Ilusiones del futbol


“Tras muchos años en los que el mundo me ha brindado innumerables espectáculos, lo que finalmente sé con mayor certeza respecto a la moral y a las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol” Albert Camus

Quizá después de haberse levantado de las guerras, Alemania ya no sepa llorar en las derrotas; sin embargo, cuando México le ganó a Alemania, me ericé, y no pensé en Amparo Grisales sino en el escritor Eduardo Galeano, ¿Qué diría?.. También recordé a Albert Camus, futbolista y escritor, cuya niñez transcurrió en los barrios pobres de Argel. Camus al escribir, rescataba la idea de la libertad individual en su obra, y el desafío que representan los problemas que se plantean en la conciencia humana.

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Albert Camus -1930- cuando era guardameta del equipo en su colegio.
Fotografía tomada del blog de Valentín Roma – Todo lo veo negro

El fútbol nos ayuda a disolver problemas, y el mismo dijo eso que todos sabemos, no sé si los hinchas del Pereira, pero si por Colombia. Siento un estúpido deseo de llorar en cada derrota. Albert Camus.

Descubrí a Camus, premio Nobel de literatura 1957, cuando mi profesor Virgilio Palacio me regaló la novela La Peste en los mismos años cuando Colombia empató con Rusia 4 a 4, ese día del gol olímpico de Marcos Coll que añora Gustavo Colorado en el mundial de Chile; en esos días, el portero del equipo en el Seminario, Cristóbal Correa, le decíamos el Loco, lo trastornaba el fútbol y en su frenetismo tocaba las manos de Dios, él me dijo que amaba a Albert Camus porque fue portero en el equipo de su colegio y en Francia jugó como guardameta en el equipo de Montpensier, no es el Montpellier donde nos embrujó el fútbol del Pibe Valderrama, quien hacía poéticos los momentos del gol, como lo dijo Pier Paolo Pasolini.

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Andy Wharol dedicó este arte a su máximo Pelé ídolo, Pelé

Años después, sentí la majestad del fútbol en Quinchía, doña Otilia Taborda me habló de cuando el hermano José María Torti Soriano, quien nació en San Fernando de Cádiz, España, llegó a la solución de la violencia en que se hallaba este hermoso municipio. El misionero traía un balón y organizó a los hombres, enseñó a reemplazar las armas por el fútbol  y generó cuadrillas que dejaran la pelea por un poder teñido de rojo o azul; Prefirieron la palabra de Torti, equipos de fútbol y vestidos multicolores de  uniformes que encarnaron barrios y veredas. La violencia se transformó  en el ritual de los equipos que luchan por la defensa de sus territorios en un simbólico campo de fútbol. Los líderes comunitarios que me explicaron aquella realidad me generaron la pregunta. ¿En qué radica la magia sublime del fútbol?, Torti lo sabía  porque en 1970 se trasladó a Pelaya, Cesar, donde también es recordado como un transformador social. 

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Colegas. Fotografía de Marino Soares – educador de Gijón-España

El arte de la guerra se aplica en el fútbol. “cuando se gana una batalla mediante una estrategia, esta nunca se repite, va adaptando su forma a cada circunstancia particular” ( Sun Tzu)

El ser humano es histórico, territorial y ritual, la guerra es ritual y por eso los guerreros primitivos se disfrazan y visten exóticos para el combate y en la modernidad los ejércitos y grupos alzados se uniforman. El futbol tiene un valor simbólico y ritual, los equipos se enfrentan con atención a reglas y arbitraje, cada quien forma equipo y defiende su territorio. Los aficionados son el pueblo y surgen tanto coros como barras bravas.

El campeonato mundial que presenciamos durante estos días hace olvidar conflictos y toda la tensión del mundo se transforma en una fiesta. Estanislao Zuleta escribió un ensayo sobre la guerra donde asegura que “la guerra es una fiesta”  y el fútbol futbol tiene un juego de piernas e inteligencia que humaniza esa fiesta.

 

 

 

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MITOS DE PEREIRA Edificio Eduardo Santos


Los hilos de la existencia se me habrían enredado si no fuera por los libros. Tras una reunión en uno de los salones del Hotel Movich de Pereira, cuando fui a baño volví a encontrarme con el fantasma del  teniente que se  deja pillar lavándose los dientes. No sentí molestias ni temor, varias veces me persiguió ese mito y escribo para desembrujarme.

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Por ahí ando entre sotanas, era el más pequeño.

En esos años del siglo XX, mis padres me habían enviado a estudiar al seminario, aunque no quería ser cura, tampoco tenía los años para pensar en el futuro. Me echaron la ropa en una caja y me despacharon a la fuerza en el carro de Omar Vélez. Genovevita nos despidió. Cuando ella puso sus ojos castos en nosotros, ahí el peligro, se soñó viéndonos sacerdotes celebrantes y visionó en mi cabeza el gorro horrible que se coloca el obispo en sus ceremonias. Quedé condenao y pude salvarme porque en ese tiempo recé tanto que ahí me deben los santos todas esas oraciones.

