El vecino


La ciudad se refleja en cada uno de nosotros a través de una rica gama de correlaciones.

PajaroPolo salía tempranero con ojo alerta y corazón tibio, movía su mirada al paso de los colibrís que buscan las bromelias en solares y flores de sietecueros a la orilla de la ciudad, la rivera vecina a Dosquebradas. Conocía sonidos de mirlos o gavilanes, saludaba a la pava caucana que se detenía en el árbol laurel de la casa de Matilde y percibía el sonido de flauta traversa que entona el cucarachero flautista, o la emisión sonora de la tórtola frentiblanca  y otros pájaros en la orilla del Otún, él se detenía en sus comederos a las seis de la mañana, esos lugares donde crecen el llantén, la verdolaga, el diente de león, la lengua de vaca y las que comen a las seis de la mañana.

Polo podía leer la corriente, aunque estuviese turbia, en el tono azufrado del agua intuía el estado del volcán, señalaba el cielo, con el dedo al cielo media la velocidad de las nubes, viento o calor de sol y auscultaba el clima. Con esa información tenía una palabra nueva para llevarle vida a la primera señora del barrio que encontrara, o al primer señor, y ahí él era ya reconocido; después, no tenía desaliento al treparse la loma de la trece, la calle más parada de Pereira, iba a un paso afanoso a comprar arepas donde Isolina, o subía la falda de la quince para comprar leche y pandebonos, por ahí los otros  sudaban la gota gorda, él no. Polo, aunque no era el personaje de los mandados, hacía muchos favores a las mamás o las señoras de sus amigos, porque era íntimo de la casa, sabía todo lo de todos, el primero en un saludo de cumpleaños, lo más necesario y urgente en el caso de un enfermo, adivinaba el día de las quinceañeras y todo acontecimiento con celebraciones entre familias y amigos.

Polo era un vago buen vecino del barrio América que no terminó el bachillerato porque alucinaba y a ratos se vestía de mujer; lo recordé ese día, el mago de una tractomula la volteó para bajar por la loma de la calle trece desde la esquina de la carrera cuarta hacia la avenida del rio, maroma que le supo a cacho, ahí no estaba Polo, ni en la esquina supieron para atajarlo, se precipitó en bajada, se le torcía y le jalaba, frenó echando humo con olor de caucho quemado y alguien le puso una tranca, llamaron una grúa porque de ahí ni para delante ni para atrás. Polo estaba chupando gladiolo en el cementerio de Circasia, porque dicen que era ateo y un fanático lo mando a matar, también porque le pareció marica; simplemente, él no se sentía mal andando con su primo cuando se vestía de mujer, ¿por qué?  si era su primo, y, además de eso, era buena gente y necesitaba andar con el mismo atuendo para acompañarlo y reconocer de eso modo la otra forma de la vida fragmentada en la ciudad, y desde otra cara tan desconocida como la cara que mira hacia los ríos.

Una tarde en la misma esquina de la trece, Polo me explicaba mientras miraba fluir carros en el viaducto: Pereira es una ciudad que se mueve a más de trece ritmos que no se corresponden con sus horas, el sol sale y las calles lo saben sentir, la lluvia cae y las calles saben que su humedad es cada vez distinta, la gente circula en la calle y cada persona sabe sentir a la otra, hasta sus apodos y sus nombres, los de la plaza de Bolívar tienen su propio vocabulario y en los barrios del río, en Cuba  o la Circunvalar;  octubre se siente diferente a diciembre, en marzo es distinto el bullicio de la octava, y en cada día y cada lugar de la ciudad, la persona en cada hora distinta, fluye y se deleita con ritmo propio y carga su propio sufrimiento, pero es un ritmo cambiante que destila como el caos de la indeterminación. Cada momento de la existencia en esta ciudad, está ligado a una inteligencia fragmentada y colectiva, y a la memoria sobre huellas de su historia. Si miras la cara de la gente y sus fachadas y pasas con esa lectura cinco veces, lo sabrás entender, como aquel arquitecto que leía exhibiciones de la mercancía puesta en la calle como una instalación. A veces los ladrillos son bellos y en otras reclaman a sus dueños que han olvidado embellecer sus fachadas. Cada parque podría ser distinto si lográramos ser nosotros mediante un acuerdo rítmico para que la ciudad vaya en nosotros de distinta manera.  Me siento feliz cuando siento que he vivido mi ciudad y eso lo siento cuando saludo a mis vecinos. No se si en estas calles viviré mi vejez o si ellas la vivirán por mí.

Tejada

Polo era un buen pato, aunque se perdiera en el momento de hacer vaca para costear las fiestas donde no faltaba, no era de esos que se beben todo el guaro, porque no tomaba, solo untaba la lengua en la copa de aguardiente y repetía el gesto que le conoció a su abuelo, pero si era una maquina despulpadora a la hora de comer; aún más, cuando era en la casa de otro y la comida estaba exquisita. Como aquel día cuando los de la junta de acción comunal invitaron a un alcalde al que llamaban “Vaca Brava” a un agasajo. Polo ya estaba ahí, cachaco y corbatudo, había invitado a todos casa a casa, y como, ese día usaba una peluca, la señora de la casa anfitriona lo confundió con el alcalde, lo sentó en el puesto principal de la mesa, le puso la mejor presa de la gallina en el mejor plato y cuando se tomó la primera copa de vino de consagrar que había traído el cura, alguien le advirtió: —Usted está equivocada doña Teresa, ese no es el alcalde. ¿No ve que ese es Polo, el pato del barrio? —. Polo lo notó y rápidamente resolvió el asunto a su favor, le metió su mordisco a la presa, saboteó el plato y todo quedo arreglado, lo cambiaron de puesto y comió como el mejor.

viaducto

Al velorio de polo acudieron sus vecinos, gente que siempre lo quería por chistoso: —tan gracioso y comedido— dijo una—. Culto y buen conversador, dijo otra, conocía las historias más antiguas de las familias de Pereira y tenía un cuaderno con los mapas de los senderos que recorría por el río, con nombres de pájaros y las plantas de sus comederos. La maestra del barrio Otún recordó cuando invitaba a los vecinos a sembrar esas plantas en sus solares para que los pobladores, cuando escucharan sus cantos y los vieran comer en sus solares y en la orilla, soñaran con la floresta y el paisaje de esos sitios desde donde llegaron desplazados.

El tesorero de la junta recordó aquellos días cuando llegó un gringo investigador de una universidad inglesa al barrio para buscar a Polo, necesitaba un guía que lo llevara por toda la cuenca del Otún donde haría una observación de aves. Después salieron con el cuento de que era un gringo cacorro y que el pájaro que más le gustó fue el pichoncito de Polo. Le hablaban de esto y se enfurecía, pero cuando se veía perdido, le agregaba detalles al asunto y se burlaba de sí mismo, era quien más se reía.

En los barrios en la orilla del rio hacen falta personajes como Polo, me decía una vecina en el velorio de mi prima Matilde, el vecindario parecía otra cosa sin Polo. Porque él dejó sus sueños colgados de las ramas de los guaduales del río Otún, esperaba morir de viejo y caminar sus últimos días por esa orilla sin casas que le dieran la espalda al río, con un parque lineal al lado de un malecón, con la música del agua y cantos de pájaros, con lagos de agua estancada y canoas para hacer carreras por los raudales del agua y con un sistema de alcantarillados que devolvieran el agua limpia al río. Esta mañana echamos las cenizas de sus cosas al río y se perdieron con su memoria en una carrera eterna hasta donde el mar las diluya.

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Entre Frida y Jovita


Mitad del Siglo
Entre el despertar y el letargo

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El despertar de la modernidad en México fue intimidad y conexiones con la revolución, era la cultura en la identidad con cine, pintura, canciones, literatura, y en todo ello, la autenticidad. Frida Kalo, con su traje típico tehuano de indias doncellas, desplegó talento al ser mujer honesta, auténtica, autónoma, amorosa y sufriente. Alternó su obra entre la esperanza y la desesperación, su propio cuerpo reflejaba su apertura y su ruptura hacia un tiempo distinto: se percibió como una personalidad femenina y feminista, grandiosa en el dolor, con su estampa y su vestido que eran una terapia, siempre será su propia marca, leal sin ser fiel ni esclava, sabía embellecerse en sus defectos, se engrandeció más con su muerte porque supo pintar inspirada en si misma. Su amor con Diego Rivera los unió como artistas y militantes comunistas.

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Velorio de Frida kalo – julio 13 de 1954

Cuando sepultaron a Frida, su cuerpo fue llevado desde Bellas Artes hasta el Panteón Civil, incinerado y sus cenizas colocadas en una urna en forma de sapo, dicen que, en homenaje a Diego Rivera. Los presentes la celebraron y entonaron La Internacional, el himno de los obreros del mundo.

Tiempos del letargo

En los mismos días recuerdo el entierro más concurrido que hubiésemos presenciado en Marsella, Caldas. La multitud a los lados de la calle, al centro un desfile pocas veces visto, sobre esa muchedumbre uniformada de negro y camisas blancas, avanzaban dos ataúdes en lenta flotación sobre mantos y cabezas sin sombrero, los féretros arreaban a la multitud al compás de un sonido de réquiem de campanas. Compartían un destino de creencias total mente opuestas a las de Frida, eran fe ciega y violencia ineluctable.

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Entierro en Ornans.  Obra maestra de Gustave Courbet, 1849 – 1850. Pertenece al realismo francés. posiblemente el funeral de su abuelo materno, asiste toda la comunidad, desde los representantes del ayuntamiento hasta las plañideras oficiales, hidalgos y familia del pintor.

En Marsella, Caldas de esos días, por encima de la masa, los sentires y emociones se movían poseídos de una sensación colectiva indescifrable y muda, miedos que estaban subsumidos en el vacío por las ánimas de otros muertos y sensaciones dolidas vivientes, respiraban y poco perdonaban, había sospechas sobre los hechos de ese muerto. Asesinaron a Chuchi Sierra y en el pueblo era como si hubiesen matado al diablo. Chuchi  el gran varón, hermoso y sereno, había obrado siempre como el gran bandido que defendía el estatus conservador. Se recuerda más su pinta que sus crímenes.

