pero la desigualdad no es una necesidad económica, es un fracaso en el diseño.

Los economistas del siglo XXI reconocerán el diseño de economías más distributivas del valor que generaron, idea representada como una red de flujos, significa ir más allá de la redistribución del ingreso para explorar y  redistribuir la riqueza que se encuentra en el uso de la tierra, la empresa, la tecnología, el conocimiento y el poder para crear dinero.

6)        Crear para regenerar.

La teoría ha representado un entorno “limpio” como bien de lujo, solo asequible para los acaudalados. Visión reforzada por la Curva Ambiental de Kuznets, él susurró que la contaminación debe empeorar antes de que pueda mejorar y el crecimiento, eventualmente, lo limpiará. Y no existe tal ley: la degradación ecológica es resultado del diseño industrial degenerativo. Necesitamos una economía que desate el diseño regenerativo para crear una economía circular -no lineal-, los humanos serán participantes plenos de los procesos cíclicos de vida en la Tierra.

7)        Ser agnóstico acerca del crecimiento.

Un diagrama en la teoría económica es peligroso, no se dibuja el camino largo del crecimiento del PIB. La economía dominante considera el crecimiento económico sin fin como un deber; sin embargo, nada de la naturaleza crece para siempre, el intento de vencer esa tendencia plantea dificultades en países de alto ingreso y bajo crecimiento. No será difícil renunciar al crecimiento del PIB como un objetivo económico, pero será  mucho más difícil superar la adicción a él. Aun consideramos que las economías necesitan crecer, sea que nos hagan prosperar o no. Pero necesitamos economías que nos hagan prosperar, crezcan o no. Ese cambio de perspectiva nos hace ser agnósticos sobre el crecimiento y explorar cómo la economía, adicta al crecimiento en  su punto de vista financiero, político y social podría aprender a vivir o sin él.

Tiempos de oro en Tacaloa

Personas y familias, llegaban a Segovia atraídas por el oro. Allí caían muchos rayos y con cualquier llovizna los relámpagos señalan las vetas y los truenos sonaban más fuerte que en otros lados.


Cazadores de rayos

El mito de los rayos atraía a los ambiciosos. El cuento comenzó ahí, hoy tiemblan agujas de pararrayos en las torres de la iglesia y aún repercuten los comentarios del mito en los treinta y siete túneles imaginados donde ni quedan rescoldos de la mina de míster Smith.

Marsella pudo ser Tacaloa, esa mezcla de conversaciones y memorias que se han hablado y repetido en sus calles, tantas veces, desde una noche de octubre cuando un rayo se clavó por una veta, su energía se clavó y viajó entre minerales del suelo de la cordillera de los Andes con velocidad de la luz, relumbró lejísimo, cada relumbrón viajaba más allá y despabiló bajo una cama, más al norte, donde marcó una ruta con las señales de Espíritu Santo a Jesús María Estrada, él era de Pácora – Antioquia, viajó al nuevo caserío, enviado por el obispo de Manizales, Gregorio Nacianceno Hoyos.

Monseñor Jesús María Estrada – Marsella años 60

Jesús María, ejercería en Marsella como cura de almas y pecadores, con poder de misa y olla, el rayo que marca el oro es señal divina, estamos signados por los designios de Dios, decía, y así domesticaba a los hijos descarriados del Dios católico, liberales radicales, rebeldes y sometidos en la guerra, y conservadores perdidos entre los vicios y la ambición del oro.

Algunos liberales radicales eludían esos sermones, ¿cuál plan divino? Nosotros mismos somos dueños de nuestro propio destino, sin dioses y sin curas delegados. Cada quien debe luchar por si mismo y si quiere encontrará su divinidad sin curas intermediarios.

Los mitos del Oro

Siglos años antes, tiempo de conquista española, habían llegado los López, andaban por ahí en los viajes del fundador Jorge Robledo, se multiplicaron y a pesar de los pueblos mineros y familias enriquecidas, en el siglo XVIII Antioquia estaba tan pobre como el África.

Habían López en Arma y caseríos hacia el sur, en Honda y todos lados. En el siglo XIX se inicia otra colonización antioqueña. Por Sonsón aparecieron los Jaramillo, descendientes del Tata y el cura, otros inmigrantes aparecieron de Aguadas y Sonsón, ascendientes del apellido Álvarez con antecesores de Extremadura (España), antes de 1811. Buscaban vetas de oro, o tierras fértiles y libres.