El primer día alguien me habló: —De aquí en adelante no habrá mujeres, ni llamadas por teléfono, estarás vestido con sotana y solo tendrás el goce de la contemplación divina y el olor del altar en la mañana y en la tarde— era el padre Mario Giraldo, me recibió con mi hermano gemelo en el seminario menor de Pereira para vivir entre orden, disciplina y la ausencia del goce de mirar a una mujer cuando se pinta el rouge en los labios y se acomoda el brasier, solo silencio y oraciones. No era aún adolescente, 1961, más de cien estudiantes para ser curas, entre ellos el actual obispo de Pereira, Genovevita se equivocó en el sueño o la suerte de mis oraciones quedó en cabeza de Rigoberto, éramos plumíferos imberbes; Genovevita Álvarez, la mujer más santa de Marsella financiaba a los 16 de nuestro pueblo, teníamos nuestro propio equipo de fútbol y le jugábamos a la selección del seminario.

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Edificio Eduardo Santos 1962 – cuando era Seminario San José – fotos antiguas de Pereira 

Cuando el carro me dejó en Pereira, esquina donde se inicia la Circunvalar, pregunté al ventero de periódicos por el sitio del seminario, ahí es, y señaló mientras me dijo, hace muchos años hubo ahí un pequeño cementerio, luego ahí funcionaba el batallón hasta cuando lo pasaron a Maraya, dicen que por ahí andan las ánimas.

En la primera noche era luna nueva, oscuro el Edificio Eduardo Santos, quería desembrujarme de ese mito, todos se acostaron, me aposté en el corredor y miré al patio, busqué a la gente del antiguo cementerio entre las sombras, deberían andar por ahí, imaginé el desfile de las ánimas hasta verlas a todas en fila, traspasaban las paredes y las animé a pasar la calle hacia la iglesia de San José, allá se acomodaron en un lugar donde están los osarios, las acompañaban los cantos de los grillos y las luciérnagas.

Edificio Eduardo Santos
Vista frontal de 1952 cuando funcionaba el Batallón San Mateo

En abril de 1961, una operación militar de cubanos exiliados invadía Bahía Cochinos en Cuba, los seminaristas estaban tensos por las noticias de la radio, era la época de la guerra fría entre Rusia y Estados Unidos, la seguíamos en la clase del padre Jaramillo. Aquella noche Albeiro Rendón, hoy un gran sacerdote, se puso tenso, deliraba y tiritaba por el miedo, asumía que Pereira sería bombardeado, y el loco Cristóbal Correa, portero del equipo del seminario, intentó calmarlo: tranquilízate, yo toda la noche estaré atento, mirá que las luces del aviso: “Coltejer viste a Colombia”, que está encima de la alcaldía, se reflejan en la ventana de nuestro dormitorio, seguro que cuando caiga la primera bomba esta noche, a lo primero que le dan es al centro de Pereira, cuando se apaguen esas luces la mitad de mi cuerpo será tierra y la otra mitad sangre, pero tranquilo, yo te aviso, entonces, te pones las ropa para que huyamos. Acuérdate que este edificio era un batallón.

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El edificio tenía dos mitos que hacían parte de un mismo drama, se hacían visibles para quienes salían al corredor para ir orinar en la noche, los baños estaban a 40 metros del dormitorio, sentían la mitad de su cuerpo metido entre llamas, un impulso los llevaba y se  mojaban la cara, a su lado los miraba, ahí en el lavabo, aquel teniente lavándose los dientes, su ánima y su miedo se estrellaban en las paredes del cuerpo, la lengua se les paralizaba y la boca se llenaba de arena, quien lo veía siempre iba al baño acompañado y por más que hubiera rezado se orinaban antes de tiempo.

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En patios del batallón San Mateo cuando funcionaba en el edificio Eduardo Santos, hoy está allí el Hotel Movich de Pereira. 

En otra de sus noches, algún seminarista aseguró haber visto colgado de una columna el cuerpo de un soldado ahorcado, era noviembre de 1961 y ese mito quedo ahí por muchos años, ciento cincuenta meses después escuche a Muñoz en Ciató, fue militar reclutado en Pueblo Rico y me comentó aquel suceso, aseguró que entonces la mujer del comandante se dejó seducir por el teniente, lo sabía un soldado muy soplón que no se aguantó, sentía vergüenza ajena al ver a su comandante con esos cachos; ahí quedó esa imagen, porque lo ahorcaron cerca de la cárcel de Itaurí en camino hacia Chocó y la primera en verlo fue ella cuando llegó una noche al batallón para indagar porque su hombre no llegaba.

Había una hilera de árboles de sauce y eucaliptos en la parte posterior del edificio hacia la calle 16 y Muñoz aseguró que ella también fue sepultada debajo de uno de esos sauces. Las vecinas del frente decían escuchar el llanto de esa mujer después de medianoche.

