Los años de la violencia

El cine y las narrativas

Habíamos visto un documental sobre la violencia colombiana en el Teatro San Fernando de Cali, nos sentamos a conversar. Un recuerdo de Marsella en 1954 se nos vino como una película, el sepelio de Chuchí Sierra y Ramón Escobar. Un desfile pocas veces visto, sobre una muchedumbre uniformada de negro y camisas blancas iban dos ataúdes en lenta flotación, al lado mantos y cabezas sin sombrero, los féretros arreaban más multitud al sonido del doble de campanas de iglesia. Sobre esa sensación colectiva indescifrable y muda, sobrevolaban  ánimas de otros muertos y en muchas almas  descansos de muchos duelos.

Cine Colombiano. Director Luis Alfredo Sánchez. Documental de 25 minutos producido en 1955

SINOPSIS
En 1950 estalló en los Llanos Orientales de Colombia una rebelión armada contra el gobierno conservador de la época. Se enfrentaban “la chulavita” o policía del régimen y “los chusmeros”¸ guerrilleros liberales. Un grupo de estos es perseguido por las fuerzas del gobierno. Uno de los guerrilleros lleva una yegua recién parida¸ acompañada de su potro¸ lo cual cambia la situación del grupo rebelde. Se desarrolla un conflicto humano por la presencia de este potro chusmero.

PREMIOS NACIONALES:
Premio Mejor Sonido a Lina Uribe¸ III Festival de Cine de Bogotá – 1986. Premio al Mejor Cortometraje y Mejor Interpretación al colectivo de actores¸ Salón Internacional de Cine de BogotḠ1985.

Caída de Chuchi Sierra

Nos instalamos en casa donde Papá Ramón y al poco tiempo matan a Chuchi Sierra quien perseguía en territorio marsellés a liberales, alguien contó él viajó con amigos a matar en Pereira al liberal Santiago Villa, hombre sano y no era jefe de bandidos, pero había rencores por sus respuestas a desafíos y alguien de su familia enfrento a Chuchi y le ocasionó lesiones en una mano, una pelea en franca lid en fonda del cruce de “La Bodega”.

Chuchi madrugaba algunos días a Pereira, se enteró que Santiago Villa frecuentaba una cafetería en esquina del Parque la Libertad, diagonal al templo La Balvanera, punto de salida de buses a Medellín. Chuchí arribó ahí con sus matones, Santiago de espalda a la calle, lo reconoció y disparó desde la puerta a la cabeza y hacia abajo, Santiago cayó de bruces, le había vaciado los seis tiros del revolver cachi blanco. Se fugaron con disparos al aire  para ahuyentar gente mirona.

Asegura alguno que los hijos de Santiago en el cementerio, al momento estéril de sus lágrimas, juraron: Vengaremos la muerte de nuestro padre. Los chusmeros de Marsella lo mataron, con ellos Chuchi Sierra, el asesino. Nosotros lo vengaremos—.  Estaban jovencitos y con tiempo prepararon una comisión, gente audaz y temeraria. Anduvieron caminos de Marsella en varias rondas, las piedras se encendían. A Chuchi ya no le gustaba ir al pueblo, mantenía mimetizado entre rastrojos rurales en parajes del El Salado a orilla del río repleta de Caña brava y matorrales. Don Sérvulo Mejía lo protegía para su propia defensa, una  banda de liberales lo tenía amenazado, sabían que había sido alcalde cuando los conservadores trajeron a Patepalo, un matón que era protector de Chuchi. Esconderlo era seguridad para ambos. Chuchi  limpió alrededores de liberales, se movía Río San Francisco arriba.  Avisaron que andaba por camino a La Pedrera y carretera a Marsella. Los caminaderos por el rio eran un sumidero de miedos.

Llegaron en automóvil al sitio llamado El Zurrumbo, a pie subieron  y cruzaron el alto de El Rayo, bajaron a El Salado por el camino de La Ermita, era fin de semana. El automóvil quedó esperándolos. Cinco a seis hombres entre cafetales, atrincherados a lado de camino, poco más abajo la fonda El Salado. Policías de Pereira les habían suministrado armas de repetición y suficientes municiones. Ahí desde el paso del rio San Francisco, comienza a trepar la loma de El Español, había un puente de guadua y tenían información precisa, Chuchi había amanecido en la fonda, tomó licor con el mayordomo de La Pedrera, Ramón Escobar, tenían claro, llegaría a su escondite en un cambuche.   