Sonsón Antioquia. Fundado en 1789 – Fotografia de la Alcaldía de Sónsón.

De Abejorral migraron a Sonsón, Aguadas y Pácora, más familias que venían de Galicia o Asturias, otros López y los Ángel a Yolombó, los Salazar a Támesis y los que no alcanzaron tierra por allá, unos y otros llegados de España, los empadronaban en Rionegro, vivían unos días en Marinilla y pronto seguían, unos estuvieron por Sonsón donde eran dueños los Villegas, a los años siguieron a Salamina, Jericó, y más lugares de esa migración colonizadora, pisaban las huellas de Fermín López, fundador de Chinchiná y Santa Rosa.

Los rayos les anunciaron un espacio telúrico y mágico, siguieron por montañas hacia el sur tras los pasos de los Pineda, Bedoya, Betancur, Castaño; correa, González, Jiménez, Morales, Muñoz, Otálvaro, Toro y Montoya, más otros rebuscadores de nueva tierra prometida con su imaginario de migrantes judeocristianos desde los tiempos de la Biblia.

Buscaron tierras nuevas, lo señalan las escrituras, y querían salvar a los colonos que habían fundado un pueblo en parajes con oros perdidos por el camino de los malditos infiernos. Años más y llegaron los Issa y Abdul, Yaker y más apellidos que se radicaron en Pereira, habían viajado desde Oriente, el Líbano donde cristianos Maronitas padecían las guerras de Turquía.

Se oye que bajo la iglesia y la plaza está la veta más grande; y dicen que, los ingleses propusieron trasladar Marsella a Tacaloa, una finca junto a la quebraba La Nona, cerca al rio Cauca, los pobladores se negaron y los ingleses se fueron.

Marsella fundada en 1860. Fotogradía de Adriana Grisales. Directora de la biblioteca Pablo Neruda.

Tacaloa es topónimo de origen en lengua Chimila, nombra a un poblado de la ribera del río Magdalena al norte de Magangué, allí se reunían los Chimila cada año, indígenas nómadas ancestrales, rebeldes e independientes y perseguidos que recorrían los valles del Magdalena y la Sierra de Santa Marta, Tacaloa significa “lo que se conversa junto al río”, y Segovia o Marsella, era un pueblo construido sobre imaginarias vetas de oro y conversaciones con palabras indígenas y de otros lados, llegaron con leyendas, migraciones y creencias.

Míster Smith en Tacaloa

Parece tratarse del ingeniero David R. Smith, en un texto aparece como gringo y en otro inglés. Tramitaba derechos de exploración en zonas baldías y se asociaba en compañías de colonización. Él contactó a míster Cárter, quien trazó acequias que llevaron el agua a la mina y exploró la riqueza aurífera en Villarrica de Segovia. Llegó por referencias de Fortunato Pereira Gamba, profesor e Ingeniero de Minas, su compañía tenía una publicación y muchos datos que no consignó en su libro Riqueza mineral de la república de Colombia.

La mina Vetas Santader

La Sociedad Importadora y Comercial de Pereira Gamba, divulgó el estado de la invención internacional y brindaba asesoría legal y técnica. Ese boletín de su empresa solo informó de yacimientos empresariales: La Salada, Remedios y El Zancudo, en Antioquia o los distritos mineros de Marmato y Manizales; sin embargo, orientó a míster Smith en Popayán con señas geológicas e informaciones sobre procedencias del oro que se negociaba en Manizales, incluso otros ingleses visitaron e indagaron por el oro de barequeo en el río San Francisco. Había mapas de Fortunato sobre vetas auríferas a lo largo de la Cordillera Central y afluentes del río Cauca.

Mister Smith, cuyo nombre no recuerdan las historias, ni quienes las cuentan, dicen que obtuvo licencia del Estado Soberano del Cauca para explorar al sur del río San Francisco. No se conocen, ni busqué los documentos, se dice por tradición que hizo exploraciones en el distrito “Villarrica de Segovia” – provincia de Robledo. Exploró tras rumores y excavaciones que al medir su rendimiento no aseguraban rentabilidad, solo en la veta que atrae los rayos bajo la iglesia, agregan las lenguas más piadosas.