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Edificio Eduardo Santos cuando funcionó el seminario menor San José, imagen, tomada desde un helicóptero en 1964 por el sacerdote Luis Lentijo Jaramillo, estaba siendo restaurada una parte de la construcción que se cayó en el terremoto de 1962, estando aún en construcción.  

‘Siegfried’s Homecoming’ y otros poemas de Suzane Stapleton


Hoy en 

Poethead

por Christine Murray

Me he encontrado con Suzane Stapleton

Escritora emergente de diecinueve años, nativa de Dublín. Estudia Cine y Radiodifusión en DIT. Después de hacer la mayor parte de su escritura en la niñez, 2017 es la primera vez que Suzanne comparte su poesía con alguien fuera de su grupo inmediato de amigos. Sus poemas abarcan variedad de temas, que incluyen historia, feminidad y crecimiento, pero la mayoría son formas de auto exploración y catarsis.

Regreso de Siegfried

Vuelves a casa después de la guerra
por lo menos un tercio más vacío
como si todas las palabras fueran sacadas de tu cabeza
con la culata de un rifle,
ese que construiste con tus propias manos,
y también demolido,
dejando todo de ti mismo en el cañón.

Los dientes en tus encías son cruces blancas y líneas de campo,
ninguno de ellos pertenece a ti nunca más,
sonaban como huesos de augurio en tu sueño
porque en la noche eres una cosa retorcida y fea
como una trucha jadeando
en el piso de un barco de pesca ,
huyendo de la boca abierta en tu corazón
para alejarte de lo que queda aquí:
un campo de batalla.

Vuelves a casa después de la guerra y dejas tu amor
en manos de un poeta,
un soldado cuyos ojos te miran en cada pesadilla,
la marca de su sangre salpicando tu rostro y estampada en tu alma,
su sonrisa teñida de amarillo mostaza en tu memoria
pero sus manos tan vívidas;
el lápiz, las páginas y la pistola,
parpadeantes
callos contra tu mejilla
pisoteados en los
sonetos de barro pintados en tu piel
congelada en su sombra favorita de índigo.

Estás soñando con el hospital que se había convertido,
en virtud de su presencia, en tu hogar,
y aquí está el campo de batalla de nuevo frente a ti,
pero estás cansado de luchar sin él,
esperando un día más despejado en agosto,
a 50 años de distancia.

él es un moretón en un pijama de color caqui,
y vuelves a casa de la guerra,
finalmente,
en sus brazos.

Aorta

Me entregaré al mar
a la puesta del sol
a las estrellas

Quiero ser desenredado por algo más que dos manos,
roto en las costillas
en la fiesta de un imperio hueco
ya no se llena de veneno del cielo sin nubes que
gotea de mis oídos
“Come” sisea sosteniendo
un ventrículo en mis labios
sangriento y crudamente
mío; aún caliente
lluvia torrencial

Da un mordisco
rasgando pedazos con relucientes pilares de sales lacrimógenas.
Así es como se hace
para que un pájaro moribundo coma
o se congele en la noche
costillas una escalera expuesta que mi cuerpo
podría acobardarse debajo de la boca
azul del cielo azul que se filtra
boca abierta
bocanadas de nubes en la oscuridad para que él beba
el pájaro sin alas
ahogándose en la aorta

un sacrificio a las estrellas.

Eclipse

La mujer vive
cuando la sombra de la luna
cae de ébano en la tierra
y los árboles de su bosque
son como fósforos quemados
en los campos quemados.

Ella se demora entonces –
como el humo en la oscuridad,
hasta que nos encontremos
en el lugar designado,
dos agujeros negros en el abismo del cosmos y
ella abre
una boca de pesadilla, las
palabras se deslizan hacia adelante
– la punta de la lengua, los dientes y los labios –
gotean de su barbilla
en tinta negro azabache
“¿Estás listo?” Ella chilla a
un cuervo
una alma en pena en el cementerio

Y no puedo hablar, no puedo ver nada más que la tinta que rueda como una ola desde sus labios
oscura y terrible
una luna de sangre
“Te veo” ella llama con los brazos abiertos
un abrazo de amante
pero la sombra está retrocediendo y
te atrae hacia el corazón del bosque
y ella te alcanza una vez más.

Tu mano se estremece,
el camino está enredado,
zarzas, espinas
y garras . ambos entienden que el
tiempo ha terminado
“Nunca más”. Ella croa contra el tronco de un árbol “Nunca más”
la mujer se desvanece con el último resplandor de la sombra
que no puede regresar
y usted está solo otra vez
manos temblorosas al sol
labios cubiertos de tinta.

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Poethead

Siegfried’s Homecoming

You come home from the war
at least a third emptier than you were,
Like all the words were scooped from your head
with the butt of a rifle
that you constructed with your own hands
and demolished too,
leaving so much of yourself in the barrel.