Era un tiempo complicado, nuestro país intentaba despertar a la modernidad, pero los poderes y las organizaciones con caciques, gamonales, políticos de oratoria populista y oradores sagrados, incluso las fuerzas armadas y ciertos espacios universitarios, cerraban paso a la integración de las subculturas: ni indios, ni negros, ni campesinos, se cantaba con boleros, tangos y despechos cantineros, surgía un rock tímido y canciones de protesta, mientras en los clubes se bailaba con las grandes orquestas, surgía el gaminismo de los niños marginados en las calles y el bandolerismo ideológico de izquierda que representaba a los desposeídos de la tierra y los desterrados por la violencia política.

Años sesenta
El despertar caleño en la locura de Jobita

Migramos con maleta y esperanzas, seguros de los tiempos que maduran en las calles de “Cali capital del cielo” como cantan sus canciones, buscábamos una cultura que ayudara a modificarnos, aprendimos a medir los pasos y a moldearnos en espacios de inseguridad, desigualdad y bajo crecimiento de la economía. Todo eso requería poseernos de otra cultura capaz de hacer cosas distintas.  

JOVITA FEIJÓO - fotografía de Fernell Franco
JOVITA FEIJÓO – fotografía de Fernell Franco

Volví a ver rostros humedecidos hacia otras caras al presenciar la muchedumbre que desfilaba el miércoles 15 de Julio de 1970, ya no era como antes, aquí una sensación distinta y animada movía a la caleñidad que, perturbada y con dolor, despedía  a su reina, su sepelio fue el mas sentido y concurrido de la capital del cielo.

Aquella mañana, alguien que fue desplazado por las derrotas y el miedo desde su finca en Marsella, me habló del acontecimiento cuando mataron a Chuchi en 1955 y decía, —en aquel día  sentí alivio porque se me desamarró el miedo, hoy me saludó una tristeza que quisiera bailarla con la gran gallada caleña en la calle desde la catedral y por las diez cuadras de la Carrera Primera hasta el cementerio central. 

Jovita Feijóo era una reina grandiosa, la reina de las reinas, escogida y coronada por una contracultura emergente de estudiantes rebeldes. Cuando la postularon los muchachos de la Facultad de mecánica  de la Universidad del Valle como  reina de la alegría, y luego la juventud la aclamó por ser la reina de los estudiantes, porque como gran personaje de la cultura popular caleña, sabía moverse y distinguirse, mujer de la calle, carismática, bien vestida, perturbada de utopías y entendida en sueños irrealizables.

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Funeral de Jovita

Fue su reina a pesar de ser más de treinta años mayor a ellos, una mujer cívica y consciente por la vida caleña, acompañó a sus muchachos caleños en la protesta y era capaz de cantarle la tabla al gobernador y al alcalde cuando era  necesario, vio perros abandonados, zonas verdes desprotegidas y calles con basuras acumuladas y los buscó hasta en los clubes o en una recepción frente al presidente de la nación. Parecía un personaje estrafalario porque saludaba a todos los caleños sin importarle su linaje y era la soberana de la Calle, la más animosa en el estadio y la figura central en las marchas estudiantiles.

Uno de los locutores la nombro durante un evento en el Parque Caicedo, como reina de la simpatía y el estudiantado de la Universidad del Valle la aclamó en el coliseo del Colegio Santa Librada como su reina, allí donde aprendíamos los inmigrantes a superarnos desde las aplanchadas y el miedo a gente como Chuchi Sierra, a soñar con tragarnos el mundo como quería Jovita cuando se vino desde El Alisal, vereda de Palmira, a finales de los años treinta.

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Jovita Feijóo – Biografía de las ilusiones

Quería ser artista. Lo narra Javier Tafur, escritor caleño que le escribió su “Biografía de las ilusiones”, Jovita se presentó a don Hernando Bueno, dueño de una emisora “La Higueronia” a concursar como cantante, tenía 15 años y cantó “La Capirana”. Jamás fue cantante y se hizo la más popular.  

El día de su funeral la bailamos, la acompañamos, porque jamás en Cali podemos  soportar la carencia de espacios incluyentes donde quepa un vecino que no baile y lo invitamos, amamos la vida afrodescendiente que canta y baila todo, la vida y la muerte. Bailamos salsa revuelta entre  ricos o pobres.

Aquella mañana en Cali, don Jaime Cardona, fundador de Almacén La 14, hablaba con mi padre sobre la fábrica de obleas y mecato. —Don Juan. Pensemos cómo se puede mejorar, busquemos tres cosas nuevas que ayuden. Se detuvo frente a una góndola del supermercado a mirar que otras inteligencias estaban cambiando muchas cosas, nos habló de quienes estaban ahí y vendían más, se habló de cuando llegamos de Marsella donde los violentos como Chuchi Sierra nos acabaron, y nos levantamos para mirar el negocio del mecato vallecaucano con base en obleas y manjar blanco. Salimos de La 14 a la funeraria en la  avenida Vázquez Cobo para unirnos a la solemnidad ambulante que  cubría la ciudad por el entierro de Jovita Feijóo.

Gato de Hernando Tejada - Cali
Gato de Hernando Tejada – Cali

Amo esa caleñidad solidaria e inteligente detrás de la búsqueda de cosas simples para deleitar la vida, caleñidad capaz de hacer del baile una industria internacional con escuelas populares de salsa, allí mismo donde nacieron las cuchotecas y las luladas parranderas en la terraza ancha de la calle del barrio. 

La Caleñidad es amante de la naturaleza, con esculturas simbólicas como el gato de Tejadita y la estatua de Jovita, o Piper Pimienta en barrio Obrero.  

La caleñidad no desprecia, en estos días es solidaria con los inmigrantes venezolanos en la calle, porque antes, cuando ellos nacían sus estudiantes coronaron a Jovita Feijóo, aquella para quien el 15 de enero de 2007 Diego Pombo empezó a amasar una figura en la arcilla que daría vida a su escultura pintoresca en acrílico. Ahí está en la quince con quinta. Parque Santa Librada. Iniciar esta obra significó para Pombo volver a su infancia y forjar ese afecto fortísimo que ahora desde el Parque de los estudiantes nos enlaza a ella. Y él mismo dice: “Esta estructura es un homenaje al cuerpo de la mujer caleña. Tiene muy buenas nalgas… a mí me encantan las nalgas de las mujeres y yo disfruté mucho moldeándoselas. En cambio, es de pechos breves. Y le exalté rasgos particulares, como su nariz grande, y le puse la mirada un poco más intensa, como para que no se olviden de que sí estaba loca”. Era esa locura que nos arrebata a bailar y ver con simpatía a la Loca Marlene cuando tira besos a los adolescentes en la Plaza de Caycedo.

Brillo de oro y amargura


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Segunda edición

Ha perseguido mi existencia la “Colombia Amarga” que describe Germán Castro Caicedo en su libro de 1976, ese sentimiento me tomaba de la mano en mi niñez, me pegó cuando corrí entre las pedreas de liberales con conservadores en la Calle de La Pista en Marsella, aunque mi maestro hablaba de una Colombia verde y con riqueza, hermosa y soleada, con aires de verano y ventiscas de invierno, de la luna en el silencio de un verano que relumbra en las nieves del Tolima y o el páramo de Coconuco.

Otro tipo de ejemplar, un libro quemado, lo encontró mi sobrino cuando era comandante de Policías, en un lugar que los guerrilleros bombardearon con cilindros de gas. Un soldado policía fallecido lo tenía, aún ajado lo quería y lo hizo encuadernar.

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Bosque de niebla nevado del Tolima

Esa amargura contrastaba con un dulzor cuando don Jorge Jaramillo, me hablaba en el parque de los nevados, lo encontré aislado en un rancho de maderos antiguos, cuidaba las orillas del agua en un bosque de niebla, perseguía el aire solitario y alelado en la luz inmóvil del recuerdo de su madre, el agua de la lluvia nos meció en su casa hasta el amanecer, compartimos café, fríjoles, sal y tres libras de arroz y un par de quesos, hablamos de las verdades que están latentes en las cosas, ahí mismo entre mitos y caminos que pasan por La Colosa, no sé si ese nombre sea emulación de Cajamarca en el Perú, porque en ambos lados ha estado el mayor tesoro de América, acá es un lugar veredal donde la minera surafricana Anglo Gold Ashanti ubica un proyecto minero.

Cerro Machín, Cajamarca - Tolima
El Machín

Luego me habló de El Machín, conocí con ese nombre una zona de Tolerancia en un pueblo de occidente, aquí es un cerro con tres anillos piroplásticos, el volcán dormido de Cajamarca, por ahí cruza el camino por donde baja Jaramillo a comprar la remesa cada dos meses; por ahí mismo, esa leyenda del oro alumbra, relámpagos señalan vetas ocultas, su gato nos escuchaba y alucinaba, nos hacía señales para seguir luces de cocuyos que entre la sombra alumbran a Jaramillo cuando nos cuenta que había huido de Chaparral, hombres armados lo quisieron asesinar porque sabía cosas que dejó con sus tres dedos ausentes y la fotografía de su hija asesinada. Seguimos la tiniebla de sus visiones, lo perseguían con venganzas de hombres que obligaban a las familias a sembrar la amapola por Rioblanco. Prefirió la soledad.

Front cover El oro de Cajamarca

Hablé con Jaramillo del Oro de Cajamarca en el Perú y los tiempos del oro en Colombia, una locura alucinante que despertó cuando los europeos trajeron su cultura occidental que fundamenta en el valor del oro el respaldo de todas las riquezas, los curas beben su vino sagrado en copas con el fulgor de ese delirio místico, dicen que es sangre de Cristo. 