Míster Smith pasó como un ser de magia y mito. Un ideal que reluce y se disipa en las conversaciones de ancianos fallecidos y consultados. Don Alfonso Ramírez y otros mencionan a míster Cárter.

Deberías estudiar la leyenda del mito del Vellocino de Oro. Busca Jasón y los argonautas, es mitología griega y está en el cine. https://redhistoria.com/mitologia-griega-el-mito-de-jason-y-los-argonautas/

Desde la antiguedad existen leyendas con mitos del oro. Alguna vez escuché a Martín Sanchez en Marsella, fui cuidadoso al hablarle y escucharle porque era muy sordo y desde esas limitaciones, su mente comenzó a divagar y él en sus dias de lucidéz sacaba a relucir sus mitos.

Me aseguró que desde el bosque donde nace la quebrada de El Socavón, ahí donde sacaban el oro, salia una gata de oro que recorría la calle empedrada que llevaba a la salida a la zona rural de Valencia. Y esa, lo aseguraba muy forme, era la gata que se había comido a los pollitos de oro que seguían a la gallina del Alto del Chuzo, Martín Sanchez hablaba esas cosas porque nació en esos parajes, descendiente de Juan Antonio Sanchez, quien llegó de Valencia España cuando lo hicieron venir por haber participado en una huelga de hilanderos y cultivadores de cereza, organizada por un sindicato anarquista. Cuando lo empadronó el cura de Rionegro y quiso hacerle creer cosas del catolicismo, se le reveló y lo hicieron ir de allá, acompañó a Mosquera en las guerras y le adjudicaron tierras en Miracampo.

Gata “Vellocino de oro”. José Horacio Martínez – Alejandro Valencia. Se creó en el concurso artístico que buscaba una gata para el gato de Hernando Tejada. Artista que generó una estatua al gato que es emblemática en Cali. https://es.wikipedia.org/wiki/Las_novias_del_gato

Gato de Hernando Tejada – Cali

Amo tu lujuria

En la moral antigua, lujuria es un deseo sexual desordenado e incontrolable. A dia de hoy, en el sexo y el placer, priman la diversión y la lujuria, y satisfacer esa necesidad tan básica, da equilibrios mentales y buenas emociones.


Perdón por mis modales
en mi vida nadie nada
no me educaron fina
ni tengo mentira en la sonrisa.

Sin mover bien las manos
ni retocarme el pelo
Solo siento atracciones
no sé buscar tu abrazo.

Últimamente vivo con ojeras.

Sólo miro adelante,
no me fijo en quién viene por los lados
ni percibo quién llega por detrás.

Solo siento tu lujuria y egoísmo,
el alma anda perdida
delira en dormitorios
No confió en lo que se mueve frente a mí.

Disculpa, te siento estás aquí,
no te he visto hasta ahora.
Perdón por no saber
cómo actuar si estás cerca.

Dispensa este desbarajuste mío
no contaba que vendrías.
Quería que me amaras
ese amor que da ganas de amar más.

Lento y largo y mucho más que tengo escalofrío.

Leonardo Sanz. República Dominicana.
El cuarto de la lujuria. Tela acrílico 120X152 – Artelista

Perdón por los libros esparcidos entre episodios por leer
el periódico de hace dos semanas con crucigramas que hicimos,
sé que podrás amarme aquí, con huellas de tu cuerpo
sobre la ropa mía acumulada encima de la cama,
no pude desprenderme de tu olor sudoroso de madera
que me impregnaste en los tejidos con todos tus humores.

Disculpa mi pinta y este pelo largo.
No sé cómo explicarlo,
se comenzó a crecer con el deseo más intenso cada día y día
tras días más desde cuando me dejaste aquella madrugada.
Ámame así, con ese amor de marzo hasta septiembre
y esa alma perdida refúgiala en mis brazos.

El tinte por hacer, las uñas por pintar,
la cara por limpiar y los ojos por secar.
Ocúpate de estos labios mojados y mi cuerpo mojado
con esa llovizna que secretan mis sentidos por ti.

Me hundía en el desespero de estas ganas de ti,
porque todavía sueño noches antiguas y música lejana.
Sospecho que piensas mi mirada
la mía todavía se esconde en tu mirada.
Sé que no habías venido y no te habría abierto
hoy estoy abierta a vos.