The teeth in your gums white crosses and country lines,
none of them belonging to you anymore,
rattle like augury bones in your sleep
because in the night you are some twisted, ugly thing
like a trout gasping for breath
on the floor of a fishing boat,
running from the yawning mouth at your heart
to get away from what remains here :
a battlefield.

You come home from the war and leave your love behind
in the hands of a poet,
a soldier whose eyes stare out at you in each nightmare
the claiming mark of his blood splattered across…

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El caso de: aípA ne labinA


Desde el oír el canto a medianoche y al primer canto del gallo al amanecer, labinA madrugaba a buscar la luna, y, cuando estaba desaparecida, él se sentía al revés y sentado en la cocina se examinaba todo el cuerpo porque creía lo había poseído una mujer gusano.

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Ilustración: Hache Hoguín  Mito peruano, la guerra contra el Unkaju Ilustrador y diseñador gráfico, desde 1999 se dedica profesionalmente a la creación gráfica, combinando dibujo, ilustración, diseño gráfico y diseño de logotipos. Amante del arte y la tecnología, en su trabajo incorpora la gráfica digital con texturas y acabados manuales, buscando propuestas…

El tres de mayo amaneció oscuro y lluvioso, se tomó el tinto de los tragos y sintió que se le escurría por sus tripas exteriores, lo vio gotear por el cardias y caer al estómago como a una palangana que lo revolvía y lo vaciaba en los intestinos. Sintió que su hígado colgaba del ombligo como agarrado de un gancho de carnicería, se palpó la punta del intestino y la naturaleza de su apéndice, lo sintió flojito y muy puntudo. Solo pudo recomponer esa imagen cuando se cambió la ropa para irse al cafetal.

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Roberto Matta

La finca del paisano era vecina a la de un médico, de tanto en tanto lo visitaba y lo sabía escuchar, tenía su pendejada, era especialista  en vaciar el bolsillo de sus pacientes, les atendía en sus lenguajes y los reconocía hasta en lo más profundo sus animosidades, sus malestares, sus perfiles psicológicos con sus imaginarios y los desajustes de sus fisiologías.

A labinA, así percibía su nombre, aunque lo real sería al revés, en los días de la cosecha lo visitó el vecino médico y le aguzó el oído a sus malestares. Acostado sobre la mesa del comedor le verificó con un tenedor forense las revolturas de su cuerpo; al tiempo, le entendía esas palabras de su arrevesado lenguaje: —rop íha rotcod, iha em agleuc anu asoc —.  Por cada parte que le palpaba, el hombrecito sentía el enrevesamiento de sus órganos. Escúchame —Debemos iniciar la recomposición de tus tormentos y tus mejorar tus descomposturas con una operación—. Lo miró —orep ¡ose on áres yum orac rocod?—   y el doctor:  Humm…  —No es ese el problema,  si te saco la apéndice, tu tripitorio funcionará mejor y se reacomodarán tus órganos, en un mes de operación y medicinas, el intestino grueso se habrá acomodado, sentirás gran alivio después de comer, en sesenta días, podrás devorarte un toro o una bandeja paisa.

Aunque era cuestión de vender seis vacas y tres marranos, la cirugía se pudo financiar.

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Cuando labinA regresó de Medellín, decía sentirse muy bien. Llegó al pueblo el día del mercado, su felicidad consistía en mostrarle a cada uno de sus vecinos la cicatriz de su operación. Parecía un soldado del Batallón Fudra, recién salido de mil batallas, se sentía un verraco.

Siguientes tres lunas perdidas. labinA percibió que se le había volteado el cuajo, el médico vecino lo llevó en su carro BMW hasta Medellín y lo operó; y así,  mes a mes, a más lunas perdidas, le hacía operaciones por hernias inguinales y problemas en el vientre.

El veintiocho de diciembre, labinA sintió un pulmón congelado y lo trasladaron a Bogotá donde lo metieron en un pulmón mecánico para descongelarlo y calibrarlo. Seis meses después, cuando labinA caminaba hacia adelante, sentía que la sangre se le devolvía, y al revés, cuando caminaba hacia atrás cot cot cot; el asunto era grave, lo llevaron a Miami donde le aceleraron el flujo sanguíneo que se estaba atascando en las venas y le acomodaron el sistema circulatorio tras una cirugía de corazón abierto.

A cada cambio de luna, el médico miraba el almanaque satisfecho, y a cada cambio de temporada, labinA se mostraba más y más feliz; en la plaza de aipA, antes de la misa mayor, lo rodeaban los campesinos y muchos visitantes, le preguntaban por su estado,  y él, hasta se quitaba la camisa y se bajaba los calzoncillos para mostrarse  a todos, así explicaba mejor a cada uno las circunstancias de sus desarreglos y sus cirugías. Su cuerpo era un mapa de cicatrices y huellas de una guerra mundial donde todos ganaron, los cirujanos dejaron sus marcas en el cuero de labinA y en los $$$ de sus finanzas.