Le recordé algo que encontré en el blog de Jordi Julián Corominas:

La aniquilación de los Incas es el tema de El Oro de Cajamarca. El narrador es el caballero Domingo Sora Luce, quien cuenta la experiencia treinta años después en la calma de un convento donde se ha retirado hastiado, reconcomido por pretéritas acciones que quiere, pero no puede extirpar de su cerebro, imbuido del mal de 1532, cuando los españoles capitaneados por Francisco Pizarro terminaron con el esplendor de un sistema igualitario donde la pobreza era imposible porque el gobernante procuraba que sus posesiones fueran democráticas, quizá demasiado humanas.

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Cajamarca Perú

Los incas no valoraban el oro, parte de una naturaleza común en la zona, y en cambio los recién llegados lo idolatraban como un maná caído del cielo. La confesión de este individuo a las órdenes del analfabeta comandante extremeño no le exime de sus pecados, aunque logra atenuar el dolor por lo perpetrado al aceptar el error cometido con Atahualpa, soberano generoso que tras ser apresado claudicó para salvar su vida aceptando todas las imposiciones de nuestros antepasados. Éstas consistían en llenar dos habitaciones con plata y oro hasta donde alcanzará su mano. El gobernante pidió permiso para movilizar a sus súbditos para que mandaran la mayor cantidad posible de metales preciosos, lo que hicieron con celeridad guiados por un hondo sentido del deber hacia su jefe quien, mientras tanto, atendía confiando en sus captores, obsesionados con la recompensa y la manera de traicionar el acuerdo”.   

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Jakob Wasswerman

 “Ese día Navona, bella por diseño y contenido, anunció la inminente edición de El oro de Cajamarca de Jakob Wassermann y pensé en una de sus obras, Golowin, donde narra relata el caos de la Guerra Civil rusa a partir de un viaje y una trascendental conversación entre cuatro paredes de un otrora lujoso hotel. Es una suerte tener sellos como el barcelonés. Recupera textos que tuvieron aceptación y que los años han sepultado en un injusto olvido. Wassermann fue considerado uno de los más brillantes narradores del panorama teutón de principios del Novecientos. Su desgracia fue ser judío, lo que implicaba no gozar con plenitud de su nacionalidad alemana, hecho que se agravó cuando Adolf Hitler subió al poder en 1933. Su condición de extraño en su propia tierra le llevó a interesarse por temas históricos donde la destrucción de una cultura predominante a manos de extranjeros exhibía la crueldad del devenir, ese río cambiante que erosiona, impredecible ruleta rusa con balas apuntando al poder para suplantarlo e instaurar órdenes desnaturalizados amantes de la codicia”.

Y seguí con Jaramillo, ya no quería dejarnos ir, nos retuvo con preguntas y más cuestiones, quería saber de ese mundo de la civilización perdida que había dejado desde hacía seis años. Sin noticias de la muerte, ni el tiempo de los relojes, ahora quería voces humanas, compañía, saberse conocido e importante en sus valores de ermitaño que intercepta las ondulaciones del clima y las vibraciones del viento en las alas del cóndor donde viajan los códigos sagrados de la vida, yo temía contaminarlo más con las noticias de la minería ilegal y la degradación de los ríos.

Mallama

Esa misma amargura me la dejó pensada Narcisa Yela Yela, con su sabiduría elemental para estar al tanto del conflicto indescifrable, organizaba a las mujeres en Mallama -Nariño, donde fomentaba cultivos de pan coger, sufría por los campos llenos de coca y amapola y la minería aurífera no daba lugar a su huerta. Habló en voz baja y lenta hacia el patio de atrás en el caserío de Piedrancha, pidió ayuda para buscarle acogida en algún hogar seguro a su sobrina, la que habían llevado a la fuerza los muchachos del ELN, estaba deprimida, regresó cuando se quiso arrancar una pierna con una bala, sabia manejar las presiones para extraer el látex blanco y lechoso de las flores de amapola y esa droga narcótica la hacía notar con cansancio y somnolencia, aún así miraba atenta, las manos temblorosas por tanta tensión; así salió la niña, abrió la puerta de atrás de una cortina con mirada de esperanzas. Sentía la muerte tan cerca que la seguía en puntillas, Narcisa esparcía sal a su alrededor para que no la reconociera la pelona y ella no quería una ausencia entre peleas y balaceras.

Salí de Mallama, sentía una mirada que rondaba a la motocicleta que me sacó de allí y la sentí respirar tras el teléfono en Tuluá cuando le comuniqué a Narcisa una buena respuesta. La niña partió con su maleta cargada de neblina y una sola prenda, todo cuanto poseía se lo quemaron los muchachos, que no se ausentara era la orden, ella quemó el uniforme de guerrera, lavo una blusa y un pantalón con la lluvia que no cupo en su maleta. Me decía, estos señores por cada asesinato, cada muerte, cada tortura, hacían una parranda. Decían, vamos a borrar a alguien y esa persona desaparecía. Yo varias veces oí eso. Una tarde nombraron a Griselda y así lo hicieron, la mataron. Nombraron así a muchas personas, las mandaban a traer y las mataban. Me ha tocado vivir sucesos, cosas que no recuerdo, me las borró el miedo. Corrió mucha sangre en Puerto Colón y San Miguel – Putumayo. No podía mencionar la causa.

Regreso al relato de mi sobrino, el comandante de policía, cuando me mostró el interior de las páginas del libro de la “Colombia Amarga” cuyo lector guardaba y releía entre sus campañas, sacar de los ríos a mineros ilegales o bombardear laboratorios de coca. Releímos su libro, pero no era necesaria su letra, su sola imagen refleja esa Colombia Amarga.

Mi espacio y Luciana


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El nivel del agua empezó a subir, borbotea y se desborda en inundación, veo correr niños para nadar en esa corriente inesperada y las manos de una mujer me han izado, me siento levantado hacia la torre del campanario del templo claretiano, floto con mi cola de renacuajo y bailo con las ranas voladoras, me animan las notas de un concierto de campanas con un eco de grillos verdes.

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Busto  de Rafael Uribe Uribe Parque el Lago de Pereira

Remolineaba entre días de ausencia sin olvido hasta la hora cuando llegué delirante al Parque del lago Uribe de Pereira donde presentí a Luciana, hacía meses la había perdido; entre el éxtasis, allí vi a mi ranita saltarina, me llamó desde el andén, la presagié ahí desde el amanecer porque el color de la luna me filtró esperanza, percibí su croar acompañado de cantos de grillos durante varias horas y busqué el fluir del agua para calmar esas visiones que me acosan. Me guiaban mariposas, venían por un cielo de remolinos y premociones, la calle olía a emanaciones de insectos, las termitas, esa casta social que habita entre maderas viejas, se tragaban tejidos de ropa en la casa de una viuda y tras ellas se alertaron las palomas dispuestas a devorarlas y los perros confundidos remarcaban su territorio en los postes del alumbrado.

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Rana Quimbaya precolombina

Había ranas precolombinas de tumbaga con diseño de la cultura Quimbaya en una vitrina de almacén, en el reflejo del vidrio los ojos de Luciana me hacían promesas, desperté del letargo onírico. Me acomodé en el suelo a recoger los pedazos de ese sueño y de la angustia, y ahí, arriba de mí, llegó Luciana, flotaba entre la tela liviana de algodón de su vestido con leve transparencia, noté la silueta de sus piernas y su ropa interior, hermosas bragas y su color de piel, me aturdía otra energía, comencé a mirar los sapitos pintados en las uñas de sus pies, me seducían, parpadeaban, coqueteaban, me enviaron mensajes con mitos y cuentos de hombres antiguos hechos de barro y vahos de dioses.

 

beso-sapoLlegó entre una brisa leve desde el agua de la fuente, Luciana tendió su mano para ayudarme a levantar, su roce suave me sacó de alucinaciones al pararme, ya caía el aguacero de las dos de la tarde. Ahora su presencia no estaba en su cara y su mirada, o su piel blanca mojada, me llamaba un sapito tatuado en la entrada de sus senos, se henchía provocante con los ritmos de su respiración, y ella me acabó de despertar con uno de esos besos que desencantan a los príncipes que se han transformado en sapos desde el éxtasis de otro beso en un tiempo pasado.

Luciana rompe todo cuanto existe en mí, todo lo que concurre alrededor de ella se me desordena hacia otro orden existencial donde las angustias se diluyen entre un viento cálido y la brisa, sus lapsos transcurren con ondulación propia, se enlazan en una serie de encadenamientos que divergen más y en más opciones por ocurrir, porque su tiempo no existe, cada minuto siento expectativas aleatorias porque ella es su propio sistema dimensional, siento sus conexiones desde siempre, siglos de siglos y siempre asociada entre laberintos con la lluvia o cuando estoy entre la brisa de una fuente que la hace visible hasta cuando desaparece con los calores del verano.

BailarinaMe acompañó durante la semana de las lluvias, me enseñó a entender el rock durante el festival del Parque Olaya, degustamos el mejor café que se toma en Sudamérica en un sitio de la 20, y tomó cerveza con mis amigos bohemios en La Bodeguita del Lago donde nos reunimos a cantar, bailamos tango y despedidas con un culto antiguo de zonas de tolerancia al caballero Gaucho, aquel cantante que murió con el deseo de ser recordado como maestro carpintero, pero su voz será eterna entre canciones que explican las penas del siglo veinte.

Cuando se afinó el calor de agosto, Luciana cambió sus magnitudes físicas, ya era una figura vaporosa e irisada que afanosa y al minuto se levantó entre un viento de cometas, entre la brisa y su levedad sentí su abrazo y un beso que me transformó de nuevo en sapo. Me ubicó en los tiempos míos y quedé encantado entre un roce de anuro volátil que vagará en la dilatación de una espera hasta el día menos pensado, soy un sapo que no han estrellado en el asfalto y circulo entre su ausencia sin olvido.

maria-claret-perfil-225x300Esperaré a Luciana de nuevo hasta ese día cuando regrese a sorprenderme con la lluvia y a darme otro beso que me transforme en su príncipe ocasional. Me dará compañía y se diluirá con otro beso, ella es mi trastorno bipolar y giro en los bucles relativos de su tiempo. Siento su ausencia y me conforta ese amor fugaz, me ayuda a entender las ansias existenciales, esa antigravedad y cómo mis días son una granularidad de sentires y fluctuaciones míticas,  allí giran sapos, ranas, besos de Luciana y cantos de grillos, sin los dolores de la espera por amores que transforman y cantan presencias y ausencias.