No tengo que ofrecerte
más allá de mi cuerpo anhelante
Perdón por los vasos sucios
mis botellas vacías o el pan duro,
Tolérame así con las libretas llenas.
Sin papel, sin espacio
Con los renglones llenos de letras que cantan tu recuerdo.

Paolo y Francesca: Lujuria en el infierno de Dante
Los fantasmas de Francesco y de Paola aparecen ante Dante y Virgilio en el infierno.
Autor: Ary Scheffer (1795-1858) Óleo sobre tela – 171X239 cms. Museo Louvre de París.

Septiembre de amor vacío

Volvía su rostro sudoroso a la botella de ron, servía Memito, sus dedos largos señalaban el balcón que abandonó su mujer. Sin nada puesto encima y amarrado a la cobija le pusimos la pijama.


En la web hay mucha letra sobre esas cosas del amor que refieren mejor los cantantes y buenos compositores como Camilo Sesto, quien interpretaba en sus canciones la alegría de los enamorados y el dolor de la separación. Hoy encontré en El Tiempo de Bogotá, una columna de José Miguel Alzate, un médico manizaleño gran poeta. el tiempo.com/opinion/columnistas/José-miguel-alzate/y-se-nos-fue-camilo-sesto-columna-de-jose-miguel-alzate-414356

Obra de Carmen Mansilla. óleo sobre lino belga 73X116 cms. Exposición en la Galería Leucade en Murcia, celebración que reivindica el poder de la mujer en el mundo del arte, exposición denominada “Safo”, Sofía Martínez H, quiso innovar el mundo del arte en Murcia y se arrojó al vacío por amor en Leucade y dijo “me arrojé al vacío por amor al arte al abrir Leucade.

Con estas penas y alegrías del amor, como dice un poema de Rafael de León, celebramos este fin de semana de amor y amistad en Colombia. Quien más celebra estas cosas de vida amor rosa con regalos y parranda es Fenalco, gremio de los comerciantes.

En dias como estos, recuerdo a Memito, compañero del colegio. Celebramos esta fecha en años lejanos, él en pijama y con la cobija en la mano, un bar de mala muerte en Apía, con él la tristeza que lo acompañaba desde los rincones donde se grabaron sus palabras, la mujer lo había dejado y lo acompañamos en ese festín vacío. Tomé notas de las cosas que conversaba con cada trago de ron y una canción de José Luis Perales.

De aquella noche nació este poema despues de pensarlo y recordarlo mucho mientras viajabamos en la buseta de don Roberto Zapata desde Apía a Pereira con los cuatro corotos que le dejó la mujer a memito.

Llegó septiembre, encontré el vacío,
sacó muebles y cosas, se disiparon sus perfumes,
ya no toca mi piel, ya no entra y sale con el aire,
nada habla a solas conmigo.
Llevó su risa remojada en lágrimas, dejó el cuarto vacío.
Este domingo a la casa solitaria me acompaña el aire,
y la fuerza gravitacional que me clava en mi lugar vacío.

Mi brújula señalaría un norte y no se hacia dónde ir,
el cuerpo me pide un estado de reposo,
no habla a solas conmigo el aire,
se revuelve en un éter de vacíos.
En mi tiempo gira una masa de contrastes,
limitado al silencio en órbitas libertarias.
Mi lugar tiene puertas y más puertas,
cada puerta que abro llega a un vacío con más puertas
y en cada nueva puerta más vacíos con más puertas,
y no sé adónde ir, la libertad me amarra.
No sé cuál es la naturaleza de esta nada.

Me ha dejado un vacío y mil vacíos más,
y en la interacción de esa nada con las cosas
se quedaron los silencios que me alejaron de ella,
aquellos contornos sin sonido en donde me perdí,
nubarrones de ruido y de miedo incontenible,
ambiciones de un nada confuso con fijación vacía.

Y me quedado ahí, con una nada que buscaba.
Se ha ido ella y me dejó el vacío.

Alma de ceniza

Alma de Cenizas, un caballero carbonizado que empuña su espada en espiral, ha encontrado el horno de la primera llama, lo cuida La Guardiana del Fuego.
Mi alma de ceniza son genes que vienen desde el nacimiento de la vida, rodaron por el borde de las rocas abisales, separaron y unieron mundos, agua salada en suspiros de bocas ilusionadas.