Cinco de mañana, dolor y zozobra revuelta con marihuana para calmarse después de quince días de espera; emboscados ahí,  dejaron pasar un arriero y doce mulas cargadas de café, detrás de otros caballos y menos cargados, iban Chuchi Sierra y Ramón escobar, quien lo había invitado a desayunar en La Pedrera. Estaba en claroscuro de amanecer, un arriero vio luz entre rastrojo, señal de  linterna, cuando se apagó comenzaron los disparos en ráfaga. El primer baleado y caído fue Chuchí, su mula corrió asustada, pasó frente al primer arriero, quien después en testimonio aseveró. —A Ramón Escobar, quien era auxiliador de Chuchi con otros mayordomos como el de la finca la María, le dispararon porque enfrentó a los atacantes, no sabía que no lo iban a atacar. Su mula se vino a contrario de su rumbo en el camino, las mulas de los arrieros la seguían alteradas y el arriero testigo se escondió, observó a un asesino que encontró a Chuchi Sierra agonizante y lo remató con un peinillazo en la cara. Gritó alterado en memoria de su padre a quien había vengado y huyó sollozante.

La mula de Chuchi llegó al salado y la gente sospechó algo: —mataron a chuchi, mataron a chuchi—era febrero de 1954. 

El entierro en Marsella, monumental, acompañaban a don Jesús Sierra por la muerte de su hijo, porque él viejo era un patriarca bueno, servicial y apreciado entre la población.

Así lo contaba papá, después en Cali: —Vea hombre que cosa tan verraca. Cuando mataron a Chuchi Sierra, también mataron a Ramón Escobar.  Y a ese pueblo de Marsella se lo llevó el hijueputa diablo.  Gilberto Mejía era quien lo puso en el  Salado.  Hombre, tanto que le robaron a don Sérvulo, su padre, los vi sacando camionados de café a Chinchiná.  A don Sérvulo, el dueño del salado  y La Pedrera.

—Decía don Felipe Villa, ánima bendita.  — ¡Jeee! ¿Cómo le parece Juan el trabajo que le hicimos a esa gente?— . Y contestó, —Yo, no sé nada hombre.

—Eso costó un billete largo.  Ojalá allá termine todo esto. Me hicieron volar de Marsella, se apoderaron de la finca a robarme todos. Bueno. Pero cayeron–.  Estuvieron posteándolos en un montecito, y ahí quedaron cajas de sardina y botellas. Pero se hizo matar Ramón caprichosamente. Primero quebraron a Chuchi, y el otro saca el revólver y mete carrera y pum – pum, dispara al aire. Y llegan y taque, ahí lo bajaron también a él.

Estaba yo en Granizales, en la finca, eso fue en 1954, paso un carro por La Estrella. — ¡Mataron a Chuchi, Mataron a Chuchi!… Está llevado del putas Marsella—.  Y pasó un carro que venía con gente de Manizales. Alguien dijo: —Ahí está Juan, llevémoslo—.  Y otro, —Camine paˈ Marsella—

Y les recordé cuando me pegó una aplanchada tan hijueputa, Chuchi a mí.  Me dejó durante quince días de cama. Estuve muy dolorido.  ¡Uh!… Me hizo orinar en los pantalones: ¡miao!…., ¡miao!…, ¡miao!….  En esos días me tocó dejar la tienda y huir de la casa de la salida para Valencia, mi papá me dijo, mejor es que huyamos de este pueblo.

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Autor: guillergalo

Nació en Marsella - Paisaje Cultural Cafetero de Colombia. Despues de experiencias como educador, consultor del Desarrollo Regional, gestor empresarial, dedica tiempo al oficio de escritor. Publicaciones: El Congal, diáspora y bordado. Historias de caminos del Cauca y Antioquia del Siglo XIX, violencia y migraciones del Siglo XX. "Ritmo, aroma y tiempo de Palacín" Premio Nacional de Novela "Ciudad de Pereira" año 2015. El recurso epistolar le da sentido a esta novela de estructura narrativa sólida, propone un viaje mental y de lectura apasionante. Voces y personajes con sentido poético profundo. Es el tema de la búsqueda de las raíces y de la genealogía en su universo complejo y conmovedor de la condición humana. Dos Siglos: casas, montaña, poblados, violencia y una ciudad de salsa. Historia de emigrantes de Italia, se establecen en El Estado del Cauca. Tacaloa, viento su sueños. Narrativa del Marsella que es contado tantas veces que se presenta fantastico.

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