Las campanas de la torre en la iglesia claretiana del Parque del lago me entienden, me suenan con tañidos de esperanza que para mi marcan y luego borran sus varios porvenires.

 

 

 

 

El destino nos alcanza


Tuve un sueño con mis lombrices que circulaban por mi entramado como si fuesen bits,  visite mundos entre este mismo mundo y no comprendo si soy un ser real o hago parte de una virtualidad como esa que inventaron teólogos, como monjes de la edad media,  cuando decían que todos somos parte del cuerpo místico de cristo, asunto que jamás pude comprender en el seminario de Pereira y por eso jamás podré orinar agua bendita

A lo mejor conoces todas mis faltas,
Pero de mi locura nada conocerás…
Lord Byron

NiñoSoy hijo de un tiempo con monedas de cinco centavos, Olimpo Cárdenas cantaba en el Club San Fernando de Cali veinte canciones por cien pesos. Y desde esas ondas magnéticas de radio y radionovela he corrido días y días, horas y TV hasta el computador. Salté y me pude meter en otro mundo nuevo, navego en ese invento de las interconexiones, el internet y las redes que surgen sobre esas hipermediaciones.

Mi mundo real se ha mirado en el espejo de un mundo solo visible en las pantallas, pasé de teclear en maquina remington a manejar un tacto distinto con cambios que facilitan el contacto con los seres y las cosas en el mundo enrevesado, no existen los abrazos, que vaina, por ahí una chica se me mostró desnuda y eso no pudo alelarme porque me curé cuando veía el cine rojo en un teatro destartalado de Pereira cuyos telones olían a esperma.

Todo cambia y las personas cambiamos poco desde cuando los humanos inventaron a los dioses para conectarse consigo mismos, con los demás en la esencia del ser y con la trascendencia incomprensible de las dimensiones desconocidas del universo.Warisata+nació+en+medio+de+una+lucha+de+fuerzas+antagónicas+muy+desiguales,+LA+BURGUESÍA+MINERO+FEUDAL,+los+Patrones,+los+Gamonales,+Comerciantes+y+Curas,+CONTRA+EL+INDIO,+quienes+losEsa incapacidad humana de gestionar hacia lo desconocido o lo más poderoso, generó el culto a los dioses, a los reyes de la antigüedad, a los caciques y los patrones, a las instituciones intermediarias entre los humanos que manejan esos mismos espectros con disfraz de carnaval o vestido de cachacos. Ellos manejan su discurso y narrativa entre los humanos y lo poco comprensible y manejable, las reglas y las creencias que nos rigen. Comprensibles con la ceguera de la fe y los códigos con los que los políticos y juristas enredan la sociedad. Donde existen incapacidades surge un cacique populista o crece un monopolio, engorda y declina el poder de un presbítero.

Es claro que deben existir intermediarios, internet es una hipermediación, su ventaja es que lo hace entre personas y objetos, lo sobrenatural y mítico no le alcanza a Facebook porque es un intermediario. En principio sus impulsores pensaron que internet debería ser gratuito y debería llegar a todos como un servicio público, por ahí llegarían los periódicos y la información de todos los emisores y los humanos la acogerían con un aprendizaje proactivo y democrático.

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 Foto: Richard Thomas-123RF – En la web de finanzas personales

Al poco tiempo los humanos mostramos cierta incapacidad de navegar en la inmensidad del todo que mueve el internet, surgió el Facebook, Twitter y los demás monopolios mediadores que se volvieron poderosos. Netflix y Amazon probaron la manera de poner a través de internet lo que a la gente le gusta y está dispuesta a pagar por ello, ahí está el negocio, no socios, la ilusión metida en la pantalla.

Ahora los intermediarios colocarán en internet lo que la gente estaría en posibilidades de pagar, pero la trampa surgía en el monopolio de los bancos y las cuentas mediante tarjetas de crédito mal cifradas, o cuando no se tiene cuenta bancaria y la cosa se vuelve engorrosa. Pero existe el bitcoin, esa nueva clase de dinero que se le coló a los economistas casposos porque la inventó un tal Satoshi Nakamoto, de quien sé muy poco, el man amaneció un día sin money en el bolsillo y se inventó su propia moneda con un sistema “peer-to-peer. Peer-to-peer (P2P)”, un valor virtual que pasa de un A al B, este le agrega su firma virtual y sigue; y mejor, esa vaina significa que no existe una autoridad central que rastrea las transacciones monetarias realizadas y que cualquiera puede manejar sin conocer detalles técnicos. Si entiendes tan poco como yo, en la wiki te lo explican. Es una contabilidad pública compartida que intercambia monederos virtuales encriptados desde donde solo puede pagar su propio dueño porque su propia criptografía es de seguridad.

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Así como antes se ha pagado por un periódico que tiene credibilidad y cuando no la ha ganado se distribuía gratis, ahora los mediadores en internet tendrán clientela en internet y habrá quien pague. Pero en ese maremágnum de corrientes de hipermediaciones, las llamadas redes sociales comienzan a plagarse de agua sucia, malos mensajes, agresiones y emisores de recados de mala calidad, esa mancha comienza a regarse y a contaminar, el mundo real es un encadenamiento de trampas y el mundo virtual, inventado por personajes de un mundo real no tan virtuoso.

En el mundo de las hipermediaciones, las verdades, esas percepciones de la realidad que se comparten y se creen, también se voltearon al revés, como cuando el espejo nos muestra una imagen que parece idéntica a la real, pero está al contrario, lo que es derecho allí es izquierdo y nos lo creemos. En esas redes sociales del internet las mentiras circulan como verdades que, al pasar de una lengua de tecleo a otro personaje, este se comporta como un viejo parroquiano de misa y olla que se lo cree todo.

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Los humanos somos de muchas inteligencias, capacidades e incapacidades, y los monopolios intermediarios también, esos monstruos que migran hacia la inteligencia artificial nos llenarán la pantalla de propagandas, nos condicionarán con mensajes, señales y códigos imperceptibles, nos harán comprar aparatos, robots con inteligencias distintas, las manejarán con el internet de las cosas porque saben gestionar nuestras costumbres conductistas, el apego a las imágenes eróticas, los grupos de todas las calidades y las ofertas adictivas.

Uff, escribo toda esta pendejada y me pongo a pensar ¿Dónde estará mi propio quiebre? Algo debe cambiar en mi para poder acomodarme a todo eso. A lo mejor sin darme cuenta ya estoy como el bobo amigo mío, le preguntaron a los quince días de casado que si el matrimonio emboba y contestó: Ahhhhhh ba ba, ba, ba….

Carta del río Arga


ArgaMe asombra desde Pamplona – España,  en https://avistadepajaros.wordpress.com/2018/09/07/carta-del-rio-arga.

Un científico y observador de pájaros nos  muestra la vida que fluye en los vuelos que viajan entre África y Europa.

Nos comparte el mensaje de un escritor que nos habla con las voz del Río Arga.

Acerca de Danieltxo

Pamplona, Navarra (1984); dgarciamina@gmail.com

A vista de pájaros

Kaixo vecinas y vecinos. Soy el río Arga y os escribo para confesaros por qué derribé la presa de Santa Engracia y por qué no me parece  que el ayuntamiento de esta gloriosa ciudad la pretenda reconstruir.

Os recordaré que yo ya discurría por estos lugares millones de años antes de que llegarais los humanos con esas ganas de dominar el mundo. Me caísteis bien y la convivencia fue bastante buena durante siglos, siempre me ha gustado sentir a la chavalería bañándose en mis pozas, escuchar las conversaciones de las lavanderas y sentir la adrenalina de los pescadores. Dentro de lo que cabe, me respetabais y yo podía  seguir siendo río.

Las cosas se fueron poniendo muy feas durante la segunda mitad de vuestro siglo XX, me convertisteis en una cloaca, os empeñasteis en dragar y estrechar mi cauce. Lo que casi me remata fue la construcción de las presas…

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Marsella – Los temores


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Amuletos romanos contra el mal de ojo.  Musée Saint Remi – París, ubicado en los edificios de los siglos XVII y XVIII de la antigua abadía real de St. Remi, donde se guardaba la santa ampula, utilizada para ungir a los reyes de Francia.

Al iniciar el siglo XX, como aún sucede en lugares premodernos, el imaginario religioso en Marsella, poblado del Paisaje Cafetero, estaba lleno de creencias sobre el castigo eterno y el infierno; como siempre, había violencia y los tiempos duros traían otras emociones, tristeza y miedo que afectaron la salud; más aún, a la precariedad y el temor los suplían la viveza y los enojos de la violencia, algún mediquillo pedía orina del paciente, la saboreaba y se atrevía a recetar, la gente no se sentía bicho raro cuando a uno de ellos dijo desdeñoso: —Te han ojeado—. Dice la historia de Marsella: “Quien primero empezó a recetar fue Emigdio Uribe, el primer médico en visitar este pueblo fue el Doctor Jaime Mejía, el Dr. Leonidas López fue el primer médico graduado en este lugar, otros prestaron sus servicios sin ser médicos: Ramón Zafra, su señora Mercedes Uribe, Isabel Tobón, Isabel Marín y Rafael Alzate, el llamado “Aguas Frías”.

Había influencia de la era victoriana, puritanismo, la vieja moral sexual, organizaciones como la sociedad de buenas lecturas y la elegancia de los médicos, llegábamos a ellos con vestidos pomposos y ellos dignamente almidonados.