Volcán nevado del Ruiz desde Manizales

Mi espíritu sustentado con cenizas volcánicas
salió del Ruiz, flotó en el aire, bajó suave.
Desde encima del tejado de mi casa
penetró por hendijas a buscarme,
a darme su substancia universal,
depositándola en el vientre de mi madre.

Mi ceniza encendida desde palabras viejas
descubre el alma entre las habitaciones,
lavada con la lluvia de pesares es abono,
es lejía que me limpia y es mi fuerza.

Emisión del cenizas desde el Volcán nevado del Ruiz

Ceniza flotadora sobre pompas de jabón
allí se sostiene resbalosa y tiene brillo;
y si se ejerce fuerza en ella,
evita romperse, se transforma.

Cuando un niño la eleva,
es ceniza en su estado original,
busca el azul del cielo, la luz que le de brillo.

Parque Natural los Nevados. Tolima primero, Quindio, Santa Isabel, El Ruiz al fondo. Vista sur a norte. Cordillera Central Colombia.

Mi ceniza es hermana del viento del nevado,
brotó disparada con ráfaga y temblores,
en busca de rayos y tormentas,
fraguada entre calores del magma de la tierra,
allá regresará errante tras el viento,
y no será al morirme porque no muere el agua,
es eterna con lava de volcanes en la piedra,
que se transformará en mil tiempos,
en edades distintas que no cuentan los relojes.

Luces de ceniza vista desde Pereira

Mi ceniza es la luz, me hace soñar con ella,
desde la refulgencia del centro de la tierra,
eludió la oscuridad, salió a brillar encima de las hojas,
a dar el sustento de la vida, errante con canciones,
con vientos y tormenta, en la humedad engendra amor,
la arquitectura viva que me edifica y fragua mi cemento.

Retorno en una noche de septiembre

Mi palabra busca los relámpagos desde la antigüedad del libro. Sigue caminos y llega a la ciudad después de la lluvia, persigue a los noctámbulos y acaricia la piel de las mujeres y los niños.
Mi palabra escucha el recuerdo del anciano y comparte asombros puros, a veces combate sin cerrar los ojos como una espada alerta y persigue los espacios bulliciosos del mercado.


1

Anochecí con ansiedad en la mirada

y jugué la vida en tela blanca,

a lado una amiga de cristal y su lado de tensiones.

Tiré mi suerte, perdí el abrigo de delirios,

malgasté de su bolsillo el mundo que no quise,

salió con unas alas que jamás había usado,

brillaron sus anillos y sus ojos abiertos.

 2

 Malabareaba entre todas estas cosas,

guerreaba en carreteras con torbellino y ríos,

aviones y oficinas ocupadas por burócratas,

y sobre mí el poder capitalino,

su ralea aglutinada, las tensiones

malestares me acosaban,

señoríos de tierra, vacíos de polvo.

 3

Sin los amigos y uno no se encuentra,

sin la luz que complica la vida espiritual,

metarrelatos que cruzaron mis rejas de la luz,

la llamas inextinguibles me acorralaron,

me desprendí de todos ellos entre la luz nocturna,

sopla brisa, silencio, lluvia, luces en el camino.

 4

Liberado del pensamiento malo,

colgué trabajos y todas estas piedras

de cara el muro me acogía a vivir con poca plata,

a sumar pormenores y gobernar las deudas,

auné palabras y tiempo en las conversaciones,

y llegaron los amigos cargados con su tiempo

también llegó el silencio que anuncia sus palabras.

  5

 Descifré lo que no es nada,

la idea de reinventarnos,

el nada es todo lo que es y me dejó empezar,

la hierba mala enmudecía, se marchitaba al paso,

me llamaban las infinitas cosas diminutas,

para mostrar que soy lo que son mis hechos,

a mitad de mi camino, la canción de la noche.

6

Me llamaban al espejo de las cosas ingenuas,

la tarde como imagen, el consuelo del color,

el silencio entre el miedo y la memoria,

entre la frondosidad mi árbol arraigado,

la noche que arrulla mi ciudad,

sus calles que persisten entre su movimiento,

ideales bajo sus nubes de oro y de miseria.

 7

Seguí el camino y me regresé a empezar,

sembré palabras, me llamaron los colores,

mi ser libre de sueños fulgurantes,

las palabras germinaron en el habla sencilla,

empieza a amanecer, oigo cantar, llegan los colibríes,

sabré si he de ser menos, átomos de mi sangre,

y espero no desmoronarme hasta la muerte.