Calle, tiempo y realidades.


En Pereira las casas huelen a perfume y ambiente de abrazos, gocemos esa fragancia, a veces escuchamos a los habladores su plática del fin del mundo con la lluvia de estos dias, hagamos que los males humedezcan las raíces y renazca lo bueno que nos haga crecer.

Las calles del Centro y el poder

Mi calendario marca la mitad del años 2019, el sol me llama a pensar con imágenes del día, hay música en la calle donde el chateo sepultó al dedal y se quedó enredado entre redes sociales que conversan pendejadas e intercambian fotografías. Circulan intercambios persuasivos, inteligentes y creativos, me estaciono en el circuito de ese mundo de los viajes. Hay lluvias que remueven el follaje.

En antaño eran saludos en la esquina hacia el trabajo, en la mesa del café o en El Tranvía,  en la cantina de la treinta y cuatro con séptima el arriero arrancaba el día: —sírvame un aguardiente que es de mucha necesidá—, arrojaba al piso el primer sorbo y miraba el cielo como gallina cuando toma agua, decía una letanía para la animas benditas, se echaba el segundo trago por el guargüero para domesticar a las lombrices y se pasaba al tercero para calentar las corvas y hasta ahí la primera vuelta del día. ¡Arre mulada!

La Pereira de estos años 2019 y más allá, es una plataforma activa de hipermediaciones donde las interacciones entre líderes sociales y educativos, conversaciones de gobierno y empresarios, deberían actuar intensas e inteligentes con y como vida regional en sinergia con los centros del saber mundial y los negocios.

Hay noticias de naderías de cocteles y condecoraciones vanidosas, debajo de la mesa los contactos para quitarle las zonas de protección a las quebradas y sembrarles jaulas de cemento con apartamentos. Y decía el arriero de antes, ¡Arre, arre, arre mulada de la putería!

¿Cómo decir ahora! En las redes virtuales cada quien hace su interfase hacia una ecología de interfaces, en su interacción desde su ordenador algunos ponen a circular contradicciones, mentiras y verdades y profanaciones y aplausos. La velocidad del cambio y todo tan simultáneo nos provoca ansiedades y desconciertos, tiempo, tiempo, tiempo cuando cae la lluvia y sus gotas riegan el placer y el movimiento exacto de los tiempos.

Las calles de la lluvia de promesas

Tomado en Diario del Sur

En esta hora del año electoral, los ritmos y conversaciones se sostienen desatadas entre el huracán del cambio climático, más bien ancladas al atasco en el obligo de los dueños del poder y su contienda con los ambiciosos que quieren tumbarlos con populismos.

Las jornadas electorales no son hipermediaciones para elegir a los gobernantes que este tiempo necesita, mientras todas las ciencias avanzan y transforman el mundo para acercarnos con mejor información y sabiduría, las ciencias de gobernar continúan con paso de arriero del siglo XIX.

Las bandas criminales y los guerrilleros cocaleros ocupan los espacios del gobierno y generan un estado fraccionado y caótico.

Atrás las ideas de gobernantes cuyo cerebro aplasta el presupuesto con contratos, los ambiciosos de los puestos con su afán por conservar espacio en el poder tomado con votos amarrados. ¡Arre, arre, arre mulada de la putería!

Las calles de la fiesta

Necesitamos nuevos ritmos, los códigos del folk que canta al rio Otún y sentados en su orilla reafirmar la vida, abandonar los rezos que cambian los estados del alma por diezmos y retornar al cuidado de ese bulto de carne que encarcela el alma, una fiesta donde todos seamos agua sin maquillajes y apariencias, con buenas relaciones que piensen en los derechos de la ciudad, menos ruido y más arte en lugares impensados, las calles con espacios donde nos reconocemos y saludamos, no andenes estrechos y tomados por piratas, zonas creativas con posibilidades para la distribución equitativa del trabajo, sitios amigables a la atención en salud, educación, vivienda y participación en la solución de los problemas que nos afectan. No aquellos escenarios donde cada vez más personajes desempeñan el trabajo sucio de la civilización y construyen con ambiciones que borran la cultura del cuidado y la prevención de los desastres.

Impulsemos los derechos del rio Otún, la ciudad está en su cuenca y es parte del rio Cauca, en esas aguas deberíamos bañarnos desnudos mientras la esperanza ilumina los ojos, orillas donde las generaciones futuras, sujetos de especialísima protección, tengan derechos a la dignidad, al agua pura, a la seguridad alimentaria y al medioambiente sano, un malecón donde convivan los aparatos inteligentes con personas árboles y animales. Ese ambiente donde podamos cantar con guitarras que tocan paisanos desde Tokio y Buenos Aires y se unan al coro los pájaros y los perros.

Noche pereirana

En estos días la ciudad es una red de noches con humanos felices y aturdidos, bellas feos e inteligentes, aquí hay redes de droga donde caben los menos educados y los violentos que dominan territorios, los perdidos e infelices, son mañanas frente al espejo embrujado, días activos y pasivos en lugares de trabajo con historias de encuentro y amoríos, también con balas y violencia. Estas relaciones son procesos culturales, productivos y hedonismo, con soledades de chateadores, actuaciones de interfases desde el computador o instrumentos musicales, la jeringa y el bazuco, la bazuca y el cuchillo, la mesa gastronómica y performances en eventos como La Cuadra y las marchas con sus consignas, y letanías que rezan y comulgan con campana.

Cómo podría ser esa medíáfera pereirana que une a sujetos regados por todo el universo, mucho tendrá que cambiar nuestra comunicación. Queremos salir entre la gelatina de espacio y tiempo que mueve el caos, quizá la triple danza de los gigantes del pensamiento que surge de las universidades y el trabajo, el ocio y agasajo creativo entre espacios verdes y vida urbana saludable, atraerá la magia de otros espejos donde nos mire el mundo, allá donde viajamos, nos molemos y queremos regresar. Encadenemos el afecto en el trabajo, emociones como chispas donde la frialdad se diluya, cambiemos el deficiente trato que disparata la costumbre de ponerle al mal tiempo buena cara. 

https://hipermediaciones.com/

Pagina de Carlos A. Scolari, doctor en linguistica aplicada y lenguajes de la comunicación.