Decían que fue educado en Europa y otro lo contradijo, dizque fue en Bogotá, porque Leonidas López, mejor cirujano y literato que médico, decía el padre Fabo de Manizales, fue hijo de uno de los más ricos, Nicasio López. Aquel médico atendía con alegría y dejó poco conocimiento terapéutico porque finó ahogado cuando unos tragos de guaro le impidieron flotar en el río Cauca y ahí quedó, quería visitar una dama prohibida; años insuficientes, quedan anécdotas, notas escritas por Jorge Emilio Sierra. Enseñó el saber nutricional y el cuidado de sí mismos, cultura preventiva que fue poco difundida.

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El Chucho Estrada, un cura que vestía a la usanza de la era victoriana

Prevalecían imaginarios, Rosario Rentería decía: se debe hervir una herradura entre el agua panela para darle hierro al alimento y para hacer fértiles a las mujeres, esa agua panela lleva historias de alegrías en caminos y lugares de hombres andariegos.

Andrés Sánchez, alterado por los sermones del sacerdote Chucho María Estrada, cuando anunció el castigo de Dios con tres días de oscuridad, se compró todas las velas que vendía don Arturo López, las prendió en la casa por todos los rincones, aún así, todo en él era oscuridad y caminos infernales, perdido entre sus miedos incendió la casa y poco pudieron apagarla con olladas de agua, él, aún anonadado, lo calmaron con marihuana y morfina del doctor Correa.

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El control natal era un lavado con agua, vinagre y limón en la vagina, años después, algunas prostitutas se lavaron el coño con coca cola; y una añeja de El Morro, habla del doctor Barriga, quien les hacía la tabla del método de Ogino, imaginen, no era como lo piensan, cuando su sobrino dejó a alguna quedó preñada, decía el abuelo Ramón: —Barriga no cura una jarretera dándole el jabón de tierra—.

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Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Antonio Machado

Hacia mitad del siglo, se abría la circulación de bebidas gaseosas, antes se consumía más panela y miel que azúcar, hacia 1929, al mirar las estadísticas, comenzó a proliferar la diabetes con gusto continuo del pan, azúcar y gaseosa, sancocho de vitrina, le decían, era el fin de la era de los caminos y los andariegos porque aparecío el uso de andar en carro y el el consumo masivo de dulces y harinas causantes de este estado de salud frágil; recuerdan entrevistadas, Correa recetaba cosas nuevas y nos hacía caminar mucho, abuelas, tíos, primas y vecinos padecían y mejoraron, otros no le entendieron y fallecieron por sus estados diabéticos complicados, como una prima que caminaba todos los días desde una finca en Siracusa al pueblo, se casó con un hombre cuya vocación no era la agricultura sino irse a Cali a trabajar de ruso, así llamaban el trabajo en construcción, y al poco tiempo, por el cambio de hábitos, dejó el claro de maíz por gaseosa que le traía más sed y tomaba más y más de esas cosas y falleció diabética, sus descendientes que han padecido eso y acuden a los programas de medicina preventiva, ya en el Siglo XXI, saben vivir normal con ese estado de su función física.

José María Correa, era médico y cirujano de guerra en años de violencia política, servía entre carencias con iniciativa y asepsia, luchaba contra infecciones y enfermedades venéreas con penicilina, sus emociones existencialistas lo hundían, escéptico y librepensador, cuestionaba la vida, soportaba los miedos de su tiempo y se aplacaba con morfina y formulaba casi dormido. Fue un concejal, cívico y contradictorio, decían que vivía rodeado de médicos invisibles que le dictaban las fórmulas.

Mientras eso el cura curaba desde el santuario y bendiciones, la unción a los difuntos era su boleto al predio donde San Pedro los censaba, el sacerdote Julio Palacio usaba otro método preventivo, no sé cuán eficaz, les mostraba en el confesionario a los parroquianos más pichadores o fornicadores infieles, casi todos, dibujos del purgatorio y el infierno, eran estampas con dragones que se deleitaban devorando a los seres humanos en sus genitales que crecían de nuevo, una y otra vez, y de nuevo eran devorados, así infinitamente, un siglo continuo por cada pichada. Omar Ordoñez dijo entre aguardientes en la cantina de Trina en El Morro, jamás quiero imaginar ese castigo, mañana mismo madrugo a confesarme y le pidió al mismo sacerdote una penitencia que le permitiera saldar su deuda de pecador y borrarse en la pizarra del infierno con letanías y por eso entre aguardiente o coca cola se le veía mover la boca y mirar al cielo. 

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Rinoceronte


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Rinoceronte de Alberto Durero – 1515

Hoy combino mis palabras con dibujos de rinocerontes desde distintas fuentes. Virtuosos con sus tonalidades y texturas. En los blogs he disfrutado infinidad de veces, con lápiz, pluma, carboncillo.

I

Primero soy pájaro, vuelo entre la lluvia

miércoles erizo y busco refugio bajo de mi piel

domingo tatabra con andar borracho

después vuelo lento entre mariposas

penetro la selva en animado viento

siempre soy hominidae que incurre en el tiempo

transcurro en ciudades, la música suena

luego soy libélula en la fuerza del tiempo.

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“La máscara rinoceronte / The Rhino Mask” . Estadounidense

Mi cuerpo es instante, vaga con palabras

evolución de vida fugaz en su ruta

sombra de mis tiempos, energía de luces

me detengo y nado, sapo de las charcas

furia de misterios, polvo que florece

segundo tras horas, búho de farándula

palabras al viento, años de la vida

danza al universo, voz que canta heridas.

 

II

Soy rinoceronte en mi espacio íntimo

rotación y elipse en ciclos del tiempo

deprisa en montañas, éter con bramidos

despacio en el llano devoro follajes

giro sin relojes en retazos del cosmos

nazco, vivo y muero, ralentizado en ondas

en risco y llanura que no se envejece

pausados mis pies en planetas perdidos

calmosa mi mente en la eterna corriente.

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Arte rupestre. Cueva de Chauvet, Francia

III

siento desapego, estoy en la nada

sigo al sufrimiento en tenuidad del aire

lo sigo en tormenta, me rodea el vacío

piso mis lugares y nace el afecto,

procedo solitario en la calle tumultuosa,

y regreso al valle como el rinoceronte.

 

Aprendí entre la entropía y el calor con señales propias

soy ondas de luces que activan y rompen mis vínculos

existo en relación con todas y una parte

y marco mi casa con hojas caídas,

ahora vago y vago solitario al bosque

en una sucesión de días con relaciones que varían

y en la penumbra de mis interrogaciones

soy el rinoceronte.

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En el nido del rinoceronte. Elio Villate, artista cubano. pintura acrílica sobre tela. lo encuentras en  pinterest o en  http://www.artistasdelatierra.com 

Sin antes ni después, ni doblegarme a los relojes

mi orden ubicuo se niega al apego,

navego sin puertos, tiempo y menos tiempo

disuelto en pasión y granuloso instante,

liberado del deseo de cuanto hay en el mundo

vago solitario como el rinoceronte.

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Khristine Lambert, The Trundler, Original charcoal on fabriano 102X115 cms

Abandono riquezas posesiones y parientes,

arranco atavismos y objetos del deseo,

rasgo ataduras y fuerzas de redes,

metido en el blanco de la nieve

soy flujo que retorna al verde

soy pez y agua

libero mi fuego

no vuelvo a la hoguera

la indicidad de mis palabras se renueva

el cosmos me es dado, soy una de sus partes

sin cálculos abstrusos se mueve mi naturaleza y me transforma

constante, sin orden, sin tiempo, con utopías vagas en el infinito ausente

verdades y montañas con huellas y cantos conducen al bosque como al rinoceronte.

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Emblema de Alejandro de Medici

Soy monje budista sin mensajes

atado al planeta como el rinoceronte,

camino en mi esfera con placer y con dolor,

universal y cósmico entre alegría o tormento,

energía sobre la tierra y adentro busco paz,

sin antes o después, la ecuanimidad y la pureza,

sin el cálculo exacto de mis tiempos

abandono apoyos y ceguera de la mente,

no preguntes por el fin de mis días o los tuyos

vulnero ataduras sin temer perder la vida

y regreso al bosque donde el tiempo es ignorancia

él siempre es adelante y él nunca es atrás

sin aferrarme a su destino como el rinoceronte.

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DK-7100 Vejle, Dinamarca 
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White Rhino II

 

Diez años de Hipermediaciones.


Hoy debo unirme a celebrar 10 años en la existencia de Hipermediaciones, lo hemos seguido, nos ha ilustrado y abierto caminos en la compresión de las rutas complejas de las comunicaciones. Nos lleva hacia esa corriente donde azuzan todos los sentidos y encuentra lugares donde se pegan los caracoles que recogen y emanan todos los signos, los mensajes y el camino de los fieles y los infieles. libelulas, lobos, peligrosas voces polifónicas en ese viento que esta conectado en multiples mediaciones.

http://hipermediaciones.com/2018/08/23/hipermediaciones_10/

Hipermediaciones

En estas semanas se cumplen 10 años de la publicación de mi libro Hipermediaciones. Elementos para una teoría de la comunicación digital interactiva (Gedisa) y de la creación de este blog. Podría decirse que ambas producciones marcaron a fondo mi actividad como investigador y docente. Como esas obras cinéticas de Jean Tinguely (ver imagen en la parte superior), todo libro es una máquina textual que una vez puesta en marcha genera infinidad de interpretaciones y enlaces con otras obras. A su manera, en una década Hipermediaciones creó una pequeña galaxia de conversaciones y textos sobre la comunicación digital interactiva que giran a su alrededor.

Hipermediaciones. El libro.

El libro nació a partir de mi reincorporación a la vida universitaria después de una década (1990-2002) dedicada al diseño y producción de contenidos digitales y experiencias interactivas en Italia. Si Hacer Clic (Gedisa, 2004) presentaba una parte de mi investigación de…

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Entrevista a Guillegamba


Firmiano  

Escritor, Editor, Anfitrión en el portal web La Cebra que Habla. Una vida, una frase: «Quién ya no tiene ninguna patria halla en el escribir su lugar de residencia».