LabinA, a pesar de sus dolencias y en su heroicidad imaginaria, con su conversa arrevesada de siempre, era una lanza en los negocios, siempre hubo vacas lecheras, marranos para engordar y cultivos para financiar sus aventuras con los cirujanos.

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Roberto Matta  – arquitecto, humanista y pintor surrealista chileno Roberto Sebastián Antonio Matta Echaurren, más conocido como Matta, fue un arquitecto, pintor, humanista y poeta chileno . Considerado el último representante del surrealismo.

Perdí durante muchos años el rastro de labinA, sus hijas crecieron y se fueron a buscar fortuna en España y Estados Unidos, hasta la semana pasada, lo pillé en una revista de farándula, ahí en página especial estaba un personaje, ¡tan parecido a labinA!.. Tenía su cuerpo lleno de tatuajes y muy rejuvenecido por efecto de cirugías plásticas, le seguían quince reporteras a quienes habló de sus cirugías y era una figura del Jet Set, había participado en películas y en un reality show sobre permutaciones humanas a partir de hechos experienciales. 

No sé si sea labinA, o alguno de sus descendientes, conocí a uno de ellos a quien apodaron gusano en recuerdo de los imaginarios de su abuelo, y como dicen que todos tenemos un doble, un alguien que anda por ahí perdido en el mundo, a lo mejor sea ese. Lo malo es, como dice Fabio Alzate, que si llega la circunstancia cuando uno se encuentre con el doble, el uno es el positivo y el otro el negativo, los dos estallan. No sé si sea verdad o no, y no me han dicho si labinA ya tendrá la contra para eso.

Santiago de Cali, Marzo de 2018.  

CONVERSACIÓN ENTRE JARAMILLOS


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Museo – Casa de los abuelos, Sonsón Antioquia

 

“En Cloe, gran ciudad, las personas que pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas las unas de las otras, los encuentros que podrán ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas, no se detienen. Pasa una muchacha que hace girar una sombrilla apoyada en su hombro, y también un poco la redondez de las caderas. Pasa una mujer vestida de negro que representa todos los años que tiene, los ojos inquietos bajo el velo y los labios trémulos”.  De las ciudades invisibles de Ítalo Calvino

Siglo XX. —Venimos de tiempos idos que no reconocemos, Siglo XX y cambalache. Somos hijos de los tiempos de la familia extensa—.

Decía Toño Bonilla Jaramillo, arquitecto constructor de dieciocho iglesias y treinta edificios emblemáticos. 

—Soy Jaramillo de Sonsón, uno de los tantos descendientes del semental de Sonsón. ¡El tata Jaramillo!.. ¡Un padrazo!..  Dejó regados ochenta y siete hijos. Las manos de ese viejo tenían el agarre del acero y jamás las estrechamos, lo vi arrojar una herradura que voló como una bala, sus dedos tenían el trinque de un halcón y las habilidades de un serrucho.

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Familia Ruiz Londoño de Pácora

Siglo XXI.  Y preguntaba a otro arquitecto amigo suyo; —vos que, ¿también sos Jaramillo de los de Tata, el semental?.. O acaso sos hijo del otro Jaramillo—. Pensaba y pensaba el otro: —No sé, debo ser del otro, no reconozco bien de donde viene mi apellido—

—Yo si lo sospechaba ya, venís  de la ralea de los hijos del cura Jaramillo, ese salía del altar para la cama y oficiaba.

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Plaza de Sonsón a finales del siglo XIX – Fotografía propiedad de Carlos Valencia

En estos días aún puede ser vigente el tango “Cambalache” como expresión de una contracultura, vivimos los tiempos de extinción de la familia extensa tradicional, es fuerte el individualismo, el mundo es fragmentado y los consensos duran tan poco, Pereira ya no es un pueblo de colonos, cada día las noticias nos asaltan desde los hechos divisorios que dan sentido a una fragmentación tormentosa.

Y decía Toño Bonilla: —deshazte de tus dos bestias, esa ambición y esa ansiedad, ¡mírate! tenés la marca de esas dos herraduras en la calva. Ya,  puedes deshacerte de tu carro y los cacharros. Deshazte de todos los dispositivos electrónicos, si lo haces, recuerda que esos son unos cocos, son de esos que nos asustaban en la niñez, no sabíamos que era eso pero ya sí. ¡Tranquilo!… no te seguirán. O te seguirán seguramente cuando tú mismo les pones un alma que te ata a ellos. Eso se verá muy feo entre tu ataúd.

Y decía el otro: —No me diga eso, Usted no conoce Bonilla, entre esas redes de contactos cuyas palabras llegan a mí; ahí está un diluido de puntos de vista, pensamientos y lenguajes, es probable que renazcan aglomerados de contactos humanos despedazados,  en algún momento volverán a emerger como tribus regionales o incluso globales; y, como son tan agresivos, podrán ser   semejantes a las tribus que se enfrentaban con la agresión de tiempos primitivos, como la edad de hielo de los homos que se tragó a los dinosaurios y neandertales, sería una destrucción de pueblos y especies sobre otros como ha sido siempre. ¡Vea pues!… quiero hablar de lujo y vida y pienso en decadencia. Son mis cosas de viejo.

