Profanos gatos y dioses

El 8 de agosto, 29 de octubre, o 20 de febrero, celebramos el día internacional del gato. Jornada para quien reconoce y defiende sus derechos a estos felinos y no el desprecio, el fastidio, abandono y maltrato que sufren de algunos. ¿Cómo nacieron estas celebraciones? Las respuestas están ahí en la web.


Bastet – Diosa egipsia

Gatúbela madrugó a engatusarme con muestras de admiración y simpatía. He leído tus cosas, decía.  He visto tus dibujos.  Corrí hecho un gato tras ella a hacer el oso y mirar mi mundo de otra manera.

Del album Desafiando la gravedad, lanzado en 2009 – imagen erótica y desafiante.

Me llevó a su mundo gatuno, vimos egipcios antiguos con sus gatos, sus seres divinos y hasta a su diosa Bastet, Bast con cabeza de gata. Gatúbela estaba orgullosa, y también enojada porque al despertar encontramos  un gato muerto, ahí tirado en el andén en calle pereirana. Mirá este tiempo, estamos jodidos me dijo, no amamos, ¡vamos a enterrarlo! Y me habló de la ciudad de Bubastis, otra vez Egipto antiguo, donde hallaron un cementerio con gatos momificados.

En mi cuadra se incendió una tipografía hace tres noches, una amiga Gatuna había auxiliado a un gato, se salvó cuando saltó a otra azotea, el pobre ahí,   encerrado y los bomberos creyeron que traía mala suerte. Y Gatúbela me narró desde su historia de Herodoto, los egipcios en un hecho como este, lo primero era salvar a los gatos, luego lo que se pudiera. Si alguien mataba a uno de ellos, era condenado a muerte.

Me gusto esta Gatúbela historiadora, me llevó a sus noches y leyendas de la Edad Media: mírame aquí tan incógnita, sola, ni una gata más en esta calle, ya no me vinculan con brujos, ni con hechiceros, a los gatos nos tenían miedo. Quisiera ir con ella a la  tierra de los celtas, retroceder tiempo en siglos para entrar por sus ojos gatunos que son puerta al reino de las hadas.

Estóicos misteriosos y silenciosos, decía Gatúbela, los gatos portamos simbolismos desde los antiguos Celtas, porque la personalidad gatuna se adapta bien al papel de celador de los secretos eternos y fascinantes del otro lado, ese mundo secreto que encuentra acomodo en la mitología. Los gatos Celtas eran la representación del mal y desde allá tantos agueros.

Es un hermoso cortometraje animado hecho en Portugal en 1995 dirigido por Pedro Serrazina y narrado por Joaquín de Almeida. En la antigua Roma el gato estaba consagrado a Diana, la diosa de la luna, se le estimaba como guardían de los hogares y símbolo de bondad y hospitalidad

Le conté a Gatúbela lo que me dijo un carnicero  en la fonda de Tres Puertas, un sitio de parada en la vía entre Manizales y Mariquita, es el cruce hacia Manzanares y Pensilvania, desde el paso del Nevado del Ruiz, ladera oriental y más abajo del poblado de Padua, donde nació el poeta William Ospina. Él creía que si alguien ahogaba a un gato, el sujeto sería desgraciado durante siete años; dizque en Fresno, a un paisano cuya suegra causó sufrimientos a su gata, se le apareció un gato semejante a ella en el altar antes del matrimonio y ese sujeto rompió el compromiso, dejó a la novia vestida porque sería una unión desdichada que marcaba esperanzas nada buenas.

ODA AL GATO

Pablo Neruda

Los animales fueron imperfectos,
largos de cola, tristes de cabeza.
Poco a poco se fueron componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato, sólo el gato
apareció completo y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.

No hay unidad como él,
no tienen la luna ni la flor
tal contextura: es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo de las tejas eróticas,
el viento del amor en la intemperie
reclamas cuando pasas
y posas cuatro pies delicados
en el suelo, oliendo,
desconfiando de todo lo terrestre,
porque todo es inmundo
para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente de la casa, arrogante
vestigio de la noche, perezoso, gimnástico
y ajeno, profundísimo gato,
policía secreta de las habitaciones,
insignia de un desaparecido terciopelo,
seguramente no hay enigma
en tu manera, tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.