Entrevistamos al escritor marsellés, Guillermo Gamba. Un hombre dedicado a los negocios y a la cultura literaria desde hace muchos años.  Hijo de Marsella, y por ende de Risaralda, también es hijo (valga la redundancia) del Paisaje Cultural Cafetero. Fue docente y consultor en gestión del desarrollo regional y local, y para los que somos pereiranos, nos quedará fácil saber que en el año 2015 ganó el Concurso Nacional de Novela, Ciudad Pereira con el título “Ritmo, Aroma y tiempo de Palacín”. En la actualidad reside en la ciudad de Cali, donde se encarga de la empresa familiar Productos-Gamba, y donde se dedica a la pintura con una técnica novedosa llamada Taraxia.

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Guillermo Gamba con su editor Lizardo Carvajal de Poemía, casa editorial de Cali

Diego Firmiano:.¿Cuál fue la idea inicial a la hora de publicar este último libro “El Congal, diáspora y bordado”?

Guillermo Gamba:.Obedece a dos razones. Yo había escrito primer el libro titulado “Dos siglos. Entre casas, poblados, violencia y una ciudad de salsa”, una obra que apenas tuvo 100 libros editados que me dejaron una insatisfacción, ya que en esencia necesitaba repensarme a mí mismo porque nosotros somos hijos de la violencia política. Y esa violencia política de los años 50´s nos golpeó muy duro, tan duro que nos dejó traumas, particularmente a mi familia y a los amigos de mi generación.

Y como uno ha sufrido todas la violencias en Colombia, entonces me dije ¿cuál fue la cultura que nos formó  y si hubiéramos podido superar un poco esos estados de violencia, cómo logramos hacernos personas de bien? Detrás de esa pregunta fue que comencé  a trabajar este nuevo libro.

D.F:.Sí, precisamente por ahí va la pregunta, ¿usted nació y creció en Marsella, ahora Risaralda, antes Caldas, una región muy golpeada por la violencia?

G.G:. Sí, en Marsella, en 1947. Tenía dos años de edad cuando recuerdo la primera experiencia: nos pusieron un taco de dinamita que explotó todo en la casa y  veía caer café por todas partes y a mi padre casi lo matan. Entonces esa fue la primera experiencia que me quedó para toda la vida. Viví  en el pueblo hasta los 16 años. Fue difícil. Nos tocó irnos por la violencia.

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Fotografia de Diego Firmiano tomada de “La Cebra de habla”

D.F:.Entonces podríamos decir que este nuevo libro es lo que llamaríamos literatura costumbrista, es decir, usted habla de épocas de violencia en el país, del paisaje cultural cafetero y de la historia en general.

G.G:Sí, tiene lo costumbrista y tiene unos párrafos reflexivos a manera de ensayo. Porque de alguna manera sigo una técnica de mirar cuál fue el contexto del pensamiento universal que movía la vida y la política colombiana y los entornos locales y cómo eso influía en la familia. Entonces con esa técnica de mirar eso, observo de nuevo la cultura y las costumbres que nos hicieron como hombres y ciudadanos.

 D.F:.Leí el libro y lo veo como una totalidad. Hay un magnífico preludio, pero hay algo curioso que quiero resaltar y es, que el libro empieza en el Quindío y termina por allá en Cali.

G.G:.Sí como no. Porque otra de las estrategias al escribir este libro fue el sentido de que todos nosotros somos una diáspora. Y que es en la diáspora en la cual me rebelo contra ese imaginario que tenemos de la “antioquianidad”, de la cultura paisa y decir que somos paisas.  Cuando me pongo a descifrar cada una de las familias de mi generación y otras que no son de Marsella y la confluencia de Cauca y Antioquia en el siglo XIX y comienzos del XX, veo familias que descienden de europeos: España, Portugal, Italia, Turcos maronitas de oriente. Grupos que fueron llegando a Marsella de diversos lugares del mundo. Entonces en el imaginario y en la historia la gente cree o dicen que son antioqueños, pero esas familias llegaron a Antioquia y como no encontraban lugar, la iglesia los censaba y los redirigían al sur. Esos apellidos que creen que son antioqueños, realmente son de Europa directamente.

En mi libro hablo de esa diáspora. El cómo la ciudad toma esa cultura que fue campesina y la transforma en cultura de ciudad.

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Por Diego Firminano en “”La Cebra que habla”

D.F:.Podríamos metaforizar y decir que fue una diáspora, primero física, donde tuvieron que irse y luego usted como escritor transforma eso y convierte eso en una diáspora literal con todo el asunto histórico. Es decir, quien pueda leer este libro puede transportarse a la Marsella o al Congal del siglo pasado. Usted trae de vuelta a los lectores de este libro a esos lugares.

G.G:.Exacto. Y en el trasfondo de eso tengo otra tesis y es que no hemos reconocido que la diáspora es un fenómeno global. Voy a explicarlas así.  La última vez que escribí en La Cebra que Habla, en la nota “Una noche en Puerto Rico” explico como traían la cocaína desde Bolivia, se procesaba acá y se distribuía en New York. Era un negocio oscuro donde la gente se movía con la maleta en todo el mundo. La cocaína es la que más nos ayuda a entender la diáspora colombiana y eso como un fenómeno global.

Lo que no hemos encontrado es un negocio que nos una globalmente, como los judíos u otros pueblos en el mundo. Entonces dejo esa reflexión abierta en el libro, aunque no lo subraye tanto.

 D.F:.El libro está claro con el tema de la diáspora, específicamente con el tema de lo arrieros, los caminos.  Sin embargo háblenos por favor de El Congal. ¿Ese era el nombre antiguo de Marsella o qué?

G.G:.No, lo que pasa es lo siguiente. En la historia de la región poco se ha estudiado sobre el límite entre Antioquia y Cauca. Dónde llegaba Antioquia que era conservadora y confesional y dónde Cauca. Y, en ese límite, Tomás Cipriano de Mosquera  facilitó la llegada de una serie de familias para  poblar el lugar. Es en ese camino del privilegio, como se llamaba también,  se buscó poblar el territorio y toda esa gente que llegó a esa zona entre Chinchiná y Santa Rosa, o mejor, entre el río San Francisco y el río Chinchiná, se le denominó El Congal. Ese fue de alguna manera como el corredor, el camino.

Después que fraccionaron las veredas, El Congal desapareció. Ese fue el primer territorio poblado: una serie de veredas y casas desperdigadas. Yo entrevisté a muchas personas antiguas y tengo grabaciones, recuerdos y otras cosas que refrendan esto.

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D.F:.Hay un punto en el libro que llama la atención, el subtitulo “La Gambada del Congal”. Muy interesante… muy curioso.

G.G:.La gambada de El Congal es esto. La familia Gamba llegó a Cartago. Francesco Gamba, italiano, llegó al Tolima y los jesuitas querían que él fuera parte de la clase dirigente. Otro de ellos, Nicolás Santiago Gamba, tuvo 13 hijos. Luego tuvieron que irse de Cartago por la guerra de la Independencia. Entonces algunos de los hijos de esa generación, cuando Tomás Cipriano de Mosquera buscó poner gente allí, se radicó en El Congal. Aunque algunos de los hijos de Próspero gamba y otros, se quedaron en Santa Rosa y otros en Marsella. Eso no lo menciona la historia. Porque la historia la escriben los conservadores godos.

D.F:.Que valioso este libro porque usted hace un rastreo genealógico de la familia y la historia.

G.G:.Sí porque era necesario mostrar qué era ayer y qué es hoy la región en la historia y también quién era la familia Gamba y quién es hoy. Así  que quién desee investigar sobre este mismo tema, ahí tiene este libro producto de una investigación personal, que contiene documentos, fechas, fotos, recuerdos, todo.

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D.F:Nos parece un trabajo muy completo por lo histórico, cultural y genealógico. ¿Cómo fue recibido la presentación de esta obra en la ciudad de Cali?

G.G:.En Cali tuvo muy buena recepción. Se presentó en el Instituto de Cultura. Hubo unas ochenta personas. Me fue muy bien con el libro. Fuera de eso hice una presentación en Chinchiná porque ellos se dieron cuenta y porque en esta obra hablo de ese lugar.  Allí también tuve una buena acogida cultural.

D.F:.Señor Guillermo Gamba, muchas gracias.

G.G:. Gracias a usted.  

Entrevista tomada del portal:

https://lacebraquehabla.com/el-congal-diaspora-y-bordado-entrevista-al-escritor-guillermo-gamba/

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Fotografia de Diego Firmiano

Vida eterna en la fiesta de Petronio


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El Festival de Música del Pacífico “Petronio Álvarez“, o simplemente “El Petronio”, es un festival dedicado a la música del folclor del Pacífico colombiano o relacionado directamente con él. Se realiza en la ciudad de santiago de CaliColombia, en el mes de agosto. Busca resaltar compositores, grupos musicales e investigadores de la música de origen afrocolombiano. Lo organizan instituciones locales relacionadas con la cultura y lo promueve la Secretaría de Cultura y Turismo de la Alcaldía de Santiago de Cali.

Guillegamba se une a la fiesta

Amo ese dia cuando un músico andariego de mil mundos afirmó que mi apellido venía del ritmo africano y lo cantó con música “GAMBA, GAMBA, GAMBA” como el sonido del tambor. 

Arrancados de aire y tierra
desarraigo de su selva y ranchería  
emigrantes de colores africanos
sus rítmicas en cruz
melisma y yodel sus voces
abatimiento y canto que vuela alto y bajo
en torbellino de horizontes y tardes sin destino
naranja en luna llena e irradiación de estrellas

Proceden de horizontes paralelos
convergen de pueblos ancestrales
 y canto de abejorros de tierra derretida.
Arrancados, prisioneros en galeras
atados a otros remos sin diluvios entre selvas.
Soledad de jungla virgen con hormigas legionarias.

Sus mentes agrietadas desde la lejanía
con cosas invisibles
arena y mar con polirritmia en caracoles
anti-estrellas, oscuridades de mal de ojo.
Arriban maltratados con escorbuto
reverberan sus dolores con el blues
los gritos cantan fiebre tiritante en el dolor.   