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Ítalo Calvino – Las ciudades invisibles, Ottavia: interpretaciones
Jane Krejberg, estudiante danesa de arquitectura 

 

Bonilla: —No jodás. No hables mas barbacha, esa gente solo mira sus pantallas; míralos, ahí están las copas de los árboles arriba de ti, allá vuelan pájaros, esta ciudad es un éxtasis de seres vivientes que están por desaparecer. Pero ahora se multiplican y se harán más vivos esos aparatos inventados. No sé si por ahí se podrán oler las hojas húmedas con aroma de naranjo.

El otro: —Mirá Bonilla, habrá mucho que ver. Nuestra pequeñez es tan basta que uno no se da cuenta de su propia oscuridad. Ya lo decía mi abuela, que sus huesos eran hechos de luces de estrellas. Y, ¿acaso no somos hijos de la luz?… Y vos ahí, encorvado. ¡Porque a mí!.. Me levanto, tomo cafecito, hasta me doy cuenta, lo que me hace levantar es el peso de mis expectativas. No te das cuenta, no estamos tan viejos, si a nosotros nos anima es la luz. Así caminemos a veces como un cangrejo entre el agua turbia bajo la lluvia.

Golconda
Golconda, por René Magritte, 1953.

Triste y vacía


Momento 1:

Es sábado a las once de la noche. Encontré a Sofía, la Italiana, vivía en San Fernando – barrio de Cali-, su cara triste, le habían apaleado el corazón, quien fue su amante se lo  transformó en un rajadero de leña. Ni siquiera le agradeció sus intimidades y su ternura, la bajó violento de un ford Falcon rojo con lista negra, y la dejó llorosa y tirada en el andén.

¿Hacia dónde andaría el sapito príncipe de sus sueños?…   Suena una canción de la salsa de Héctor Lavoe:

[025193]

Ella va triste y vacía
llorando una traición con amargura
por aquel que le decía
que era su amor y su locura
Ya la vida le ha enseñado demasiado
cometer el mismo error no le interesa
los amores que ha tenido le fallaron
y dejaron en el aire las promesas
y dejaron en el aire las promesas..

Ella va triste y vacía
llorando una traición con amargura
por aquel que le decía
que era su amor y su locura
va tratando de lograr lo que ha soñado
aprovecha la experiencia de la vida
va olvidando sufrimientos del pasado
la calumnia y la mentira la castigan
la calumnia y la mentira la castigan..

La encontré ahí, sentada en la calle, me animé, posé mi mano en sus hombros, le besé por encima de las cejas y bajé mis labios a su mejilla para limpiarle sus lágrimas. Le recordé que fue precisamente en ese mismo andén donde encontré en abril del año 1972 al escritor Andrés Caicedo, quizá estaba tan triste como ella.

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Foto de colección de Eduardo Carvajal , Rosario Caicedo Estela publicada en Las 2 Orillas.

Se calmó, le conté que lo conocí en el año de 1971 en el Cineclub de Cali en el Teatro San Fernando.

Luciana. —Te veo en como uno de esos personajes de ficción de Jean Luc Godard, cambiemos esta conversación sobre tu tristeza y hablemos de liberación, no puede ser que te dejes apachurrar por un man que solo pensó en sexo y ya.

Maculino, Femenino, 1971 C.cCali 001---gui

 

«Tras las dificultades de subir a la montaña, cuando se desciende de nuevo, llegan las dificultades de la llanura»,  eso decía Godard citando la memoria de Bretch. Te está amarrando la eterna melancolía del pesimismo por una primera experiencia de amor.

Le conté que en junio del 71, Andrés Caicedo nos acompañó al grupo de estudios en el Barrio Popular, nos reunimos al pie de la Ceiba en nuestro patio exterior hacia la calle 44 con carrera cuarta. Llegó y saludó, orinó en su tronco y marcó territorio, leímos versos de Fernando Pessoa:

“Hay dolencias peores que las dolencias, 
hay dolores que no duelen, ni en el alma
pero que son dolorosos más que los otros”.

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Lo invitamos a comer obleas Gamba  en la terraza, se comió la primera con dulce de leche y maní y otra con crema de leche y pedacitos de fruta, me invitó con Armando Dossman a meter hongos alucinantes en Pance; aquel paraje que  llaman ahora “El valle de los hongos”, nos llevó el atardecer de un cielo anaranjado hacia una alucinación,  éramos parte del bosque protector del río, veíamos correr la sangre por las venas como si fuera una torrente de sabia que hacía estallar flores en los árboles.

Momento 2.