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Se arraigan en tierra de esclavistas
lenguaje de lloviznas en los árboles
las aves les susurran noches lentas
comparten con indígenas nativos
los ríos les acogen, nueva selva los reclama.

Huyen desde un valle de esclavistas
desafían al deslumbre de un apellido rancio
se resisten a las creencias crucificadas y al martirio
alzaron su palenque sin castigo por el pecado de Adán
Suenan sueños pisaos de marimba en palma-chonta.

Y huellas en su tiempo con cantos de mujeres
mojadas bajo montes que envían ríos con semillas de oro
las guían nubes de brillantez con mariposas rojas
cigarras que rozan hojas con su tiempo y claras vidas
que unieron bamboleo y abozao con tambores africanos.

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Hay zumbas de añoranza a Yemayá,
Oshún,  Sángó, Ellegua,
Oggún, Oyá, los Orishas yaruba con sus piedras.
Metales, caracoles con semillas hacían falta en sus cuellos.
Se unieron empinados de promesas esponjosas
ritmo sacro de esperanzas en su cristo sin cadenas y años viejos.

Atrás el surco del cañaduzal descalzo que hace caer dientes,
la tierra sin bantú con nombre inhabitable
las esperanzas vacías atadas con mazurka tras los siglos
las calles con tintineos y surtido de negociantes de oro y filigrana
las palabras de ministros con pregón esotérico en saldos de banqueros.

Sonidos de gonkoque,
resonancia de calores sin la lluvia
el pacífico han llegado tocando su currulao
estallidos de marimba desde el río en plaza llena
es el mundo que se baila en la fiesta de Petronio Álvarez
cornetas que cacarean, bajos con paso de ganso
le cantan a la lunita que se esconde en El Patía
le cantan al caserío, a la casa que tumbaron y al momento
vida eterna en la fiesta de Petronio.    

 

Mi memoria por El Lago


Pereira ha sido ciudad de interacciones, en los años 80 del siglo XX,  los mafiosos traían pasta de coca de Bolivia, sus avionetas entraban por pistas para naves de fumigación, La Virginia y Zarzal, habían laboratorios en municipios cercanos y enviaban lo que llamaban “la caspa de mi dios” entre los mecanismos de un avión o con jóvenes muleteros con maletas de doble fondo, aún no existían esos perros  que con su olfato distinguen desde el período de una dama hasta los gramos que guarda entre su barriga una imagen de bulto del corazón de Jesús que enviaron  a alguna abuela en Nueva York…

En las tabernas de Nueva York y esas ciudades del sueño americano, había cadenas de personajes de los pueblos de occidente y el barrio Cuba que distribuían gramos de coca, el dinero llegaba limpio a unas cuentas en el Banco del Estado, los banqueros mimaban a sus dueños. Y acá los consumidores incipientes acudían a las tabernas que mantenían buenos espectáculos, tango en La Boca y Caño 14, acordeón y música andina en La Flauta Mágica y pare de contar que el cuento es largo y me enredo ahí. En los baños siempre algún fulano vende para una traba. Lo saben desde el policía hasta la esposa del obispo, esa santa madre iglesia que la perdona toda.    

Alci
Alci Acosta

Una noche de septiembre, la taberna Puerto Rico del Parque El Lago, estaba solitaria, un cantante, más solitario aún, esperaba que alguien le escuchara, estaba contratado para seis horas, era Alci Acosta. No recuerdo bien si fue porque me atrajo verlo ahí o por acompañarlo; nos sentamos tres amigos, pedimos media y después la seguimos. El cantante nos miraba y comenzó:

 

Ayer yo visité la cárcel de Sing Sing
Y en una de sus celdas solitarias, 
Un hombre se encontraba arrodillado al Redentor:
Piedad, piedad de mí, mi Gran Señor.

Recordé a un amigo de Apía, donde fui maestro rural, porque en esa cana, la “Sing Sing”, correccional del Estado de Nueva York, construida en 1825 por los primeros cien convictos, allá pagaba una condena, y ese paisano era gallada de maleteros; incluso ellos, le hicieron llegar al penal una muñeca inflable de silicona que lo entretuviera. Y pensé que la pena de él era otra porque cuando soplaba la muñeca y se le subía, esa tipa de goma pujaba, y toda la barra de paisanos presos gritaba: ¡hágale paisa hágale paisa!

La carcel 3 Sing - Sing
Cárcel de Sing Sing – año 1971 –

Y continuaba Alci Acosta la canción:

Mas, cuando me miró, a mí se abalanzó; 
Y con voz temblorosa y recortada:
Escucha, triste hermano, esta horrible confesión; 
Aquí, yo condenado a muerte estoy… 

Una hora, pedimos otra botella y a la taberna no llegaban clientes, en esa misma noche la policía hacía una redada brava en los sectores del centro de Pereira porque la llamada “Mano Negra” estaba muy activa, limpiaba la calle de mendigos y maricas. Y aquellas muertes tampoco tenían relación con la canción.

Yo tuve que matar a un ser que quise amar
Y, aunque aún estando muerta, yo la quiero… 
Al verla con su amante, a los dos los maté, 
Por culpa de ese infame moriré.

Y comencé recordar los muertos de las matanzas que se iban contando por cuenta de “Gallo Extraño”, un chofer gatillero que contrataban y en su cuenta llevaba cuatro difuntos por causa de mujeres infieles, aún estaba libre después de haber matado al “Merendero de Agualinda” un músico rural y bebedor que llegaba a las fondas de Santuario y Apia y entretenía a los parroquianos, le identificaron así porque cantaba mejor cuando le daban una buena merienda. El cantante merendero era enfermo y desahuciado cuando “Gallo Extraño lo mató”, aseguró que para hacerle un favor, que era justo dejara de padecer, nos contó el compañero de mesa después de la canción de Alci Acosta.

Minutos nada más me quedan ya para expirar, 
La silla lista está, la cámara también.
A mi pobre viejita, que desesperada está, 
Entréguele este recuerdo de mí.

Electric Chair
Electric chair – Sing Sing

Invitamos a Alci Acosta a la mesa, jamás bebía licor y pidió agua, nos dijo que vivió su infancia en Soledad Atlántico, años después trabajaba como pianista en una orquesta en Barranquilla y cuando decidió ser cantante su primer éxito fue “Odio Gitano”; y así,  entre sus canciones y sus descansos compartíamos su historia y le contábamos de las nuestras. 

Desde esa noche siempre he sido seguidor de Alci Acosta porque somos hijos de una tierra donde las canciones de cuna eran esa música de cantina, así pregonen que somos una tierra de bambucos, que son bellos y nos los hacían escuchar en el colegio, y aprenderlos para cantarlos en la veladas y los paseos, aún recuerdo ese paseo a Pueblo Rico cuando, un alumno del Colegio Santo Tomás en Apía, nos dijo al subirnos al bus: cantemos de una vez los guaduales para que nos salgamos de una vez de esa pendejada, así ya podremos seguir con una de Julio Jaramillo o Alci Acosta. Pues claro, esas no son las canciones de la vida real. Real es el tango Cambalache.

El Congal


PRESENTACION DEL LIBRO
Invitación:

Jueves 26 de julio – 6 – 30 p.m.

Santiago de Cali
Biblioteca Departamental de Valle.
Auditorio Jorge Isaacs

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PRELUDIO

Somos luz y universo

Comenzaba el siglo XX. Guerras mundiales, violencias en Colombia y llamaban las campanas a oraciones.

Los hijos de esos años recibimos tratamientos rudos. Desembrujarse para las indagaciones sobre esos hechos, rebuscar en las memorias, a veces, innombrables; mejor no hablar de eso, decían, y escuchar informantes para iluminarnos con el artificio de las palabras, eso y otras cosas dan origen a esta narrativa.

Somos puntos complejos. Cada quien un yo plural, en cadeneta y bordado de familias y universo.

Romper etapas de la vida, complicado. Pienso e indago, regreso a mi territorio y afronto secuelas de aquellos días con la intención de reinventarme con la lengua escrita, lo íntimo y esencial desde cuando tengo la facultad del lenguaje.

El mundo y la intimidad transcurren atados a una red de mundos: físico, mental, emocional, ecosocial y espiritual, que se ligan a una red genética y cultural con fracciones de espacio y tiempo desde diez generaciones, veinte y más allá, en la infinitud de evolución del mundo. Transcurre el tiempo y uno no percibe esa dimensión histórica.

Somos luz condensada desde la energía de miles de estrellas, llama violeta, sin lugares ni tiempo que la puedan limitar, dice mi hermana Aleyda.

Somos tiempo. Migramos entre fractales de polvo cósmico y elementos por descubrir entre el círculo del agua y la vegetación del mundo, amenazada por urbanizaciones y humos de motores. Portamos y dejamos rastros del tiempo, vida humana y las especies al cruce por ejes siderales.

Escribo desde la realidad que me circunda y en ella siento un mundo que he creado, encerrado en una cápsula que lleva pos verdades, imaginarios y mitos, ahí nacen mis palabras. El pasado son pasos y asumir, minuto tras las horas y los días, es un sentir de haber vivido.

Indagué entre el siglo XX y el XXI. Salté el cerco, ahí estaba el mando del látigo que usaban los mayores para hacernos aprender sus principios y naderías.

Llegaron de múltiples caminos. A Cartago, Sonsón, Pácora; Támesis, Apía, San Francisco; Santa Rosa de Cabal, Marsella, Pereira; Cali, Yumbo, Palmira; Bogotá, Buenos Aires, Sofía; Varsovia, San Juan Santurce, Madrid, Vancouver y Miami.

En ese espacio existimos entre organizaciones, vivencias, mercado, sociedad y el universo donde estamos inscriptos.

Capacidad de asombro, sexualidad, erotismo y libertad, son el surco salvador de la opresión del dios castigador y el peso de las horas, y es prisión la ambición en el libre cambio de monedas y papeles con el mito del pecado.

El tiempo es tan frágil, el mayor pecado que puedo cometer es desperdiciarlo en arrepentimientos, ni lo que dejé de hacer, ni lo que hice o no alcancé.

Ilusiones del futbol


“Tras muchos años en los que el mundo me ha brindado innumerables espectáculos, lo que finalmente sé con mayor certeza respecto a la moral y a las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol” Albert Camus

Quizá después de haberse levantado de las guerras, Alemania ya no sepa llorar en las derrotas; sin embargo, cuando México le ganó a Alemania, me ericé, y no pensé en Amparo Grisales sino en el escritor Eduardo Galeano, ¿Qué diría?.. También recordé a Albert Camus, futbolista y escritor, cuya niñez transcurrió en los barrios pobres de Argel. Camus al escribir, rescataba la idea de la libertad individual en su obra, y el desafío que representan los problemas que se plantean en la conciencia humana.

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Albert Camus -1930- cuando era guardameta del equipo en su colegio.
Fotografía tomada del blog de Valentín Roma – Todo lo veo negro

El fútbol nos ayuda a disolver problemas, y el mismo dijo eso que todos sabemos, no sé si los hinchas del Pereira, pero si por Colombia. Siento un estúpido deseo de llorar en cada derrota. Albert Camus.

Descubrí a Camus, premio Nobel de literatura 1957, cuando mi profesor Virgilio Palacio me regaló la novela La Peste en los mismos años cuando Colombia empató con Rusia 4 a 4, ese día del gol olímpico de Marcos Coll que añora Gustavo Colorado en el mundial de Chile; en esos días, el portero del equipo en el Seminario, Cristóbal Correa, le decíamos el Loco, lo trastornaba el fútbol y en su frenetismo tocaba las manos de Dios, él me dijo que amaba a Albert Camus porque fue portero en el equipo de su colegio y en Francia jugó como guardameta en el equipo de Montpensier, no es el Montpellier donde nos embrujó el fútbol del Pibe Valderrama, quien hacía poéticos los momentos del gol, como lo dijo Pier Paolo Pasolini.

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Andy Wharol dedicó este arte a su máximo Pelé ídolo, Pelé

Años después, sentí la majestad del fútbol en Quinchía, doña Otilia Taborda me habló de cuando el hermano José María Torti Soriano, quien nació en San Fernando de Cádiz, España, llegó a la solución de la violencia en que se hallaba este hermoso municipio. El misionero traía un balón y organizó a los hombres, enseñó a reemplazar las armas por el fútbol  y generó cuadrillas que dejaran la pelea por un poder teñido de rojo o azul; Prefirieron la palabra de Torti, equipos de fútbol y vestidos multicolores de  uniformes que encarnaron barrios y veredas. La violencia se transformó  en el ritual de los equipos que luchan por la defensa de sus territorios en un simbólico campo de fútbol. Los líderes comunitarios que me explicaron aquella realidad me generaron la pregunta. ¿En qué radica la magia sublime del fútbol?, Torti lo sabía  porque en 1970 se trasladó a Pelaya, Cesar, donde también es recordado como un transformador social. 

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Colegas. Fotografía de Marino Soares – educador de Gijón-España

El arte de la guerra se aplica en el fútbol. “cuando se gana una batalla mediante una estrategia, esta nunca se repite, va adaptando su forma a cada circunstancia particular” ( Sun Tzu)

El ser humano es histórico, territorial y ritual, la guerra es ritual y por eso los guerreros primitivos se disfrazan y visten exóticos para el combate y en la modernidad los ejércitos y grupos alzados se uniforman. El futbol tiene un valor simbólico y ritual, los equipos se enfrentan con atención a reglas y arbitraje, cada quien forma equipo y defiende su territorio. Los aficionados son el pueblo y surgen tanto coros como barras bravas.

El campeonato mundial que presenciamos durante estos días hace olvidar conflictos y toda la tensión del mundo se transforma en una fiesta. Estanislao Zuleta escribió un ensayo sobre la guerra donde asegura que “la guerra es una fiesta”  y el fútbol futbol tiene un juego de piernas e inteligencia que humaniza esa fiesta.

 

 

 

Mitos de Pereira Edificio Eduardo Santos


Los hilos de la existencia se me habrían enredado si no fuera por los libros. Tras una reunión en uno de los salones del Hotel Movich de Pereira, cuando fui a baño volví a encontrarme con el fantasma del  teniente que se  deja pillar lavándose los dientes. No sentí molestias ni temor, varias veces me persiguió ese mito y escribo para desembrujarme.

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Por ahí ando entre sotanas, era el más pequeño.

En esos años del siglo XX, mis padres me habían enviado a estudiar al seminario, aunque no quería ser cura, tampoco tenía los años para pensar en el futuro. Me echaron la ropa en una caja y me despacharon a la fuerza en el carro de Omar Vélez. Genovevita nos despidió. Cuando ella puso sus ojos castos en nosotros, ahí el peligro, se soñó viéndonos sacerdotes celebrantes y visionó en mi cabeza el gorro horrible que se coloca el obispo en sus ceremonias. Quedé condenao y pude salvarme porque en ese tiempo recé tanto que ahí me deben los santos todas esas oraciones.

El primer día alguien me habló: —De aquí en adelante no habrá mujeres, ni llamadas por teléfono, estarás vestido con sotana y solo tendrás el goce de la contemplación divina y el olor del altar en la mañana y en la tarde— era el padre Mario Giraldo, me recibió con mi hermano gemelo en el seminario menor de Pereira para vivir entre orden, disciplina y la ausencia del goce de mirar a una mujer cuando se pinta el rouge en los labios y se acomoda el brasier, solo silencio y oraciones. No era aún adolescente, 1961, más de cien estudiantes para ser curas, entre ellos el actual obispo de Pereira, Genovevita se equivocó en el sueño o la suerte de mis oraciones quedó en cabeza de Rigoberto, éramos plumíferos imberbes; Genovevita Álvarez, la mujer más santa de Marsella financiaba a los 16 de nuestro pueblo, teníamos nuestro propio equipo de fútbol y le jugábamos a la selección del seminario.

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Edificio Eduardo Santos 1962 – cuando era Seminario San José – fotos antiguas de Pereira 

Cuando el carro me dejó en Pereira, esquina donde se inicia la Circunvalar, pregunté al ventero de periódicos por el sitio del seminario, ahí es, y señaló mientras me dijo, hace muchos años hubo ahí un pequeño cementerio, luego ahí funcionaba el batallón hasta cuando lo pasaron a Maraya, dicen que por ahí andan las ánimas.

En la primera noche era luna nueva, oscuro el Edificio Eduardo Santos, quería desembrujarme de ese mito, todos se acostaron, me aposté en el corredor y miré al patio, busqué a la gente del antiguo cementerio entre las sombras, deberían andar por ahí, imaginé el desfile de las ánimas hasta verlas a todas en fila, traspasaban las paredes y las animé a pasar la calle hacia la iglesia de San José, allá se acomodaron en un lugar donde están los osarios, las acompañaban los cantos de los grillos y las luciérnagas.

Edificio Eduardo Santos
Vista frontal de 1952 cuando funcionaba el Batallón San Mateo

En abril de 1961, una operación militar de cubanos exiliados invadía Bahía Cochinos en Cuba, los seminaristas estaban tensos por las noticias de la radio, era la época de la guerra fría entre Rusia y Estados Unidos, la seguíamos en la clase del padre Jaramillo. Aquella noche Albeiro Rendón, hoy un gran sacerdote, se puso tenso, deliraba y tiritaba por el miedo, asumía que Pereira sería bombardeado, y el loco Cristóbal Correa, portero del equipo del seminario, intentó calmarlo: tranquilízate, yo toda la noche estaré atento, mirá que las luces del aviso: “Coltejer viste a Colombia”, que está encima de la alcaldía, se reflejan en la ventana de nuestro dormitorio, seguro que cuando caiga la primera bomba esta noche, a lo primero que le dan es al centro de Pereira, cuando se apaguen esas luces la mitad de mi cuerpo será tierra y la otra mitad sangre, pero tranquilo, yo te aviso, entonces, te pones las ropa para que huyamos. Acuérdate que este edificio era un batallón.

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El edificio tenía dos mitos que hacían parte de un mismo drama, se hacían visibles para quienes salían al corredor para ir orinar en la noche, los baños estaban a 40 metros del dormitorio, sentían la mitad de su cuerpo metido entre llamas, un impulso los llevaba y se  mojaban la cara, a su lado los miraba, ahí en el lavabo, aquel teniente lavándose los dientes, su ánima y su miedo se estrellaban en las paredes del cuerpo, la lengua se les paralizaba y la boca se llenaba de arena, quien lo veía siempre iba al baño acompañado y por más que hubiera rezado se orinaban antes de tiempo.

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En patios del batallón San Mateo cuando funcionaba en el edificio Eduardo Santos, hoy está allí el Hotel Movich de Pereira. 

En otra de sus noches, algún seminarista aseguró haber visto colgado de una columna el cuerpo de un soldado ahorcado, era noviembre de 1961 y ese mito quedo ahí por muchos años, ciento cincuenta meses después escuche a Muñoz en Ciató, fue militar reclutado en Pueblo Rico y me comentó aquel suceso, aseguró que entonces la mujer del comandante se dejó seducir por el teniente, lo sabía un soldado muy soplón que no se aguantó, sentía vergüenza ajena al ver a su comandante con esos cachos; ahí quedó esa imagen, porque lo ahorcaron cerca de la cárcel de Itaurí en camino hacia Chocó y la primera en verlo fue ella cuando llegó una noche al batallón para indagar porque su hombre no llegaba.

Había una hilera de árboles de sauce y eucaliptos en la parte posterior del edificio hacia la calle 16 y Muñoz aseguró que ella también fue sepultada debajo de uno de esos sauces. Las vecinas del frente decían escuchar el llanto de esa mujer después de medianoche.

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Edificio Eduardo Santos cuando funcionó el seminario menor San José, imagen, tomada desde un helicóptero en 1964 por el sacerdote Luis Lentijo Jaramillo, estaba siendo restaurada una parte de la construcción que se cayó en el terremoto de 1962, estando aún en construcción.