Pero hoy me alucina la tristeza en los ojos de Luciana y la invito a la discoteca “Juan Pachanga” de Juanchito  para que bailemos la tristeza, la botamos con pasos de salsa al piso, como hacen los negros, le echamos ron viejo de Caldas y cuatro cubos de ron a cada trago. El disc-jockey  puso a sonar la salsa triste de Héctor Lavoe:

El discómano acaricia el pelo de Luciana y le cuenta que a Juan Pachanga también llegó en la noche  de un sábado el cantante Héctor Lavoe, estaba triste y descalzo y el portero no lo reconocía. Le negó la entrada. Héctor discutía y manoteaba, vecinos de Juanchito lo intentaban calmar, sumó a su tristeza la rabia en sus ojos y sus puños amenazantes de hombre incapaz de atacar a nadie; calzado y aún enojado, no quería  cantar, Alfredo de la Fe, el violinista de la salsa reclamaba porque no lo dejaron entrar sin zapatos. Héctor  cantó cubierto con un abrigo, sentado y sin mirar a nadie.

Ella va triste y vacía
llorando una traición con amargura
por aquel que le decía
que era su amor y su locura
por aquel que le decía
que era su amor y su locura
pero en todo este pasaje de la vida
ha sabido mantenerse con decencia
aunque muchos habladores la confundan
aunque muchos traten de inventar con ella
aunque muchos traten de inventar con ella

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Andrés Caicedo con Patricia Restrepo, su novia, y Héctor Lavoe cuando contagio del gusto por la salsa a los caleños. Foto: Archivo particular de Rosario Caicedo Estela publicada en Las 2 Orillas.

Luciana baila y revuelca su tristeza entre la salsa, me abraza loca y me acaricia, las luces de Juanchito no son melancólicas, tampoco las luces del París del cine de Jean Luc Godard.

Ella va triste y vacía
llorando una traición con amargura
por aquel que le decía
que era su amor y su locura
que era su amor y su locura

coro: ella va triste y vacía
En su rostro se comprenden
los fracasos de la vida

coro: ella va triste y vacía
la calumnia y la mentira
y el desamor la castigan

coro: ella va triste y vacía
fue que todo el mundo le fallo
y ella no lo merecía

coro: ella va triste y vacía
por fracasos de la vida..

Amanecimos con baile loco de salsa de Cali,

Momento tres.

Y al amanecer acompañé a Luciana a caminar, aún lloraba hasta cuando se encaramó en un árbol en la orilla del río Cauca, al lado de Puerto Mallarino, encontró un nido en una rama y le cantó a los pajaritos. Entre el amor de Luciana y el de su amante, ahí he de entrar yo, y la veré levantar trescientas noches de salsa como trescientas paredes en las calles de Cali hasta cuando ella sea como la Ceiba que se levantaba al lado de mi casa, ese árbol nos  enseñaba que la vida era florecer y amanecer cualquier día deshojados como anuncio los cambios. 

Con amor y dolor

Así es que muere un amor
hay que nadie comprendía
la promesa le fallaron
los errores de Sofía
coro: ella va triste y vacía
a donde irá la pobre
niña triste por marchita y desolada
pero que cosa le harían
coro: ella va triste y vacía
caminaba tan orgullosa
y de su dolor nadie sabía
coro: ella va triste y vacía
mírala que linda viene
mírala que linda va
a donde se escondería
coro: ella va triste y vacía
Yo la vi llorando yo la vi.

Ahora escucha la canción y piensa, jamás hagas llorar a las mujeres.

Carnavales y cuaresma


Marsella no conoce la cultura del carnaval, en el siglo XX esa palabra sola era pecaminosa y proscrita por el lenguaje católico de Jesús María Estrada. Ahí nos tiene esa deuda y debería revolcarse en un más allá, eternidad en limbo de placeres con diablitas eróticas, con cachos y cola, pompis bien bellos que lo atormenten, porque cambió los tiempos del goce por semanas de rezar con procesión y letanías. 

Desde el pedal de su máquina de coser, mamá movía tiempo y diapasón, nos metía en los frenetismos de la gente con ese murmullo de oraciones que a veces duermen y en otras relajan, era tanto el pensar en la salvación del alma que hasta se desataban las conexiones ocultas del goce con la vida.

semana-santa-días-de-reflexión-o-de-diversiónEn semana santa las mujeres piadosas estrenaban, unas de luto y uniforme o modas discretas; había otro escenario, en pascua eran las putas de la Calle del Morro quienes usaban vestido nuevo, esas hijas de la impiedad siempre estrenaban para el domingo de pascua. Los mejores vestidos se lucían en la Calle de El Morro, el taller de mamá movía un agite intenso de pedales y vueltas de boleros ornados con franjas y puntadas, pegábamos botones y lentejuelas, las damiselas querían presentarse renovadas para los hombres desenfrenados por bailar y fornicar, habían sufrido su penitencia con promesas al redentor y se sentían vacíos, su completud se daba en rondas de baile y aguardiente y lo más sagrado era exprimir sus culpas en la vagina sagrada del origen de la vida y el placer.

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Fotografia tomada en:   https://www.laizquierdadiario.com/El-dia-que-se-prohibieron-los-prostibulos

Tiempo bendito en comunión de católicos y remojado con licor, tronado con chirrido de catres de prostíbulo. Ese mismo péndulo volvía a reventar el hedonismo en los días de la cosecha del café. 

SIETE MANERAS DE PENSAR LA ECONOMÍA


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Tomé notas de Doughnut Economics – Publicación

Kate Raworth, economista, Senior Visiting Research Associate en el Environmental Change Institute de la Universidad de Oxford, profesora en el Master, Cambio y Gestión Ambiental y Asociada Senior en el Instituto de Cambridge para el Liderazgo de Sustentabilidad, e Investigadora Senior en Oxfam, durante el Festival 2017 “Innovación Disruptiva” propuso“ Siete maneras de pensar como un economista del siglo XXI”.

1)        Cambiar el objetivo;

En 70 años, la economía enfocada al PIB como medida de progreso, justifica la desigualdad en ingresos y riquezas, y la destrucción del mundo viviente.

Necesitamos un mejor objetivo: satisfacer los derechos de cada persona dentro de los medios que brinda el planeta. El desafío es una economía -de local a global- para  la humanidad en espacios seguros y justos. En lugar de un PIB cada vez mayor, descubrir cómo prosperar en equilibrio.

2)        Ver la gran panorámica;

La economía dominante es extremadamente limitada, es diagrama de monedas y flujo circular. Refuerza la narrativa neoliberal de la eficiencia del mercado, la incompetencia del estado, la domesticidad del hogar y la tragedia de los comunes. Debemos volver a la economía con la sociedad, dentro de la naturaleza energizada por el sol. Requiere otra narrativa sobre el poder del mercado, la asociación del estado, el papel central del hogar y la creatividad de los bienes comunes.

3)        Nutrir la naturaleza humana.

Economía del siglo XX que retrata un hombre económico racional: egoísta, aislado, calculador de gusto fijo y dominante sobre la naturaleza, ese retrato le da forma a lo que nos convertimos. Y la naturaleza humana es más rica que esto: somos sociales, interdependientes, aproximativos, fluidos en valores y dependientes del mundo viviente. De hecho, es posible nutrir la naturaleza humana en formas que nos den una perspectiva mucho mayor para entrar en espacios seguros y sustentables.

4)        Pensar en forma sistémica.

El cruce de las curvas de oferta y demanda del mercado es el primer diagrama del economista, tiene raíces en metáforas del equilibrio mecánico del siglo XIX. Ese no es punto de partida, existe el dinamismo económico sistémico, resumido por un par de bucles de retroalimentación. Esta dinámica abre más puntos de vista, desde el auge y caída de los mercados financieros a la naturaleza autorreforzante de la desigualdad económica y los puntos críticos del cambio climático. Dejemos las esquivas palancas de control para administrar la economía como un sistema complejo en constante evolución.

5)        Diseñar para distribuir.

En el siglo XX, la Curva de Kuznets- nos susurró su poderoso mensaje de la desigualdad: tiene que empeorar para que pueda mejorar, y el crecimiento, eventualmente, lo levantará. Pero la desigualdad no es una necesidad económica, es un fracaso en el diseño.

Los economistas del siglo XXI reconocerán el diseño de economías más distributivas del valor que generaron, idea representada como una red de flujos, significa ir más allá de la redistribución del ingreso para explorar y  redistribuir la riqueza que se encuentra en el uso de la tierra, la empresa, la tecnología, el conocimiento y el poder para crear dinero.

6)        Crear para regenerar.

La teoría ha representado un entorno “limpio” como bien de lujo, solo asequible para los acaudalados. Visión reforzada por la Curva Ambiental de Kuznets, él susurró que la contaminación debe empeorar antes de que pueda mejorar y el crecimiento, eventualmente, lo limpiará. Y no existe tal ley: la degradación ecológica es resultado del diseño industrial degenerativo. Necesitamos una economía que desate el diseño regenerativo para crear una economía circular -no lineal-, los humanos serán participantes plenos de los procesos cíclicos de vida en la Tierra.

7)        Ser agnóstico sobre el crecimiento.

Un diagrama en la teoría económica es peligroso, no se dibuja el camino largo del crecimiento del PIB. La economía dominante considera el crecimiento económico sin fin como un deber; sin embargo, nada de la naturaleza crece para siempre, el intento de vencer esa tendencia plantea dificultades en países de alto ingreso y bajo crecimiento. No será difícil renunciar al crecimiento del PIB como un objetivo económico, pero será  mucho más difícil superar la adicción a él. Aun consideramos que las economías necesitan crecer, sea que nos hagan prosperar o no. Pero necesitamos economías que nos hagan prosperar, crezcan o no. Ese cambio de perspectiva nos hace ser agnósticos sobre el crecimiento y explorar cómo la economía, adicta al crecimiento en  su punto de vista financiero, político y social podría aprender a vivir o sin él.